Tenían 11 años cuando torturaron y mataron a un niño de dos y hoy viven con otras identidades otorgadas por la Justicia británica

En 1993 Jon Venables y Robert Thompson se llevaron de un centro comercial a James Bulger, de apenas dos años, y lo asesinaron brutalmente. En 2001, al cumplir 18, salieron en libertad condicional con nuevos nombres. Mientras se perdió todo rastro de uno de ellos, el otro fue condenado por otros delitos en distintas ocasiones

Guardar
Jon Venables y Robert Thompson
Jon Venables y Robert Thompson

En los últimos años, la Justicia británica ha procesado en distintos juicios a varias personas por cometer el mismo delito: revelar las nuevas identidades de un sujeto llamado Jon Venables. En 2019, el Tribunal Superior de Burnett impuso penas de prisión en suspenso a Richard McKeag, de 28 años, y Natalie Barker, de 36, por difundir su foto y su nuevo nombre en un artículo publicado en un sitio web, con lo que, según el juez John Warby, pusieron en riesgo no solo la seguridad de Venables sino de cualquier otra persona que se le pareciera. Ese mismo año, la actriz de la serie Shameless, Tina Malone, recibió una condena de ocho meses en suspenso por publicar en su muro de Facebook una foto actualizada de Venables y el nombre que utilizaba. Esos son apenas tres de muchos casos que han obligado a Venables a cambiar de identidad.

Quienes no conocen qué hay detrás de estos procesos pueden llegar a pensar que el damnificado es un testigo protegido que ha ayudado a desbaratar una peligrosa red criminal o un espía al que algún servicio de inteligencia extranjero quiere matar. Casi de película, pero no se trata de eso. Jon Venables fue el autor de uno de los crímenes más resonantes de la historia del Reino Unido: el secuestro, las torturas y el asesinato del niño James Bulger, de solo dos años, en un suburbio de Liverpool. Cuando lo cometió, Venables tenía solo once años, igual que su cómplice, Robert Thompson.

Capturados y condenados, al cumplir los 18 años los dos asesinos obtuvieron, a pesar de la oposición de los familiares de la víctima y de miles de ciudadanos movilizados, la libertad condicional. El 8 de enero de 2001 el Tribunal Superior ordenó que se les dieran nuevas identidades para que pudieran rehacer sus vidas en ciudades diferentes y sin mantener contacto entre sí. Hasta donde se sabe, Thompson sigue viviendo bajo el mismo nombre que se le otorgó en ese momento y no se tienen noticias de él; en cambio, en estos últimos veinticinco años, Venables ha estado varias veces en prisión por diferentes delitos y debió cambiar de identidad en más de una ocasión, ya sea porque hubo quienes la hicieron pública o por su propia torpeza.

James Bulger, el niño de
James Bulger, el niño de dos años que fue secuestrado en un centro comercial y brutalmente asesinado por Jon Venables y Robert Thompson, de once, en 1993

El secuestro de James

Todo sucedió en menos de cuatro minutos del viernes 12 de febrero de 1993 en el Centro Comercial New Strand, de Bootle, un suburbio a unos siete kilómetros de la ciudad de Liverpool, y comenzó exactamente a las 15.40, cuando Denise Bulger terminó de pagar su compra en la carnicería A.R. Tym’s y descubrió que su hijo James, de dos años, al que le había soltado la mano para buscar el dinero en la billetera, ya no estaba a su lado. Después de unos segundos de desconcierto, salió del negocio para buscarlo y no demoró más que otros pocos segundos en comenzar a llamarlo a los gritos y pedir ayuda. James no se veía por ningún lado.

A las 15.42, una cámara de seguridad grabó a James caminando junto a dos chicos —probablemente adolescentes— por una galería del primer piso del shopping, pero en ese momento nadie le prestó atención: era una imagen más, de las miles y miles que quedaban registradas todos los días. Treinta segundos después de las 15.43, el personal de vigilancia del Centro Comercial comenzó a custodiar las puertas de salida, para evitar que James saliera de la galería. No era la primera vez que un chico pequeño se perdía en el shopping y después se lo descubría desorientado, a veces llorando y pidiendo por su madre o por su padre. Pero esa vez nadie encontró al chico perdido. Habían pasado menos de tres minutos y medio desde el momento en que Denise comenzó a buscar a James y se empezaron a controlar las salidas del shopping. Demasiado tarde, porque ya no estaba allí. Había desaparecido.

Esos fueron los primeros instantes fatídicos en que se puede situar el inicio de uno de los crímenes más horrendos de la historia de Gran Bretaña. El cadáver mutilado de la víctima fue encontrado el domingo 14 de febrero, después de que un tren le pasara por encima. En ese momento la policía, que buscaba a James sin descanso, no tenía idea de quiénes eran los chicos que se lo habían llevado del shopping ni por qué lo habían asesinado.

La cámara de seguridad captó
La cámara de seguridad captó el momento en que se llevaban a James Bulger

38 testigos y ninguna acción

Lo peor de todo fue que hubo decenas de personas que pudieron haberle salvado la vida a James. La reconstrucción del trayecto de cuatro kilómetros que hicieron los dos secuestradores con James dejaría en claro que el crimen pudo haberse abortado en más de una ocasión, simplemente si alguien hubiera tomado la decisión de actuar frente a una escena que era llamativamente extraña. Hubo 38 personas que pudieron haber evitado el asesinato, pero prefirieron no comprometerse o se conformaron con las explicaciones poco convincentes de los dos chicos mayores. Porque en ese camino hacia la muerte, James lloró, pidió por su madre, recibió patadas y golpes, y se veía claramente que lo llevaban a la rastra, contra su voluntad.

En el camino, los dos secuestradores y el niño se detuvieron también en una tienda de mascotas de la que el dueño los echó sin preguntarse quiénes eran y qué hacían con un niño chiquito que lloraba, y robaron en otro comercio elementos que se encontraron después en el lugar del crimen: pintura azul para maquetas y pilas. Más tarde aparecieron testigos que escucharon a los dos mayores hacer chistes sobre tirar al más chico al río y otros lo vieron con un chichón en la frente, pero se conformaron con la explicación que dieron los más grandes, que les dijeron que era su hermanito y se había caída, que ya se iban para su casa. Luego se supo que el moretón se debía a que Venables y Thompson lo empujaron para que cayera de cabeza por el terraplén del canal Leeds and Liverpool.

Hubo más. A una mujer que les preguntó a los mayores qué hacían con el más chico, los secuestradores le dijeron que lo acababan de encontrar y que lo llevarían a la comisaría más cercana. Aunque cueste creerlo, la mujer no se hizo cargo de la situación de la que participaban tres niños y ningún adulto, y los dejó seguir su camino. Un hombre que los vio en la entrada de un puente ferroviario escuchó a uno de los chicos mayores decir: “Estoy harto de tener a mi hermanito, siempre es el mismo, no lo vuelvo a traer”. Tampoco intervino. Una chica de 14 años vio a un niño correr por el terraplén que conducía a las vías de ferrocarril donde después se encontraría el cuerpo, mientras otro lo seguía, cargando al más chiquito. Probablemente haya sido la última persona en ver a James con vida.

La cobertura del caso en
La cobertura del caso en el periódico británico "Daily Mirror"

Asesinato en las vías

Todo terminó en las vías del ferrocarril, cerca de la estación Walton & Anfield y no lejos de la comisaría de Walton Lane. Allí, Venables y Thompson comenzaron a torturar al chico. Lo desnudaron y le rociaron un ojo con la pintura azul que habían robado de la tienda, después le pintaron el cuerpo y le introdujeron pilas —también robadas— en la boca y probablemente en el orificio anal. Lo patearon, le tiraron piedras y ladrillos sobre el cuerpo y la cabeza, y finalmente lo golpearon con una barra metálica que le provocó diez fracturas en el cráneo.

Los médicos forenses que realizaron la autopsia encontraron un total de 42 heridas. El doctor Alan Williams contó 22 moretones y rasguños en la cara y la cabeza de James, y 20 heridas más en el resto del cuerpo. “Los hematomas profundos, el corte en la frente hasta el cráneo y el daño en la parte posterior de la cabeza, junto con muchas otras lesiones, sugieren que utilizaron ladrillos y una barra de hierro”, explicaría el doctor Williams en el juicio. También aclaró que, entre tantas heridas, no pudo identificar ninguna que, aisladamente, le produjera la muerte. “Tienen que ser tomadas en su conjunto”, dijo. Y terminó: “Tuvo un corto período de supervivencia, puede que solo hayan sido unos pocos minutos”.

Venables y Thompson no se conformaron con matarlo, sino que pretendieron disfrazar su crimen de accidente ferroviario. Pusieron el cadáver sobre las vías y le taparon la cabeza con escombros con la esperanza de que le pasara por encima un tren. Fue lo que ocurrió: cuando el domingo 14 una chica que caminaba cerca de las vías del tren descubrió el cuerpo de James, estaba seccionado en dos como si hubiera sido arrollado por un convoy, pero ese burdo montaje no sirvió para que los asesinos pudieran ocultar el crimen.

Los niños de once años
Los niños de once años torturaron brutalmente al pequeño de dos hasta matarlo y luego dejaron el cadáver sobre las vías para que un tren lo arrollara y así pareciera un accidente (Police department Liverpool)

“¡Son mis alumnos!”

Al mismo tiempo que los dos precoces arrastraban a James por el trayecto de casi cuatro kilómetros hasta el lugar de su muerte, los padres tenían esperanzas de recuperarlo sano y salvo. Al ver las imágenes de las cámaras de seguridad del centro comercial, que mostraban que se lo habían llevado dos niños, Ralph, el padre, le dijo a la desconsolada Denise: “Va a estar todo bien, son solo dos chicos pequeños”.

Los registros de las cámaras de seguridad no eran buenos, por lo menos no tanto como para que se pudiera identificar a los dos chicos que se lo habían llevado. Sólo días después, cuando fueron mejoradas por los técnicos policiales y enviadas a los canales de televisión, una maestra las vio, se horrorizó y corrió a la comisaría más cercana. “¡Son mis alumnos!”, les dijo a los policías y no solo los identifico como Jon Venables y Robert Thompson, sino que aseguró que el viernes 12 a la tarde habían faltado al colegio.

Venables y Thompson fueron arrestados finalmente el 20 de febrero. Las pruebas forenses confirmaron que los dos tenían en su ropa la misma pintura azul encontrada en el cadáver de Bulger y que el ADN en los restos de sangre que mostraba uno de los zapatos de Thompson correspondía a la del pequeño James.

El juicio fue ampliamente cubierto por los medios y seguido día a día por la sociedad británica. “Antes de la audiencia, una multitud se reunió en el frente, incluidos reporteros, camarógrafos y equipos de televisión, varios de ellos extranjeros. Más curiosos esperaban en la parte trasera del edificio, donde las puertas se abrieron a las 9.30 de la mañana para dar paso a dos furgonetas blancas de la policía con una escolta en motocicleta. Las ventanillas de ambas furgonetas estaban oscurecidas”, escribió el cronista acreditado por The Guardian en su relato de la primera audiencia.

A medida que avanzaba el proceso, la indignación por el crimen se potenciaba cada vez que un testimonio demostraba que si algún adulto hubiese intervenido en lugar de desentenderse podría haberse evitado. Por orden del juez, Justice Morland, los acusados no fueron identificados por sus nombres sino como “Niño A” y “Niño B”.

James Bulger y su madre,
James Bulger y su madre, Denise

Una película de terror

En sus declaraciones, Venables y Thompson reconocieron la autoría del crimen, pero no mostraron signos de arrepentimiento. También dijeron que ese día habían ido al shopping con la intención de llevarse un chico y empujarlo a la calle para provocar un accidente automovilístico, pero que cambiaron de opinión. Dijeron que trataron de reproducir algo que habían visto en la película de terror Chucky 3, donde el muñeco siniestro, poseído por el alma de un asesino serial, se salpicaba con pintura azul, la misma que habían utilizado con el pequeño James.

Richard Henriquez, el fiscal del caso, sostuvo en su alegato que los acusados habían tenido un plan criminal y que, antes de llevarse a James, habían intentado concretarlo con otro chico, pero que su madre se había dado cuenta a tiempo. Según la reconstrucción, la señora estaba en otra de las tiendas del Centro Comercial cuando sus dos hijos, una nena de 3 años y un varón de 2, desaparecieron. Cuando salió, desesperada, encontró a la niña, que le dijo que su hermanito se había ido “afuera con un chico”. La mujer lo encontró junto a Thompson y Venables, que estaban convenciéndolo para que los acompañara, pero que al verla llegar escaparon corriendo.

Finalmente, el 24 de noviembre de 1993, Venables y Thompson fueron declarados culpables. El juez pidió un mínimo de ocho años de cárcel y autorizó que sus nombres fueran revelados. El tabloide sensacionalista The Sun comenzó una campaña para que les aumentaran la pena y logró —con un documento firmado por 280 mil personas— que en julio de 1994 la Justicia decidiera que pasaran por lo menos 15 años en la cárcel. Sin embargo, en 1999, la Corte Europea de Derechos Humanos consideró que el juicio no había sido justo y que el trato a los menores acusados había sido “injusto y degradante”.

El periódico "The Sun" realizó
El periódico "The Sun" realizó una campaña para que a los condenados les aumentaran la pena y logró que la Justicia les asignara quince años de prisión, en lugar de ocho, sin embargo la Corte Europea de Derechos Humanos se opuso

Un anonimato protector

Pese a las protestas de Denise, Ralph y miles de ciudadanos británicos, en 2001 Robert Thompson y Jon Venables obtuvieron la libertad condicional, ya que la Justicia consideró que estaban rehabilitados. El Gobierno británico les asignó nuevas identidades —las que por ley no podían ser divulgadas— y fueron reubicados en ciudades diferentes.

Los padres de James pidieron entonces a las futuras novias y amigas de Thompson y Venables que los fotografiaran en la primera oportunidad para asegurarse de que se dieran a conocer sus nuevas sus identidades. “No importa cuánto gasten las autoridades tratando de proteger a Venables y Thompson, será imposible para ellos mantener sus identidades en secreto de las novias que conozcan en el futuro, o de los compañeros de bebida”, dijo Denise en un comunicado. “Si esta orden de privacidad se mantiene, la prensa y los medios de comunicación en este país serán amordazados. Pero los jueces no pueden controlar los medios de comunicación del mundo. Gracias a Internet, cualquier persona con un ordenador podrá leer todos los detalles que imprimen los periódicos extranjeros. Los asesinos serán reconocidos y descubiertos bajo cualquier nuevo nombre dondequiera que vayan. Cada minuto tendrán que mirar por encima del hombro... Nunca podrán relajarse. Eso es un consuelo para mí, saber que siempre serán perseguidos y cazados”, agregó.

A partir de ese momento se perdió todo rastro de Robert Thompson. En cambio, a mediados de 2010 se supo que Jon Venables estaba nuevamente preso, esta vez por violar la libertad condicional y almacenar pornografía infantil. En su computadora se encontraron más de mil imágenes de pornografía infantil con menores entre 2 y 7 años violados por adultos. Volvió a la cárcel y, en mayo de 2011, se le otorgó otra vez el beneficio del cambio de identidad, porque su foto había sido expuesta en las redes como pedófilo.

Los padres de James creyeron que la Justicia les estaba tomando el pelo. Pidieron que no lo excarcelaran más, pero no lo lograron y Venables volvió a las calles. Lo último que se sabe de él es que en noviembre de 2017 volvió a ser detenido por posesión de pornografía y condenado a 40 meses de prisión.

Denise Bulger con la foto
Denise Bulger con la foto de su pequeño hijo asesinado

En veredas opuestas

Con el correr del tiempo, los padres de James Bulger terminaron en veredas opuestas con respecto al tema de la identidad de Jon Venables. Ralph Bulger y su hermano, Jimmy, tío de James, se presentaron ante el Tribunal Superior para que se levantara la orden judicial que le permite vivir en el anonimato. Del otro lado, modificando su posición original, Denise pidió que se preservara la nueva identidad del asesino de su hijo para evitar que fuera blanco de “acciones de justicieros”. En una declaración dijo: “Entiendo la motivación de la solicitud (de Ralph), pero mi preocupación es que si Venables fuera conocido por su propio nombre, podría dar lugar a acciones de justicia por mano propia y a que personas inocentes salieran lastimadas”.

Finalmente, el presidente de la División de Familia del Tribunal Superior, Sir Andrew McFarlane, rechazó la propuesta de Ralph, diciendo que el anonimato era necesario para proteger a Venables de ser “condenado a muerte”. En los fundamentos agregó: Mi decisión no es en ningún caso un reflejo de los propios solicitantes, por quienes siento una profunda simpatía. Se trata de un caso totalmente excepcional y la evidencia es más que suficiente para sustentar la conclusión de que sigue existiendo un riesgo real de daño muy sustancial (para Venables)”.

Últimas Noticias

Una fortuna invertida, un navío maldito y dos viajes catastróficos: la verdadera travesía del SS Bessemer, el supuesto barco anti-mareo

Henry Bessemer, creador del célebre proceso del acero, impulsó un proyecto revolucionario que terminó asociado a accidentes, fracasos empresariales y una leyenda sobre los riesgos y aprendizajes de la innovación marítima del siglo XIX

Una fortuna invertida, un navío

El juicio por el Caso Watergate: la férrea determinación de un juez y la investigación que derivó en la renuncia de Richard Nixon

En enero de 1973 se dio inicio el proceso contra los hombres que entraron a oficinas del Partido Demócrata en Washington. La revelaciones periodísticas y las confesiones que precipitaron la renuncia del presidente de Estados Unidos

El juicio por el Caso

El día que cayó el Chapo Guzmán: ascenso, mitos y ocaso del narco que construyó imperios subterráneos y huyó dos veces de prisión

A diez años de la última detención del narco más temido y poderoso que terminó en los túneles que él mismo construía y con los que también penetraba con toneladas de cocaína la frontera con los Estados Unidos. Hacia ese país fue extraditado, sentenciado a cadena perpetua y preso en una cárcel a la que llaman El Alcatraz de las Rocosas y donde están alojados los criminales más violentos y peligrosos del mundo

El día que cayó el

Premian una obra que retrata la vida de silvers que transforman sus comunidades

Tienen más de 50 y eligen dedicar tiempo, cuerpo y experiencia a sostener a otros. La muestra ‘Faros’ de Joakin Fargas fotografía esas decisiones que siguen en movimiento cuando muchos ya se detienen. Ganó el Premio Colección en el Salón Nacional de Rosario

Premian una obra que retrata

Un televisor encendido, regalos sin abrir y un esqueleto en el sillón: el caso de la mujer que murió sin que nadie se percatara

El 25 de enero de 2006, la policía ingresó a un departamento del barrio de Wood Green, al norte de Londres, para desalojar a quien lo habitara por una deuda acumula de más de dos años. No encontraron a nadie vivo. Lo que estaba era la escena que en diciembre de 2003 había dejado Joyce Carol Vincent, quien yacía muerta sentada en el sillón. La historia de una muerta olvidada y de una mujer ignorada

Un televisor encendido, regalos sin