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Dos hombres disfrazados de policías y 13 obras en 90 minutos: las claves del mayor robo de arte de la historia

La noche del 18 de marzo de 1990, el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston fue saqueado mientras la ciudad celebraba el Día de San Patricio. Por qué los marcos vacíos siguen colgados décadas después

Las salas del museo todavía conservan un vacío inquietante que intriga a miles de visitantes y expertos (Captura de video)
Las salas del museo todavía conservan un vacío inquietante que intriga a miles de visitantes y expertos (Captura de video)
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La noche del 18 de marzo de 1990, Boston finalizaba las celebraciones del Día de San Patricio cuando dos hombres vestidos de policías ingresaron al Museo Isabella Stewart Gardner. Mediante engaños, convencieron a un guardia de seguridad para que les permitiera la entrada, en contra del protocolo del museo. Una vez dentro, esposaron a los vigilantes y se dirigieron a la Sala Holandesa.

Los ladrones eligieron con precisión piezas de especial valor: El concierto de Vermeer, Cristo en la tormenta en el mar de Galilea de Rembrandt, obras de Degas y Manet y un remate napoleónico de menor valor. En total, sustrajeron 13 obras, cortando algunos de sus marcos, y también se llevaron las cintas de vídeo de seguridad, lo que dificultó la investigación posterior.

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El robo, ejecutado en menos de 90 minutos, pasó rápidamente a la historia como el mayor atraco de arte, superando en valor a otros robos reconocidos, incluido el del Louvre. Según la agencia de noticias Associated Press y el periódico británico The Guardian, a más de tres décadas del golpe, la identidad definitiva de los responsables y el paradero de las obras siguen siendo un enigma.

Investigación y sospechosos: pistas y violencia

Un gran marco dorado y vacío cuelga a la izquierda de una pared con papel tapiz. A la derecha, un retrato enmarcado de una mujer sobre un mueble tallado de madera oscura
Las revelaciones de exagentes y la presencia de redes criminales hacen que el enigma persista en la memoria (Captura de vídeo de AP: Rodrique Ngowi, Leah Willingham)

El FBI, la oficina federal de investigación de Estados Unidos, y la policía local de Boston desplegaron extensas investigaciones que durante años se vieron obstaculizadas por la falta de pruebas definitivas y recursos limitados. El exagente Geoffrey Kelly, quien lideró la causa durante más de dos décadas, reveló recientemente detalles hasta ahora desconocidos sobre las redes criminales implicadas y la violencia que rodeó el caso.

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Algunas pistas dirigieron la atención hacia la mafia de Boston y el Ejército Republicano Irlandés, mientras que informantes y testigos clave murieron en circunstancias sospechosas. Figuras como Robert “Bobby” Donati, vinculado a la mafia local, fueron halladas con puñaladas en 1991. Otro sospechoso, George Reissfelder, falleció en condiciones poco claras tras ser identificado como posible cómplice.

La mafia corsa y el crimen organizado en Nueva Inglaterra también estuvieron bajo observación a nivel internacional. Agentes del FBI incluso viajaron a Francia para tender trampas a presuntos intermediarios, pero nunca lograron recuperar las piezas robadas.

El museo, la recompensa y la memoria del robo

Imagen granulada de CCTV en blanco y negro que muestra a una figura sentada o encorvada en un interior oscuro, con una marca de tiempo digital en la esquina superior derecha
Una actuaría extraordinaria, sospechas y silencios eternos alimentan leyendas urbanas y teorías inesperadas (Captura de vídeo de AP: Rodrique Ngowi, Leah Willingham)

Según las agencias de noticias, el museo ofreció inicialmente una recompensa de USD 5 millones por información que condujera a la recuperación de las obras, cifra que luego duplicó. A pesar de cientos de pistas y de la colaboración constante con el FBI, la sustracción permanece sin resolver. Los marcos dorados vacíos de los cuadros desaparecidos siguen expuestos en las salas del museo como símbolo, recordatorio permanente y testigos silenciosos del asalto.

La fundadora, Isabella Stewart Gardner, estipuló en su testamento que nada del edificio ni de su colección fuera modificado tras su muerte. Este deseo imposibilita reordenar o reemplazar las piezas robadas, de modo que los marcos vacíos permanecen como evidencia irremplazable del robo.

A lo largo de los años, las obras robadas fueron centro de rumores y relatos, con supuestos avistamientos en mercados de antigüedades, casas privadas e incluso en la televisión. Sin embargo, el alto perfil y la notoriedad internacional de las piezas —por su registro único en bases de datos de arte robado y su reconocibilidad global— las hacen imposibles de vender en el mercado legal.

Dificultades investigativas y teorías sin confirmar

Ocho imágenes de obras de arte, incluyendo retratos, estudios de ballet, paisajes y escenas con caballos, con títulos y dimensiones debajo de cada una
El paso de los años y la falta de certezas han dado lugar a especulaciones que fascinan e inquietan al público (Captura de vídeo de AP: Rodrique Ngowi, Leah Willingham)

El caso se vio marcado por la escasez de recursos en las primeras etapas y la publicación de imágenes de vigilancia que no correspondían a la noche del robo, lo que desvió la atención hacia teorías no comprobadas. Los investigadores consideran que un guardia del museo, Rick Abath, pudo haber facilitado el ingreso de los ladrones, aunque nunca fue acusado formalmente y falleció en 2024.

El transcurso del tiempo y la muerte de los sospechosos impidieron obtener confesiones o pruebas definitivas. De acuerdo con la información de la agencia de noticias AP, la prescripción de ciertos delitos actualmente impide que la justicia actúe sobre posibles cómplices, aunque las pesquisas siguen en marcha y el museo mantiene activa la búsqueda para recuperar las obras.

Geoffrey Kelly, el exagente del FBI, sostiene que las piezas siguen existiendo y que algún día saldrán a la luz. En su libro Trece fugitivos perfectos, describe la dificultad de rastrear obras tan reconocibles y el reto de obtener información confiable en un entorno marcado por la violencia y el silencio.

El robo en el museo de Boston continúa alimentando teorías y especulaciones en el mundo del arte y la criminología. La combinación de crimen organizado, violencia y la singularidad del museo contribuyen a mantener abierto el caso de arte robado más grande de la historia. Los marcos vacíos y las salas inalteradas del museo recuerdan, cada día, el misterio pendiente de resolver.

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