En las afueras de Beirut, en la montaña del Líbano, el sacerdote argentino Luis Montes sostiene una misión silenciosa, clave para quienes sufren la guerra. Misionero del Instituto del Verbo Encarnado, con treinta años en Medio Oriente, ofrece asistencia humanitaria a desplazados que perdieron todo.
Montes dirige una obra de misericordia que brinda hogar y contención a personas desamparadas por la violencia: ancianos, niños, mujeres golpeadas y perseguidos por motivos religiosos provenientes de Siria, Irak y África. A diferencia de los grandes centros urbanos, la relativa seguridad de la zona permite construir una red de apoyo donde cada habitante participa en la reconstrucción de la vida ante la precariedad y la amenaza constante de la guerra.
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“Aquí hay que distinguir en el sentido de que yo estoy en una zona segura. Estamos en las afueras de Beirut, pero en la montaña, un pueblo pequeño, perdido. Tenemos una obra de misericordia para gente abandonada”, narró Montes en Infobae en Vivo A las Nueve.
El presbítero precisó: “Tenemos todo tipo de necesidad. Tenemos ancianos abandonados, niños, mujeres golpeadas, gente perseguida por su religión y personas que han escapado de Siria, de Irak. Tenemos discapacitados, distintas necesidades. El punto es este, el que tiene una necesidad y no tiene quien lo ayude, estamos nosotros para ello”, contó acerca de el trabajo que realiza.
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La situación de los refugiados y el trabajo diario
Montes explicó que el lugar se considera seguro por su ubicación en la montaña, lejos de los centros urbanos afectados por las operaciones militares. "Como es lugar seguro, aquí han venido refugiados que huyeron del sur de los bombardeos“.

Describió el impacto humano de la crisis y detalló que durante la guerra del año pasado recibieron a 150 personas. Esta vez, asistieron a 70 nuevos refugiados. Señaló que afrontan cambios logísticos: “Esta casa nos la prestaron por tres años y ya se terminó. Nos tenemos que mudar. Nos donaron una casa grande en el norte y nos vamos a ir para allá. Los refugiados quedan aquí y nosotros llevamos a la gente nuestra”.
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El sacerdote relató las dificultades cotidianas: “Tenemos más de cien personas, es un caos, nos falta agua, un montón de incomodidades, pero es la guerra y hay que hacer todo el bien que se pueda. En Beirut, los últimos días ha estado más o menos tranquilo. En el sur los bombardeos han seguido, los ataques han seguido, se ha ido habiendo muertes”.
Montes lleva treinta años en Medio Oriente. Contó: "Me tocó vivir varias guerras y es muy triste porque uno sabe lo que significa, no solamente los muertos, porque se habla mucho de los muertos y se habla poco de los heridos y muchísimos de los heridos nunca van a poder retomar una vida normal. No sabés la cantidad de gente traumatizada que termina viendo una guerra, esa cosa espantosa“.
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Cómo llegan las personas necesitadas
Al mismo tiempo, el sacerdote explicó el proceso de asistencia: “El Ministerio de Asuntos Sociales nos llama. Encuentran a alguien en la calle que no saben qué hacer con él y nos llaman y nosotros los recibimos. Y después se pasa de boca a boca. Hay gente que nos dice: ‘Tal me pasó su número, tengo mi tía que queda desalojada de su casa, yo no la puedo recibir’, y nos la traen. Gente necesitada hay siempre, gente abandonada hay siempre. Así que sea el Gobierno que nos lo manda, sean particulares que nos contactan”.

Las condiciones de convivencia exigen flexibilidad. Montes señaló que “la única condición que yo pongo es que la gente que viene quiera quedarse. El lugar es pobre, se vive pobremente, no es que están muy cómodos. Muchas veces la gente de la calle prefiere seguir en la calle, así que yo le digo: nadie está acá a la fuerza. Las puertas están abiertas para entrar, las puertas están abiertas para salir”.
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Ante la llegada masiva de refugiados, explicó que “se buscó a todos los conventos, iglesias, escuelas, algún lugar donde se los pudiese recibir. Y ¿cómo vas a decir que no? Semejante situación tan terrible, no hay posibilidad de decir que no”.
Apoyo emocional y convivencia
El acompañamiento emocional es fundamental. El cura indicó que es clave estar con los refugiados. “Hay que acompañarlos”, aseguró. En este sentido sostuvo que buscan que cada persona se sienta como si estuviera en familia. “Es darle mucha contención”, sostuvo.
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Respecto a los niños precisó que es importante “dedicarle tiempo. Por una parte, los que son cristianos tienen apoyo, incluso en las actividades religiosas. Pero la mayoría que hemos recibido de los refugiados no son cristianos. Pero bueno, con los niños, por ejemplo, es estar con ellos, jugar, acompañarlos”, comentó.
De forma continua explicó que “cuando la gente se siente querida se empieza a recuperar. Con los niños es mucho más fácil. Los niños llegan muy golpeados y a los pocos días ya corren hacia nosotros como si fuésemos el tío que los recibió”.
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Respecto a los adultos, manifestó que “es un poco más difícil, sobre todo los varones, porque sienten la responsabilidad de no poder estar proveyendo por su familia. Pero el mostrarles cariño, el mostrarles que son queridos, el acompañarlos, el escucharlos, hace muchísimo”.
Reconoció: "Uno quisiera ofrecer más herramientas pero bueno, nosotros somos muy pobres, vivimos de lo que la gente nos da. Nos conformamos con darles techo, alimento, medicina y seguimos“.
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Perspectiva de los refugiados y dinámicas familiares
Entre otras cosas, Montes describió diferencias entre los desplazados. “Para los cristianos es más fácil, la religión los ayuda más en el sentido de que confían, de que Dios es padre, de que Dios es amor, de hay que amar a los enemigos, hay que rezar por los enemigos. Los musulmanes en general, los que nos han tocado aquí son gente muy tranquila, porque los refugiados que recibimos son de África, son todos de Etiopía o Sudán, que estaban trabajando en el sur. Por temperamento son gente más tranquila”.
Sobre la convivencia, detalló que la casa donada se caracteriza por su amplitud. “En el futuro la idea es separar por necesidades; tener ancianos, discapacitados, niños, familias, todos en la misma casa tiene sus complicaciones, pero como los hacemos sentir como en familia, los que pueden colaborar, colaboran”.
La asistencia abarca diferentes realidades: “No son residentes, son parte de un grupo y todos se tienen que ayudar. Por supuesto que hay problemas, pero se solucionan hablando, a veces siendo un poquito más fuerte, pero los problemas se solucionan. Es como si fuese una gran familia con muchos problemas, pero es muy importante hacerlos sentir parte de algo. Nosotros vivimos como una familia, comemos lo que ellos comen, vivimos como ellos y eso ayuda”.
Números y proyectos futuros
En la actualidad son más de cien las personas residentes en el hogar. “Algunos logran reacomodarse, otros se mueren; a veces nos traen gente de la calle directamente agonizando. Sumados los refugiados somos más de cien", contó Montes.
El sacerdote compartió una reflexión sobre la felicidad en contextos adversos: “Cuando uno está muy preocupado por sus propias estupideces, no es feliz. Las cosas materiales no nos pueden hacer felices. Y esta gente, después de haberlo perdido todo, yo los veía, me encontraba con ellos y salía más contento de lo que había llegado. Es gente que vive en paz, es gente que ha sufrido mucho, es gente que llora mucho, pero es gente que ha descubierto que, al sentirse totalmente solos, al perder todo, descubrió gente que los quería y se volcaron ellos mismos a ayudar a los demás”.
Montes invito a rezar por la paz. Al mismo tiempo explicó que viven de la providencia. Por este motivo solicitó ayuda a quienes deseen colaborar. Su instagram es @luismontesive
El sacerdote indicó que recibe donaciones de Argentina que son de ayuda significativa, incluso en pequeños montos, para sostener la labor humanitaria en un escenario de crisis económica y guerra.
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