
Un 15 de mayo de 1923 Nueva York daba a luz a uno de los fotógrafos más sobresalientes del siglo XX: Richard Avedon. De niño ya había mostrado una sensibilidad especial hacia la belleza del mundo que lo rodeaba incursionando en la poesía. Avedon había nacido poeta en el seno de una acomodada familia judía. Su madre era Anne, una mujer aficionada a la imagen documentada. Su padre, Jacob, era dueño de la casa de ropa Avedon’s Fifth Avenue. En el local, un entretenimiento para las clientes también era una recurso de Richard para matar las horas: las revistas de moda Vanity Fair y Vogue.
Sus padres, inconscientemente, estaban educando a un artista de la imagen. Su madre le contagió el gusto por la fotografía. Su padre le prestaba las revistas para recortar las fotos. Sus primeros retratos, una vertiente que le fascinaba especialmente, fueron a las mujeres de la familia (las modelos de turno mamá, hermana y primas) y a un vecino de sus abuelos, el pianista y director de orquesta ruso Sergey Rachmaninoff. Pero entendió que el hobby y la pulsión autodidacta necesitaban un marco académico. A los doce años, se unió al club de fotografía de la Asociación Hebrea de Hombres Jóvenes (YMHA), un organismo fundado en 1854 para congregar y estimular a la población judía que habitaba en Estados Unidos. Su cámara era una Kodak Box Brownie.

Bachillerato en la High Scholl De Witt Clinton, donde editó la revista literaria de la escuela: The Magpie. A los 18 años, en 1941, se adjudicó el primer puesto en un certamen de poesía de la ciudad de Nueva York. Su veta artística se alimentaba. La filosofía en la Universidad de Columbia le duró un año. En 1942, se unió a la marina estadounidense. Su padre, cuando se despidió, le regaló una Rolleiflex. Lo admitieron, le asignaron el cargo de Photographer’s Mate Second Class y le encomendaron que hiciera las fotografías de identificación personal de todos los inscriptos. Los mil retratos que hizo entrenaron su ojo. “Debí haber fotografiado cien mil caras antes de darme cuenta de que me estaba convirtiendo en fotógrafo”, dijo.
Antes de que culminara la Segunda Guerra Mundial, se quitó el uniforme para ejercer por primera vez como fotógrafo profesional. Mientras estudiaba fotografía con Alexey Brodovitch en su laboratorio New School for Social Research, obtuvo su primer contrato como fotógrafo en la revista de moda Harper’s Bazaar. Allí inmortalizó su nombre junto a los de los retratados, las personalidades más influyentes de su siglo, tanto en producciones de moda como en reportajes. Inmortalizó una técnica nueva. “La industria de la alta costura estaba en una penosa reconstrucción. Los fotógrafos de moda apenas comenzaban a retomar su antiguo ritmo y reincidían en aquel estilo Art Decó monótono e inmóvil habitual de la preguerra. En un clima así, Richard Avedon sacudió para siempre las estructuras de la fotografía de moda”, describió el fotógrafo, docente universitario, catedrático y analista Oscar Colorado.

Richard Avedon empezó a fotografiar a las modelos como nunca las habían mostrado: como personas. Ya no eran maniquíes. Ya no “posaban”. Ya no eran fotos encerradas. En sus primeros viajes a París, en 1946 y 1947, fortalecieron una nueva fotografía de moda. Le impregnó a sus sesiones movimiento, acción, espontaneidad. Sacó a las modelos de los estudios y las mezcló entre la gente, entre las calles. Transformó algo estático y solemne en un universo vivo: tenía tan solo 24 años cuando encarnó esta revolución.

Pero su más distinguido legado se centra en el retrato. Siempre con una calidad técnica impecable, un fondo blanco impoluto y una característica: imágenes simples en apariencia pero con una fuerte carga psicológica. Sus sesiones eran maratones que duraban horas y horas. Su cometido era vencer a quien posaba hasta mostrar su lado más auténtico, real. Es decir, retratar su alma. “El fondo blanco aísla al sujeto de sí mismo y te permite explorar la geografía de su cara; el continente inexplorado en el rostro humano”, describió el propio Avedon.

Después de dos décadas de Harper’s Bazaar, el fotógrafo pasó a integrar el staff de Vogue USA. Corría 1966. Además legado en la moda, a base de experimentación, que hoy inspira a tantos fotógrafos, retrató importantes sucesos que marcaron el siglo XX, como los movimientos por los derechos civiles en el Sur de Estados Unidos, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y la caída del Muro de Berlín.

Existen dos libros publicados con la obra de Avedon. Observaciones es un compilado de famosos, que incluyen comentarios de Truman Capote. Una de sus fotos más destacadas es en la que Arthur Miller sonríe henchido de alegría, abrazado y mejilla contra mejilla junto a su entonces mujer, Marilyn Monroe. Su otra obra lleva el nombre Nada Personal, con un enfoque más de corte político, realizada junto con James Baldwin, con quien explora las contradicciones de la sociedad estadounidense, que incluyen tanto imágenes de Marilyn Monroe como pacientes de un hospital psiquiátrico y el partido nazi de Estados Unidos.

Su vena social asomó tras el asesinato de J. F. Kennedy y la aprobación de la Ley de Derechos Civiles. Su fuerte lazo con el universo de la moda y la publicidad lo mantendría, trabajando para marcas de lujo, sin embargo, comenzaba a demostrar cansancio ante la frivolidad para demostrar su compromiso social, su capacidad de mostrar también la realidad más cruda.

En el 2000 fue reconocido como el fotógrafo más influyente de los últimos veinte años por la revista Photo District News. En 2001 una exhibición llamada Richard Avedon. In the American West 1979-1984 fue presentada en el Museo Kunstmuseum Wolfsburg, que también pudo verse en España en el centro José Guerrero y en las fundaciones La Caixa de Madrid y Barcelona.

Su ojo esteta, acromático, moldeó la belleza de su tiempo. Le daba la capacidad de brillar tanto a las grandes estrellas como a ilustres desconocidos. Rompió con las modelos estáticas para mostrarlas en un vuelo con paraguas, saltando cordones con sus piernas largas. Parece muy visto, pero fueron ideas de este hombre que tenía el ojo entrenado para la sofisticación, con alta dosis de energía y libertad.

Por su lente pasaron las estrellas más fascinantes de la época, como Marilyn Monroe, Buster Keaton, Katherine Hepburn, Jackie y John F. Kennedy, Marlon Brando, Elizabeth Taylor. Las imágenes son impactantes, atemporales, siempre originales. Pensaba que el arte era “una cuestión de control, el encuentro entre el control y lo incontrolable”.

La necrológica de The New York Times lo despidió como el ojo de la moda. “Richard Avedon, cuyas fotografías de moda y retratos ayudaron a definir la imagen de estilo, belleza y cultura de Estados Unidos durante el último medio siglo, murió ayer en un hospital de San Antonio. Tenía 81 años y vivía en Manhattan”. Ayer era el primer día de octubre de 2004.
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