Un 22 de diciembre de 2014, moría en su casa de Colorado a los 70 años, Joe Cocker, la gran voz británica del soul y blues, como consecuencia de un cáncer de pulmón. Dueño de una voz única, grave y arenosa se convirtió en una leyenda desde sus inicios, a los 25 años, cuando en el escenario del Festival de Woodstock, en agosto de 1969 dio muestras que sería una gran estrella internacional. Como poseído por la música, con movimientos espásticos, una guitarra invisible en la mano, pelos largos al viento y frondosas patillas, el joven Joe Cocker enloqueció a las masas. Tenía talento de sobra y el festival lo coronó.
De ahí en más, su carrera fue en permanente ascenso, dejando un total de 45 discos y muchos hits en su carrera, como When the night comes, You are so beautiful, Up Where We Belong y You can leave your hat on. Este último tema fue distinto a todos porque popularizó su nombre a escala planetaria por la película de alto contenido erótico de 9 semanas y media, estrenada en 1986. Dirigida por Adrian Lyne, la película cuenta la historia “hot” y peligrosa entre una divorciada Elizabeth McGraw, interpretada por la rubia despampanante Kim Basinger y John Gray, con un seductor Mickey Rourke en su mejor momento. El tema de Cocker, escrito por Randy Newman en 1972, musicalizó la escena del striptease de Basinger, ante la encendida mirada de Rourke. Las escenas de la película, con la actriz a contraluz detrás de una persiana americana, dieron vida también al videoclip del cantante.
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Gracias a ese film Joe Cocker llegó a ser apreciado por personas que desconocían que tuviera en su haber 16 álbumes, por aquel entonces. Tal vez esos fueron los momentos con mayor visibilidad en su carrera.
Sus inicios
En una entrevista Joe Cocker recordaba su infancia junto a su hermano que le llevaba tres años. Una infancia agradable, con poco dinero pero feliz en las afueras de la industrial Sheffield, donde tenían un parque en el fondo, en el norte de Inglaterra. John Robert Cocker nació un 20 de mayo de 1944. Su padre se llamaba Harold, era un funcionario público y su madre, Madge Lee. En los últimos años de su vida el cantante recordó una etapa de su infancia y adolescencia, en la que era rebelde, “un chico malo”, que no llegó a completar su escuela primaria. Se inició en la música con una batería con la que estudiaba en el medio del living de la pequeña casa. “Yo tocaba hasta las seis de la tarde, cuando llegaba mi papá del trabajo, que odiaba seguir viéndome tocar, esperaba que juntara todo. Él nunca vino a verme a un espectáculo”, confesó en una entrevista con Number 1. La única vez que lo vio actuar fue en Top of de Pops, en la televisión inglesa.
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Su madre, que sufría de alcoholismo, fue quien lo respaldó en su carrera musical. Ella sabía que su hijo era rebelde, que en la escuela no andaba bien pero también descubrió que llevaba la música en la sangre cuando a los 13 años lo veía escuchar discos de rock n’ roll de Estados Unidos, cuando lo escuchaba cantar en la casa, también con un amigo con una guitarra en el jardín, cuando despertaban todo el vecindario. Joe escuchaba en esa época a Ray Charles y a Lonnie Donegan, sus primeras influencias. Cuando abandonó la escuela, empezó a trabajar como aprendiz de gasista, oficio que mantuvo durante por lo menos cinco años y a dedicar más tiempo a la música. Mientras tanto, su padre le decía que se buscara un buen trabajo. Y finalmente, lo hizo. Cantando.

La leyenda dice que la primera vez que cantó ante un micrófono fue cuando tenia apenas 12 años, en la banda de skiffle de su hermano Víctor. El cantante se preguntaba qué hubiese sido de su vida si se hubiese expuesto a esa misma edad, cuando llegó un concurso musical a Sheffield en la que se presentó su hermano con su banda. Joe quería cantar, pero le negaron esa posibilidad y decidieron tocar por su cuenta. Llegaron hasta la semi final y perdieron. ¿Si hubiese estado ahí, que hubiera sucedido con su carrera a esa edad? Preguntas que se hacía de viejo. Joe ya había dejado la batería porque se dio cuenta de que tocar y cantar al mismo tiempo era demasiado complicado, por lo que optó por su mejor instrumento, su voz. Además, dijo que le seducía estar en lugar de esos jóvenes que andaban de trajecito, impecables con su pinta, que era lo opuesto. De forma temprana, adoptó el hábito cantar parado, frente a un micrófono con soporte. El micrófono en la mano para Cocker era una incomodidad.
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Joe Cocker en sus inicios fue conocido con otro nombre, uno artístico, Vance Arnold, que era una mezcla de un personaje de Elvis Presley en Jailhous Rock, Vince Everett y el nombre de un cantante de country, Eddy Arnold. La banda se llamaba Vance Arnold & The Avengers. Tocaban en los pubs de su pueblo, haciendo covers de Ray Charles y Chuck Berry. En el 63 fueron teloneros de una nueva banda llamada The Rolling Stones, en el Sheffield City Hall.

En 1964 llegó su primer contrato discográfico, del sello británico Decca, que en 1962 había rechazado a Los Beatles, para grabar con un grupo llamado The Tremeloes. Dick Rowe, el jefe de la división de música popular, dijo Los Beatles “no nos gusta su sonido y esa música de guitarra está en decadencia”, mientras que el cazatalentos del equipo, Mike Smith también aportó lo suyo en este error histórico: “Estos muchachos no tienen la menor posibilidad de triunfar”. Con ellos Joe Cocker grabó “I’ll Cry instead”, una tema precisamente de Los Beatles, con las guitarras de Big Jim Sullivan y Jimmy Page. El single no tuvo el éxito esperado, por más que el sello lo vendiera como un talento joven de clase obrera. El single no anduvo bien en ventas y pasó al olvido. A partir de ese momento creó una nueva banda, Joe Cocker’s Blues.
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El fracaso comercial de ese trabajo fue un trago amargo para el cantante que debía volver a su vida gris de gasista cuando había probado “el sabor de una vida diferente”. Después de otros intentos, logró su objetivo también con un tema prestado, una versión de Los Beatles de With a little help from my friends. El tema, que fue la cortina musical de una serie de TV, The wonder years, llegó a ser número uno en el ranking británico, y ocupó distintos puestos a lo largo de 30 semanas. Ya nada sería igual.

Tan impresionados quedaron Paul y John con la interpretación de esa canción que habilitaron a Cocker a hacer otras versiones de Something y She came in through the bathroom window”. En esa oportunidad, le mandaron un telegrama de felicitación por ser el número uno, contó el cantante de Sheffield. Paul McCartney recordó con sentidas palabras la muerte de Joe remontándose a estos lejanos tiempos. “Era un chico norteño encantador que me gustaba mucho, y al igual que mucha gente, me encantaba su forma de cantar. Me gustó especialmente cuando decidió versionar “With a Little Help from My Friends” y le recuerdo a él y a Denny Cordell viniendo a Savile Row y reproduciendo lo que habían grabado, y era simplemente alucinante. Habían convertido totalmente la canción en un himno del soul y le estuve eternamente agradecido por haber hecho eso».
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Su presentación en Woodstock fue grandiosa. Tal vez sea una de las actuaciones más recordadas, por estilo arrollador, su voz poderosa y movimientos involuntarios de brazos y piernas, el llamado Síndrome de Joe Cocker. El 17 de agosto de 1969 abrió el tercer día del concierto en la granja de Bethel y cantó ante un millón de hippies embarrados. Todo venía bien hasta que una tormenta eléctrica interrumpió su show. Sin embargo, pudo reanudarlo, dentro de un repertorio de 10 canciones, a lo largo de 40 minutos de gloria, entre ellas, Let’s got get stoned, que Ray Charles había llevado al puesto número 1, “I shall be realised”, de Bob Dylan y “With a Little Help from My Friends”.
Después del salto a la fama a nivel internacional en Woodstock, en 1970 se embarcó en una caótica gira por 48 ciudades de Estados Unidos, acompañado por 40 músicos, llamados Mad dogs & englishmen (perros locos y hombre ingleses. La locura terminó bastante bien, a pesar los excesos. Una película y un álbum documentan esa gira interminable. Dicen que su estilo desaliñado, era un reflejo de su vida en esos tiempos donde estaba pasado de marihuana, heroína sumado a una depresión que logró superar. Cuando parecía que tocaba fondo, el león volvía a rugir. Con “You are so beautiful”, volvió a brillar en los escenarios. Un tema de otro, también.
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En 2007 fue condecorado por la reina Isabel II quien le entregó la medalla que lo nombraba Oficial del Imperio Británico por sus servicios a la música. El último álbum de estudio Fire It Up fue grabado en 2012- Y luego de una gira por Europa, dio su concierto final en el Hammersmith Apollo londinense.
En sus últimos años, Joe vivía con su segunda esposa, Pam Baker, en una casa rural en Colorado, del que se enamoró durante una gira en 1990. Vivían en Santa Bárbara y habían visitado un centro de esquí, y tenían la ilusión de comprar una cabaña de madera para pasar los veranos. Como había ganado mucho dinero con “Unchain my heart”, se abocó a este proyecto. Construyó su “oasis” en el mundo, en una zona de granjas, donde además de plantar tomates y pasear con sus perros, se dedicó a jugar a un billar histórico, que se había llevado de Inglaterra y pertenecía a un miembro de la realeza. Jugaba con sus vecinos.
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Berrie Marshall, su agente, confirmaba el 22 de diciembre de 2014 la muerte del artista. “Fue sin duda alguna la mayor voz de rock y soul que nunca dio el Reino Unido. Fue el mismo hombre durante toda su vida. Tenía verdadero talento, era una auténtica estrella, pero al mismo tiempo un hombre amable y humilde que amaba estar sobre el escenario. Cualquiera que le haya visto alguna vez en directo no podrá olvidarle”.
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