
A veinte años de uno de los casos policiales más insondables del estado de Ohio, Estados Unidos, el paradero del estudiante de medicina Brian Shaffer sigue siendo un absoluto misterio.
El joven desapareció sin dejar el más mínimo rastro el 1 de abril de 2006, cuando tenía 27 años. Criado en un suburbio en las afueras de la ciudad de Columbus, Brian era el hijo mayor de Randy y Renee Shaffer, y tenía un hermano menor llamado Derek.
En el año 2003, tras obtener su título de grado en microbiología, Brian ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Ohio (OSU). Quienes lo conocían en la intimidad lo describían como un muchacho sumamente extrovertido, carismático y divertido, aunque también admitían que a veces podía ser un tanto terco.
A la par de su exigente carrera vinculada a la salud, Brian era un apasionado empedernido de la música, fanático incondicional de la banda Pearl Jam, y soñaba con armar su propio grupo musical. Según sus allegados, el joven fantaseaba con llevar una vida sumamente tranquila en una isla y ya había pasado un tiempo prolongado viviendo en Puerto Rico.
En el otoño de 2005, conoció en los pasillos de la facultad a Alexis Waggoner, una joven de ojos azules y pelo castaño ondulado, de quien se enamoró profundamente y con quien inició un noviazgo.

El segundo año de la carrera de Medicina presentó un obstáculo anímico durísimo para Brian, ya que su madre, Renee, fue diagnosticada con mielodisplasia, una variante poco común de cáncer.
Tan solo tres semanas antes de la noche en que Brian desapareció, su madre falleció. A pesar del inmenso dolor y de estar atravesando el proceso de duelo, sus amigos y compañeros le indicaron posteriormente a la policía que no notaron que el joven estuviera deprimido ni que manifestara pensamientos suicidas. Por el contrario, Brian se enfocó en pasar largas noches sin dormir para estudiar y poder rendir de manera exitosa sus exámenes universitarios. Tras esa época de estudio intensivo, planeaba tomarse un descanso por las vacaciones de primavera (“spring break”) y tenía los pasajes comprados para viajar a Miami, Florida, junto a Alexis.
En su entorno íntimo se rumoreaba fuertemente que Brian pensaba proponerle casamiento a su novia durante ese viaje al sur de Estados Unidos. Sin embargo, hubo algunas señales llamativas previas a su desaparición que desconcertaron a los investigadores: un par de semanas antes, le había pedido a Alexis que directamente se escaparan juntos lejos de todo, y apenas unos días antes de que se desvaneciera en el aire, le sugirió a ella que siguiera adelante con su vida y se buscara a otro hombre, confesándole que le costaba horrores procesar la muerte de su madre.
La noche del viernes 31 de marzo de 2006, tras culminar su agobiante semana de exámenes, Brian se encontró con su padre para cenar en un restaurante. Durante la comida, Randy notó rápidamente que su hijo estaba exhausto tras tantas madrugadas de estudio ininterrumpido y por el enorme peso emocional del duelo que acarreaba.
Esa misma noche, Brian llamó por celular a su hermano Derek y a su cuñada Maurin —quienes eran novios desde la escuela secundaria— para invitarlos a salir, pero la pareja venía de una cita en el local Funny Bone Comedy Club, el espectáculo de comedia se había demorado más de la cuenta, y decidieron irse directo a su casa porque estaban muy cansados. Dispuesto a festejar el inicio de sus vacaciones de todos modos, Brian salió de recorrida nocturna con su amigo y ex compañero de departamento, Clint Florence.

Cerca de las once de la noche, empezaron a tomar tragos en el bar Ugly Tuna Saloona, ubicado en el complejo comercial South Campus Gateway. En ese lapso, Brian se comunicó por celular con Alexis, que estaba visitando a su familia a un par de horas de viaje en auto. Durante la charla, le dijo que aprovecharía la salida para hablar de ella con sus amigos, le repitió que la amaba con locura y acordaron verse en unos días para subir al avión.
Con el correr de la madrugada, Brian y Clint pasaron por otros bares del circuito universitario hasta que se les sumó Meredith Reed, una amiga de Clint. Fue precisamente Meredith quien tomó el volante y llevó al grupo de regreso al Ugly Tuna Saloona. Las cámaras de seguridad del boliche los filmaron entrando exactamente a la 1:15 de la mañana. Según el video de vigilancia, Brian parecía estar pasándola bien y actuaba con total normalidad, aunque el sargento de policía John Hurst reveló años después en un podcast que, supuestamente, Brian y Clint mantuvieron una fuerte discusión verbal dentro del local. Alrededor de la 1:50 las cámaras captaron a Brian en la parte superior de la escalera mecánica, en la zona externa del bar, charlando con dos mujeres que Clint conocía de la universidad.

Minutos más tarde, a la 1:55, las grabaciones mostraron a Brian dándose vuelta y volviendo a ingresar al establecimiento. Cuando el bar cerró sus puertas definitivamente a las 2 de la mañana, Clint y Meredith no lograron encontrarlo adentro; tras llamarlo por celular en reiteradas ocasiones y no obtener respuesta, supusieron que el muchacho se había ido a su departamento por su cuenta y se fueron a sus respectivas casas.
El sábado por la tarde, Alexis llamó a Brian, pero la comunicación fue directo al buzón de voz; ella pensó en un primer momento que simplemente estaba durmiendo para recuperar energías. Al no tener noticias de él en todo el domingo 2 de abril, contactó desesperada a Randy.
El padre fue a revisar el departamento de su hijo y descubrió que todo el lugar estaba intacto: el auto seguía estacionado en la calle, la cama estaba armada, los libros de medicina seguían acomodados en los estantes, y los anteojos de Brian descansaban en el lugar de siempre.
Alexis se quedó en ese departamento durante dos días enteros esperando ciegamente que él regresara a tiempo para subirse al avión rumbo a Miami. El lunes 3 de abril, al no aparecer en el aeropuerto, se radicó la denuncia policial formal y Brian fue declarado como persona desaparecida.
De manera inmediata, se montó un operativo de búsqueda monumental. Familiares, amigos y estudiantes de Medicina pegaron cientos de afiches por toda la zona de la facultad, usaron prendedores con la foto de Brian en la ropa para concientizar a los vecinos, y se llegó a ofrecer una recompensa en efectivo que alcanzó los 100.000 dólares.

La policía y los voluntarios revisaron todos los contenedores de basura del campus, rastrillaron de día y de noche las riberas del río Olentangy inspeccionando debajo de los puentes, y se exploró a fondo una enorme obra en construcción pegada al bar. Los investigadores trajeron perros rastreadores de cadáveres, pero los animales no detectaron ninguna pista de Brian ni en el boliche ni en los alrededores.
Los efectivos policiales revisaron minuciosamente el Ugly Tuna Saloona y todo el edificio lindante; el personal de mantenimiento sacó puertas enteras para que los agentes revisaran espacios reducidos y conductos, y hasta inspeccionaron los techos buscando lugares donde alguien podría haber escondido un cuerpo. Sin embargo, las cámaras de seguridad nunca captaron el momento en que Brian salió del recinto, y las cámaras de los demás bares y negocios cercanos tampoco lo filmaron caminando por la vereda.
La policía tomó declaración a más de cien personas, incluyendo a los empleados del bar, a los músicos de la banda que tocó esa noche y a las dos mujeres de la escalera mecánica. Durante la extensa investigación, se constató que no hubo ningún movimiento en el celular, en las tarjetas de crédito o en las cuentas bancarias del estudiante. En un punto de la pesquisa, los detectives consideraron la teoría del “Asesino de la Carita Sonriente” (Smiley Face Killer), un fuerte rumor de internet sobre un asesino serial que atacaba a universitarios alcoholizados en el Medio Oeste estadounidense, pero jamás hallaron pruebas concluyentes que lo vincularan al caso.

Seis meses después del hecho, una de las tantas llamadas de Alexis al celular logró dar tono, y el aparato registró señal en una antena en la zona de Hilliard, pero las autoridades y la empresa de telefonía determinaron que seguramente fue una falla técnica del sistema. El ex fiscal general de Ohio, Dave Yost, sentenció públicamente que Brian no tenía el perfil de alguien que abandona absolutamente todo para fugarse.
El accionar del amigo del joven, Clint Florence, generó muchísimas sospechas. Tras colaborar al principio de la investigación policial, Clint contrató al abogado Neil Rosenberg y se negó rotundamente a someterse a la prueba del polígrafo y a seguir dialogando con los detectives. En el año 2008, su abogado le mandó un duro comunicado al investigador privado Don Corbett asegurando que si Brian estaba vivo, era él, y no Clint, quien le estaba causando tanto dolor a la familia, exigiéndole al muchacho desaparecido que diera la cara para terminar con el asunto. Derek confesó en varias oportunidades que le guardaba muchísimo rencor a Clint, sosteniendo con vehemencia que si éste sabía algo de lo que pasó, él como hermano tenía todo el derecho del mundo a saberlo.
Lamentablemente, la tragedia persiguió sin piedad a la familia Shaffer. Randy, quien llevaba prendida la foto de su hijo en la ropa prometiendo a los cuatro vientos no sacársela hasta encontrarlo, murió de forma trágica en septiembre de 2008 tras ser golpeado fatalmente por la rama de un árbol que se cayó en su patio durante una fortísima tormenta.

Poco después de su fallecimiento, alguien dejó un mensaje anónimo en su obituario web firmando como “Brian” y diciendo que estaba escondido en las Islas Vírgenes de Estados Unidos; la policía rastreó la conexión hasta una computadora pública en el estado de Ohio y confirmó que se trató de una broma de pésimo gusto.
Alexis atravesó un proceso larguísimo y muy doloroso para reconstruir su vida. Tras dejar de comer y de dormir de forma regular durante meses a causa de la desesperación, al año tomó la dura decisión de guardar las remeras de Brian en el fondo del placard para poder avanzar.
Gracias a la intervención de su madre, conoció a Eric Noss, un contratista que estaba construyendo la nueva casa de sus padres. Tras enamorarse, se casaron en junio de 2009 y se instalaron definitivamente en Toledo en 2012. En la actualidad, Alexis es médica obstetra y ginecóloga en una clínica privada.
A 20 años de la desaparición, el caso sigue arrojando novedades que mantienen en vilo a los investigadores. El ex sargento policial John Hurst, quien originalmente recibió el expediente sostiene en la actualidad que Brian salió caminando del boliche aquella madrugada, descartando por completo la hipótesis del suicidio porque los suicidas suelen querer ser encontrados. Por el contrario, el ex sargento se inclina categóricamente por la teoría de que Brian fue víctima de un crimen con participación de terceros y que se ha muerto.

A su vez, el popular podcast sobre crímenes reales “True Crime Garage”, liderado por los conductores Nic Edwards y Patrick Edwards, comunicó mediante sus redes sociales que recibió una pista nueva tras la publicación de una minuciosa serie documental de seis partes sobre el caso.
Según detallaron los conductores del programa, ese mensaje anónimo resistió un exhaustivo análisis, ya que contiene nombres específicos, referencias temporales sumamente precisas y datos confidenciales que encajan a la perfección con información que la policía y la familia jamás revelaron a la prensa. La pista llegó a manos de los presentadores hace unas semanas. Y aún no se ha revelado.
Con motivo del aniversario, Derek Shaffer emitió un comunicado en el que plasmó su dolor: “No hay un solo día en que no piense en mi hermano. Creo que alguien ahí afuera sabe qué pasó, y espero que algún día dé un paso al frente y hable para que nuestra familia pueda tener finalmente algo de paz y cierre”.
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