A 70 años de la muerte de Albert Einstein: cómo murió y el insólito destino de su cerebro

Su fallecimiento, lejos de ser el cierre discreto que había imaginado, dio inicio a una historia marcada por decisiones médicas no autorizadas, frascos de conservas, viajes en el baúl de un coche y décadas de controversia científica

Guardar
Albert Einstein murió el 18
Albert Einstein murió el 18 de abril de 1955 tras rechazar una operación que podría haberle salvado la vida (EFE)

En la madrugada del 18 de abril de 1955, Albert Einstein murió en el Centro Médico Universitario de Princeton, en Plainsboro, Nueva Jersey. Su muerte fue causada por un aneurisma abdominal, una afección en la que la aorta se debilitó y terminó por desgarrarse.

book img

Albert Einstein. El genio que te sacó la lengua y te enseñó que todo es relativo

Por Carolina Balbiani

eBook

Gratis

Descargar

La arteria más grande del cuerpo se comportó como un neumático viejo que revienta, y el desgarro se extendió a lo largo del vaso sanguíneo. Hoy este tipo de casos se tratan con cirugía de injerto con tubos de Dacron, pero en los años cincuenta ese procedimiento todavía era experimental y riesgoso.

Cuando los médicos le ofrecieron la operación, Einstein se negó. Según PBS, respondió: “Quiero irme cuando yo quiera. Es de mal gusto prolongar la vida artificialmente. Ya hice mi parte; es hora de irme. Lo haré con elegancia”.

Su muerte a los 76 años, fue inmediatamente noticia en todo el mundo.

El físico alemán pidió que
El físico alemán pidió que sus restos fueran incinerados y sus cenizas arrojadas en secreto para evitar el culto a su figura (Wikipedia)

Sin embargo, en vida Einstein había dejado instrucciones precisas para evitar el culto a su figura: no quería que su casa ni su oficina se convirtieran en museos, ni que sus restos fueran venerados.

National Geographic recuerda su petición expresa: “Quiero que me incineren para que la gente no vaya a adorar mis huesos”.

Sus restos fueron cremados en una ceremonia íntima en Trenton, a la que asistieron solo familiares y amigos cercanos. Las cenizas fueron arrojadas al río Delaware. El público, sin saberlo, quedó excluido de todo rito fúnebre.

Sin embargo, esa noe s la historia completa. En secreto, el patólogo Thomas Stoltz Harvey, encargado de realizar la autopsia en el hospital de Princeton, extrajo el cerebro del físico sin contar con el consentimiento familiar.

Thomas Stoltz Harvey fue el
Thomas Stoltz Harvey fue el patólogo que extrajo el cerebro de Einstein durante la autopsia, sin autorización familiar (Thomas Stoltz Harvey)

Según detalló Live Science, Harvey cortó el cerebro en 240 bloques y los conservó en su poder personal durante más de 40 años.

En un principio, justificó la extracción como un gesto científico, y más tarde, cuando comenzaron a circular rumores, logró que el hijo mayor de Einstein, Hans Albert, le concediera el permiso para conservarlo “únicamente para fines científicos”, precisó a National Geographic.

La decisión de Harvey provocó consecuencias inmediatas. El Hospital de Princeton lo despidió en el acto al descubrir que había retenido sin autorización un órgano humano.

A pesar de haber sido luego contratado por la Universidad de Pensilvania, Harvey se llevó el cerebro consigo, lo conservó en celoidina, una sustancia de celulosa rígida, y preparó doce juegos de 200 diapositivas con secciones del tejido cerebral.

Según Live Science, también tomó varias fotografías del cerebro desde distintos ángulos antes de proceder a cortarlo.

Los fragmentos restantes los almacenó en frascos con alcohol, que ocultó en el sótano de su casa y luego transportó en una caja de cartón en el maletero de su coche, recorriendo Estados Unidos y Canadá.

Durante años, animó a científicos y neurólogos en examinar el cerebro. National Geographic indica que, en un principio, todos lo rechazaron: lo consideraban un excéntrico o no le creían. En 1978, el periodista Steven Levy, del New Jersey Monthly, logró ubicarlo. Harvey accedió a una entrevista y reveló que aún guardaba el cerebro en su casa, en una caja de sidra escondida bajo un enfriador de cerveza.

La entrevista, titulada “Yo encontré el cerebro de Einstein”, reavivó el interés público y científico. Según National Geographic, fue leída por la neuróloga Marian Diamond, de la Universidad de California en Berkeley, quien pidió una muestra.

Fragmentos del cerebro de Einstein
Fragmentos del cerebro de Einstein se encuentran hoy en museos, laboratorios y posiblemente en lugares desconocidos

Diamond fue la primera en realizar un estudio científico basado en el cerebro de Einstein. En 1985 publicó sus resultados, según los cuales el cerebro del físico contenía una proporción significativamente mayor de células gliales por neurona.

Las células gliales, explicó, son responsables de sostener y proteger a las neuronas. A partir de ese trabajo inicial, se publicaron al menos cinco estudios adicionales.

Según Live Science, los análisis describieron particularidades anatómicas como una hendidura adicional en el lóbulo frontal, vinculada a la memoria de trabajo y la planificación, y una mayor densidad neuronal en ciertas regiones, lo que podría haber favorecido la velocidad de procesamiento mental.

A pesar de esos avances científicos, la vida de Harvey entró en una espiral de deterioro. National Geographic señala que su esposa lo dejó acusándolo de obsesionarse con el cerebro y finalmente falleció por una larga enfermedad.

Harvey conservó el cerebro durante
Harvey conservó el cerebro durante más de 40 años, lo cortó en cientos de trozos y lo transportó por Estados Unidos en una caja de cartón (Wikipedia)

Tres años más tarde, esos restos fueron donados al Museo Nacional de Salud y Medicina del Ejército de Estados Unidos, junto con 14 fotografías inéditas del cerebro tomadas desde múltiples ángulos.

Live Science indica que otros 170 fragmentos están bajo custodia del University Medical Center of Princeton, y que 46 láminas de tejido se encuentran en exhibición en el Mütter Museum de Filadelfia.

Aún así, muchos otros fragmentos fueron distribuidos durante décadas y siguen desaparecidos. El cerebro de Einstein podría estar en cualquier parte...

Últimas Noticias

Nunca es tarde para el talento: Carmelina Iannelli (94) empezó a pintar y a escribir a los 86 años

Su obra es una mirada íntima a la cotidianidad en el sur de Italia. Ella escribe y pinta su historia entre Calabria y Buenos Aires: “Desarrollé de repente todo este mundo de arte que hoy es el motivo por el cual estoy en actividad todo el día”

Nunca es tarde para el

Kurt Cobain: el enigma detrás de las letras y la lucha contra los mitos que rodearon a Nirvana

El vocalista se opuso a las lecturas forzadas de sus canciones y defendió la naturalidad creativa frente al análisis excesivo. El debate sobre el verdadero sentido de sus composiciones alimentó el misterio que marcó a toda una generación

Kurt Cobain: el enigma detrás

El enigma de Amy Lynn Bradley: un viaje en crucero, cuatro teorías y un misterio que lleva más de dos décadas sin resolverse

El 21 de febrero de 1998 la joven de 23 años embarcó junto a su familia en un crucero de lujo por el caribe. Tres días más tarde, antes de llegar a Curazao, se desvaneció en el aire. La búsqueda nunca dio resultados. Pero la familia no de detiene y persiste: quieren saber qué sucedió

El enigma de Amy Lynn

La protesta pacífica de una multitud indefensa que terminó con 69 muertos por la espalda: así fue la masacre de Sharpeville

El 21 de marzo de 1960 la policía sudafricana abrió fuego contra manifestantes que rechazaban pacíficamente la “ley de pases”, una medida del apartheid que restringía los derechos de la población negra y controlaba sus movimientos

La protesta pacífica de una

Los días finales de Isabel presidente, una salud deteriorada y una confesión a su enfermera: “No quería seguir, quería renunciar”

En los meses previos al golpe, Isabel Perón pidió una licencia médica y debió internarse por un cuadro de anemia. Pesaba apenas 43 kilos, por lo que tuvo que cambiar de médico de cabecera. “Le dolía todo, en medio del desorden que se vivía en el gobierno”, decía el informe. Los testimonios del cardiólogo Carlos Garbelino y la enfermera Norma Bailo y el recuerdo de su último día de trabajo

Los días finales de Isabel