
Nadie abrió la puerta en el departamento de West Los Ángeles. Los dos compañeros de piso de Paul Snider esperaron horas, inmóviles ante el silencio, hasta que la inquietud se volvió insoportable. Cruzaron el umbral del dormitorio y encontraron, sobre la alfombra, los cuerpos desnudos de Dorothy Stratten y Snider, sobre un lago de sangre. Fue el 14 de agosto de 1980 . La noticia de la conejita de Playboy del año asesinada por su marido y manager, que luego se quitó la vida recorrió el mundo en cuestión de horas.
Dorothy Ruth Hoogstraten había nacido en Vancouver, Canadá, en 1960. Su padre se esfumó cuando ella tenía tres años. Su madre, Nelly, quedó sola con dos hijos pequeños y la sombra persistente de los servicios sociales. Dorothy creció acostumbrada a la escasez. A los catorce años ya trabajaba en Dairy Queen, el clásico local de comida rápida, para ayudar con los gastos de la casa. El resto del tiempo lo repartía entre estudiar, patinar, fumar marihuana y escribir poesía para calmar la soledad. A pesar de su belleza, Dorothy nunca se sintió especial. Ni siquiera parecía querer llamar la atención. Vestía shorts cortos y tops de toalla, pero siempre miraba al piso y evitaba usar gafas aunque las necesitara.

El día que Dorothy conoció a Paul Snider
La irrupción de Paul Snider en su vida fue, en parte, un accidente y, en parte, el resultado de una estrategia. Snider había crecido en los márgenes del East End de Vancouver, rodeado de carencias económicas y violencia. Pronto abandonó la escuela y se dedicó a sobrevivir por su cuenta. Su reputación lo precedía: en los clubes nocturnos y en las fiestas, era conocido como “el proxeneta judío”, un apodo que él mismo cultivaba, luciendo un abrigo de visón, botas de piel de lagarto y una gruesa cadena con una estrella de David incrustada en diamantes. Antes de conocer a Dorothy, había intentado en vano prosperar en Los Ángeles, donde su aventura como promotor de eventos y aspirante a celebrity terminó en fracaso. De regreso en Canadá, Snider buscaba una nueva oportunidad. La encontró en la figura de una joven tímida que atendía la caja de Dairy Queen. “Esa chica me hará ganar mucho dinero”, le dijo a su amigo apenas la vio.
Snider desplegó su manual de seducción con precisión: regalos, joyas, cenas caras y promesas de una vida mejor. Dorothy, vulnerable y sin experiencia, cayó bajo su influencia. Para ella, Snider era el primer hombre que la hacía sentir querida, el primero que le ofrecía una salida de su entorno. La familia de Dorothy desconfiaba de Snider, pero ella insistía en defenderlo. “No puedo imaginarme con ningún otro hombre que no sea Paul”, llegó a decirle a una amiga.
Lo que comenzó como una relación desigual muy pronto derivó en una dinámica de control absoluto. Snider convenció a Dorothy de posar desnuda para él. Las fotos, Polaroids tomadas en secreto, eran el pasaporte a un concurso que Playboy organizaba por su 25 aniversario. Cuando la madre de Dorothy se negó a firmar la autorización necesaria (en Canadá, la mayoría de edad era a los 19 y Dorothy tenía 18), Snider falsificó la firma y envió el material a la redacción.

La reacción de Hugh Hefner fue inmediata. El fundador de Playboy vio en Dorothy el potencial de una nueva Marilyn Monroe, una figura capaz de encarnar el ideal de belleza de la era. Hefner la invitó a Los Ángeles y, aunque no ganó el concurso, Dorothy comenzó a trabajar como conejita en el club de Playboy en la ciudad. En apenas un año, pasó de servir helados en Vancouver a figurar en las portadas de la revista y en las listas de promesas del cine y la televisión.
Snider, que permanecía en Vancouver, no tardó en mudarse a Los Ángeles para controlar de cerca la carrera de su “descubrimiento”. La relación se convirtió en un matrimonio de conveniencia para él y en una trampa para ella. Snider la convenció de casarse en Las Vegas, acelerando una unión que, según confesó Dorothy a un editor de Playboy, sentía como una deuda: “Le debo todo a Paul. Yo era una nadie cuando me encontró”.
A medida que la carrera de Dorothy despegaba, el control de Snider se volvía asfixiante. Con cada nuevo papel en televisión y cada elogio recibido en los eventos de la mansión Playboy, la inseguridad de Snider aumentaba. La obsesión derivó en una vigilancia constante sobre la agenda, las finanzas y hasta la alimentación de Dorothy. “Todo lo que hacía tenía que pasar por Paul”, recordaría un fotógrafo cercano a la pareja. Incluso la madre de Dorothy percibía el peligro. “Protégete la cara”, le advirtió en una conversación premonitoria.

El ascenso de Dorothy Stratten
El punto de quiebre llegó cuando Dorothy fue elegida Playmate del Año en 1980 y recibió el premio de 200.000 dólares. A esa altura, la joven ya había iniciado una relación paralela con Peter Bogdanovich, el célebre director de cine, a quien conoció en una fiesta en la mansión Playboy.
Bogdanovich estaba en una mala racha profesional y sentimental, y encontró en Dorothy una presencia delicada y refinada. Le ofreció un papel en la comedia They All Laughed, protagonizada por Audrey Hepburn, y la relación se consolidó durante el rodaje en Nueva York.
Snider, acorralado, contrató a un detective privado para seguirla y confirmar la infidelidad que ya era pública. Cuando Dorothy le confesó que estaba enamorada de otro hombre y que quería el divorcio, Snider se mantuvo en silencio. Pero sus actos posteriores revelan la magnitud de la herida. Comenzó a buscar armas, a tomar clases de tiro y a deslizar comentarios sobre la política de Playboy de no publicar fotos de una conejita si era asesinada.
La presión sobre Dorothy era cada vez mayor. Ella, sin embargo, no cortó el vínculo de forma abrupta. Seguía sintiendo una mezcla de culpa y gratitud hacia Snider, y decidió mantener una actitud conciliadora. El 13 de agosto de 1980 visitó a un abogado para formalizar la separación y dejó en claro su intención de compensar económicamente a Snider. “Quiero que siga siendo mi amigo”, declaró. Al día siguiente, acudió al departamento de su exmarido con 1.100 dólares en efectivo, una muestra de buena fe. Antes de ir, su abogado se ofreció a acompañarla. Dorothy rechazó el ofrecimiento para evitar tensar la situación. Creía que podía manejar a Snider y que la reunión sería pacífica.

La noche de la tragedia
Sobre el desarrollo de los hechos en el departamento de West Los Ángeles hay muchos puntos ciegos. Los vasos sucios en la mesa y los adornos rotos en el suelo revelan que hubo una discusión. Las pericias forenses determinaron que Snider violó a Dorothy antes y después de dispararle en la cara con una escopeta calibre 12, desfigurándola de manera irreconocible. Durante una hora, permaneció junto al cadáver, hasta que finalmente se suicidó de un disparo bajo el mentón. En el cuerpo de Dorothy quedaron impresas las huellas ensangrentadas de las manos de Snider. Los compañeros de piso, ajenos a la tragedia, esperaron toda la tarde en el living. Cuando finalmente forzaron la puerta, la escena era dantesca: dos cuerpos desnudos, la alfombra ensangrentada y un silencio absoluto.
La policía llegó poco después. El caso fue rápidamente cerrado como homicidio seguido de suicidio. No hubo misterio: la secuencia de hechos apuntaba a una mezcla de celos, ambición y desesperación por parte de Snider. Los medios, sin embargo, encontraron en la historia un filón inagotable. La Playmate del Año, un proxeneta frustrado, un director de cine célebre, Hugh Hefner y la maquinaria de Playboy. Todos los ingredientes para un drama perfecto.

La reacción de Hefner fue pragmática y, al mismo tiempo, fría. Permitió que la edición de octubre de Playboy saliera con Dorothy en la portada, ya fallecida, y que sus imágenes se reutilizaran en números posteriores. El crimen, lejos de sepultar su imagen, la transformó en mito. En los días siguientes al asesinato, la mansión Playboy fue escenario de reuniones, declaraciones y análisis sobre la seguridad de las conejitas y la responsabilidad de los hombres que las rodeaban. La prensa señaló a Snider como único culpable, pero también puso en tela de juicio el rol de la revista, la cultura del espectáculo y la dinámica de poder entre hombres y mujeres jóvenes en Hollywood.
Peter Bogdanovich quedó devastado. En los meses posteriores a la muerte de Dorothy, se hizo cargo del cuidado de su madre y, años después, se casó con Louise, la hermana menor de Dorothy, a quien había enviado a una escuela privada y colmado de regalos. La relación, iniciada en 1988, terminó trece años más tarde. Antes de eso, Bogdanovich publicó The Killing of the Unicorn, un libro en el que expone su versión de los hechos y arremete contra la cultura Playboy y la figura de Hefner. En el terreno judicial, Bogdanovich demandó a Playboy por el uso sin autorización de imágenes de Dorothy y por lo que consideró un aprovechamiento comercial del crimen.
Esa noche, Paul Snider truncó la vida y la carrera de Dorothy, que días antes había sido elegida como una de las mujeres más bellas del mundo. Y empezaba a escalar en el planeta Playboy.
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