Un cautivo vendido a la mafia, una oreja cortada y el abuelo millonario que no quería pagar: el secuestro del “hippie dorado”

La madrugada del 10 de julio de 1973, John Paul Getty III, nieto de un magnate petrolero, fue capturado cuando cruzaba una plaza de Roma. Cómo fueron las negociaciones y la amputación que desencadenó el final del caso

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John Paul Getty III
John Paul Getty fue secuestrado en una plaza romana la madrugada del 10 de julio de 1973

“Tu hijo está con nosotros. Prepará 17 millones de dólares si querés recuperarlo”, dijo la voz del desconocido en un italiano rudimentario y con marcado acento del sur. Del otro lado del teléfono, Gail Getty demoró unos segundos en reponerse antes de contestar que no tenía ese dinero. El hombre habló enseguida, como si estuviera preparado para esa respuesta. “Buscalo en la fortuna de la familia”, dijo y cortó sin más.

Era de noche y el almanaque marcaba el 10 de julio de 1973. Más allá del susto, Gail no sabía si creer o no en las palabras del desconocido. Recordaba que más de una vez su hijo, John Paul Getty III, nieto de Jean Paul Getty I, una de las personas más ricas del mundo, había bromeado con simular un secuestro para sacarle plata al avaro de su abuelo.

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De una fuente nunca identificada, la noticia se filtró al día siguiente. Los medios informaron que John Paul habría sido secuestrado a las 3 de la madrugada del martes 10 mientras cruzaba solo y a pie la Piazza Farnese, en Roma después de salir de una fiesta. El verbo en condicional era prudente, porque muchos ponían en duda los hechos, precisamente por las bromas que recurrentemente el adolescente de 16 años hacía sobre un falso secuestro.

“Más que una broma, empezaba a parecer una propuesta”, contó uno de sus amigos, el pintor Marcello Crisi cuando lo consultó un periodista del Corriere della Sera. La personalidad del chico tampoco ayudaba: lo habían expulsado de ocho colegios privados y ya no estudiaba, los paparazzi lo seguían de fiesta en fiesta e incluso lo habían fotografiado en una manifestación de izquierda. Con los víveres cortados por la familia, sobrevivía vendiendo algunos malos cuadros que pintaba en la Piazza Navona, posando como modelo y trabajando como extra en alguna película en los estudios de Cinecittá.

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JOHN PAUL GETTY III
Una de las primeras fotos tras ser liberado por la mafia calabresa

“El hippie dorado”, lo habían bautizado las revistas de ricos y famosos. Tampoco ayudó a darle credibilidad al asunto que su novia, Martine Schmidt, dijera que sí, que John Paul había jugado con la posibilidad de fingir su secuestro y que incluso había hablado con alguien para hacerlo, pero que había cambiado de idea. “Paul ya no quería ser secuestrado, pero los secuestradores lo seguían”, dijo.

Poco a poco, Gail se fue convenciendo de que se trataba de un secuestro de verdad, pero era la única. La terminó de convencer una carta que recibió pocos días después, donde reconoció la inconfundible letra de su hijo. “Querida madre: he caído en manos de secuestradores. ¡No dejes que me maten! Que la policía no interfiera. No te tomes esto como si fuera una broma. No le des publicidad al secuestro”, decía el texto.

Con la carta en la mano, Gail finalmente convenció a su exmarido, John Paul Getty II, para que intercediera ante el abuelo millonario para que pagara el rescate que pedían para devolver al chico. La respuesta fue un terminante “No”. Y no solo eso: el millonario convocó a una conferencia de prensa en Surrey, Inglaterra, donde vivía, y declaró sin mostrar la más mínima emoción: “No voy a pagar un centavo. Tengo otros catorce nietos. Si pago el rescate de uno… tendré catorce nietos secuestrados”.

Si Jean Paul Getty I tenía fama de avaro, esas palabras la potenciaron: en los medios de todo el mundo se lo calificó de frío, insensible, canalla y miserable. Los secuestradores dijeron entonces que devolverían al nieto de a pedacitos. Ni así el viejo millonario quiso aflojar.

JOHN PAUL GETTY III
Cuatro meses después del secuestro de su nieto, Getty I seguía inconmovible, plantado en no aflojar un solo dólar para recuperarlo

Avaro y multimillonario

Para la fecha en que secuestraron a su nieto, Jean Paul Getty I tenía 80 años y era uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna calculada en dos mil millones de dólares. Había nacido rico en Minneapolis, Minnesota. Hijo de Sarah Catherine McPherson Risher y George Franklin Getty, fue uno de los primeros hombres en amasar una fortuna de más de mil millones de dólares.

Su padre lo envió a las mejores escuelas y universidades, pero cuando cumplió 24 años le cortó los víveres y lo mandó a trabajar con una frase que Juan Paul nunca olvidaría: “Los hijos de los ricos no deben ser consentidos ni recibir dinero cuando tengan edad de valerse por ellos mismos”, le dijo.

Muchos años después en su libro “Cómo ser rico”, recordó esas palabras y contó: “Empecé en la universidad con cien dólares, trabajé como galeote, y gracias a mi instinto –eso que los inútiles llaman ‘suerte’– levanté un imperio”.

En realidad, Getty estaba muy bien preparado para afrontar su destino. Gracias a su padre, había estudiado en la Universidad del Sur de California, en Berkeley, el Magdalen College y en Oxford en Economía y Ciencias Políticas. Y había acumulado sus primeras experiencias trabajando durante los veranos en los pozos petroleros de su padre en Oklahoma. Tenía, además, un gran instinto para los negocios.

Hombre joven con cabello rizado, mujer con cabello corto rizado y pañuelo. La mujer sostiene un ramo de flores. Ambos visten ropa oscura. Fondo liso claro
Apenas un año después de su liberación, John Paul Getty III, con 18 años recién cumplidos, se casó con la alemana Gisela Martine Zacher, de 24 (AP Photo / Ian Nicholson, PA)

Ganó su primer millón de dólares en 1916 con Tulsa, su primera compañía petrolera. Después se dedicó a la compra y venta de pequeñas empresas petroleras –en una época en que el oro negro brotaba sin pausa–, fundó otra petrolera a la que le puso su nombre, Getty Oil, y entró a formar parte de la galería de los súper millonarios de su tiempo como John D. Rockefeller, Howard Hughes y el armador griego Aristóteles Onassis.

Se decía de él que siempre había sido muy ordenado en la administración de su fortuna, a la que hizo crecer sin pausa, pero muy desordenado en su vida amorosa. Se casó cinco veces, y toda su descendencia le procuró más de un dolor de cabeza. Primero contrajo matrimonio con Jeanette Demont, después con Allene Ashby, seguida de Adolphine Helmle. Después fue el turno de Ann Rork y el de Louise Lynch. De esos matrimonios tuvo seis hijos - George Franklin II, Jean Ronald, Eugene Paul, Jean Paul Jr., Gordon Peter y Timothy Ware - que le dieron quince nietos.

Siempre fue implacable al tratar a esa familia numerosa, a la que consideraba una fuente inagotable de problemas. Tanto que llegó a desheredar a varios de sus hijos. Si no trabajaban como él lo había hecho – y lo seguía haciendo – Getty los sacaba del testamento. A todos les inculcó la misma norma de conducta: “No aceptes consejos de nadie; solo dinero. Da consejos a cualquiera, pero nunca dinero”, les decía.

John Paul Getty III
En 1981, John Paul Getty tomó un cóctel de alcohol, valium y metadona que le provocó un fallo hepático y un derrame cerebral que lo dejó tetrapléjico

El “pedacito” que fue oreja

Cuatro meses después del secuestro de su nieto, Getty I seguía inconmovible, plantado en no aflojar un solo dólar para recuperarlo. Su único gesto fue contratar a un ex agente de la CIA llamado J. Fletcher Chase para que acompañara a la afligida Gail e investigara el caso. En ese lapso – se supo después – quienes habían secuestrado al chico ya no lo tenían en su poder. Habían creído que cobrarían rápidamente el rescate y, ante la negativa del multimillonario, se encontraron con que no tenían la logística necesaria para tenerlo en su poder mucho tiempo. Para resolver el asunto se lo vendieron a la ‘Ndrangheta, la organización mafiosa calabresa, que sí contaba con la estructura necesaria para mantenerlo cautivo durante el tiempo que fuera necesario.

Aunque mucho más pacientes que los secuestradores iniciales, también llegó el momento en que los mafiosos se cansaron de esperar. En noviembre de 1973, un paquete llegó al periódico Il Messaggero, de Roma. Adentro había un mechón de pelo y una oreja humana, acompañados por una carta donde amenazaban con seguir mutilando al chico si no pagaban rápidamente un rescate de 3,2 millones de dólares (el equivalente a unos 20 millones de hoy).

“Esta es la primera oreja de Paul. Si dentro de diez días la familia todavía cree que esto es una broma montada por él, entonces llegará la otra oreja. En otras palabras, llegará en pedacitos”, amenazaba.

La atroz maniobra dio resultado, porque recién entonces el abuelo millonario aceptó pagar, aunque de una manera que no afectara sus finanzas. Puso 2,2 millones de dólares de su bolsillo, exactamente la mayor suma que podría deducir de impuestos, y le prestó el resto su hijo – el padre de John Paul III – a condición de que se lo devolviera con un interés del 4 por ciento anual. En definitiva, no pagó un solo dólar e hizo trabajar parte de ese dinero a expensas de su propio hijo.

Joven con cabello rizado y suéter de cuello alto es escoltado por un hombre con traje, rodeados por una multitud y fotógrafos con cámaras y flashes
John Paul Getty III tras su liberación (AP Photo / Ian Nicholson, PA)

El encargado de reunirse con los secuestradores y pagar el rescate fue el ex agente de la CIA Chase, que viajó al sur de Italia para hacerlo. Lo siguió un grupo de policías que, haciéndose pasar por turistas, fotografiaron a los mafiosos que recibieron el dinero. No harían nada hasta que los secuestradores liberaran al adolescente.

Finalmente, John Paul Getty III fue dejado en libertad el 15 de diciembre de 1973 en una estación de servicio de la provincia de Potenza. Estaba en muy mal estado de salud, porque el corte de la oreja se le había infectado y había sufrido una neumonía durante su cautiverio, la mayor parte del cual transcurrió en una cueva húmeda. De regreso en su casa de Roma y a instancias de su madre, el chico llamó por teléfono a su abuelo para darle las gracias por haber pagado el rescate. El viejo millonario ni siquiera quiso atender la llamada de su nieto.

Marcado para siempre

Después de la liberación de John Paul, la policía logró detener a nueve de los secuestradores, entre ellos a Girolamo Piromalli y Saverio Mammoliti, miembros de alto rango de la ‘Ndrangheta, pero solo dos fueron condenados, mientras que el resto terminó absuelto por falta de pruebas. La mayor parte del dinero del rescate nunca apareció.

Apenas un año después de su liberación, John Paul Getty III, con 18 años recién cumplidos, se casó con la alemana Gisela Martine Zacher, de 24, con quien tuvo un hijo, Balthazar. Furioso, el abuelo le cortó el acceso a la fortuna familiar. Vivió los años siguientes en Los Ángeles, donde trató de reconstruir su vida.

En 1977, John Paul se sometió a una operación para reconstruir la oreja cortada, pero nunca se recuperó de las secuelas físicas y psíquicas del secuestro y se hizo adicto al alcohol y las drogas duras.

En 1981, tomó un cóctel de alcohol, valium y metadona que le provocó un fallo hepático y un derrame cerebral que lo dejó tetrapléjico, parcialmente ciego, e incapaz de hablar. Su abuelo había muerto y su padre se negó a asumir los gastos del tratamiento médico.

Fue necesario que la madre entablara una batalla legal para que pagara las cuentas. Separado de su mujer e incapacitado para valerse por sí mismo, John Paul volvió a vivir con su madre. Murió en una propiedad de su padre en Wormsley Park, Buckinghamshire, Inglaterra, el 5 de febrero de 2011, a los 54 años.

Seis años después de la muerte de John Paul Getty III, el director Ridley Scott adaptó la historia del secuestro para contarla en la película Todo el dinero del mundo, protagonizada por Michelle Williams como Gail, Christopher Plummer en el papel de Jean Paul Getty I y Mark Wahlberg como el negociador Fletcher Chace. La trama se centra en los esfuerzos desesperados de Gail por quebrar la avaricia del abuelo millonario y conseguir que pague el rescate para salvar la vida de su nieto.

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