
Hace 105 años nacía en el barrio de Bangu, en Río de Janeiro, el celebrado escritor brasileño José Mauro de Vasconcelos, quien hizo de su infancia en la más triste pobreza una fuente inagotable de inspiración.
Su obra más emblemática, Mi planta de naranja lima, publicada en 1968, que le otorgó reconocimiento internacional y consolidó su lugar en la historia de la literatura de Brasil, todavía es leída y sus personajes recordados: el protagonista Zezé, de cinco años, y todos sus hermanos - Totoca, Gloria, Lala, Jandira, Antonio y Luis-, quienes se protegen unos a otros. Como si fuese un adulto, Zezé hace lo imposible para que su pequeño hermano Luis tenga su regalo de Navidad. Luego de aventurarse por las calles del pueblo con él de la mano, llega tarde a la entrega de juguetes en una fábrica. Los únicos que podrían haber recibido. “Llegamos allá muertos de cansancio. No había nadie. Ni parecía que hubiera habido distribución de juguetes. Pero la hubo, sí. porque la calle estaba llena de papel de seda arrugado. Los trocitos de papel coloreaban la arena”. Su padre estaba hacía meses desempleado. En ese momento, a esa tierna edad, Zezé descubre el dolor, le explotaba el pecho con la enorme amargura que estaba viviendo con su hermanito. “No importa, Luis. ¿Sabés? Voy a pedirle a Totoca [su hermano] que le cambie la cola a mi caballito Rayo de Luna para dártelo como regalo de Papá Noel”. Las palabras de Vasconcelos llegan cargadas de emoción, sin grandes recursos literarios.
“Fundamentalmente, es el corazón del público que lo él busca, mucho más que su intelecto. Sus libros son mensajes de un espíritu a otro y nunca una vacía demostración de academicismo. En ese empeño intervienen los recuerdos de su vida en la misma medida en que lo hacen sus recursos de novelista. Como lo demuestran las múltiples ediciones de cada uno de sus títulos, Vasconcelos supo encontrar el camino que conduce al lector”, escribió sobre el autor Haydee M. Jofre Barroso.
La lucha por la supervivencia
José Mauro de Vasconcelos era hijo de una madre indígena y un padre portugués, y desde niño enfrentó grandes dificultades económicas. Su personaje en esta autobiografía lustraba zapatos en las calles mientras andaba descalzo. La precaria situación lo obligó a trasladarse a Natal, en el estado de Río Grande del Norte, donde quedó al cuidado de unos primos. Estas experiencias marcaron profundamente su sensibilidad.
La lucha diaria por la supervivencia en los primeros años de vida marcó su carácter y alimentó su empatía hacia los que menos tienen, que se expresa a lo largo de toda su producción literaria.

Antes de convertirse en un reconocido escritor, Vasconcelos aprendió a ganarse la vida con múltiples oficios. Fue instructor de boxeadores de peso pluma, cargador de bananas en una “fazenda” del litoral de Río de Janeiro, pescador y maestro en una escuela para pescadores. También trabajó como modelo en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro, donde en 1941 posó para el escultor Bruno Giorgi en su Monumento a la Juventud.
Su espíritu inquieto lo llevó a viajar dentro y fuera de Brasil. Gracias a una beca de estudios, conoció varios países europeos, y a su regreso, se unió a los hermanos Villas-Bôas en la exploración de la cuenca del río Araguaia, en la Amazonia. Durante este período, convivió con los garimpeiros—buscadores de oro y piedras preciosas—y con comunidades indígenas, experiencias que lo marcaron profundamente y le ofrecieron gran material para sus futuras novelas.
Si bien el carioca tuvo la oportunidad de cursar dos años de la carrera de Medicina en Natal, la abandonó antes de completarla. Más tarde, en el mundo de las letras, se convirtió en un autodidacta.

Su obra autobiográfica
Su primer libro, Banana Brava, fue publicado en 1942, a los 22 años. Inspirado en sus vivencias con los garimpeiros en la cuenca del río Araguaia, esta novela, que en los países de habla hispana se editó bajo el título Hombres sin piedad, marcó el comienzo de su carrera como escritor.
Con el paso de los años, continuó explorando distintas facetas de la sociedad brasileña en sus relatos. En Raya de fuego (1955), narró las dificultades del contacto entre exploradores y comunidades indígenas. Sin embargo, el primer gran reconocimiento de la crítica llegó en 1945 con Barro Blanco, novela ambientada en las salinas de Macau, en Río Grande del Norte.
El éxito popular lo alcanzó en 1962 con Rosinha, mi canoa, pero fue con Mi planta de naranja lima (1968) que obtuvo reconocimiento internacional. Esta novela, basada en su infancia en Bangu, cuenta la historia de Zezé, un niño sensible y soñador que encuentra consuelo en un árbol de naranja lima en medio de tantas privaciones y violencia familiar. Todos le pegaban en la casa. El impacto de la obra fue tal que sigue siendo una de las más difundidas de la literatura brasileña.
A partir de allí, Vasconcelos estructuró una tetralogía autobiográfica, aunque no fueron escritas en orden cronológico. Vamos a calentar el sol (1974) aborda su adolescencia en Natal, Doidao (1963) se centra en su juventud y Las confesiones de Fray Calabaza (1966) retrata su vida adulta.

Además del tema de la pobreza, las novelas de José Mauro de Vasconcelos también dan cuenta de su amor por la naturaleza, que estalla de colores, sonidos y aromas. En sus relatos, visibiliza la difícil relación entre los aborígenes y la modernidad, y la dureza del trabajo en regiones aisladas de Brasil.
Otro aspecto destacado de su vida fue su vínculo con las comunidades indígenas. Su tiempo en la selva amazónica lo llevó a involucrarse en la protección de los pueblos originarios, a quienes asistió como enfermero, guía y consejero.
Su estilo directo
Uno de los rasgos más característicos de su escritura es su lenguaje directo, con fuerte presencia de regionalismos. Su estilo narrativo se nutre de la oralidad, influenciado por los “repentistas”, narradores populares que contaban historias a través de canciones y relatos improvisados. Él mismo fue un cuentista oral: ayudado con la mímica, los cambios de entonación de voz y su rica imaginación, mantenía atrapado al público. Y un día, comenzó a volcarlos en forma escrita, como cuentos y novelas.
Para Vasconcelos, la escritura era algo más que un ejercicio intelectual. Era una forma de transmitir emociones de manera inmediata y sin artificios. En sus propias palabras: “Cuando la historia está enteramente realizada en mi imaginación, comienzo a escribir. Solamente trabajo cuando tengo la impresión de que toda la novela está saliéndome por los poros del cuerpo”.
Si bien su carrera literaria comenzó en los años 40, el gran reconocimiento llegó con Mi planta de naranja lima, que se convirtió en un fenómeno editorial. Fue llevada al cine, la televisión y el teatro en múltiples ocasiones. La primera adaptación cinematográfica fue dirigida por Aurelio Teixeira en 1970, y la historia fue recreada en tres telenovelas: en 1970 para la Rede Tupi, y en 1980 y 1998 para la Rede Bandeirantes. En 2011, la novela tuvo una nueva versión cinematográfica.
Otras de sus obras también fueron adaptadas, como Vazante, Arara Vermelha, Rúa Descalça y Las confesiones de Fray Calabaza.
La actuación
Además de escritor, José Mauro de Vasconcelos hizo una carrera en el mundo del espectáculo. Fue actor de cine y televisión, e incluso escribió guiones. Además de sus propias historias, interpretó personajes en producciones de otros autores.

El novelista murió el 24 de julio de 1984 en San Pablo a los 64 años, tras permanecer 20 días en coma como consecuencia de una bronconeumonía. A pesar de su partida, con sus libros traducidos a varios idiomas y reeditados constantemente, su legado continúa vigente.
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