Una explosión nuclear, casas intactas y una evacuación masiva: el día que Prípiat se convirtió en una ciudad fantasma por Chernobyl

La ciudad que fue un emblema del avance soviético quedó congelada para siempre, con hogares, escuelas y calles detenidas en el tiempo. La historia detrás de este testimonio silencioso de la mayor catástrofe tecnológica del siglo XX

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Prípiat, la ciudad construida para
Prípiat, la ciudad construida para la élite científica y obrera de la Unión Soviética, fue evacuada tras el desastre nuclear de Chernobyl (Wikipedia)

En la madrugada del 26 de abril de 1986, el mundo fue testigo de uno de los mayores desastres de la historia contemporánea: la explosión del reactor número cuatro de la central nuclear de Chernobyl, en la entonces Unión Soviética (actual Ucrania).

Este accidente liberó enormes cantidades de radiación, afectando a millones de personas y dejando tras de sí una huella imborrable de contaminación y tragedia. Sin embargo, el epicentro humano de esta catástrofe no fue solo la planta nuclear, sino una ciudad que representaba el orgullo del progreso soviético: Prípiat, un lugar que, tras aquel fatídico día, quedó congelado en el tiempo.

El origen de una ciudad modelo

Prípiat nació oficialmente el 4 de febrero de 1970. Su construcción respondía a un propósito estratégico: ser el asentamiento destinado a los científicos, ingenieros y obreros de la cercana central nuclear Vladímir Ilich Lenin. Ubicada en la región de Kiev, a tan solo tres kilómetros del complejo nuclear y a poco más de 100 kilómetros de la capital ucraniana, fue concebida como una “ciudad del futuro”.

La planificación urbana priorizó avenidas amplias, edificios modernos y una infraestructura envidiable, con escuelas equipadas con tecnología avanzada, centros culturales, un estadio, el restaurante Polesie, el cine Prometeo y hasta una piscina olímpica.

La planificación ejemplar y la
La planificación ejemplar y la arquitectura moderna dieron paso al vacío y la radiación, mientras la ciudad permanece como símbolo del costo humano y ecológico del desastre (Wikipedia)

Para mediados de 1986, Prípiat albergaba a unos 50.000 habitantes, en su mayoría familias jóvenes con niños, atraídas por las condiciones laborales, la cercanía a la capital y un entorno natural privilegiado, rodeado de ríos y bosques. “Cada habitante de la Unión Soviética soñaba con vivir en este asentamiento”, destacó un informe histórico de Trips to Chernobyl.

La ciudad prescindió deliberadamente de casas individuales, apostando desde el inicio por grandes edificios de apartamentos de uno a cinco dormitorios, con ascensores amplios y entradas espaciosas, un símbolo de la arquitectura soviética de la época.

El núcleo urbano de Prípiat reflejaba el ideal socialista: en la plaza central se cruzaban las dos principales avenidas, Lenin y Kurchatov (en honor al fundador del programa nuclear soviético). El Palacio de la Cultura Energetik, la sede del comité del partido y la administración local eran el corazón de la vida pública.

Paradójicamente, nunca se alcanzó a instalar un monumento a Vladímir Lenin, como era habitual en otras ciudades soviéticas, debido a la premura de los acontecimientos posteriores.

Prípiat, diseñada como una ciudad
Prípiat, diseñada como una ciudad modelo socialista, albergaba infraestructuras modernas, centros culturales, deportivos y escuelas tecnológicamente avanzadas (Wikipedia)

La noche que lo cambió todo

La madrugada del 26 de abril de 1986 marcó un antes y un después en la historia de Prípiat. Un ensayo técnico fallido en el reactor RBMK-1000 de la central nuclear de Chernobyl —que utilizaba grafito como moderador y agua común como refrigerante— llevó a la pérdida de control del reactor, desencadenando una explosión que voló el techo del edificio y liberó grandes cantidades de radiación a la atmósfera.

De acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), “millones de personas fueron expuestas a la radiación y alrededor de 200.000 fueron reubicadas tras el accidente”.

A pesar de la magnitud del evento, los habitantes de Prípiat no fueron informados con inmediatez sobre el peligro. Solo 36 horas después de la explosión, las autoridades ordenaron la evacuación total de la ciudad. “Las familias tuvieron apenas unas horas para empacar lo indispensable, creyendo que volverían en pocos días, pero ese regreso nunca ocurrió”, señaló un reportaje de National Geographic.

El éxodo fue rápido y masivo: en las semanas y meses posteriores, otras 67.000 personas de áreas contaminadas también fueron obligadas a abandonar sus hogares. La ciudad quedó vacía, pero intacta, como si sus habitantes hubieran desaparecido de un día para otro.

La evacuación de Prípiat se
La evacuación de Prípiat se realizó 36 horas después de la explosión, dejando atrás una ciudad intacta convertida en símbolo de tragedia nuclear (Wikipedia)

Una cápsula del tiempo de la catástrofe

Prípiat es el retrato fiel de una “cápsula del tiempo”. Recorrer sus calles es adentrarse en una ciudad detenida en la primavera de 1986: libros abiertos en los pupitres de las escuelas, juguetes esparcidos en los patios, platos servidos en las cocinas, vitrinas de comercios aún con objetos en exhibición.

La vegetación, que ha recuperado el espacio, crece a través del asfalto y los árboles asoman por las ventanas de los edificios abandonados. El único sonido es el viento golpeando las puertas metálicas oxidadas.

El símbolo más impactante de este abandono es la noria de metal amarillo, que debía inaugurarse para las celebraciones del 1 de mayo de 1986. El accidente la dejó inmóvil, convirtiéndola en un monumento al silencio y al olvido. Actualmente, la ciudad permanece dentro de la Zona de Exclusión, un área de más de 2.600 kilómetros cuadrados que fue ampliada posteriormente a más de 4.000 km² y que sigue siendo, esencialmente, inhabitable, según la Organización de las Naciones Unidas.

La radiación en la zona no es uniforme, y aunque existen recorridos turísticos organizados con estrictos controles de seguridad, nadie puede vivir allí de forma permanente. Casi 34 años después del desastre, la Asamblea General de la ONU reconoció que las consecuencias a largo plazo persisten y que las comunidades desplazadas aún enfrentan numerosas dificultades.

En Prípiat, la vegetación invadió
En Prípiat, la vegetación invadió edificios y espacios públicos, mientras que la icónica noria quedó como monumento al abandono y la memoria (Wikipedia)

El presente: una ciudad fantasma y un laboratorio natural

En la actualidad, Prípiat atrae a miles de visitantes cada año, cautivados por su atmósfera postapocalíptica y la resonancia histórica de la tragedia.

“La ciudad fantasma que ahora se utiliza para estudiar los patrones de la lluvia radiactiva”, explica el OIEA, se ha transformado en un laboratorio natural único. Sin la presencia humana, la fauna ha regresado con fuerza: lobos, caballos salvajes, zorros, ciervos, linces y hasta especies que se creían extintas en la región, como el águila pescadora, habitan hoy las inmediaciones.

Sin embargo, la vida cotidiana previa a la catástrofe nunca volvió. El proceso de descontaminación y recuperación ambiental es tan lento que, según estimaciones científicas, pasarán al menos 20.000 años antes de que la zona sea completamente segura para el asentamiento humano. Mientras tanto, más de 2.500 personas trabajan en el mantenimiento y supervisión de la central y de la infraestructura de seguridad, pero solo pueden permanecer en turnos limitados debido a la radiación.

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