Juegos de agua, igualdad y resistencia: así era el carnaval en el Buenos Aires del siglo XIX

El historiador Ezequiel Adamovsky reconstruyó en Infobae en Vivo cómo el carnaval se convirtió en un espacio de encuentro, sensualidad y protesta social, donde blancos y afrodescendientes compartían las calles y desafiaban el orden impuesto en la ciudad durante los inicios de la celebración

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En el siglo XIX el carnaval porteño fue mucho más que una festividad. Representó un espacio de encuentro y ruptura donde las jerarquías sociales tradicionales cedían, y la igualdad emergía visible en las calles de Buenos Aires. Ezequiel Adamovsky, historiador e investigador contó en Infobae en Vivo A las Nueve los orígenes de la icónica celebración.

“El carnaval es una fiesta apasionante porque es una de las tradiciones populares más antiguas que subsisten hoy. Tiene más de mil años, por lo menos, algunos opinan que incluso más”, señaló Adamovsky durante la charla con Infobae A las Nueve. Remarcó así sus raíces históricas profundas y su carácter subversivo en el marco rioplatense.

Al analizar la historia de la celebración, Adamovsky enfatizó la centralidad de la comunidad afrodescendiente en la configuración social de la ciudad. “Si uno toma el año 1830, el 30% de los porteños eran afrodescendientes. Tenían un peso demográfico enorme”, afirmó el historiador.

Continuamente explicó que el carnaval funcionó como escenario de interacción inédita: “En ese contexto, el carnaval es uno de los ámbitos en los cuales comienzan a tejerse vínculos más igualitarios e incluso afectivos entre blancos y negros, en un momento en que todavía se vendían personas raptadas de África en el puerto de Buenos Aires”.

El primer corso de carnaval
El primer corso de carnaval se realizó en la calle Florida en 1869, llevando la fiesta al corazón de la élite porteña de la época (Cultura.gob.ar)

El repaso histórico fue realizado en Infobae en Vivo, durante el programa de las nueve bajo la conducción de Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet. Se puede escuchar todos los días de 7 a 9 en el Canal de Youtube de Infobae y por la 97.1 FM.

Adamovsky recordó que la fiesta ofrecía un espacio único de representación y resistencia popular: “El pueblo aprovecha el espacio de la fiesta como el resto de las clases populares para burlarse de quienes más tienen, de los blancos. Pero también, blancos y negros de las clases populares juegan juntos”.

Sin embargo, el carnaval generaba inquietud entre las élites de la ciudad. “Era un escándalo. Lo primero que sabemos del carnaval en la época de la colonia viene de las quejas de las autoridades por los desbordes y excesos populares. Varias veces lo intentaron prohibir, regular, la policía trataba todo el tiempo de determinar qué máscaras se podían usar, qué cosas se podía hacer.”

A partir de 1869, con la creación del primer corso en la calle Florida, el carnaval adquirió una nueva dimensión urbana. “Recién cuando se crea el primer corso en 1869 va a tener una especie de centro neurálgico, donde desfilan las comparsas. Ese primer corso fue en la calle Florida, donde vivían las élites en ese momento”, precisó Adamovsky.

El intento de las élites porteñas por controlar el carnaval fue transitorio: “La iniciativa fue de las élites porteñas para tratar de controlar el carnaval. Pero durante unos poquitos años las élites controlaron el carnaval y luego las clases populares retomaron el juego del agua y las élites terminaron yéndose del carnaval”.

La aparición de corsos y
La aparición de corsos y la masiva concurrencia, con hasta un tercio de la población porteña en las calles, hicieron del carnaval un evento de magnitud inédita (Cultura.gob.ar)

Uno de los rasgos más emblemáticos era el llamado “juego del agua”. “Era arrojarse agua, una guerra campal. Las descripciones de la época decían que se empapaban. Había un gran erotismo en esa fiesta, porque en verano se mojaba la ropa fina de las mujeres, se les pegaba al cuerpo. Los varones se volvían locos. Había una sensualidad que hoy se perdió de vista, pero era muy importante”, relató el especialista.

Respecto a la magnitud del evento, Adamovsky destacó: “Todos los observadores decían que alrededor de un tercio de la población estaba en las calles en Carnaval. Es como si ahora hubiese un millón y medio de personas en las calles cada noche de carnaval. Era mucho más grande que el carnaval de Río en esa época”.

La participación multitudinaria enfrentó, con el tiempo, una represión creciente desde el Estado. “La dictadura prohibió toda manifestación colectiva callejera. El carnaval era una de esas fiestas, sospechada desde siempre porque canalizaba una burla hacia los poderosos. La imposibilidad de hacerlo de manera callejera, colectiva, le quitó el sentido”, sostuvo Adamovsky en entrevista con Infobae.

Sobre la disminución de la presencia afrodescendiente, Adamovsky aclaró: “No es que se fueron a ningún lado. Hubo una pérdida de visibilidad de esa comunidad por dos factores. Uno demográfico, que es que casi no siguieron ingresando nuevas personas de origen africano luego del fin de la trata de esclavos. Mientras tanto, llegó una oleada europea gigante. Pasó de ser 30% en 1830 a 2% en 1880”.

El historiador subrayó el vínculo entre el Estado y la invisibilización de esa comunidad: “A fines del siglo XIX, el Estado argentino y las escuelas empezaron a machacar con la idea de que somos un país blanco y europeo. Eso forzó la invisibilidad de esa comunidad, que no fue reconocida”. Además, mencionó la dispersión de los sectores vulnerables impulsada desde los primeros tiempos: “En Buenos Aires, desde muy temprano, la presión del mercado inmobiliario tendió a expulsar a los más pobres, y los negros estaban entre los más pobres del centro, donde estaban en San Telmo, y los dispersó por el Gran Buenos Aires”.

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