
A metros del Obelisco porteño se encuentra el Museo de la Policía Federal Argentina, que propone, entre otras cosas, un recorrido por la historia del delito argentino con instrumentos secuestrados a delincuentes de diferentes épocas, drogas peligrosas, billetes falsos, el esqueleto del perro Chonino, una maqueta que reconstruye el atentado de la AMIA, macabras fotos judiciales, y creaciones ejecutadas por policías-inventores con impacto internacional.
Este es un lugar casi desconocido para el público, ya que se encuentra fuera de la ruta de los museos tradicionales de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, cuenta con aproximadamente 7000 piezas históricas vinculadas a la historia policial.

El museo fue fundado el 24 de abril de 1899 bajo la jefatura y promoción del Dr. Francisco Beazley. Este es uno de los museos más antiguos de su clase a nivel mundial. Surge originalmente como un museo-escuela que, a partir de la exposición de armas, objetos y artefactos secuestrados a delincuentes, enseñaba al personal de la Institución, en ese entonces la “Policía de la Capital”, sobre las múltiples formas en que operaba la criminalidad. El museo tuvo varias sedes y desde 1967 se encuentra en su actual ubicación, en la calle San Martin 353 de la Ciudad de Buenos Aires en los pisos séptimo y octavo.

El museo policial propone un recorrido en la historia del delito argentino. En el séptimo piso cuenta con una Sala de Historia, una galería de iconografías y uniformes de distintas épocas, que evidencia la evolución de la fuerza, y a su vez de los materiales y géneros que se usaban. De manera contigua se encuentra la sala más importante, la de Medallística Policial de América Latina. El recorrido sigue con una sala de Policías Extranjeras, una de Comunicaciones, donde se exponen equipos muy antiguos y rudimentarios con los cuales la policía se comunicaba con las comisarías desde las calles. También hay una sala de Policía Técnica y una de Bomberos. Se exhibe una amplia colección de armas históricas, y un espacio-homenaje para los Caídos en cumplimiento del deber.

La segunda sección del octavo piso es un recorrido por la historia del delito en sus diversas formas. En ese sector se encuentran una Sala de Toxicomanía y Drogas peligrosas, una Sala de Robos y Hurtos, una Sala de Falsificaciones, una Sala de Fotografía Judicial y una Sala de Medicina Legal. También llama la atención la sala de Juegos Prohibidos y Estafas, en la que se encuentran juegos muy antiguos que fueron secuestrados por ser una trampa para las víctimas del siglo XIX. Entre ellos se encuentran “La Flor Azteca”, “puñales de vudú”, cráneos y bolas de cristal secuestrados a adivinas.
La icónica tapa del ataúd de Perón
La tapa del ataúd del ex presidente Juan Domingo Perón forma parte del patrimonio del museo. Se trata de una tapa de madera del cofre junto con el blindex craquelado que se encuentra en custodia judicial en el octavo piso del museo policial.
El ataúd presidencial de Perón estaba en la bóveda familiar en el cementerio de la Chacharita, bajo cuatro llaves y con una tapa blindada de más de 100 kilos.

El 29 de junio de 1987, los profanadores expertos lograron romper el blindex y pudieron acceder a la tapa del ataúd y perforar la lámina metálica que separaba el cuerpo embalsamado del General. Con una sierra mutilaron las manos y las robaron, junto con el sable y el gorro.
Hasta el día de hoy hay muchas historias y mitos. Lo cierto es que cuatro personas cercanas al caso murieron en circunstancias oscuras e inexplicables generando más misterio a esta causa judicial que aún sigue abierta.

Leyenda negra de la historia criminal argentina
Al ingresar al sector restringido se encuentran las fotos policiales de los crímenes más recordados como la del “Petiso Orejudo”, que quedó en el imaginario colectivo y es considerado el primer asesino serial argentino. Allí se puede ver cada foto de los niños que fueron víctimas de sus crímenes más morbosos. Según se relata en el museo, el “Petiso Orejudo” - cuyo nombre real era Cayetano Santos Godino- murió en la cárcel en mano de los otros presos, ya que habría matado al gato, que era la mascota de los reclusos.
En este sector restringido al público se encuentran reconstrucciones de cuerpos mutilados que fueron víctimas de los delitos más aberrantes de la historia del crimen argentino. También hay vitrinas con réplicas de partes del cuerpo de víctimas de delitos sexuales.

Objetos que milagrosamente salvaron vidas
Junto al crimen ocurrieron episodios milagrosos. Y con ellos, objetos que evitaron desenlaces fatales. En las distintas vitrinas se encuentran partes del uniforme que usaban los policías durante el servicio y que permitieron milagrosamente salvar la vida a algún oficial durante un enfrentamiento.
Los objetos van desde un escudo de la policía, un gorro, hasta un nudo de corbata.

Uno de los policías que salvo su vida con estos objetos fue el cabo primero Rubén Marcelo Almada, de la delegación de Rosario de la Policía Federal Argentina, quien recibió un disparo que le impactó en la chapa de pecho, lo que produjo en la misma una visible hendidura y permitió que el proyectil no lo hiriera en su cuerpo.

El DNI, un invento de la policía
El prontuario empleado por la Policía Federal Argentina posteriormente daría origen al DNI. El Legajo Personal o Prontuario fue instituido a comienzos de 1903 y está destinado a establecer, ante todo, la existencia de la persona, y luego todas las generalidades que le son propias y que permiten hacer su distinción de las otras, en sus peculiaridades de carácter físico, psíquico, social, etc.
El Prontuario es para la policía un documento oficial y reservado. “Sus noticias son sagradas y están amparadas por las leyes penales y por las sanciones morales que castigan la revelación de secretos y la difamación”, así informa el Museo Policial.
El 24 de abril de 1907 se imprimió la primera Cédula de Identidad emitida a nombre del entonces jefe de Investigaciones de la Policía de la Capital, José Gregorio Rossi. Este documento resultó un verdadero hito en la historia de la identificación ciudadana por parte del Estado Nacional y luego sería incorporado para la identificación de toda la ciudadanía con el nombre de D.N.I. (Documento Nacional de Identidad).

En la vitrina de esta sección se destaca el “pianito”, es decir el sistema dactiloscópico, creado por el jefe de investigaciones Juan Vucetich en 1891. Este mecanismo de identificación dactilar de los sospechosos, inventado por un policía argentino, que posteriormente en 1905 fue incorporado como mecanismo de identificación de sospechosos en la región.
Otro gran salto adelante en materia de policía científica a nivel mundial se produjo en los años ‘30 y ‘40, gracias a una serie de creaciones ejecutadas por policías-inventores. En el campo de la Balística lo constituyó el invento del Fotocomparador, creado por el entonces jefe del Gabinete Scopométrico, Ernesto M Belaúnde.
Otro invento de dos oficiales argentinos es el tensiómetro eléctrico que permite establecer adecuadamente la presión que debe ejercer sobre la cola de un disparador de arma para que se establezca el disparo. Esto permite determinar la contextura física de la persona, si es un adulto, un niño o cuáles son las características físicas.
Los oficiales de cuatro patas: Chonino y Mono
Con la matrícula 716 asignada, el 7 de septiembre de 1977 ingresaba a la División Perros de la Policía Federal Argentina un manso y obediente cachorro: Chonino. El can rápidamente pasó a cumplir servicio efectivo y su primer desempeño fue en la cancha y debutó nada más y nada menos que en el Mundial ‘78.
El 2 de junio de 1983 durante una recorrida en la jurisdicción de la comisaría 45 de servicio junto a los agentes Luis Sibert y Eduardo Ianni se toparon con un auto estacionado con dos personas en su interior en actitud sospechosa. Al tratar de identificarlos, los agentes fueron sorpresivamente agredidos con armas de alto calibre. Con gran dificultad los agentes lograron repeler el ataque. Pero en esa acción contaron con la invaluable colaboración de Chonino, quien con su reacción neutralizó a uno de los agresores y logró arrancar con sus dientes un bolsillo con documentación que permitió luego la individualización de los atacantes.

Pero el destino quiso dejar un triste sello. Y al darse a la fuga, hirieron fuertemente al agente Ianni y al perro policía. Chonino murió en el lugar del hecho y Eduardo Ianni falleció unos meses más tarde como consecuencia de las heridas. Por su valentía y entrega Chonino fue declarado “muerto en acto destacado de servicio” por la Policía Federal Argentina y desde allí forma parte de su historia. Sus restos se pueden ver el Museo Policial junto con la bala que impactó en su omóplato. En su honor, el 2 de junio fue declarado “Día Nacional del Perro”.

Otro perro que pasó a la historia fue Mono, el detective. Estuvo operativo entre las décadas de 1930 y 1940. Prestó servicios en las patrullas como perro de defensa y rastreo. A lo largo de su vida policial supo demostrar su extraordinaria capacidad como sabueso. En 1938 cooperó en el esclarecimiento del homicidio de un menor en Córdoba y realizó tareas similares en Mar del Plata en 1947 con motivo de la desaparición de una persona. En 1944 tuvo una participación activa en la búsqueda de evadidos en la ciudad de Marcos Paz. También en el museo se puede ver su cuerpo embalsamado y las quince medallas que ganó en las competencias caninas.
Crédito de las fotos: Museo de la PFA
Últimas Noticias
La increíble historia de James Woodford, el periodista acusado de eliminar a más de 100 millones de conejos en Australia
Fue señalado como el culpable detrás del brote de calicivirus que marcó un antes y un después en la lucha contra la plaga de conejos en Australia, generando controversia en el mundo científico y mediático

Cuando Los Beatles vencieron a Stalin: las radiografías que combatieron la censura y la cárcel convertida en peluquería
La banda más popular de la historia estaba prohibida en la Unión Soviética. Se los consideraba un “ícono del capitalismo y de Occidente”. Pero los fanáticos sortearon los obstáculos hasta que las autoridades se rindieron ante los de Liverpool

“Nunca me recuperaré de esta tragedia”: la noche en que Juan Carlos de Borbón mató a su hermano menor de un disparo en la cabeza
El 29 de marzo de 1956, Alfonso de Borbón, de solo 14 años, cayó muerto de un balazo en el gimnasio de la Villa Giralda, en Portugal, donde la familia real española vivía en el exilio. Su hermano Juan Carlos era el único que estaba con él en la habitación. El hermético silencio que rodeó los hechos desató una ola de sospechas. Recién siete décadas después, Juan Carlos contó su versión sobre lo ocurrido

La vida de Manuel García Ferré, el papá de Hijitus y Anteojito: el exilio en Buenos Aires y las películas que le ganaron a Disney
El creador español murió hace 13 años en la ciudad porteña que lo cobijó a mediados del siglo pasado. Sus criaturas y sus logros editoriales

Las últimas horas de Waldo de los Ríos, el genio que llevó a Mozart al pop y terminó vencido por sus propias sombras
Revolucionó la música popular con versiones inéditas de los clásicos, pero vivió atrapado entre el éxito, el secreto de una intimidad marcada por el miedo y la soledad, y una fragilidad que lo condujo a la tragedia



