
Las aristas de los casos suelen reflejar la realidad de manera diversa y engañar a quienes no miran los datos a conciencia. Lo que se ve no siempre se corresponde con lo que se dice y lo que se cuenta puede ser tan estrafalario como cualquier película. Acá vamos con el prisma variopinto que se posó sobre el caso del matrimonio Banfield.
Todo, o por lo menos el final, ocurrió muy temprano por la mañana el viernes 24 de febrero de 2023, en Herndon, Fairfax, Virginia, Estados Unidos e involucró a Brendan Banfield (38 años, ex agente de investigaciones criminales del IRS que se ocupa de delitos federales, lavado y fraudes tributarios); a Christine Banfield (37 años, enfermera pediátrica del hospital de Virginia, su esposa desde hacía veinte años); a Juliana Peres Magalhães (24, brasileña y niñera de Valerie (4) la hija de ambos y a un completo desconocido de la familia llamado Joseph “Joe” Ryan (39, originario de Springfield, Virginia).
La noche señalada culminó con dos muertos: Christine y Joe Ryan. Ella murió a causa de múltiples cuchilladas recibidas en el cuello; él, como consecuencia de dos disparos. Uno, certero a su cabeza.

La primera llamada al 911 de emergencias se realizó desde el hogar familiar ubicado en el número 13230 de Stable Brook Way, en Herndon, a las 7.47 de la mañana. Los operadores escucharon un sonido gutural y luego se cortó la comunicación. La segunda fue dos minutos después y la tercera a las 8.02. En esta última Juliana pidió ayuda y describió nerviosamente la escena. Detrás de su voz se escuchaba la de Brendan.
La versión inicial del dueño de casa
Brendan Banfield le contó esa mañana y las siguientes a la policía que ese día había salido muy temprano porque tenía entre manos un negocio importante del que ocuparse. Estaba en su auto a unas cuadras cuando lo llamó asustada la niñera de su hija, Juliana. Había visto a un hombre extraño entrando a la casa familiar por lo que le pidió que volviera de inmediato.

Brendan volvió hacia su casa pensando que su mujer quizás estuviera involucrada en algún romance. De hecho, hacía tiempo que el matrimonio tenía piedra libre en este asunto del amor. Al llegar, dijo, encontró a Juliana esperándolo en la puerta. Entró primero él. Ella fue detrás con la pequeña Valerie. Juliana dejó a la niña en la planta inferior y se dispuso a subir las escaleras hacia el primer piso detrás del dueño de casa. Brendan iba con el arma desenfundada y en la mano cuando entró a su master suite. Al abrir la puerta se sorprendió al ver a un desconocido (Joe Ryan) atacando a su mujer desnuda en la cama. El sujeto tenía un cuchillo.
Brendan aseguró haberse identificado como policía. Recién disparó cuando vio que el hombre apuñalaba a su esposa Christine. En la confusión y dramatismo del momento Juliana tomó otra arma y disparó. Usó una personal de Brendan. Según él no se lo había pedido. Pero Juliana sabía dónde estaba y había sido entrenada, qué curioso, por él.

Al llegar, los policías encontraron a Brendan arrodillado sobre el cuerpo de su mujer con sus manos firmemente sosteniendo su cuello. Estaba intentando detener la hemorragia. Brendan les dijo que Christine había estado consciente y le había pedido que hiciera lo posible por parar el sangrado.
El cuchillo usado por Ryan había quedado en la cama, cuando él se desplomó del certero balazo a la cabeza que le embocó Brendan. La hoja y el mango estaban manchados con la sangre de ambas víctimas.
Juliana dio su testimonio y les dijo que ese día notó que había alguien extraño dentro de la casa y que primero llamó a Christine, pero como ella no le respondió decidió llamar a Brendan.
En la escena no había señales de robo ni de una entrada forzada. ¿Qué hacía Ryan ahí? ¿Era un amante? ¿O un intruso ocasional?
Habría que investigar.
Veinte años de matrimonio
Christine y Brendan Banfield se conocieron en 2004 en la universidad de Quinnipiac, en Connecticut, donde ambos estudiaban. Estuvieron varios años de novios y se casaron el 12 de junio de 2010. Christine, quien se licenció en enfermería, se terminó especializando en cuidados pediátricos. También trabajaba como perito de enfermería para casos de víctimas de asaltos sexuales y colaboraba supervisando a otras enfermeras encargadas de programas de violencia doméstica en Long Island, Nueva York.
Brendan continuó ascendiendo en su trabajo como investigador federal de delitos tributarios en el IRS (Internal Revenue Service), desde el 2009. Tenía un rol importante dentro de la agencia. Después de un tiempo, se mudaron a Long Island hasta que nació su hija Valerie, en marzo de 2018. Un poco más adelante en el tiempo decidieron volver a Herndon para criarla en un ambiente tranquilo.

Brendan y Christine eran a los ojos de todos una pareja exitosa y respetada, un matrimonio ejemplar de clase media alta que prosperaba.
Fue en el año 2022 que tomaron como au pair a una chica brasileña de 23 años llamada Juliana Peres Magalhaes. Ella se convirtió en la encargada de supervisar a Valerie cuando sus padres estaban ocupados en sus respectivos empleos. Pero también se convirtió en la amante de Brendan. Había nacido un romance apasionado.
Pormenores de dos crímenes
Los peritos blindaron la escena y comenzaron a investigar los homicidios. Tenían dos muertos, un matrimonio dueño de casa de alto perfil, una menor al cuidado de una baby sitter extranjera y a un barrio alterado con lo ocurrido.
Compararon las huellas del cuchillo con el ADN de Brendan y dio negativo. No estaban sus huellas en el arma asesina de Christine. Los analistas solamente recuperaron dos ADN allí: el de Christine y el de Joe Ryan, quien supuestamente había llevado el puñal usado contra la dueña de casa.
La investigación no dejó resquicios sin analizar. Cuando se peritaron los teléfonos y las cuentas online de todos los involucrados descubrieron varias señales de alerta.
Joe Ryan había sido contactado por alguien que se hacía pasar por Christine Banfield en un sitio de sexo bizarro y fetichista. Por otro lado, hallaron fotos que demostraron que la relación de Brendan y Juliana no era solo profesional, era más que cercana. Había algunas de ambos usando el dormitorio principal de la casa de los Banfield. Indiscutible prueba de un romance clandestino. Es más: en un allanamiento encontraron más evidencia de una escapada de ambos a Nueva York. Una mini luna de miel.

El perfil de Christine en su vida real era consistente con una persona sin conflictos ni antecedentes violentos. Había sido una enfermera entrenada en situaciones de crisis… ¿Cómo alguien así podría haberse metido en semejante situación con un desconocido con un cuchillo en su propia casa donde dormía su hija pequeña? Sonaba a disparate.
La escena, por otro lado, a todos los peritos se les antojaba perfecta y armada. La posición de los cuerpos no parecía real, la ausencia de gritos previos cuando hay un intruso. Nada cuadraba. Era posible, pero psicológicamente no cerraba.
Aparte de ese jugoso detalle del romance que no pudieron contradecir los involucrados, Juliana en sus múltiples interrogatorios hizo agua: había detalles que no coincidían con el tema del sujeto que irrumpe inesperadamente.

El 19 de octubre de 2023, casi ocho meses después de los crímenes, la policía arrestó a Juliana Peres Magalhaes y la acusó de asesinato en segundo grado y uso de un arma de fuego en la comisión de un delito. Su disparo contra Joe Ryan fue lo que la mandó presa. Estaban sus huellas y la evidencia forense era más que suficiente para la imputación. Quedó presa sin derecho a libertad bajo palabra hasta que se realizara el juicio. Un detalle: cuando fue detenida ella estaba durmiendo plácidamente en el dormitorio principal de la casa de Christine y Brendan, en lo que había sido la escena de un doble crimen. En la mesa de luz los policías vieron una foto enmarcada: ella y Brendan sonrientes.
En el vestidor estaba toda su ropa colgadas.
Después de todo, tan impresionada con las muertes no parecía estar. Más bien se la veía feliz y contenta.
En septiembre de 2024 Juliana con sus abogados hizo un movimiento clave para intentar aligerar su posible condena: se declaró culpable de homicidio en segundo grado de Ryan, a cambio de que los fiscales le dieran una pena menor.
Con este acuerdo ella comenzó a cooperar. Proporcionó nuevos testimonios que comprometían seriamente a Brendan en los homicidios.
La madre de Juliana protestaba en público por el hecho de que solo su hija estuviera tras los barrotes: “El culpable en este caso… no es Juliana”, dijo Marina Peres Souza.
La versión posterior de Juliana
Juliana contaba ahora lo que, según ella, había sucedido en realidad. Todo había sido un plan orquestado por el marido de la víctima para quitársela de encima. Según Juliana las relaciones sexuales habían comenzado unos meses antes y ellos habían consolidado un vínculo. Brendan le aseguraba que quería estar con ella, pero que no convenía divorciarse porque Christine tenía más dinero que él y no quería perder la custodia de la hija de ambos.
Para evitar esas pérdidas fue que él ideó la manera de quitar del medio a Christine sin perder nada.
Comenzaron creando un perfil falso de Christine para la web de fetiches sexuales (FetLife). Usaron sus fotos y su nombre. De esta forma establecieron contactos y eligieron entre los posibles candidatos a Joe Ryan. Lo usaron y lo manipularon con mensajes sexuales. Lograron así que fuera hasta la casa de los Banfield esa noche con un cuchillo con la promesa de un sexo violento consentido. Era una fantasía acordada supuestamente entre dos adultos. Esa mañana Ryan se presentó en la casa llevando el cuchillo. Pero Christine no era quien lo esperaba sino Brendan que estaba preparado para cuando entró y le disparó directo a la cabeza. Luego, Juliana contó que vio cómo Brendan apuñalaba a Christine una y otra vez en su cama a la altura del cuello. Conmocionada por lo que veía, dijo, se agachó y se tapó los ojos y los oídos. Pero al notar que Ryan todavía se movía, actuó. La joven tuvo la frialdad de tomar el arma personal de Brendan que “casualmente” tenía a mano y le disparó al caído hombre una vez más. Le produjo otra herida.

Eso fue lo que al final la mandó a la cárcel.
Muertos los dos, Brendan y ella llamaron al 911 y mantuvieron la historia del intruso que había apuñalado a Christine en medio de una promesa de sexo desenfrenada y sangrienta.
¿Por qué había callado? le preguntaron una y otra vez los detectives de homicidios a Juliana. Juliana sostuvo que por miedo, por confusión, por vergüenza y por culpa. Creerle o no ya es cosa de cada uno.
Pero a pesar de su confesión ella no proporcionó detalles. Tuvo problemas, o no quiso hacerlo, para decir quién había creado el perfil falso y quién había escrito cada uno de los mensajes a Joe Ryan.
Brendan niega todo
Brendan, que investigaba delitos tributarios, lavado de dinero, fraudes fiscales y evasión, por su tipo de trabajo tenía permiso para portar armas. No poseía antecedentes penales ni problemas financieros ni disciplinarios, tenía una foja intachable. Negaba todo. Sostenía que Juliana mentía con el único propósito de salvarse ella.

Mientras, la policía estudió la trayectoria de los disparos, cronometró los tiempos, analizó las llamadas entrantes y salientes de sus celulares y las búsquedas digitales realizadas. Encontraron contradicciones.
Llegaron a la conclusión que ella sola no podría haber armado semejante estrategia, ni una escena tan compleja. Brendan Banfield fue detenido finalmente el 16 de septiembre de 2024. Luego de eso fue despedido de su empleo.
La fiscalía se movió con rapidez, lograron reunir pruebas suficientes para llevarlo a juicio. Juliana había logrado que le crean. Por lo menos en parte. La niñera asesina había pasado a ser una testigo clave para conseguir justicia.
La teoría que expuso la fiscalía fue la siguiente: Brendan Banfield estaba enamorado de la niñera brasileña Juliana Peres Magalhães, se complotó con ella para quitar del medio a su mujer y así poder estar juntos sin perder dinero ni a su hija. Para ello Brendan se valió de un señuelo: Ryan fue utilizado para concretar el malévolo crimen. Los de homicidios debían pensar que él había sido el criminal, que Christine era adicta a la violencia sexual y Bredan quedaba como el hombre que intentó salvarla. En el plan de Brendan cabían los dos crímenes y la destrucción de la reputación de quién había sido su esposa durante más de dos décadas.
Culpable de todo
El juicio contra Brendan Banfield se llevó a cabo en el Tribunal de Fairfax, en Virginia, frente a un jurado conformado por doce miembros. Comenzó el 12 de enero. Declararon para la fiscalía más de veinte testigos y también hablaron tanto Brendan como Juliana. La fiscal Jenna Sands lo explicó así en su argumentación final contra el acusado: “Ellos crearon las cuentas. Chatearon con las víctimas potenciales. Atrajeron a Joe Ryan hasta la casa. Le dispararon. Brendan acuchilló a Christine, la dejó desangrarse en el suelo. Luego tomó la sangre de su mujer y salpicó y manchó a Joe Ryan con ella para que pareciera que Ryan la había atacado. Recién después llamaron a la policía”.

Brendan Banfield subió al estrado para defenderse: argumentó que el romance con la niñera era cierto y había comenzado en agosto de 2022, pero negó cualquier intento de asesinar a su esposa. Por el contrario, aseguró que la amaba a pesar de que ambos tenían permitido tener historias sexuales con otros y que lo vivido con la niñera no cambiaba en nada su matrimonio. Es más: aseguró que él y Peres habían roto varias veces durante la relación y que al momento de los crímenes no estaban saliendo. Sus abogados insisten en que todo fue pergeñado por la baby sitter, que ella dice patrañas, que armó el embuste y es la real promotora de los crímenes: Juliana lo hizo. Ella dijo lo que querían oír y, sin preguntas, solo tomaron esa historia. Ella mintió para asegurarse un trato que la beneficiara”, vociferó el letrado defensor de Brendan, John Carroll. Brendan Banfield no dudó en testificar que a su mujer le gustaban los encuentros sexuales extramaritales violentos, que al menos en dos ocasiones lo había hecho antes: “Yo sabía que ella estaba interesada… en este tipo de cosas, pero no sabía de los mensajes que estaba enviando… hacía muchos años que ella me había expresado esos sentimientos”.
La fiscalía se ocupó de dejar en claro ante el jurado que no había evidencia alguna que corroborara que Christine Banfield hubiese tenido en su vida encuentros sexuales violentos. No había datos ni en la web, ni en los sitios fetichistas, ni nada en lo digital que lo sugiriera. Ni búsquedas pornográficas ni charlas con otros hombres. Todo es un invento, dijo la fiscalía.
El pasado 2 de febrero el jurado se puso de acuerdo y Brendan fue declarado culpable de todos los cargos que le fueron imputados: los homicidios agravados de ambas víctimas; el uso de arma en la comisión de un delito; el abuso y la negligencia infantil por estar su hija en la casa; crueldad contra una menor.
La sentencia la dará el juez el próximo 8 de mayo. Quizá sea perpetua. Brendan tiene suerte que el estado de Virginia haya abolido la pena de muerte en el 2021.
Lo que sucedió en esa casona de dos pisos, de ladrillos grises y techos de pizarra con ventanas blancas, fue el peor desamor. La fachada era solo eso, una vulgar fachada de una familia próspera que se desmoronó bajo el imperio de las pasiones perturbadas.
Lo más triste de esta historia es que Christine supo muy bien en manos de quién moría.
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