Los otros Shakespeare y las incógnitas nunca resueltas de sus obras: teorías conspirativas y cuatro personajes enigmáticos

Intrigas de la Inglaterra isabelina y dudas eternas se entremezclan en un misterio literario que atañe al genio de la literatura, que murió el 23 de abril de 1616, hace exactos 410 años. Aristócratas, académicos y espías rodean al célebre autor de obras inmortales. La verdad sigue velada tras siglos de sospechas

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Se halló una versión modificada de un célebre soneto de Shakespeare en una colección del siglo XVII en Oxford
El debate sobre la autoría de las obras de William Shakespeare persiste desde el siglo XIX y genera teorías contrapuestas entre expertos

La extensa obra atribuida a William Shakespeare se ha prestado a sospechas y suspicacias que crearon las más diversas conjeturas sobre quién era o quiénes podrían haber sido el o los autores a los que hoy llamamos Shakespeare. A mediados del siglo XIX, cuando el Cisne de Avon era considerado el mayor escritor de todos los tiempos, las dudas sobre su legitimidad crearon esta teoría “conspirativa”: Shakespeare no podría haber escrito las obras que se le atribuyen sin una extensa formación académica.

Pronto la lista de “Shakespeare alternativos” ascendió a ochenta candidatos que incluyen a dos mujeres: Emilia Bassano (1569–1645) y Mary Sidney (1561–1621), la condesa de Pembroke. Pero los más citados se reducían a cuatro: Sir Francis Bacon; Edward de Vere, 17º conde de Oxford; Christopher Marlowe y William Stanley, 6º conde de Derby.

En vida del escritor pocos desconfiaban de su talento, pero en el siglo XIX surgió esta leyenda. Pronto se armaron dos grupos: los llamados “stratfordianos”, que apoyaban la autoría del poeta nacido en Stratford-upon-Avon en abril de 1564, y los “no stratfordianos”, aquellos que descreían que un genio de esa talla pudiera concentrarse en una sola persona.

Los no stratfordianos sostenían que William no tenía la educación de la que alardeaba en sus obras. ¿Un joven provinciano sabía tanto de la vida de Julio César, Marco Antonio, Cleopatra, el rey Ricardo, los conflictos de dos familias italianas y los dilemas de un príncipe danés? ¿Cómo podía haber accedido a las bibliotecas que se necesitaban para acumular los conocimientos que ostentaba en sus obras?

Aquellos que creen que Shakespeare es Shakespeare (expresado así suena tautológico, ¿no?), mencionan el testimonio de un sacerdote llamado Francis Meres (1565–1647), quien agradeció a William por haber “ennoblecido la lengua inglesa”, citando varias obras de su autoría, como Romeo y Julieta.

¿Por qué autores como Vere, Bacon o Marlowe, dramaturgos de semejante talento, mantuvieron en secreto su identidad, cediendo a Shakespeare su gloria literaria? Pues en el caso de Vere, Bacon y Stanley, sus títulos de nobleza no les permitían ejercer un oficio tan “vulgar” como el de autor teatral. En cambio, Marlowe, el único escritor del grupo, había tenido problemas con la justicia y su muerte se prestó a muchas versiones rocambolescas que terminaron incluyéndolo en esta lista de estos supuestos “cisnes” que no eran el de Avon.

Francis Bacon
Francis Bacon, político, científico y escritor, figura como uno de los principales candidatos a la autoría de obras clave del teatro isabelino

El político y científico amante de las letras

Sir Francis Bacon (1561–1626), en su texto Novum Organum, trazó las reglas del método científico, además de ser poeta, abogado y político. Recibió una espléndida educación que completó cuando se desempeñó como diplomático de la corte francesa. De retorno a Inglaterra inició una meteórica carrera política, amparado por el conde de Essex. Alternó su carrera al servicio de la corona con escritos literario-filosóficos, donde se explayó sobre sus conocimientos y elucubraciones.

A los 57 años fue Gran Canciller y, como tal, dispuso la muerte de Sir Walter Raleigh (quien también figura en la lista de posibles pseudo-shakesperianos). Mientras ejercía este cargo, Bacon fue acusado de malversación de fondos (pasa en las mejores familias) y apartado del mismo. Algunos dicen que aceptó la culpa para proteger a su amigo, el conde de Essex.

Sir Francis retornó a sus estudios científicos, pero murió de una neumonía mientras estudiaba cómo el frío conservaba a los cadáveres.

La enorme cultura de Sir Francis lo hace candidato a haber escrito algunas de las obras como La comedia de las equivocaciones o La tempestad. Incluso existen anotaciones de Bacon en su libro diario que sugieren cierta relación con estos temas, pero nadie en vida sostuvo que él podía ser el Cisne de Avon.

Edward de Vere
Edward de Vere, conde de Oxford y poeta cortesano, ganó fuerza como posible autor tras la publicación del libro de J. Thomas Looney y la película "Anonymous"

La teoría oxfordiana

El candidato más cercano a convertirse en el alter ego de Shakespeare fue Edward de Vere, el XVII conde de Oxford, quien habría recurrido a este actor isabelino para ocultar su pasión por el teatro, oficio desdeñado entre los aristócratas.

Vere viajó extensamente, fue campeón en justas y se convirtió en el primer miembro de la corte en escribir versos románticos. Además, fue un generoso mecenas, patrocinando compañías de teatro y música.

Cayó en desgracia con Isabel I, cosa que no era muy difícil dados los cambios de humor de la reina, que veía enemigos en todos lados. Resulta que Vere había tenido un romance con una dama de la corte que culminó con el alumbramiento de un niño en palacio, algo que la Reina Virgen veía con disgusto.

Vere no era un buen administrador (como suele pasar con los poetas) y se vio obligado a vender sus propiedades. Para entonces, a la reina se le había pasado el enojo y le concedió una pensión de 1.000 libras anuales, con las que vivió con desahogo hasta su muerte.

Los versos de Vere habían circulado en la corte y recibieron tantos elogios, al punto de consagrarlo como el mejor poeta cortesano que, además, actuaba de mecenas. Veintiocho obras le fueron dedicadas por distintos autores de su tiempo.

¿Por qué un noble reconocido por su talento literario necesitaba esconderse tras la máscara de Shakespeare? Como señalamos, esta hipótesis no surgió en vida del autor, sino en el siglo XX en un texto de J. Thomas Looney y que tomó cuerpo en 2011, cuando la película Anonymous señaló a Vere como el verdadero creador del corpus shakesperiano.

William Stanley
William Stanley, conde de Derby, destacó entre los postulantes por su agitada vida, su educación en Oxford y sus viajes por Europa y Rusia

Un poeta aventurero

En el caso de William Stanley, VI conde de Derby, la situación era más compleja, ya que su madre era heredera de la reina Isabel I. Guillermo nació en 1561 y murió 80 años más tarde. Después de educarse en Oxford, viajó extensamente por Europa, donde tuvo una vida novelesca, con aventuras amorosas, duelos, conflictos que lo llevaron a escapar de Egipto por insultar a Mahoma. Huyendo de los musulmanes, llegó a Moscú, recorrió Rusia y desde allí viajó en un ballenero a Groenlandia.

Vuelto a Inglaterra, tuvo una larga disputa legal por la fortuna familiar, recibió la Orden de la Jarretera y perteneció al Consejo Privado del Reino.

Se sabe que escribió extensamente, pero no se conserva ninguna de sus obras. En 1891, investigaciones de un bibliotecario llamado James Greenstreet llamaron la atención sobre este curioso personaje que, según testimonios de su época, “estaba ocupado escribiendo obras de teatro para el público en general”, y hasta le atribuyen una relación homoerótica con Richard Barnfield, llamado el “poeta rival de William Shakespeare”.

Christopher Marlowe
El asesinato de Christopher Marlowe alimentó teorías que lo señalan como el verdadero autor de Shakespeare, incluso sugiriendo que fingió su muerte

El dramaturgo que volvió de la muerte

Por último, el otro implicado en esta saga de “Shakespeares alternativos” era Christopher Marlowe, un dramaturgo a la altura de William, quizás más importante que el Cisne de Avon en la época isabelina, ya que sus obras, plenas de violencia, crueldad y sangre, eran muy del gusto morboso de la época.

Marlowe se había formado en Cambridge, donde se recibió de licenciado en artes. En un momento se alabaron “sus servicios a la reina”. ¿Acaso Marlowe era un espía al servicio de la corona? Muchos detalles de su vida permanecen oscuros, aunque algunos van más allá y no dudan en llamarlo hereje, ateo, mago, libertino, pendenciero y sodomita (sus obras Eduardo II y Dido, reina de Cartago tienen escenas homoeróticas que fueron muy comentadas en su tiempo).

En 1593, Marlowe fue asesinado en circunstancias extrañas que se prestaron a las más bizarras versiones: ¿venganza?, ¿herejía?, ¿acusaciones de homosexualidad? A todas estas se agregó la extraña teoría de que Marlowe habría fingido su muerte para continuar su vida de una forma menos convulsionada, sobreviviendo bajo el seudónimo de William Shakespeare.

La posibilidad de que el Cisne de Avon haya sido uno de estos literatos ha resultado atractiva para distintos autores a lo largo del tiempo, desde Walt Whitman y Mark Twain hasta Sigmund Freud y Charles Chaplin, pasando por Henry James y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo. Todos ellos dudaban que el hijo de padres analfabetos, con una educación limitada, pudiera alcanzar el paraíso literario del Cisne de Avon.

Ben Jonson, un dramaturgo contemporáneo de Shakespeare, escribió en 1616 unas estrofas conocidas como El mono poeta, donde dice: “Toma de cada hombre su ingenio y lo hace propio”. ¿Se estaba refiriendo a Shakespeare como si se tratase de un testaferro intelectual, protector de la identidad de autores que preferían el anonimato a pesar de las magníficas obras escritas?

Cualquier respuesta a esta altura es especulativa, una mera conjetura que probablemente nunca encuentre una respuesta certera.

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