
La resistencia de los drakkars (barcos de guerra vikingos) dependió del alquitrán de pino, y la arqueología rastreó una producción forestal a gran escala con análisis forenses del suelo y de restos de madera en bosques al norte de Uppsala. Según la revista National Geographic, esa industria permitió impermeabilizar barcos, cuerdas y velas durante la era vikinga.
La arqueología descubrió que los vikingos no obtenían alquitrán solo en pequeñas fosas domésticas, sino también en grandes pozos situados en bosques suecos, capaces de producir entre 200 y 300 litros por ciclo. Según National Geographic, ese cambio de escala quedó documentado en un estudio publicado en la revista científica Antiquity, a partir de residuos orgánicos, madera carbonizada y la localización de las estructuras.
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Antes de ese cambio, los escandinavos fabricaban alquitrán en aldeas durante la Edad de Hierro, en el siglo II d. C. Cada tanda rendía unos 15 litros y cubría un uso doméstico.
Con el inicio de la era vikinga, hacia el año 750 d. C., la producción cambió de dimensión. Andreas Hennius, arqueólogo de la Universidad de Uppsala y autor del estudio, situó en ese momento una transformación al trasladarse la actividad a zonas boscosas y multiplicarse su escala por diez.
Cómo la ciencia forense reconstruyó la producción de alquitrán

Las nuevas fosas aparecieron a más de ocho kilómetros de cualquier asentamiento o tumba. Para los investigadores, esa distancia reforzó la idea de que no eran instalaciones domésticas, sino centros de trabajo apartados en pleno bosque.
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La confirmación llegó por vías forenses. Los científicos analizaron residuos orgánicos atrapados en la tierra con cromatografía de gases y espectrometría de masas, y detectaron firmas bioquímicas de resina de pino alterada por el calor, según explicó National Geographic.
El examen de la microestructura de la madera carbonizada añadió otra pieza. Ese análisis permitió identificar el uso de troncos jóvenes, de entre 30 y 40 años, sin marcas de ataques de insectos, lo que descarta madera muerta o caída.
La tecnología forestal que multiplicó el alquitrán
El estudio describe el proceso como una forma primitiva, pero amplia, de pirólisis, destilación seca en ausencia de oxígeno. Los investigadores sostienen que los vikingos hacían cortes profundos en pinos vivos y los dejaban en pie durante unos años para que acumularan más resina antes de talarlos.
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Después excavaban una gran fosa cónica y colocaban en el fondo un contenedor de madera de un metro de ancho. Allí recogían el líquido que desprendía la madera resinosa al calentarse.
La combustión exigía aislar casi por completo el interior. Para lograrlo, cubrían la estructura con tierra, arcilla y carbón, limitaban el oxígeno y dejaban que el calor derritiera la resina hasta hacerla gotear al depósito.
La extracción final también requería trabajo adicional. Como no había tuberías de drenaje, los vikingos desmontaban y desenterraban la parte superior para recuperar el contenedor con ese material que, según la revista, se consideraba “oro negro”.
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El alquitrán que sostuvo la navegación vikinga
La demanda creció al ritmo de la tecnología naval. Construir y mantener un solo barco de transporte de personal exigía cerca de 500 litros de alquitrán, además de 18 metros cúbicos de madera y más de 1.600 horas de trabajo.

Ese material sellaba los tablones del casco y protegía las cuerdas de cáñamo. También resultaba clave en las velas de lana, que debían cubrirse con una mezcla de grasa, aceite, ocre y alquitrán para volverse impermeables y retener mejor el viento.
La magnitud de esa necesidad se aprecia en las flotas de Dinamarca y Noruega en la etapa final de la era vikinga. Según National Geographic, una superficie de velas cercana al millón de metros cuadrados exigía un volumen sostenido de alquitrán que solo una red de producción forestal podía abastecer.
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