
Dentro de la naturaleza existe una infinidad de animales que son considerados especiales por diferentes características. Los petauros del azúcar (Petaurus breviceps) no son la excepción y llaman la atención de las personas por su tamaño pequeño, tierno aspecto y capacidad de planear por el aire con unas membranas que tienen bajo las patas.
El petauro del azúcar tiene una apariencia y hábitos casi idénticos a los de la ardilla voladora. Su nombre común hace alusión a su predilección por los alimentos azucarados como la salvia y el néctar, mientras que su denominación científica se traduce del latín como “bailarín de cuerda de cabeza corta”, en honor a sus conocidas acrobacias sobre las copas de los árboles.
Su característica forma de desplazamiento aéreo le ayuda enormemente a conseguir alimento y a escapar de sus depredadores en tierra.
Algunas curiosidades sobre los petauros del azúcar

El petauro del azúcar pertenece a la familia de los Petáuridos (Petauridae), conjunto de zarigüeyas caracterizado por tener membranas deslizantes vestigiales.
Su cuerpo está cubierto de un pelaje suave de color gris pálido que cuenta a su vez con una serie de manchas negras. Su población está distribuida en los bosques costeros del sureste de Queensland, en Australia y en Nueva Gales del Sur.
Cuentan además con una serie de glándulas odoríferas en la parte superior de la cabeza, pecho y cerca de su cloaca que sirven para marcar su territorio.
Son marsupiales de hábitos nocturnos, por lo que tienen unos grandes ojos y orejas que le ayudan a localizar a sus presas en la oscuridad y detectar con mayor facilidad a sus depredadores. Durante el día descansan dentro de los huecos de los árboles, mismos que cubren con ramas y hojas para evitar ser detectados por algún intruso.
Al ser unos marsupiales de tamaño pequeño, los petauros del azúcar cuentan con un ritmo cardíaco de entre 200 y 300 latidos por minuto, mientras que su frecuencia respiratoria oscila entre 16 y 40 inhalaciones y exhalaciones cada 60 segundos.
Además de su hábito de deslizarse a través del aire, los petauros del azúcar se caracterizan por tolerar altas temperaturas ambientales de hasta 40 grados y climas sumamente fríos mediante la utilización de un recurso conocido como letargo, en el que disminuyen su actividad fisiológica y tasa metabólica.
Alcanzan la madurez sexual entre los 4 y 12 meses de edad y son capaces de reproducirse hasta dos veces al año, dependiendo de las condiciones de sus hábitats. Su periodo de gestación es de entre 15 y 17 días, después las crías se arrastrarán al marsupio de su madre y seguirán desarrollándose por alrededor de tres meses más.
En la naturaleza son animales muy sociables y viven en colonias de hasta siete adultos y una cantidad variable de crías. Existen casos de miembros que son excluidos de las familias pero que participan de labores como el aseo, que contribuye en la higiene y la unión de los grupos de petauros.
Mantenerlos como mascotas es cruel

La popularidad de esta especie entre los seres humanos tuvo un repunte significativo en los últimos años. Si bien es una especie considerada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como una “preocupación menor”, su forma natural de vida podría verse amenazada por el aumento del interés de las personas en adoptarlas como mascotas.
Múltiples organizaciones se han pronunciado al respecto, siendo la People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) una de las más destacadas. En un artículo, la asociación defensora de los derechos de los seres sintientes expresó que los dueños a menudo caen en cuenta de que no están preparados para darle la vida que estos animales se merecen.
Además, alegan que al mantenerlos como mascotas se les niega “todo lo que es natural” como sus hábitos nocturnos, la vida entre los árboles y la convivencia dentro de los grandes grupos familiares a los que están acostumbrados.
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