
Cientos de seguidores se congregaron a las puertas del Palacio de Buckingham el 26 de octubre de 1965 cuando los cuatro miembros de The Beatles acudieron a recibir la Cruz de Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE), una distinción que marcaría un punto de inflexión tanto en la imagen pública de la banda como en las tradiciones de la corona británica. Durante la ceremonia, alrededor de 4.000 personas generaron una atmósfera de euforia y caos, saltando incluso las barreras de seguridad ante la llegada de sus ídolos, en un acto inédito para el protocolo habitual de la realeza.
La decisión de incluir a los integrantes de The Beatles en la lista de condecorados no carecía de contexto político. En 1964, Harold Wilson, al frente del Partido Laborista, logró un ajustado triunfo electoral en el Reino Unido y buscaba en tanto primer ministro, consolidar la simpatía del electorado más joven.

La calle Carnaby Street en Londres simbolizó la influencia de la banda en la moda, los peinados y la actitud que marcó a la juventud en la denominada Swinging London. El lanzamiento en 1962 de Love Me Do, seguido por el éxito del álbum Please Please Me, consolidó la presencia mundial del grupo y sirvió de antesala a su reconocimiento institucional en la segunda mitad de la década.
En ese marco, y mientras la Beatlemanía crecía, la recomendación de Wilson se materializó en el reconocimiento formal para el cuarteto de Liverpool.

Antes de ese reconocimiento, la carta enviada por la Casa Real a los integrantes de la banda, generó desconcierto entre los músicos, quienes desconocían los alcances de la distinción. Paul McCartney expresó sentirse halagado por el homenaje, mientras que Ringo Starr manifestó entusiasmo por la oportunidad de conocer a la Reina Isabel II. Contrariamente, John Lennon se mostró indiferente e incluso consideró no aceptar la medalla. “Al ver el sobre con el membrete de la OHMS (Al Servicio de Su Majestad) creí que me llamaban para enlistarme en el ejército… Pero en realidad, antes de concederte un MBE, el Palacio te escribe preguntándote si vas a aceptarlo, porque no puedes rechazarlo públicamente, entonces primero te sondean. En aquel momento puse la carta con el correo de mis fans hasta que Brian Epstein me preguntó si la tenía. Él y algunos otros me habían persuadido de que no nos interesaba aceptar. Me resultaba violento”, recordó Lennon.

No era la primera ocasión en que los caminos de la reina y los Beatles se cruzaban. En 1963, el grupo se presentó en un espectáculo de variedades para la corona, donde Lennon protagonizó un episodio recordado al dirigirse al palco real con ironía: pidió que “los de los asientos baratos batan palmas” y sugirió a los ubicados en las butacas “más caras” que “batan sus joyas”.
La nominación para los premios es abierta: cualquier ciudadano puede hacerla. Los MBE son reconocimientos a personas destacadas en actividades de caridad, las artes, la cultura, el deporte y otros ámbitos. Cuando se anunció en junio de 1965 que los Beatles serían galardonados hubo reacciones en contra. Una de ellas fue la del coronel Frederick Wagg quien devolvió las doce medallas que había recibido por su servicio en las dos guerras mundiales y renunció al Partido Laborista como acto de repudio: no aceptaban la idea de que una banda de pop recibiera una alta distinción de la realeza. El diputado canadiense Hector Dupuis llegó a declarar: “La realeza británica me ha puesto al mismo nivel que un grupo de vulgares imbéciles”. Y devolvió su reconocimiento.

A pesar del rechazo de sectores conservadores, la reina se mantuvo firme en su decisión. La ceremonia de entrega se llevó a cabo en la Sala del Trono. Allí, los Beatles —Paul McCartney, George Harrison, John Lennon y Ringo Starr— ingresaron mientras la banda de los Coldstream Guards interpretaba melodías tradicionales. Formaron una fila y recibieron la medalla de las manos de Isabel II, intercambiaron algunas palabras con la monarca, realizaron reverencias de rigor y procedieron a firmar autógrafos para algunos miembros de la realeza.
Las anécdotas de aquel día han sobrevivido durante décadas. Lennon contó que la tensión previa al encuentro los llevó al baño del palacio y, según su versión, allí fumaron un cigarrillo de marihuana antes de enfrentarse a la reina. “Sonreíamos como tontos porque acabábamos de fumarnos un porro en el baño del palacio de Buckingham. Estábamos nerviosísimos, no sabíamos qué decir. La reina estaba sentada en una cosa muy grande y dijo algo así como ‘bla, bla bla’, no lo terminamos de entender”, confesó el músico. George Harrison desmintió la historia, asegurando que solo fue tabaco lo que consumieron, mientras que Ringo prefirió no aclarar la situación: “No estoy seguro sobre si habíamos fumado marihuana. De todas formas, el palacio es un sitio rarísimo”.

Durante la conferencia de prensa posterior a la ceremonia, los Beatles describieron sus impresiones ante los medios. McCartney calificó el palacio como “una vivienda estupenda” y aseguró que la reina los trató “como una madre”. Consultado sobre si sentían temor, Lennon respondió: “No tanto como otros”.
A nivel visual, la condecoración tuvo presencia en la iconografía de la banda. Paul McCartney y George Harrison posaron con la medalla en la portada del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, editado en 1967. Ringo Starr conservó la insignia en su hogar, pero para John Lennon ocurrió algo distinto: decidió obsequiársela a su tía Mimi Smith, quien la colocó sobre la chimenea.
Sin embargo, la relación de Lennon con la distinción cambió radicalmente cuatro años después. En ese entonces, en pleno proceso de radicalización política y acompañado por Yoko Ono, Lennon devolvió la MBE a la reina, junto a una misiva que explicaba sus razones: “Su Majestad, estoy devolviendo mi MBE a modo de protesta en contra del involucramiento de Gran Bretaña en el conflicto entre Nigeria y Biafra, en contra del apoyo a Norteamérica en Vietnam y en contra de la caída de ‘Cold Turkey’ en los charts. Con amor, John Lennon”.
La devolución de la medalla fue interpretada por algunos como una maniobra publicitaria, coincidiendo con las modestas ventas del sencillo “Cold Turkey” que había editado Lennon por fuera de los Beatles. Lennon reconoció tiempo después que había meditado mucho la decisión y que, ante la certeza de que la noticia acabaría trascendiendo, eligió hacerla pública. La medalla original entregada a Lennon fue localizada en 2009, dentro de una bóveda en el Palacio de St. James, en Westminster.

El vínculo entre la banda de Liverpool y la monarquía británica no terminó allí. Con los años, tanto Paul McCartney como Ringo Starr recibieron otros honores por parte de la corona. McCartney fue investido Sir en 1996, ocasión en la que expresó vía comunicado: “Este es un gran honor para mí y para mi familia. Pienso en lo orgullosos que se hubiesen sentido mi madre y mi padre en Liverpool”. Más tarde, Ringo Starr obtuvo el mismo reconocimiento. “Es un honor y un placer ser considerado y reconocido”, afirmó tras la ceremonia de investidura realizada en 2018 con el príncipe William.
La condecoración a McCartney se concedió específicamente por sus servicios a la música, mientras que la distinción a Ringo Starr incluyó la mención de “aportes a causas como el SIDA, el hambre y la pobreza, entre otras”. A raíz del nombramiento, McCartney felicitó a su excompañero mediante redes sociales: “¡Sir Ringo! ¡El mejor baterista y el mejor compañero!”.

Aquel día de octubre de hace 60 años, los Beatles llegaron al Palacio de Buckingham en un Rolls Royce negro con vidrios polarizados. Atravesaron la explanada de Buckingham mientras oficiales y custodios contenían a los admiradores más entusiastas.
Adentro del palacio, los integrantes observaron con atención todos los detalles ceremoniales e hicieron las reverencias correspondientes a su nombramiento. La reina, por su parte, intercambió breves palabras con cada uno, interrogando sobre su carrera y haciendo comentarios distendidos.
Ringo Starr bromeó años más tarde, al recordar que la reina tuvo “una mirada extraña, como que se quería reír o, tal vez, pensaba: ‘¡Córtenles las cabezas!’”, evocando la mezcla de tensión y desconcierto que sobrevoló aquella jornada. Hace 60 años.
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