
El hombre que encontró Troya —y la destruyó en el intento— fue un comerciante alemán dispuesto a todo por demostrar que Homero tenía razón.
Heinrich Schliemann, un comerciante alemán nacido en 1822, encontró en 1873 el llamado “Tesoro de Príamo” en Hisarlık, actual Turquía, al buscar pruebas de que Troya había existido. Su método destruyó capas clave del yacimiento que después ayudaron a confirmar la ciudad homérica.
PUBLICIDAD
Según detalló National Geographic, Schliemann llegó a acumular el equivalente a unos USD 80 millones actuales solo a partir de sus operaciones en California durante la fiebre del oro.
Pero la riqueza no lo satisfizo. A medida que su vida doméstica se deshacía —un primer matrimonio hostil, una segunda boda arreglada con una griega de 17 años llamada Sophia Engastromenos—, Schliemann volcó su obsesión en la arqueología. Veneraba la Ilíada como otros veneran un texto sagrado, y estaba convencido de que Troya no era una invención literaria del poeta del siglo VIII a.C., sino una ciudad real sepultada bajo el suelo de Anatolia.
PUBLICIDAD

Ese convencimiento lo llevó, en 1868, hasta un montículo en el oeste de la actual Turquía llamado Hisarlık, cuyo nombre significa “lugar de fortalezas”. Allí lo esperaba Frank Calvert, un excavador aficionado de familia inglesa que llevaba años apostando por ese sitio sin recursos suficientes para excavarlo en serio.
Según informó National Geographic, Calvert había propuesto sin éxito a los archivos del Museo Británico un subsidio de GBP 100 —unos USD 10.000 actuales— a cambio de ceder todos sus hallazgos. La negativa del museo resultó, con el tiempo, una decisión que impidió financiar la excavación del sitio.
PUBLICIDAD
Schliemann se asoció con Calvert, pero de inmediato lo desplazó. Comenzó a excavar en abril de 1870 sin haber obtenido el permiso del Imperio Otomano y sin registrar la estratigrafía ni la profundidad de los hallazgos. En la temporada de 1872 contrató a 120 obreros con una sola instrucción: cavar rápido.
La excavación que arrasó el yacimiento

Abrieron una trinchera de casi 80 metros de ancho y removieron unos 90.000 metros cúbicos de tierra —el equivalente a 36 piscinas olímpicas—, y destruyeron en el proceso capas de ocupación que los arqueólogos tardarían décadas en tratar de reconstruir.
PUBLICIDAD
El gran golpe llegó en mayo de 1873. Trabajando bajo lo que él llamó el Palacio de Príamo, Schliemann encontró un cántaro de cobre junto a destellos de oro. Despidió a los obreros con el pretexto del desayuno y extrajo personalmente unas 9.000 piezas —vasijas, copas, dagas, diademas y pendientes—.
Luego vistió a Sophia con las joyas y difundió la fotografía en periódicos de todo el mundo bajo el nombre de Tesoro de Príamo, y alegó que esas piezas habían pertenecido a Helena de Troya.
PUBLICIDAD
National Geographic señaló que la historia era, una vez más, una fabricación elaborada: Sophia no estaba en el sitio el día del hallazgo, y las piezas provenían de distintos puntos y estratos del yacimiento. Más grave aún: el tesoro databa de aproximadamente mil años antes de la guerra de Troya que describe Homero.

A pesar de esas imprecisiones, el descubrimiento sacudió al mundo. La prensa lo convirtió en un héroe de la exploración. Las sociedades científicas de Europa lo invitaron a conferencias con recepciones multitudinarias; algunas ciudades dispararon fuegos artificiales a su llegada.
PUBLICIDAD
Fama mundial y apropiación del tesoro
En 1881, Schliemann donó el tesoro al gobierno alemán —sin tener ningún derecho legal para hacerlo, ya que había sacado las piezas de contrabando de Anatolia—, lo que elevó aún más su fama.
Schliemann murió en 1890 a causa de una infección de oído que se extendió al cerebro. Su sucesor en Hisarlık, el arqueólogo Wilhelm Dörpfeld, fue quien ofreció una despedida: “Descansa en paz. Ya has hecho suficiente”.
PUBLICIDAD
Lo que revelaron las excavaciones posteriores
Las investigaciones posteriores confirmaron lo que Schliemann había intuido —y dañado. Hisarlık alberga 11 capas de ocupación que van desde el año 3500 a.C. hasta el 1350 d.C.

La Troya de Homero corresponde probablemente al estrato VIIa, que muestra evidencias de guerra: madera carbonizada, reservas de proyectiles y restos humanos mutilados. Schliemann, convencido de que la ciudad homérica estaba en el fondo del montículo, arrasó buena parte de ese nivel en su carrera hacia abajo.
PUBLICIDAD
Excavaciones realizadas en la década de 1990 revelaron además una zanja defensiva que rodeaba una ciudad de unas siete hectáreas con una población de cerca de 10.000 habitantes, y tablillas hititas que hacen referencia a una ciudad occidental llamada Wilusa —eco del nombre alternativo de Troya, Ilios— y a un rey llamado Alaksandu, variante del nombre griego Alejandro, el otro nombre del troyano Paris.
El recorrido del Tesoro de Príamo en el siglo XX
El destino del Tesoro de Príamo añade un capítulo más a la historia. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Alemania guardó las piezas en una torre antiaérea de hormigón y acero cerca del zoológico de Berlín. Tras la caída de la ciudad en 1945, las brigadas soviéticas de trofeos negaron haber encontrado nada.

Décadas más tarde, durante el período de la glasnost, Rusia admitió que había mentido: el tesoro estaba en el sótano del Museo Pushkin de Moscú. En 1996, el museo exhibió 260 piezas troyanas.
Alemania reclamó su devolución; Turquía hizo lo mismo, argumentando que Schliemann lo había sacado ilegalmente de su territorio; los descendientes de Frank Calvert también presentaron demandas. Las negociaciones fracasaron en todos los casos, y las piezas permanecen hoy en Moscú.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El bandido asesinado que fue momificado y exhibido como un muñeco de utilería en distintos espectáculos durante 65 años
Elmer McCurdy perdió la vida en 1911 tras un robo fallido. Su cuerpo embalsamado recorrió ferias, museos y parques de diversiones, siendo confundido con un muñeco hasta que, en 1977, fue identificado y enterrado en Oklahoma

La historia del asesino serial que mataba pedófilos y se convirtió en caníbal para salvarse de la pena de muerte
Alexander Maslich planeó junto a otro preso comerse a un compañero de celda para ser trasladado a una clínica psiquiátrica. Los detalles de la escena del horror dentro de la celda

Envenenó a su padre porque no aprobaba su relación amorosa con un hombre casado y terminó en la horca: la historia de Mary Blandy
En 1751, una joven de Henley-on-Thames comenzó a poner arsénico en la comida de su progenitor, Francis Blandy, que se oponía a su vínculo con un oficial escocés que tenía esposa. Cuando el veneno apareció en la casa familiar, los sirvientes sospecharon. En un juicio celebrado en Oxford terminó condenada. Ante la Justicia la joven se defendió asegurando que había recibido un polvo que lo convertiría en un aliado de su romance, pero no le creyeron. Él murió después de meses de agonía; ella fue ejecutada

Una probabilidad de 1 en 160 millones: el niño que recibió el impacto de un meteorito en la cabeza y vivió para contarlo
El mediodía del 14 de agosto de 1992 una lluvia de meteoritos cayó sobre la aldea de Mbale, en Uganda, y uno de ellos impactó sobre la cabeza de un chico de 12 años, sin causarle heridas de gravedad. Fue el segundo caso registrado con certeza de un ser humano alcanzado por una roca estelar. Los documentos antiguos que hablan de episodios similares y la historia de la mujer golpeada en el estómago por un meteorito de casi cuatro kilos cuando dormía la siesta

Sin taxis y con el teléfono público roto: el regreso a casa de una joven enfermera que terminó en una violación grupal y asesinato
En febrero de 1986, Anita Cobby fue secuestrada cuando regresaba a su casa. Cinco hombres la interceptaron y la obligaron a subir a un vehículo. Dos días después, su cuerpo fue hallado sin vida. El caso derivó en condenas históricas a cadena perpetua para los responsables y generó cambios profundos en las leyes penales del país




