El enigmático viaje del Cullinan: el diamante de 620 gramos que cruzó el mundo en una lata y hoy corona el tesoro británico

Su historia está marcada por enigmas. Tras permanecer oculto en una lata de galletitas, cruzó el mundo hasta Londres, donde sus fragmentos principales forman parte de las Joyas de la Corona británica

Guardar
Las nueve piedras principales. Arriba:
Las nueve piedras principales. Arriba: los Cullinan II, I y III. Abajo: los Cullinan VIII, VI, IV, V, VII y IX (Wikipedia)

Durante una tarde calurosa en la Mina Premier, cerca de Pretoria, un destello inesperado alteró la rutina minera. Thomas Evan Powell se agachó para recoger un fragmento translúcido que emergía del suelo. A primera vista parecía vidrio, pero su pureza excesiva y su brillo inusual despertaron la sospecha de que se trataba de algo extraordinario. Con cuidado, lo extrajo y lo sostuvo a la luz.

Llevó esa pieza al despacho de Frederick Wells, gerente de la mina. Allí, bajo la luz, la piedra reveló su magnitud real: un diamante sin precedentes, con un peso de 3.106 quilates —620 gramos— y una claridad desconcertante. La Premier Mine, propiedad del empresario Thomas Cullinan, había sido escenario de grandes hallazgos, pero ninguno se acercaba a ese bloque cristalino que la naturaleza había logrado preservar durante millones de años.

El hallazgo dio inicio a una cadena de acontecimientos que incluyó negociaciones políticas, rigurosos operativos de seguridad, un complejo proceso de talla en Ámsterdam y, finalmente, la incorporación del diamante a la colección de las Joyas de la Corona británica. Tras ser dividido, el Cullinan tuvo como destino engalanar el cetro y la corona imperial del Reino Unido, además de otras piezas históricas de la monarquía.

La Corona Imperial del Estado
La Corona Imperial del Estado y el Cetro del Soberano, exhibidos durante el funeral de Isabel II en 2022, llevan incorporados el Cullinan I y el Cullinan II, dos diamantes históricos que también formarán parte de la coronación de Carlos III (Jeff Spicer/Pool Photo vía AP)

El hallazgo

Estudios posteriores determinaron que el diamante Cullinan se formó en la zona de transición del manto terrestre, entre 410 y 660 kilómetros de profundidad, bajo condiciones extremas de presión y temperatura. Hace unos 1.180 millones de años, un violento ascenso volcánico lo llevó hasta la superficie a través de una chimenea de kimberlita, un proceso que suele fracturar los cristales y explica la rareza de las gemas de gran tamaño.

Luego, determinaron que el Cullinan haya llegado intacto constituye un hecho geológico excepcional. Cuatro de sus superficies lisas sugieren incluso que pudo haber sido parte de una piedra aún mayor, fragmentada de manera natural durante su ascenso.

El 26 de enero de 1905, el diamante fue hallado a 5,5 metros de profundidad en la mina Premier, en la actual localidad sudafricana de Cullinan, entonces parte de la Colonia de Transvaal. El descubrimiento realizado por el minero Thomas Evan Powell adquirió una dimensión aún más asombrosa cuando, tras ser presentado al gerente de la mina, Frederick Wells, la piedra fue medida y pesada: 10,1 × 6,35 × 5,9 centímetros y 3.106 quilates (621,2 gramos), más de tres veces el tamaño del récord anterior, el Excelsior, de 995.2 quilates.

De tono blanco azulado y notable pureza, el diamante fue bautizado en honor a Sir Thomas Cullinan, fundador de la mina. Tras el descubrimiento, se reforzaron las medidas de seguridad y la noticia llegó rápidamente a las autoridades coloniales, conscientes de su valor económico y simbólico.

Exhibido en Johannesburgo ante miles de visitantes, el Cullinan fue enviado luego a Londres bajo un ingenioso operativo de seguridad que ocultó su verdadero traslado. Allí fue presentado al rey Eduardo VII, aunque permaneció sin comprador durante casi dos años, a la espera de un destino acorde con su carácter extraordinario.

Izquierda: Frederick Wells, director de
Izquierda: Frederick Wells, director de la mina, con el diamante. Derecha: Joseph Asscher dividiendo el Cullinan

Un regalo para un rey y un viaje lleno de estrategias

Meses después del hallazgo, el gobierno de la Colonia de Transvaal decidió adquirir el diamante para regalárselo al rey Eduardo VII como gesto político destinado a afianzar los vínculos con la metrópoli británica. El diamante fue comprado oficialmente el 17 de octubre de ese año por 150.000 libras esterlinas, una suma considerable para la época, aunque parcialmente compensada por los impuestos aplicados a la actividad minera.

La decisión no estuvo exenta de controversias. El primer ministro británico Henry Campbell-Bannerman sugirió rechazar el regalo, pero finalmente dejó la resolución en manos del monarca. Winston Churchill, entonces subsecretario colonial, intervino para persuadir a Eduardo VII de aceptarlo. Como reconocimiento, Churchill recibió una réplica del diamante, que solía mostrar a sus invitados.

Con la adquisición resuelta, surgió el desafío más delicado: trasladar la piedra sin riesgos. Para ello se diseñó un operativo de distracción: las autoridades anunciaron públicamente que el diamante viajaría por mar a bordo de un buque fuertemente custodiado, información que ocupó titulares y concentró la atención de posibles ladrones. Pero en realidad, el Cullinan fue enviado de manera discreta por correo postal común, adentro de una lata de galletitas, sin escolta ni señales externas de valor, mientras el baúl vigilado en el barco funcionaba como señuelo.

El diamante Cullinan en bruto
El diamante Cullinan en bruto

La entrega oficial se realizó el 9 de noviembre de 1907 en Sandringham House, durante la celebración por los 66 años del rey, en presencia de miembros de la realeza europea y de la aristocracia británica. El monarca aceptó el diamante “para mí y mis sucesores”, asegurando su incorporación al patrimonio histórico de la Corona.

Comenzó entonces la etapa más delicada: la talla. La Casa Real encargó el trabajo a los hermanos Asscher, maestros talladores de Ámsterdam. Joseph Asscher estudió la piedra durante semanas, analizando sus líneas internas y posibles fracturas, con el objetivo de dividirla sin comprometer su integridad. El momento del primer corte, realizado en una sala especialmente preparada, quedó rodeado de un aura casi legendaria. Tras un primer intento fallido, el segundo golpe abrió el diamante en dos partes limpias y precisas.

Del proceso surgieron nueve diamantes principales y decenas de gemas menores. El Cullinan I, o Gran Estrella de África, de 530 quilates, fue engarzado en el cetro real; el Cullinan II pasó a formar parte de la Corona Imperial del Estado. Ambos integran hoy las Joyas de la Corona británica y se exhiben en la Torre de Londres.

Así, el diamante hallado en Sudáfrica trascendió su origen geológico para convertirse en símbolo imperial, patrimonio de la monarquía británica y una de las piezas más emblemáticas de la historia de la joyería.

La reina María luce los
La reina María luce los diamantes Cullinan I y II como broche, el III como colgante en el collar de la Coronación y el IV en la base de su corona, bajo el Koh-i-Noor (Royal Collection)

Diamantes tallados

Además de las nueve piedras principales, se tallaron 96 diamantes menores y varios fragmentos sin pulir. Salvo las dos gemas de mayor tamaño, los diamantes permanecieron inicialmente en Ámsterdam como parte del pago a la firma Asscher por el trabajo de talla. Con el tiempo, el gobierno sudafricano los adquirió, a excepción del Cullinan VI, que fue comprado directamente por Eduardo VII para la reina Alejandra.

En 1910, el Alto Comisionado para África Austral entregó las gemas a la reina María de Teck. Esta heredó también el Cullinan VI y, en 1953, legó la totalidad de los diamantes a su nieta, la reina Isabel II. Los Cullinan I y II pasaron a formar parte de las Joyas de la Corona y son propiedad del monarca británico.

Las piedras menores fueron distribuidas entre la reina María, el primer ministro Louis Botha, los comerciantes Arthur y Alexander Levy y Jacob Romijn, cofundador del primer sindicato de la industria del diamante. Algunas de estas gemas se engarzaron en una cadena de platino que Isabel II nunca utilizó en público. Estudios realizados en las décadas de 1960 y 1980 confirmaron la excepcional pureza y la incoloreidad de los Cullinan I y II.

Reproducciones en cristal de los
Reproducciones en cristal de los 9 diamantes tallados principales obtenidos del Cullinan (Wikipedia)
  • Cullinan I: Conocido como la Gran Estrella de África, es un diamante de talla pera de 530,2 quilates y 74 facetas. Está montado en la parte superior del cetro del soberano británico, rediseñado en 1910. Fue el diamante tallado más grande del mundo hasta 1992 y continúa siendo el mayor diamante incoloro tallado. Mide 5,89 × 4,54 × 2,77 centímetros y puede desmontarse para utilizarse como colgante junto al Cullinan II. En 1908, su valor se estimó en 2,5 millones de dólares estadounidenses.
  • Cullinan II: Conocido como la Segunda Estrella de África, es un diamante de talla cojín de 317,4 quilates y 66 facetas. Está engarzado en la parte frontal de la Corona Imperial del Estado, debajo del denominado rubí del Príncipe Negro. Fijado mediante una carcasa de oro amarillo, mide 4,54 × 4,08 × 2,42 centímetros y presenta leves imperfecciones internas.
  • Cullinan III: De talla pera y 94,4 quilates, fue engastado originalmente en la cruz de la corona adquirida por la reina María para su coronación en 1911. Posteriormente se incorporó a la tiara del Delhi Durbar y, junto con el Cullinan IV, formó un broche que Isabel II utilizó en diversas ocasiones. También ha sido empleado como colgante en el collar de la Coronación.
  • Cullinan IV: De corte cuadrado y 63,6 quilates, se montó inicialmente en la base de la corona de la reina María. Tras ser sustituido por réplicas, regresó a la corona en 2023 con motivo de la coronación de la reina Camila. Isabel II reveló que esta pieza y el Cullinan III eran conocidos en la familia como las Granny’s Chips. Durante una visita a la Asscher Diamond Company, la reina mostró el broche a Louis Asscher, sobrino de Joseph Asscher, responsable de la talla original.
  • Cullinan V: Diamante en forma de corazón de 18,8 quilates, engastado en un broche de platino. Formó parte del peto diseñado para la reina María con motivo del Durbar de Delhi de 1911 y puede combinarse con los broches de los Cullinan VII y VIII. En 2023, este broche fue incorporado a la corona de la reina Camila durante la ceremonia de coronación.
  • Cullinan VI: De talla marquesa y 11,5 quilates, cuelga del broche del Cullinan VIII y forma parte del conjunto del Delhi Durbar. Puede ensamblarse con esta pieza para formar un segundo broche, acompañado por 96 diamantes menores.
  • Cullinan VII: También de talla marquesa, pesa 8,8 quilates. Fue un obsequio de Eduardo VII a la reina Alejandra, quien más tarde lo legó a la reina María. Esta lo incorporó al collar de diamantes y esmeraldas del Delhi Durbar.
  • Cullinan VIII: De talla oblonga y 6,8 quilates, está montado en el centro de un broche que integra el peto del aderezo del Durbar de Delhi y puede combinarse con el Cullinan VI.
  • Cullinan IX: El más pequeño de los diamantes principales, de talla pendeloque y 4,39 quilates, está montado en un anillo de platino conocido como el Anillo Cullinan.

Últimas Noticias

La foto acertijo: ¿Quién es este niño catalán al que le dijeron que era la reencarnación de su hermano muerto?

Durante años creyó ser su hermano. Incluso, una versión mejorada. A los 12 años exhibió sus primeros dibujos en su casa y poco después comenzaron a llegar los primeros reconocimientos de una carrera que sería extraordinaria

La foto acertijo: ¿Quién es

El día que una exitosa serie homenajeó a los primeros paramédicos del mundo: jóvenes negros que luchaban contra la discriminación

La galardonada The Pitt reconoció durante un capítulo de la primera temporada, a los pioneros de la atención de emergencias en las calles. El racismo que impulsó la creación de lo que podría llamarse el primer 911

El día que una exitosa

El baño radioactivo de Fraga Iribarne: cuatro bombas de EE.UU. sobre España y la jugada franquista para negar la contaminación

El 7 de marzo de 1966, el ministro de Información y Turismo de la dictadura franquista fue fotografiado en el mar en la playa de Palomares, donde dos meses antes habían caído, sin estallar, cuatro bombas atómicas que llevaba un bombardero norteamericano. Fue un montaje propagandístico para que los españoles creyeran que no había peligro de contaminación cuando en realidad sucedía todo lo contrario. Las dudas sobre el lugar de la foto y los documentos secretos que revelan la verdad

El baño radioactivo de Fraga

La niña que se crió entre perros callejeros: ladridos en TV, caminatas en “cuatro patas” y su adaptación a los humanos

Oxana Malaya fue abandonada por sus padres en un pueblo de Ucrania. Convivió entre los tres y los nueve años con animales callejeros. Los detalles de cómo la rescataron y su reingreso a la sociedad

La niña que se crió

25.000 kilómetros, 40 años y la inspiración paterna: la travesía de Jamie Hargreaves y cómo revivió el sueño familiar entre Inglaterra y Sídney

El viaje, impulsado por relatos y de la mano de la tecnología actual, le permitió conectar con historias, personas y escenarios del pasado, trazando un puente emocional y geográfico entre diferentes épocas y culturas

25.000 kilómetros, 40 años y