La batalla que Belgrano parecía tener ganada y terminó en derrota: el inesperado giro de Vilcapugio

Cuando los realistas se enteraron de los planes de Belgrano, decidieron adelantarse y apuraron el combate. La batalla comenzó favorable a los patriotas, pero distintos acontecimientos terminaron cambiando el rumbo de la jornada

Manuel Belgrano, jefe del Ejército del Norte. El enemigo se enteró, de antemano, de la estrategia que pensaba para enfrentarlo en Vilcapugio
Manuel Belgrano, jefe del Ejército del Norte. El enemigo se enteró, de antemano, de la estrategia que pensaba para enfrentarlo en Vilcapugio
Guardar

Los españoles, que venían de dos sendas derrotas en Tucumán y en Salta, planearon un ataque sorpresa contra las fuerzas de Manuel Belgrano. Sin ser vistos, y con mucha dificultad por la falta de animales, a la medianoche del 1 de octubre de 1813 ascendieron la cumbre que rodea la pampa de Vilcapugio.

Situada en el actual departamento de Oruro, en Bolivia, Vilcapugio –“Pozo santo” en quechua- tenía una legua de extensión, estaba rodeada de altas montañas, con moles cónicas de granito. En el centro de la pampa había un ojo de agua, de donde salía un pequeño arroyo. Estaba cerca del campamento realista.

PUBLICIDAD

Belgrano había planeado unir su ejército con el de Baltasar Cárdenas, a quien había promovido a coronel y que tenía gran ascendiente entre los indígenas; estaba al frente de unos dos mil de ellos y también pensaba sumar a la fuerza del coronel Cornelio Zelaya. Con todos ellos esperaría a los españoles en la pampa de Vilcapugio, donde pensaba asestarles el golpe definitivo.

Joaquín de la Pezuela
El general español Joaquín de la Pezuela era el comandante realista

Pero lo que ignoraba es que los realistas estaban al tanto de sus planes. Cárdenas había sido vencido en Ancato y el enemigo se había apropiado de la correspondencia entre aquel y Belgrano, y se enteró de lo que éste había planificado. El brigadier Joaquín de la Pezuela -hábil militar de 52 años con la experiencia de haber peleado contra los franceses- sabiendo los movimientos del jefe patriota, decidió adelantarse y ordenó que el grueso del ejército real marchase hacia Vilcapugio.

PUBLICIDAD

Las fuerzas de Belgrano estaban mal armadas, muchos de los hombres de la caballería de los Dragones de la Patria pelearían a pie- y había una multitud de hombres sin instrucción, y que habían sido sumados para tapar el faltante por las deserciones. Fueron los hombres de Manuel Ascencio Padilla, el esposo de Juana Azurduy, los que transportaron al hombro los cañones porque no había animales suficientes. Los patriotas contaban con 2448 fusiles, 2074 bayonetas y 75.454 cartuchos.

Al amanecer del viernes 1 de octubre de 1813 Belgrano se enteró que los españoles estaban a media legua de distancia. A las 6 hizo disparar un cañón, en señal de alarma, en un campo en que “el sol hería de frente la línea enemiga y sus armas brillaban con profusión”, como describiría el general José María Paz.

Croquis de la batalla de Vilcapugio, de suerte cambiante para ambos bandos
Croquis de la batalla de Vilcapugio, de suerte cambiante para ambos bandos

Había dispuesto a la derecha la caballería, al mando de José Bernaldes Polledo y Domingo Arévalo; en el centro acumuló la infantería de Cazadores, con el mayor Ramón Echavarría, dos batallones del Regimiento 6, con Miguel Aráoz y Carlos Forest y el Batallón de Castas, a cuyo frente estaba el coronel José Superí.

En la izquierda, dispuso a los Dragones de Caballería, con el coronel Diego Balcarce, mientras que la reserva, compuesta por el Regimiento 1, estuvo a cargo de Gregorio Perdriel.

Con sus hombres formados para la batalla, a las 8 ordenó disparar la artillería a la izquierda enemiga, mientras la infantería lo hacía por la derecha. Luego mandó a cargar a bayoneta.

Manuel Ascencio Padilla
Manuel Ascencio Padilla, el esposo de Juana Azurduy, fue un colaborador clave para Belgrano

Mientras tanto, el cuerpo de Cazadores embistió al batallón de Partidarios, mató a su jefe y a muchos de sus hombres, y los hizo dispersar.

En el mismo sentido, el centro del enemigo se desarmó cuando fue atacado por los Pardos y Morenos. Mientras tanto la derecha realista se enfrentó con el Regimiento 8, que había sido creado dos meses y medio atrás. Los soldados de esta unidad fueron frenados a puro tiro de fusil. Uno a uno sus jefes terminaron muertos o heridos y los hombres se desorientaron. Díaz Vélez ordenó mandar a la reserva, pero ésta lo hizo tan lentamente que se mezclaron con los reclutas del 8 que huían del campo de batalla.

Aun así, la caballería patriota sableaba a los españoles dispersos, mientras Pezuela no perdió las esperanzas y se encargó de reagrupar las fuerzas.

Hasta que surgió lo impensado. Cuando la victoria era patriota, apareció por retaguardia el Escuadrón de la Muerte al mando del salteño Juan Saturnino Castro. Enrolado de joven en el ejército español, peleó para ellos en las batallas de Tucumán y Salta. En esta última fue tomado prisionero y fue uno de los que violó el juramento de no volver a tomar las armas contra los patriotas. Atacó el flanco derecho de Belgrano y cargó con tal resolución, que provocó confusión y el consiguiente desbande entre las fuerzas patriotas.

Vilcapugio
Escudo con que el ejército español distinguió a sus tropas que pelearon en Vilcapugio

De pronto se escuchó un clarín tocando reunión y retirada, aparentemente ordenado por el mayor Echavarría. Los soldados, presos del pánico, se desbandaron hacia un morro. La caballería, que estaba persiguiendo a los españoles, detuvo su avance y se retiró, lo que provocó que fueran hostigados por el enemigo.

Belgrano tomó una bandera, reunió a unos tambores y a una parte de la reserva y se subió a un morro, convocando a los dispersos. Reunió cerca de 200 hombres. En dos oportunidades quiso contraatacar, pero en el pie del cerro era rechazado por el enemigo que hacía lo imposible por escalarlo.

Los hombres que lo acompañaban estaban exhaustos, desde la tarde anterior no habían comido ni bebido.

A las tres de la tarde, en medio del fuego enemigo, Belgrano dio la batalla por perdida y se retiró hacia el poblado de Macha. En carta al gobernador de Salta insistió: “nuestro ejército no se ha hecho humo. Que éste existe a pesar de los viles y cobardes, tanto oficiales como soldados, que en los primeros momentos de la acción se fugaron, abandonando a su General y otros, desertando inicuamente nuestra Bandera”.

Los realistas quedaron dueños del campo de batalla y se apoderaron de la artillería patriota.

Combate de Ayohuma
Un mes y medio más tarde, el ejército patriota sería derrotado en Ayohuma

La retirada fue por una cordillera escarpada, llevando gran cantidad de heridos. A la medianoche Belgrano hizo desmontar a todos, y que fueran subidos los heridos, que se acomodaron de a dos en cada animal. Belgrano se colocó a la retaguardia, acompañado de dos ayudantes y un ordenanza, porque su escolta se había dispersado.

Algunos heridos fallecieron y siguieron llevando sus cuerpos hasta el amanecer, cuando fueron sepultados. Fueron cinco días de marcha y después de un día sin probar bocado, cuando a Belgrano le dieron un trozo de carne de llama, tuvo fuertes espasmos estomacales que lo tuvo a maltraer.

El 20 llegó la noticia a Buenos Aires. A los porteños se les dijo que ambos ejércitos se habían destrozado, que se dispersaron y ambos se retiraron del campo de batalla, que había sido sangrienta, y que los españoles se habían llevado la peor parte.

El 5 de octubre Belgrano y los hombres que lo acompañaban entraron al pueblo de Macha, cerca de Ayohuma, en la provincia de Cochabamba, donde sería nuevamente derrotado, haciendo peligrar el sueño de la revolución nacido tres años antes.

Fuentes: Academia Nacional de la Historia; Batallas por la libertad, de Pablo Camogli; Historia de la Nación Argentina, de Ricardo Levene; Memorias curiosas, de Juan Manuel Beruti

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

La estructura de ladrillo más grande de la historia lleva 1.700 años en pie y pocos saben que existe: en su época solo la superaban las pirámides de Giza

Jetavanaramaya, una estupa budista terminada hacia el año 301 d. C., se levanta en Anuradhapura, Sri Lanka, y fue la tercera construcción artificial más grande del planeta al concluirse entonces

La estructura de ladrillo más grande de la historia lleva 1.700 años en pie y pocos saben que existe: en su época solo la superaban las pirámides de Giza

La NASA envió semillas al espacio en 1984, pero las recuperó casi seis años después con un resultado inesperado

Fueron expuestas a la radiación y al viento solar pero conservaron su capacidad de brotar, con hallazgos que hoy aportan datos para evaluar cómo conservar y cultivar plantas fuera de la Tierra

La NASA envió semillas al espacio en 1984, pero las recuperó casi seis años después con un resultado inesperado

Un descubrimiento arqueológico podría confirmar los orígenes de París y resolver un debate histórico sobre sus primeros habitantes

El hallazgo de un muro bajo el Hospital Hôtel-Dieu en la Île de la Cité podría zanjar la discusión sobre dónde se levantó Lutecia, el asentamiento galo que antecedió a la capital francesa

Un descubrimiento arqueológico podría confirmar los orígenes de París y resolver un debate histórico sobre sus primeros habitantes

Batalla de Tucumán: un jefe enemigo conocido de Belgrano, una lucha con destino incierto y la carga que decidió la victoria

El creador de la bandera no las tenía todo consigo. Luego de dejarle tierra arrasada al enemigo, desoyendo lo que le ordenaba el Primer Triunvirato, decidió darle pelea a los españoles en Tucumán

Batalla de Tucumán: un jefe enemigo conocido de Belgrano, una lucha con destino incierto y la carga que decidió la victoria

¿Quién era Ana Belén Montes, la analista de Estados Unidos que entregó información militar a Cuba?

Fue capturada en 2001, cuando las autoridades temían que pudiera transmitir a La Habana datos clasificados sobre la respuesta militar de Washington a los atentados del 11 de septiembre.

¿Quién era Ana Belén Montes, la analista de Estados Unidos que entregó información militar a Cuba?