Las últimas palabras del empresario de la noche que mató al presunto asesino de John F. Kennedy, dos días después del magnicidio

Su verdadero nombre era Jacob Leon Rubenstein y murió de cáncer el 3 de enero de 1967. Poco se sabía de él antes de que le disparara al supuesto asesino de Kennedy. Sus oscuras vinculaciones con personajes de la política estadounidense y lo que le contó a su hermano y a su abogado defensor en el lecho de muerte

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Lee Harvey Oswald gana mientras
Lee Harvey Oswald gana mientras el dueño de un club nocturno de Dallas, Jack Ruby, dispara en la comisaría de policía de Dallas el 24 de noviembre de 1963 (AP)

Quienes conocían a Jack Ruby lo tenían como lo que aparentemente era: un pequeño empresario de la noche con más fracasos que éxitos y un prontuario policial típico de un delincuente de poca monta que podía jactarse de no haber pasado mucho tiempo en la cárcel. En Dallas, Texas, donde vivía desde 1947, se sabían apenas unas pocas cosas de su pasado: que había tenido vínculos con el sindicato de la chatarra en Chicago, que estuvo en la mira de la justicia por correr apuestas ilegales, que participó como testaferro en una o dos pequeñas operaciones de lavado de dinero y no mucho más.

Nadie tomaba demasiado en serio a ese hombrecito que, a los 52 años, regenteaba algunos locales nocturnos de la ciudad donde, eso sí, había construido en base a favores, atenciones y alguna que otra coima buenos vínculos con la policía. Tal vez por esto último, a ningún uniformado de Dallas le llamó la atención su presencia en el subsuelo de la Jefatura de la ciudad la mañana del 24 de noviembre de 1963 cuando entró decididamente en la historia de los Estados Unidos al matar a Lee Harvey Oswald, el supuesto autor material del presidente John Fitzgerald Kennedy, uno de los magnicidios más resonantes del Siglo XX.

“Alguien tenía que hacerlo”, fue lo único que dijo Jacob Leon Rubenstein - que ese era su verdadero nombre – después de dispararle a Oswald, cuando los policías lo redujeron. En el piso, el presunto asesino solitario del presidente se retorcía de dolor con una bala en el estómago. Moriría poco después. Habían pasado dos días del magnicidio. El mundo seguía impactado por el atentado mortal y, a pesar de la casi inmediata captura de Oswald, señalado como el tirador que lo había matado, las versiones conspirativas sobre los autores intelectuales detrás del crimen ya circulaban a velocidad de rayo: que la CIA, que la KGB, que el FBI del odioso Edgar J. Hoover, que los cubanos castristas, los cubanos de Miami, y hasta el propio Lyndon B. Johnson, sentado ahora en el Salón Oval de la Casa Blanca por obra y gracia de la muerte de Kennedy.

La esperanza de esclarecer las cosas estaba depositada en los interrogatorios y el desarrollo del juicio al que sería sometido Oswald, pero ese oscuro hombrecito del mundo de la noche la había abortado con un solo disparo ante la mirada atónita de decenas de periodistas y policías. En los interrogatorios Ruby se mantuvo firme en su versión: “Alguien tenía que hacerlo, ustedes no iban a hacerlo”, dijo. Y fue terminante: “No hubo conspiración”. La ecuación mortal se resolvió con un resultado que nadie podía creer: el asesino solitario del presidente había sido asesinado otro asesino solitario.

"Alguien tenía que hacerlo", argumentó
"Alguien tenía que hacerlo", argumentó Jack Ruby, después de matar de un disparo a Lee Harvey Oswald

Ruby no dijo nada más sobre el asunto hasta el día anterior a su muerte, ocurrida el 3 de enero de 1967, tres años, un mes y diez días después de haber matado a Oswald. Lo hizo desde la cama del hospital donde agonizaba, frente a su hermano, su abogado y un grabador encendido. Fue el momento en que se perdió la última esperanza de que revelara lo que sabía del revés de la trama del asesinato de Kennedy.

Disparos contra un presidente

Exactamente a las 12.30 del 22 de noviembre de 1963, el Lincoln Continental Convertible que llevaba al presidente John Fitzgerald Kennedy por las calles de Dallas, Texas, entró en la Plaza Dealey. Era el segundo auto de la caravana y estaba descapotado porque el mandatario quería saludar al público que se había reunido en las calles para verlo. Al volante estaba el agente William Greer y en el asiento del acompañante su compañero Roy Kellerman; detrás de ellos iban sentados el gobernador de Texas, John Connally, y su esposa Nellie; en la tercera fila de asientos viajaban Kennedy y su mujer, Jacqueline.

El presidente John F. Kennedy
El presidente John F. Kennedy saludaba desde su autol en una caravana el 22 de noviembre de 1963, en Dallas, antes de ser asesinado (AP)

En la esquina de la calle Houston y la calle Elm, la caravana debió aminorar la velocidad para hacer un giro a la izquierda y la limusina quedó frente al el edificio del Almacén de Libros Escolares de Texas. En ese momento se escucharon tres disparos en menos de cinco segundos. El último impactó en la cabeza del presidente y la destrozó. La limusina corrió a más de 120 kilómetros por hora hacia el Hospital Parkland Memorial, el más cercano. El gobernador Connally estaba herido, en el asiento trasero, Jacqueline sostenía la cabeza destrozada de su esposo muerto contra su pecho. En el Hospital, los médicos intentaron todo por recuperarlo, era imposible. Lo declararon oficialmente muerto a la una de la tarde en punto.

Detienen al supuesto asesino

Lee Harvey Oswald estaba en el edificio del Almacén de Libros Escolares -donde trabajaba - cuando asesinaron a Kennedy. Se fue pocos minutos después. A las 13.14, el oficial de policía J. D. Tippit estaba patrullando las calles de Dallas cuando vio a un hombre en actitud sospechosa. Detuvo el auto, pero al querer interrogarlo, el hombre le disparó tres veces con un revólver y lo remató de un cuarto tiro en la cabeza cuando ya estaba caído.

Poco después, un sujeto que coincidía con la descripción del asesino de Tippit entró a un cine donde proyectaban la película War is Hell, sobre la guerra de Corea. La policía rodeó el lugar, entró al cine y lo detuvo.

Lee Harvey Oswald fue asesinado
Lee Harvey Oswald fue asesinado dos días después de la muerte de JFK durante un traslado policial

-No me resisto al arresto – gritó el hombre cuando los vio entrar.

-Vos mataste al presidente – le contestó uno de los policías cuando lo esposaban.

Lo identificaron como Lee Harvey Oswald. Para ese momento, se lo tenía por el autor de los tres disparos contra Kennedy. Las teorías conspirativas empezarían después. En los interrogatorios, el supuesto tirador solitario negó una y otra vez ser el asesino del presidente. Y lo seguía negando la mañana del 24 de noviembre de 1963, cuando lo iban a trasladar desde la Jefatura de Policía de Dallas a la cárcel del condado.

La otra cara de Jack Ruby

Jack Ruby siempre sostuvo que quedó conmovido, como millones de norteamericanos, por el asesinato de Kennedy. También dijo más de una vez que, apenas lo supo, lo embargó una enorme tristeza. Luego se sabía que, además de sus antecedentes como delincuente de segunda categoría, tenía también algunas vinculaciones en el mundo de la política.

En 1947, por pedido de Richard Nixon, había sido testigo ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses presidido por el senador Joseph McCarthy, donde tuvo una intervención en la que dejó clara su posición de enemigo del comunismo. Por esa misma época, el FBI había querido investigar a Ruby por sus vinculaciones con el crimen organizado, pero una rápida intervención de Nixon le había evitado el mal trago.

Después de la muerte de Kennedy, Ruby les confesó a varios amigos que no sólo lo entristecía el asesinato del presidente, sino también el dolor de su esposa, Jacqueline. Tal vez por eso, la noche misma del magnicidio se lo pudo ver – quedó registrado en las imágenes tomadas por los noticieros de la WFAA-TV (Dallas) y de la NBC - durante la conferencia de prensa del juez de Distrito Henry Wade en la Jefatura de Policía de Dallas.

Incluso, haciéndose pasar por periodista, le hizo una pregunta al juez, relacionada con las supuestas vinculaciones de Oswald con el comunismo y el Comité de Cuba, una organización norteamericana que apoyaba a Fidel Castro:

-Henry, ¿cuál es el juego del Comité de Cuba? – lo interrogó y las cámaras lo mostraron escuchando atentamente la respuesta. Fue la primera vez en su vida que salió en televisión. La segunda fue al día siguiente, cuando mató a Lee Harvey Oswald en vivo y en directo.

La muerte en vivo y en directo

La mañana del 24 de noviembre de 1963 en el Jefatura de Policía de Dallas estaba todo listo para el traslado de Lee Harvey Oswald a la cárcel del condado. Estaba previsto para las 10, pero una serie de pequeños inconvenientes lo había retrasado. A las 11.15 los periodistas se dieron cuenta de que iba a ocurrir porque un furgón policial llegó y se estacionó de culata en el subsuelo, cerca de los ascensores.

Cinco minutos después se vio bajar de uno de ellos a Oswald esposado, flanqueado por dos detectives de civil, uno con sombrero blanco y el otro con sombrero negro. Se llamaban James Laevelle y L. C. Graves y llevaban a Oswald agarrado de los brazos.

Las cámaras que transmitían el acontecimiento mostraron a los tres hombres caminando unos metros hacia el furgón, de pronto interceptados por un hombre robusto, de traje oscuro y sombrero negro, que disparó contra Oswald en el estómago. Se escuchó un solo disparo. Los policías se le tiraron encima y lo inmovilizaron, mientras que Oswald se retorcía en el suelo de dolor.

Toda la secuencia fue transmitida por la televisión. Fue el primer crimen de la historia transmitido en vivo y en directo. A Oswald lo llevaron al Parkland Memorial – el mismo hospital en el que habían anunciado la muerte de Kennedy dos días antes – donde murió poco después de la una de la tarde. Para entonces ya se sabía que el hombre que le había disparado con un revólver calibre 38 se llamaba Jacob Leon Rubenstein, más conocido como Jack Ruby.

Los movimientos de Ruby en los momentos previos al asesinato fueron reconstruidos pormenorizadamente y dejan lugar a dudas sobre si había planificado el asesinato de Oswald o lo había perpetrado por un arrebato. Tampoco si había actuado por orden de alguien o por iniciativa propia.

Poco después de las 11 de la mañana cometió una infracción de tránsito – giró en “U” – para estacionar su auto cerca de un local de Western Union que se encontraba a muy poca distancia de la Jefatura de Policía. Cuando bajó, dejó encerrada en el auto a su perra “Sheba”. Hizo un envío de dinero en esa oficina, de la que salió a las 11.17 y se dirigió a la rampa que llevaba al subsuelo de la Jefatura. Cuatro minutos después mató a Oswald.

Ruby no podía saber que sería trasladado en ese preciso momento. A la prensa se le había informado que sería a las 10 de la mañana. Si Ruby planificó matar a Oswald, ¿por qué no fue a la hora señalada oficialmente?, ¿por qué fue hasta allí con su perra en el auto? Pero, por otra parte, ¿por qué llevaba un revólver en el bolsillo del saco?

Condenado apenas dos horas

El juicio contra Jack Ruby por el asesinato de Oswald empezó con la selección del jurado en febrero de 1964, donde hubo que elegir entre 900 preseleccionados. No era una elección fácil, porque se trataba de un caso donde todos tenían opinión formada desde el mismo día de los hechos y estaba relacionado con la muerte de un presidente. Además, el juez del caso, Joe Brown, estuvo a punto de ser sustituido por problemas cardíacos. Las audiencias se iniciaron en marzo y duraron once días. Ruby se declaró inocente y confesó que ni siquiera se acordaba del momento en el que disparó a Lee Harvey Oswald; dijo también que sufrió una epilepsia psicomotora por el dolor que le provocó el asesinato de Kennedy. No le sirvió de nada.

Jack Ruby se declaró inocente
Jack Ruby se declaró inocente y fue condenado en apenas dos horas y 19 minutos

En una de las sentencias más rápidas de la historia judicial estadounidense, el jurado deliberó apenas dos horas y 19 minutos antes de declararlo culpable. Sus abogados apelaron y en octubre de 1966 un tribunal superior anuló el juicio y ordenó realizar otro. La decisión se basó en el uso de testimonios indebidos de los policías sobre sus conversaciones con Ruby luego de la detención.

Jacob Leon Rubenstein no llegó a sentarse por segunda vez en el banquillo de los acusados. Murió de cáncer el 3 de enero de 1967 en el Parkland Memorial Hospital de Dallas, Texas.

Una grabación inútil

Veinticuatro horas antes de morir, Ruby aceptó que su hermano Earl y su abogado defensor, Elmer Gertz, lo interrogaran sobre el asesinato de Oswald. Más que de los hechos, el hermano Earl y el letrado Gertz intentaron que Ruby revelara en su lecho de muerte los verdaderos motivos que lo habían llevado a matar al presunto asesino de Kennedy. La entrevista quedó grabada y esta es su transcripción:

-¿Cuándo te diste cuenta de que habías herido a Oswald, Jack? – le pregunta el abogado.

-Bueno, es todo tan borroso, sucedió tan borroso que antes de darme cuenta estaba en el suelo, los oficiales me tenían en el suelo…

-¿Pero te habías dado cuenta de que habías hecho algo?

-Realmente pasó tan rápido… no puedo recordar qué pasó desde el momento en que llegué al final de la rampa (de ingreso a la Jefatura de Policía) hasta que los oficiales que me tuvieron en el suelo.

-¿Sabías cuándo iban a trasladar a Oswald, Jack?

-Voy a ser honesto contigo, no.

-¿No tenías idea?

-Más tarde me enteré de que se suponía que lo iban a trasladar a las diez.

-¿Nunca nadie le dijo que lo iban a trasladar?

-No.

-Entonces, ¿qué te hizo caminar hasta la cárcel (se refiere a la Jefatura de Policía)?

-Porque cuando llegaba con el auto vi a algunas personas en la rampa y la curiosidad me despertó un destello en mi mente al ver a la gente allí…

- ¿Hay algo más en lo que puedas pensar, Jack, algo más que hayas pensado cuando pasabas por allí o bajabas del auto?

-No sé qué pensar, sucedió.

-Quiero que pienses un minuto, ¿qué recordás de cuando llegaste al final de la rampa?

-Sí, lo hice… Como dije, me vino un destello desde el punto en la parte inferior de la rampa y un momento después estaba luchando con los oficiales de policía por el arma. En realidad, no sé qué pasó en ese momento.

-Lo estás haciendo muy bien, Jack. Descansemos un minuto.

En la cinta queda registrado el corte de la grabación. Cuando se reanuda, Earl le pregunta a su hermano:

-¿Por qué llevabas un arma?

-Siempre llevaba un arma debido a varios altercados que tuve en mi club y, a veces, llevaba grandes sumas de dinero.

-¿Hay algo más que quieras decir, Jack? – insiste Earl.

-El culo, estoy postrado en la cama y me duele.

-¿Tenés llagas?

-No, no son llagas, me duele el culo – responde Ruby y allí termina la grabación.

Fueron casi sus últimas palabras. Si Jack Ruby guardaba secretos sobre el asesinato de Kennedy se los llevó a la tumba. “Al matar a Oswald, Ruby asesinó a la verdad, porque mientras existió Oswald existió la posibilidad de poner en claro la verdad de aquel horror. La vida de Lee Oswald era el último reducto de una sociedad civilizada para establecer, con pruebas, los motivos del crimen y la culpabilidad de su autor. Ahora, con la muerte de Ruby, desaparece la última esperanza de descubrir la trama detrás de los hechos”, escribió al día siguiente uno de los editorialistas de USA Today.

Un informe escandaloso

Cuando Jack Ruby dejó el mundo de los vivos la Comisión Warren, encargada de esclarecer el asesinato del presidente, había dado a conocer sus conclusiones sin convencer a nadie. Había sido creada por Lyundon B. Johnson siete días después de la muerte de Kennedy con la misión concreta de investigar el magnicidio hasta las últimas consecuencias. Encabezada por el presidente de la Corte Suprema, Earl Warren, fueron convocados a integrarla el ex director de la CIA Allen Dulles, el senador republicano John Sherman Cooper, el senador demócrata Richard Russell, el congresista Hale Boggs, el ex presidente del Banco Mundial John McCloy y quien sería presidente de los Estados Unidos una década después, Gerald Ford.

El 27 de septiembre de 1964 Warren le había entregado a Johnson los resultados de la investigación. Eran veintiséis volúmenes y un informe final que el gobierno aceptó sin hacer ninguna objeción, aunque su contenido se caía a pedazos por inconsistente. En sus diez meses de trabajo, los miembros de la comisión analizaron 3.154 pruebas – entre pericias, autopsias, informes de balística y documentos secretos - y revisaron las declaraciones de 552 testigos seleccionados entre 26.550 que ya habían sido interrogados por el FBI. Sin embargo, después de una investigación tan exhaustiva, para Warren y los suyos no había puntos oscuros, ni siquiera grises en el asesinato del presidente.

Las conclusiones, que trataban de aventar todas las dudas, fueron que ningún miembro del gobierno estuvo involucrado ni participó de una conspiración para asesinar el presidente y que Lee Harvey Oswald mató Kennedy en una acción solitaria, sin colaboradores ni autores intelectuales que le ordenaran hacerlo. El asesino había atacado al presidente en un estado de desequilibrio mental, sin ninguna motivación de tipo político. Para perpetrar el magnicidio había realizado tres disparos desde el sexto piso del depósito de libros, dos de los cuales impactaron en el cuerpo de Kennedy. Oswald también mató al policía Tippit cuando trataba de escapar. La custodia de Kennedy había actuado con métodos desactualizados, que debían ser revisados para mejorar la seguridad presidencial.

Con el crimen de Lee
Con el crimen de Lee Harvey Oswald, Jack Ruby silenció la posiblidad del esclarecimiento del magnicidio que conmovió al mundo (Europa Press)

En otras palabras, el asesinato de Kennedy tenía un solo culpable y ningún conspirador. Eso hizo que el informe fuera recibido con una ola de críticas. Se lo calificó de maniobra de encubrimiento e incluso se señaló a sus principales responsables: Allen Dulles, quien estaba públicamente enfrentado con Kennedy por la fallida invasión a Cuba ocurrida en 1961, y Gerald Ford, un hombre muy cercano al director del FBI, Edgard Hoover, desembozado enemigo del presidente asesinado.

La Comisión concluyó también que Jack Ruby había actuado solo al matar a Oswald dos días después del magnicidio, y que pudo hacerlo debido a la negligencia en la seguridad policial. Caso cerrado.

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