La última mujer condenada a morir en la horca en Reino Unido y el crimen que cambió para siempre la justicia británica

El 10 de abril de 1955, cinco disparos frente a un pub londinense sellaron el destino de Ruth Ellis. Su ejecución no solo marcó el fin de una vida de abusos, sino que obligó al Reino Unido a enterrar la pena capital

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Fotografía en blanco y negro de Ruth Ellis, una mujer rubia con pendientes sonriendo, junto a David Blakely, un hombre de traje y corbata sonriendo levemente
Ruth Ellis, la última mujer ejecutada en el Reino Unido, y su amante David Blakely, cuyo asesinato la llevó al corredor de la muerte

Al caer la noche del 10 de abril de 1955, Ruth Ellis caminó hacia el pub The Magdala en Londres, sin saber que su destino quedaría sellado en la historia criminal británica. Vestía un abrigo oscuro, llevaba una pequeña cartera en la mano y una determinación silenciosa en el rostro. En cuestión de segundos, desenfundó un revólver Smith & Wesson calibre .38 y disparó a quemarropa contra David Blakely, su amante, ante la mirada atónita de los clientes que, tras las ventanas del pub o asomándose a la vereda con sus tragos aún en la mano, no podían creer lo que veían. El crimen ocurrió en la noche helada de una ciudad que celebraba el Domingo de Pascua y que, de pronto, quedó marcada por un acto cuya brutalidad solo era igualada por la gélida determinación de la mujer que empuñaba el arma.

Aquellos testigos quedaron inmóviles, la policía no tardó mucho en llegar mientras Ruth los esperaba. En su primera declaración, dijo: “Estoy loca, lo sé”. La imagen de una mujer joven y de pelo rubio platinado disparando contra su pareja en un barrio acomodado se convirtió en portada de diarios y en tema de debate público durante semanas con bastante morbo. La prensa siguió cada paso del proceso judicial, y la figura de Ruth se transformó rápidamente en un símbolo extraño al convertirse en la última mujer sentenciada a ser ejecutada por ahorcamiento en el Reino Unido.

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Detrás de ese disparo había una vida marcada por la precariedad, la violencia emocional y la exclusión social. El caso de Ruth Ellis no abolió la pena de muerte de forma inmediata, pero abrió una grieta social sobre la justicia y el género. Al punto de que su historia obligó a la sociedad y a los legisladores a mirar de frente la realidad de las mujeres atrapadas en relaciones violentas, mucho antes de que el término “violencia de género” formara parte del vocabulario jurídico y social. El 13 de julio de 1955, Ruth fue ejecutada en la prisión de Holloway. Su muerte, lejos de cerrar el caso, encendió un debate que transformó la discusión sobre la pena capital y la responsabilidad del Estado ante la vulnerabilidad de las mujeres.

Ruth Ellis
Ruth Ellis fue ejecutada a las 9 de la mañana en la prisión de Holloway por el asesinato de su amante. Fue condenada por disparar y matar a David Blakely en Hampstead, Londres (Grosby)

De la precariedad al glamour de la noche londinense

Ruth Ellis nació el 9 de octubre de 1926, en el seno de una familia de inmigrantes galeses, en el condado de Rhyl, al norte de Gales. Su infancia estuvo marcada por la pobreza y el abuso, tanto físico como emocional, en un hogar donde la estabilidad era un privilegio desconocido. Eso hizo que dejara la escuela siendo adolescente, impulsada por la necesidad de trabajar y aportar a la economía familiar; y por la falta de oportunidades de una época que relegaba a las mujeres de clase obrera a empleos precarios, negándoles educación superior o protección frente al abuso. En ese contexto, trabajó en fábricas, bares y diversos empleos temporales, donde la precariedad era la norma y el futuro, una incógnita.

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A comienzos de la década de 1940, la vida nocturna de Londres comenzó a atraerla. Ingresó como “anfitriona” en clubes donde se mezclaban la sofisticación, el alcohol y la explotación. La belleza de Ruth, su capacidad de adaptación y su ambición de ascenso social la hicieron visible en ese ambiente, aunque la exposición a la violencia y la dependencia de hombres poderosos eran moneda corriente. Fue madre a los 18 años y, luego de un matrimonio breve y conflictivo con George Ellis, quedó sola al poco tiempo, debiendo enfrentar la maternidad sin red de apoyo.

El ambiente de los clubes nocturnos funcionaba como una verdadera escuela de supervivencia. Ruth convivía con celebridades, empresarios y delincuentes, pero también con la inseguridad y la inestabilidad afectiva. Sus relaciones sentimentales reflejaron esa dualidad: vínculos intensos, muchas veces atravesados por el abuso físico y psicológico, y una constante búsqueda de estabilidad que nunca llegó. Para 1953, su nombre era conocido en el circuito nocturno de Londres, pero su vida privada reflejaba el desgaste y la vulnerabilidad de una subsistencia en los márgenes del glamour británico.

Ese mismo año, David Blakely apareció en su vida. Era un joven piloto de carreras, de clase acomodada, con un círculo de amistades influyentes y un estilo de vida que contrastaba con el de Ruth, que lo veía como la promesa de un futuro distinto, mientras que, para él, ella era una mujer fascinante pero prescindible. La relación entre ellos fue una montaña rusa de peleas violentas seguidas de reconciliaciones apasionadas. Ruth, víctima de la violencia, llegó a perder un hijo por los golpes de David. Y al igual que muchas mujeres de la posguerra británica, era invisible para la sociedad y estaba expuesta a la explotación y era obligadas a construir una coraza para sobrevivir.

El caso de Ruth Ellis, la última mujer condenada a la horca en Reino Unido
Los actores Lucy Boynton y Daniel Ings interpretando a Ruth Ellis y Desmond Cussen en la serie "A Cruel Love: The Ruth Ellis Story"

Una relación violenta que antipaba la tragedia

Según el informe publicado el 22 de octubre de 2025 por BBC News, David Blakely solía engañar a Ruth y desaparecer durante días. Al regresar le daba explicaciones sinsentido sobre su huida y le hacía promesas vacías de cambio que solo alimentaban la dependencia emocional de ella. Ruth, atrapada en un circulo vicioso de pasión desenfrenada y celos, vivía momentos de esperanza y otros de desesperación.

El círculo social al que pertenecían David era otro factor de tensión entre ellos. Blakely, hijo de una familia acomodada y se movía en ambientes exclusivos, mientras que Ruth luchaba por mantener su lugar en un mundo que la percibía como una intrusa con aires de grandeza... Las diferencias de clase y pretensiones se filtraban en cada discusión. Además, Blakely ejercía una influencia sobre Ruth, quien, según testimonios obtenidos por The Guardian, ella vivía pendiente de sus llamadas, de sus ausencias y de sus repentinas apariciones.

A comienzos de 1955, la relación alcanzó un punto crítico. Ruth quedó embarazada y, según declaró en el juicio, Blakely la golpeó en el abdomen hasta provocarle un aborto. Esa crueldad, apenas mencionada en la corte, se considera hoy un factor clave en el deterioro psicológico que padeció Ellis. La pérdida del embarazo agravó su angustia y acentuó el sentimiento de abandono, sumiéndola en un estado emocional que la llevó al límite en tiempos en que la violencia de género ni siquiera era considerada como tal mientras vivía en un entorno que no ofrecía contención: ni los amigos, ni la familia, ni las instituciones sociales parecían dispuestos a intervenir en esa relación abusiva.

Durante las semanas previas al crimen, Ruth sufrió un desgaste físico y mental notable. Dormía poco, bebía alcohol en exceso y el desamor la mataba por dentro. En ese estado, intentó comunicarse con Blakely en varias ocasiones, pero él sabía cómo desaparecer... Buscó ayuda en sus allegados, pero la falta de recursos legales y sociales para mujeres en su situación convirtió su angustia en un callejón sin salida. El dolor y la desesperación se habían apoderado de ella.

Trailer de El caso de Ruth Ellis (Filmin)

El crimen y una condena cantada

El día del crimen, Ruth Ellis llegó a las inmediaciones del The Magdala en el auto de Desmond Cussen, un hombre cuya participación en las sombras sigue siendo tema de debate. Investigaciones posteriores, como las logradas por BBC News, sugieren que Cussen no solo hizo de chófer: fue quien le entregó el revólver y le enseñó a disparar esa misma tarde. Aunque Ruth lo protegió durante el proceso, la historia sugiere que él fue un instigador silencioso en su colapso emocional.

Ruth esperó en la penumbra de la vereda mientras Blakely bebía con amigos. Hacia las 21:00, él salió del local. Al verlo, Ruth no gritó; actuó con una determinación sorprendente. Sacó el revólver y el primer disparo falló, impactando en la pared del pub. Blakely intentó huir rodeando su auto, pero cayó tras recibir un segundo impacto. Ruth se acercó y vació el tambor, disparando incluso cuando él estaba ya en el suelo. Según las pericias, una bala perdida hirió a una mujer que pasaba por allí, Gladys Yule.

El caso de Ruth Ellis, la última mujer condenada a la horca en Reino Unido
Escena del juicio de la miniserie dramática "A Cruel Love: The Ruth Ellis Story", que cuenta la historia de Ruth Ellis

La policía llegó en minutos y encontró a Ruth con el arma aún en la mano. No opuso resistencia y, con una calma que helaba la sangre, admitió: "Soy culpable, estoy un poco confundida". El revólver se convirtió en la prueba irrefutable. El que no haya querido escapar y la frialdad de su entrega alimentaron la idea mediática del “crimen pasional”.

El lugar del asesinato se convirtió en punto de peregrinaje. La escena, reconstruida por los medios, dejó una huella que aún perdura: el crimen de Ruth Ellis no fue solo un caso policial, sino un episodio que obligó a Gran Bretaña a enfrentarse a las grietas de su propio sistema judicial y al desamparo de las mujeres frente a la violencia.

El juicio de Ruth comenzó el 20 de junio de 1955 en el Old Bailey. Según los registros de la época, el proceso fue de una breve y estuvo marcado por una defensa que hoy resultaría incomprensible. Sus abogados no profundizaron en los antecedentes de violencia doméstica ni solicitaron peritajes psiquiátricos que pudieran alegar una enajenación mental transitoria. La legislación de 1955 no contemplaba el abuso sistemático como atenuante.

El caso de Ruth Ellis, la última mujer condenada a la horca en Reino Unido
Personas de todo el Reino Unido escribieron cartas al ministro del Interior suplicando el indulto de Ruth Ellis (Trinity Mirror / Mirrorpix / Alamy Stock Photo)

El momento de quiebre fue durante el contrainterrogatorio del fiscal Christmas Humphreys. Cuando le preguntó su objetivo al apretar el gatillo, Ruth respondió con una honestidad brutal: “Es obvio que cuando le disparé tenía la intención de matarlo”. Esa frase selló cualquier posibilidad de clemencia. El jurado solo necesitó 20 minutos para declararla culpable y la sentencia de muerte por ahorcamiento fue dictada de inmediato, sin ninguna recomendación de indulgencia por parte del tribunal.

La defensa, encabezada por Melford Stevenson, optó por una estrategia que priorizó la aceptación literal de los hechos. Ni el deterioro psicológico de Ruth ni la pérdida de su embarazo tras una paliza de Blakely fueron elementos centrales en el juicio que, además, se desarrolló bajo una presión mediática asfixiante.

Mientras la prensa la retrataba como una mujer fría y peligrosa, miles de ciudadanos comenzaron a ver en ella a una víctima de las circunstancias. A pesar de las 50.000 firmas enviadas al Ministerio del Interior pidiendo clemencia e indulto, el Estado se mantuvo firme. El veredicto no solo la condenó a ella, sino que transformó a Ruth Ellis en la última mujer ejecutada en el Reino Unido, convirtiendo su nombre en el argumento final para la abolición de la pena capital años más tarde.

El caso de Ruth Ellis, la última mujer condenada a la horca en Reino Unido
Parte de un diario que cuenta el caso de Ruth

La ejecución que transformó el debate británico

El 13 de julio de 1955, Ruth Ellis fue ejecutada por ahorcamiento en la prisión de Holloway, bajo la supervisión de Albert Pierrepoint, el verdugo más célebre del Reino Unido. Según los registros históricos, la ejecución fue rápida y Ruth mantuvo una calma asombrosa hasta el último segundo.

La noticia se difundió a los minutos, rompiendo el silencio de una mañana gris y desatando una ola de debate social que trascendió el caso. El hecho de que una mujer joven, madre de dos hijos y víctima evidente de abuso fuera llevada al patíbulo, impactó profundamente en la conciencia social británica.

En las horas siguientes, una multitud se congregó frente a las puertas de Holloway en un silencio cargado de indignación, mientras la prensa internacional cubría el desenlace fatal. El caso escaló hasta el Parlamento, donde las voces que exigían una revisión de la pena de muerte se volvieron ensordecedoras.

La muerte de Ellis no abolió enseguida la pena capital, pero fue el motivo definitivo para la reforma legal. En 1957, el Parlamento aprobó la Homicide Act, introduciendo la figura de la “responsabilidad atenuada”, una herramienta legal diseñada para que casos como el de Ruth no terminaran nunca más en la horca.

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