El calvario del hombre que estuvo trece años preso por matar a su familia y una absolución que sus suegros nunca aceptaron

El 28 de septiembre de 2000, David encontró asesinados a su esposa Kim y a sus hijos Brad y Jill en su casa de Indiana. Quedó bajo sospecha desde el comienzo y luego fue condenado dos veces y finalmente declarado no culpable

David Camm tenía 36 años, había trabajado durante más de una década como policía estatal de Indiana y conocía demasiado bien lo que significaba encontrarse frente a una escena criminal
David Camm tenía 36 años, había trabajado durante más de una década como policía estatal de Indiana y conocía demasiado bien lo que significaba encontrarse frente a una escena criminal
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La escena parecía arrancada de una pesadilla. David Camm llegó a su casa después de jugar al básquet y entró en el garaje. Allí encontró a su esposa, Kim, tirada junto al vehículo familiar. Sus dos hijos, Brad, de 7 años, y Jill, de 5, también estaban muertos. Los tres fueron masacrados a balazos.

Camm tenía 36 años, había trabajado durante más de una década como policía estatal de Indiana y conocía demasiado bien lo que significaba encontrarse frente a una escena criminal. Aquella noche, sin embargo, no era el investigador que debía reconstruir lo ocurrido. Era el padre y el marido que acababa de perder a toda su familia.

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Llamó a la policía y contó que acababa de regresar de practicar básquet en una iglesia cercana. Dijo que encontró a Kim en el piso del garaje y que, al mirar dentro de la camioneta Ford Bronco, descubrió a los chicos. Creyó incluso que uno de ellos podía seguir con vida, lo sacó de la pick up e intentó reanimarlo.

La investigación apenas había comenzado y, sin embargo, para los investigadores apareció rápidamente una pregunta de manual que cambiaría para siempre la vida de aquel hombre: ¿y si David Camm había sido quien mató a su familia? Trece años después, luego de tres juicios, dos condenas y una sucesión de errores y controversias, un jurado respondería de otra manera.

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David Camm junto a su esposa Kim y sus dos hijos
David Camm junto a su esposa Kim y sus dos hijos

Una noche que terminó en tragedia

El jueves 28 de septiembre de 2000, Georgetown, una pequeña localidad de Indiana cercana a la frontera con Kentucky, quedó sacudida por el triple asesinato. Kim Camm tenía 35 años. Brad, el hijo varón, siete. Jill, la menor, cinco. David había dejado la Policía Estatal de Indiana unos cuatro meses antes y empezó a trabajar en un negocio de impermeabilización de sótanos junto con un tío. Según su relato, estuvo en la iglesia haciendo deporte hasta aproximadamente las 21.20 y luego regresó a su hogar.

La investigación tomó rápidamente un rumbo que terminaría siendo decisivo. En vez de concentrarse exclusivamente en la posibilidad de que un desconocido hubiera entrado en la propiedad, los investigadores comenzaron a observar a Camm como principal sospechoso. La razón no fue una confesión ni la aparición de un arma vinculada directamente con él. Una de las piezas centrales resultó una camiseta que llevaba puesta cuando llegó la policía.

Los agentes interpretaron determinadas manchas de sangre como prueba de que Camm estuvo cerca de los disparos. Un análisis de patrones de sangre se presentó como una prueba fundamental para sostener que fue parte de los homicidios. Así, en pocos días, el hombre que llamó a la policía para denunciar que su familia fue asesinada pasó a estar acusado de cometer el triple crimen. El 1 de octubre de 2000 terminó formalmente acusado de los tres homicidios.

La primera condena

La historia familiar pasó a ser examinada bajo una lupa cada vez más agresiva. Se investigaron sus relaciones personales y su matrimonio con Kim. La hipótesis fiscal sostenía que él mató a su esposa y a sus hijos, y luego intentó construir una coartada. Pero había algo que no encajaba. En la escena existían rastros que no pertenecían a David Camm.

Una foto de la escena del crimen que se vio durante los juicios
Una foto de la escena del crimen que se vio durante los juicios

El primer juicio terminó con Camm declarado culpable de los tres asesinatos. La principal prueba física utilizada para vincularlo con la masacre resultó el análisis de las manchas de sangre de su camiseta. La acusación sostuvo que ese material demostraba que fue parte del ataque. Él mientras tanto, mantenía la misma versión: que jugó al básquet y al regresar halló a su familia muerta. Fue condenado y comenzó una vida que jamás imaginó: la de un ex policía que ahora estaba encerrado por quitarle la vida nada menos que a su esposa y a sus dos hijos.

Pero el caso no terminó con aquella sentencia. En 2004, una corte de apelaciones de Indiana anuló la condena y ordenó un nuevo debate. Entre otros motivos, cuestionó la utilización de pruebas relacionadas con la vida sexual de Camm y consideró que resultó perjudicado seriamente su derecho a un juicio justo. La investigación, lejos de apagarse, volvió a empezar. Y esta vez apareció otro hombre.

El sospechoso del ADN

La prueba genética encontrada en una prenda que estaba en la escena del crimen terminó llevando a los investigadores hacia Charles Boney, quien tenía antecedentes penales y su ADN apareció relacionado con elementos recuperados en el lugar de los homicidios. La investigación empezó entonces a contemplar una nueva posibilidad: que Camm no hubiera sido el autor del triple crimen y que existiera otro participante. Así, el caso se transformó en una acusación conjunta, y tanto Camm como Boney fueron llevados nuevamente ante la Justicia.

En 2006, después de un segundo juicio, Camm volvió a ser condenado. Esta vez recibió una pena de prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Boney también fue declarado culpable. Para el primero parecía repetirse la peor parte de la historia: aunque la primera condena había sido anulada, la segunda volvía a enviarlo a prisión de por vida.

Pero aquella sentencia tampoco sería definitiva. El proceso comenzó a desmoronarse nuevamente. La Corte Suprema de Indiana revisó el expediente y en 2009 anuló la segunda condena. El tribunal consideró que la incorporación de prueba altamente especulativa y perjudicial -entre ella acusaciones relacionadas con un supuesto abuso sexual de su hija- afectó el desarrollo del juicio. Y una vez más tendría que defenderse de la acusación de haber masacrado a su familia.

En enero de 2006, Boney fue juzgado y condenado por asesinato
En enero de 2006, Boney fue juzgado y condenado por asesinato

Mientras tanto, la prueba científica comenzaba a adquirir una importancia que no tuvo en el primer juicio. La prenda hallada en la escena -un buzo que no recibió inicialmente toda la atención que merecía- empezó a revelar información diferente: ADN que no era de Camm. También aparecieron rastros que vinculaban a Boney con el lugar y con Kim.

En el tercer juicio, especialistas de la defensa insistieron con que la prueba genética y los análisis de la ropa eran compatibles con una pelea entre Kim y Boney. La teoría de la acusación también cambió. Boney declaró que llevó un arma que no pudo ser rastreada hasta la casa de los Camm, y admitió que estuvo en las inmediaciones del garaje.

Después de años de prisión, el caso finalmente llegó a su tercera instancia judicial. Esta vez, Camm ya no era el hombre que debía demostrar que las pruebas contra él eran insuficientes. La defensa consiguió poner en primer plano las contradicciones de la investigación original y la nueva prueba científica.

El proceso comenzó en agosto de 2013. El 24 de octubre, después de aproximadamente diez horas de deliberaciones distribuidas en tres días, el jurado regresó a la sala y dictaminó la libertad de David Camm. Formalmente fue declarado no culpable de los tres asesinatos. Habían pasado 13 años desde aquella noche de septiembre de 2000, y salió de prisión ese mismo día.

La investigación bajo sospecha

La absolución no borró los años perdidos. Camm había ingresado a prisión con 36 años y salió con 49. Pasaron 13 años mientras defendía una y otra vez una misma versión: que él no mató a su familia. El caso dejó además fuertes cuestionamientos sobre la manera en que se desarrolló la investigación original. Uno de los puntos más controvertidos fue el análisis de las manchas de sangre que contribuyó a ponerlo en el centro de las sospechas. Con el paso del tiempo, la defensa cuestionó la formación y las credenciales de una de las personas vinculadas a esa pericia.

Charles Boney era un delincuente convicto de la cercana cárcel de New Albany, que estaba en libertad condicional la noche del asesinato de los Camm
Charles Boney era un delincuente convicto de la cercana cárcel de New Albany, que estaba en libertad condicional la noche del asesinato de los Camm

La Justicia de Indiana llegó a ordenar nuevos juicios porque entendió que elementos utilizados contra Camm perjudicaron el proceso. La absolución de 2013 fue, por lo tanto, el final de una batalla judicial de más de una década, pero no significó que las consecuencias desaparecieran.

Una vez libre, Camm inició acciones legales contra autoridades y funcionarios vinculados con la investigación y su procesamiento. En 2016, el condado de Floyd llegó a un acuerdo con él por 450.000 dólares. Más adelante continuaron los litigios contra otros responsables.

En 2022, el Estado de Indiana acordó pagarle 4,6 millones de dólares para resolver su parte de la demanda. El National Registry of Exonerations también registra que, en el marco de ese acuerdo, uno de los implicados reconoció que sus actuaciones aportaron al encarcelamiento de Camm, quien posteriormente fue exonerado.

Más de una década después de recuperar la libertad, David Camm sigue intentando reconstruir su vida en Indiana y asegura que decidió seguir adelante. En julio de 2025 volvió a hablar públicamente sobre el caso y contó que continúa visitando la tumba de Kim, Brad y Jill, aunque prefiere hacerlo de noche o muy temprano para evitar que desconocidos lo filmen. También trabaja junto al exagente del FBI Gary Dunn en libros destinados a reconstruir el expediente y su propia versión de los 13 años que pasó tras las rejas. La absolución puso fin a su condena; no consiguió, en cambio, cerrar todas las heridas que dejó aquel triple asesinato.

Justamente, y más allá de todos los debates y creencias, los padres de Kim, Frank y Janice Renn, nunca aceptaron esa conclusión y continuaron creyendo que Camm fue el responsable de la muerte de su hija y de sus nietos. Paradójicamente, esa posición convive hasta hoy con el veredicto absolutorio y con el reconocimiento judicial de las irregularidades que afectaron los procesos anteriores.

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