Dos disparos fallidos y un ex marine héroe: el día que un presidente de Estados Unidos estuvo a punto de ser asesinado

Gerald Ford había sobrevivido a otro ataque protagonizado por Lynette “Squeaky” Fromme. El segundo ocurrió el 22 de septiembre de 1975 en San Francisco y estuvo a cargo de una mujer cuya trayectoria atravesaba la política radical y el FBI

Sara Jane Moore, una mujer que hace 50 años atentó contra quien era el presidente de EEUU,  Gerald Ford
La primera bala pasó a escasos centímetros de la cabeza de Ford. La segunda nunca tuvo una trayectoria limpia hacia el presidente porque un hombre que estaba entre la gente reaccionó en una fracción de segundo (Grosby)
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El presidente apenas había recorrido unos pasos cuando decidió hacer algo que formaba parte de su manera de ejercer el cargo: detenerse y saludar. Era la tarde del 22 de septiembre de 1975 y Gerald Ford salía del Hotel St. Francis, en San Francisco. Caminaba hacia la limusina presidencial por la entrada de Post Street mientras un grupo de personas se había reunido al otro lado de la calle para verlo. Cuando estuvo a pocos metros del auto, se detuvo un instante mientras un agente del Servicio Secreto abría la puerta. Entonces, miró hacia la multitud y levantó la mano. Fue en ese momento cuando escuchó el disparo.

El propio Ford describiría después aquella escena de manera casi mecánica: oyó un ruido que parecía un tiro y, prácticamente al mismo tiempo, varias personas se abalanzaron sobre él y lo empujaron hacia el suelo. A unos doce metros estaba Sara Jane Moore de 45 años. Había comprado el revólver unas horas antes. Y el arma que llevaba consigo llegó a sus manos después de que la policía le confiscara otra pistola el día anterior.

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La primera bala pasó a escasos centímetros de la cabeza de Ford. La segunda nunca tuvo una trayectoria limpia hacia el presidente porque un hombre que estaba entre la gente reaccionó en una fracción de segundo: Oliver Sipple, un ex marine, vio lo que estaba ocurriendo, se abalanzó sobre Moore y le desvió el brazo. El presidente sobrevivió. La mujer quedó detenida en el lugar. Estados Unidos asistía al segundo intento de asesinato contra su presidente en apenas 17 días.

Una mujer que parecía estar en otro mundo

Sara Jane Kahn, nacida el 15 de febrero de 1930 en Charleston, Virginia Occidental, era hija de una familia de clase media, y antes de convertirse en una figura conocida por razones muy diferentes, llevó una vida que parecía alejada de la violencia política.

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Sara Jane Moore, una mujer que hace 50 años atentó contra quien era el presidente de EEUU,  Gerald Ford
El intento de asesinato de Gerald Ford en la tapa del Washington Post (Grosby)

Fue estudiante de enfermería, integró durante un período el Women’s Army Corps y terminó trabajando como contadora. Se casó varias veces, tuvo hijos, llevaba una vida que no permitía anticipar que terminaría frente a un hotel esperando al presidente de los Estados Unidos con un arma en la mano.

Pero a comienzos de la década de 1970 su vida comenzó a desplazarse hacia ambientes políticos cada vez más radicalizados. El punto de conexión fue el secuestro de Patricia “Patty” Hearst. En febrero de 1974, la heredera de ese imperio periodístico fue raptada por el Symbionese Liberation Army (SLA), una organización revolucionaria estadounidense. El grupo exigió a su padre, Randolph Hearst, que financiara la distribución de alimentos entre personas pobres. La familia aceptó y puso en marcha un enorme programa de ayuda llamado People in Need, destinado a repartir alimentos por millones de dólares.

Moore se ofreció como voluntaria y terminó trabajando como contadora del programa. Aquella tarea la acercó a militantes, activistas, exconvictos y personas vinculadas con los movimientos radicales de la época. Pero había algo más. También había establecido una relación con el FBI como informante. Durante un período suministró datos sobre los ambientes políticos que frecuentaba.

Su relación con el organismo, sin embargo, terminó antes del atentado contra Ford. Las versiones sobre cuánto había colaborado realmente y qué información entregó fueron siempre controvertidas. Algunos relatos posteriores la presentaron como una informante activa; las autoridades, en cambio, relativizaron el alcance de ese aporte.

Sara Jane Moore, una mujer que hace 50 años atentó contra quien era el presidente de EEUU,  Gerald Ford
A comienzos de la década de 1970 la vida de Moore comenzó a desplazarse hacia ambientes políticos cada vez más radicalizados (Grosby)

La contradicción era enorme: una mujer que proporcionó información al FBI sobre círculos radicales terminó convirtiéndose en una militante dispuesta a disparar contra el presidente.

El presidente que ya había sido blanco

Cuando Ford llegó a San Francisco aquel septiembre, la seguridad presidencial ya estaba especialmente sensibilizada. Diecisiete días antes, exactamente el 5, Lynette “Squeaky” Fromme intentó atacarlo en Sacramento. La joven, integrante del entorno de Charles Manson, se acercó al presidente con una pistola calibre .45. El Servicio Secreto la redujo antes de que pudiera efectuar un disparo.

Dos intentos protagonizados por dos mujeres, en dos ciudades de California y separados por poco más de dos semanas. Pero no existía coordinación entre ellas. El caso de Moore tenía una particularidad que después se convertiría en uno de los aspectos más inquietantes de la investigación: su nombre ya había llegado a los radares de las autoridades.

La noche anterior al atentado fue detenida por la policía de San Francisco por un asunto relacionado con la tenencia ilegal de un arma. Le quitaron un revólver calibre .44 y municiones. Fue procesada y quedó en libertad. Algunas versiones indican que realizó una amenaza telefónica y que el Servicio Secreto terminó alertado; posteriormente, los agentes la entrevistaron y concluyeron que no representaba una amenaza inmediata.

Al día siguiente, Moore consiguió otra pistola. Fue hasta una armería y compró un revólver calibre .38. No era un arma que conociera de antemano. Tampoco sabía que tenía un problema que terminaría siendo decisivo. La secuencia de aquella mañana resulta extraordinaria por su sencillez. Moore llevó a su hijo a la escuela. Después consiguió el arma que reemplazaba a la que la policía le había confiscado el día anterior y se dirigió hacia el lugar donde sabía que aparecería Ford.

Sara Jane Moore, una mujer que hace 50 años atentó contra quien era el presidente de EEUU,  Gerald Ford
Moore llevó a su hijo a la escuela. Después consiguió el arma que reemplazaba a la que la policía le había confiscado el día anterior y se dirigió hacia el lugar donde sabía que aparecería Ford (Grosby)

El presidente tenía previsto participar de actividades en San Francisco y salir del Hotel St. Francis aproximadamente a las 15.30 horas. Ella esperó. No necesitaba atravesar ninguna barrera especial. El contacto con el público formaba parte de las apariciones, y pese a las modificaciones introducidas después del ataque de Fromme, el presidente todavía podía quedar relativamente cerca de la gente.

Ford salió por la entrada de Post Street, caminó hacia su auto, se detuvo y saludó. Moore levantó el arma. El primer disparo fue el más peligroso. La bala no impactó por una distancia mínima. Una investigación posterior señaló que las miras del revólver tenían un defecto que las alteraba. El juez federal Samuel Conti mencionaría esa circunstancia durante el proceso.

Pero el peligro no había terminado. Moore volvió a levantar el arma. Fue entonces cuando apareció Oliver Sipple, que estaba entre las personas que observaban al presidente. Había sido marine, veterano de Vietnam, escuchó el primer disparo y reaccionó. Se abalanzó sobre Moore y sujetó su brazo justo cuando ella intentaba volver a disparar. La trayectoria del segundo proyectil se desvió y el tiro no alcanzó a Ford.

En cuestión de segundos, agentes del Servicio Secreto rodearon al presidente que fue introducido en la limusina. Los agentes se arrojaron sobre él mientras el vehículo se alejaba. El propio Ford recordaría posteriormente que quienes lo protegían llegaron a cubrirlo por completo dentro del automóvil. Cuando el peligro inmediato pasó, tuvo que pedirles que se apartaran porque prácticamente lo estaban aplastando.

Moore, mientras tanto, quedó en manos de la policía. No hubo una persecución ni intentó escapar. ¿Por qué quiso matar a Ford? La respuesta nunca fue completamente sencilla. Estaba atravesada por las tensiones políticas de la década de 1970: la guerra de Vietnam, la desconfianza hacia el gobierno, los movimientos revolucionarios y la convulsión que había generado el caso Patty Hearst. Ella misma ofreció esas diferentes explicaciones a lo largo de los años.

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En cuestión de segundos, agentes del Servicio Secreto rodearon al presidente que fue introducido en la limusina

Una de las versiones más conocidas fue que creía que el asesinato de Ford podía funcionar como un detonante político. Su razonamiento, según testimonios posteriores, era que eliminar al presidente podía provocar una reacción social capaz de modificar el sistema político estadounidense. También sostuvo que tenía miedo de que el gobierno tomara represalias contra ella cuando se descubriera que había sido informante del FBI.

Después de su arresto declaró que disparar contra Ford fue una forma extrema de expresar su furia contra el sistema. Años más tarde describiría aquella decisión de otra manera y reconocería que estuvo cegada por sus ideas políticas radicales. Lo cierto es que no existió un único documento capaz de explicar de manera definitiva qué combinación de razones llevó a Moore hasta aquella vereda.

El juicio y la condena

Moore terminó declarándose culpable del intento de asesinato de Ford. Sus abogados consideraron incluso una estrategia vinculada con su estado mental, pero ella decidió asumir la responsabilidad penal. En enero de 1976 fue condenada a cadena perpetua. Durante la audiencia de sentencia dejó una de las frases que mejor resumieron la contradicción que la acompañaría durante décadas. Admitió que lamentaba las consecuencias de su decisión, pero sostuvo que en aquel momento consideró el atentado una expresión correcta de su enojo.

La prisión sería su mundo durante más de tres décadas. En 1979 protagonizó una fuga breve. Escapó de una prisión federal en Virginia Occidental, pero fue recapturada pocas horas después y trasladada a un establecimiento de mayor seguridad.

Sara Jane Moore, una mujer que hace 50 años atentó contra quien era el presidente de EEUU,  Gerald Ford
El presidente tenía previsto participar de actividades en San Francisco y salir del Hotel St. Francis aproximadamente a las 15.30 horas (Grosby)

Con el paso del tiempo, la mujer que había aparecido en las primeras páginas de los diarios quedó prácticamente olvidada. Mientras tanto, la historia de aquel disparo continuaba teniendo un segundo protagonista involuntario: Oliver Sipple. El hombre que salvó a Ford fue presentado como un héroe. Pero algunos medios revelaron públicamente que era gay, algo que él mantenía en reserva. La exposición tuvo consecuencias personales y familiares y años después protagonizó un litigio por invasión de su privacidad.

El episodio terminó convirtiéndose en otra historia dentro de la historia: una reacción instintiva que probablemente evitó un segundo disparo directo contra Ford terminó transformando la vida de Sipple de una manera que él nunca había elegido.

Treinta y dos años tras las rejas

Gerald Ford murió el 26 de diciembre de 2006, por causas naturales. Un año y cinco días más tarde, el 31 de diciembre de 2007, Sara Jane Moore salió de prisión en libertad condicional. Había cumplido 32 años de su condena a perpetua y tenía ya 77. El mundo al que regresó era prácticamente irreconocible.

Moore intentó vivir en el anonimato. En entrevistas reconoció que se alegraba de haber fracasado y afirmó que estuvo equivocada al intentar matar al presidente. Pero incluso luego de recuperar la libertad tuvo otro episodio judicial: en 2019 fue detenida por una violación de las condiciones de su libertad condicional relacionada con un viaje fuera del país que no había informado. Finalmente volvió a quedar libre.

Murió el 24 de septiembre de 2025, a los 95 años, en un centro de cuidados de Tennessee. Habían pasado casi exactamente cincuenta años desde aquella tarde de San Francisco. Su adiós cerró un episodio que comenzó con un disparo que estuvo a centímetros de cambiar la historia de los Estados Unidos.

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