
A los 75 años, Héctor Narváez ha decidido emprender un camino que muchos considerarían improbable: estudiar Medicina Veterinaria en la Universidad del Alba, sede La Serena, Chile.
Conocido por su amor incondicional hacia los animales, este residente de la Región de Coquimbo, ha demostrado que la edad no es un obstáculo cuando se trata de perseguir un sueño.
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Según informó la Universidad del Alba, Narváez, quien trabaja en turnos nocturnos estacionando vehículos en Coquimbo, ha recibido una beca completa para cursar esta carrera, un logro que marca un nuevo capítulo en su vida.
Una vida de esfuerzo y sacrificios

Narváez creció en el pequeño pueblo minero de Domeyko, donde enfrentó dificultades desde temprana edad. Un problema intestinal derivado del consumo de agua contaminada marcó su infancia, y fue gracias a un remedio casero, leche de burra, que logró fortalecerse. Desde entonces, su conexión con los animales ha sido profunda.
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“Los perros se me acercan, me siguen, es como si me reconocieran”, expresó Narváez a Wilhelm Krause, quien lo entrevistó para la Universidad.
La historia de Héctor Narváez está marcada por el trabajo duro y la resiliencia. Proveniente de una familia numerosa, con más de diez hermanos, tuvo que enfrentarse a las limitaciones económicas desde muy joven.
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A los 8 años, ya vendía pan en las calles de La Serena para ayudar en casa. Más adelante, desempeñó diversos oficios, desde recolector en el campo hasta su actual trabajo como cuidador de autos en Coquimbo.
No obstante, su deseo de superarse nunca desapareció. Hace algunos años, decidió retomar sus estudios y completó la enseñanza media en un colegio nocturno, obteniendo un promedio destacado.
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Este logro lo motivó a buscar nuevas metas, y aunque inicialmente consideró estudiar Traducción, su amor por los animales lo llevó a elegir Medicina Veterinaria.
“Si no termino la carrera, al menos quiero aprender lo suficiente para ayudar a los animalitos”, comentó Narváez, según consignó la Universidad del Alba.
Un hogar lleno de amor por los animales

Narváez no sólo habla de su amor por los animales, sino que lo vive día a día. Todos los perros que forman parte de su vida han sido rescatados de la calle. Entre ellos está Dalila, una perra epiléptica que también padece un quiste en su pata derecha.
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“No sabía que los perros podían tener epilepsia, pero aprendí a ayudarla”, relató. También están María y Guagüito, a quienes cariñosamente llama “la señora y el señor Guagüito”.
Para Narváez, los animales son más que simples compañeros; los considera “hermanos” que necesitan cuidado y atención. “Ellos no hablan, no dicen ‘me duele aquí, me duele allá’. Sólo quieren cariño, amor, alguien que los atienda”, afirmó.
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El camino que Héctor Narváez ha decidido emprender no está exento de dificultades. Combinar su trabajo nocturno con las exigencias académicas representa un reto considerable.
“A veces almuerzo de pie, con la cuchara en la mano, porque me llega un auto y tengo que salir corriendo”, explicó. Sin embargo, su determinación es inquebrantable. “Voy a ponerle empeño. Ojalá la luz y el sol me alumbren”, expresó con optimismo.
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Narváez también reflexionó sobre lo que significa estudiar a su edad. “Imagínese, tengo 75, me estaría recibiendo a los 81 o 82 años, y entre medio está la tesis. Pero no importa, lo importante es hacer algo significativo con el tiempo que tengo”, señaló.
Además aclaró que no busca ejercer la carrera con fines lucrativos, su objetivo es claro: aprender lo necesario para ayudar a los animales que lo rodean. “No sé si a mi edad alguien me dará trabajo, pero no es lo que me preocupa. Lo importante es aprender y ayudar”, afirmó.
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Su conexión con los perros, en particular, es profunda. “No nos piden nada a cambio. Son sanos: no toman, no fuman, no piden plata, no consumen droga ni andan pelando. Ellos son animales indefensos”, expresó.
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