Batalla de Chacabuco: la urgencia de San Martín, el arriesgado ataque de O’Higgins y la carga letal de los granaderos

Fue la primera batalla luego del cruce de los Andes, donde enfrentó a fuerzas españolas que había logrado dividir. Su plan de cruzar por seis pasos para confundir al enemigo había dado el resultado esperado. Las alternativas de un largo combate y el papel del regimiento creado por San Martín

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Batalla de Chacabuco, según un
Batalla de Chacabuco, según un grabado realizado por Théodore Géricault

La noche del martes 11 de febrero Manuel de Olazábal, 17 años cumplidos en diciembre, que se había enrolado en Granaderos a los 13, estaba de guardia. Se encontró con José de San Martín, que salía de su tienda. “Y bien, ¿qué tal estamos para mañana? le preguntó. “Como siempre, señor, perfectamente”. “¡Bien! ¡Duro con los latones sobre la cabeza de los matuchos, que queden pataleando…!"

Los latones eran los sables afilados a molejón, tarea en la que habían colaborado los barberos mendocinos.

San Martín planeaba atacar a los españoles el 14 de febrero porque la artillería y la reserva de caballos aún no habían completado el cruce. Desde el campamento que estableció en Curimón, supo que el enemigo esperaba refuerzos del sur, y decidió tomar la delantera y atacar.

Cuando cruzó los Andes, San
Cuando cruzó los Andes, San Martín comprobó que su plan de usar media docena de pasos, había dado sus frutos

El ejército había cruzado en seis columnas: dos principales y cuatro secundarias, con el propósito de desorientar a los españoles. El 18 de enero de 1817 Juan Gregorio de Las Heras encaró el paso de Uspallata, en Mendoza, mientras que San Martín lo haría entre el 19 y el 25 por Los Patos, en San Juan. Los pasos usados para distraer al enemigo fueron Del Planchón, Del Portillo, De Gauna y de Comecaballos.

Hubo breves encuentros entre la vanguardia patriota y los realistas. El 24 de enero en Potrerillos, el 4 de febrero en Guardia Vieja y Achupallas y el 7 en Las Coimas.

En total eran 3500 hombres, distribuidos en los batallones N° 1 de Cazadores de los Andes y N° 11 de Infantería, más los Batallones 7 y 8 de Infantería y cuatro escuadrones del Regimiento de Granaderos de Caballo.

Bernardo O'Higgins fue uno de
Bernardo O'Higgins fue uno de los que lideró el ataque, y no esperó la orden de San Martín (Oleo de José Gil de Castro)

Lo que a San Martín le preocupaban eran las caballadas, porque de los 1200 animales que salieron de Mendoza, quedaban cerca de 400.

Los realistas pretendían impedir el avance de los patriotas hacia Santiago de Chile. Contaban con 2500 hombres, que integraban una compañía de Húsares y varios batallones de infantería. La orden que recibió el aguerrido Regimiento de Talavera era resistir por lo menos hasta perder la mitad de los hombres, lo que daría tiempo a la llegada de refuerzos de la capital.

Francisco Casimiro Marcó del Pont, gobernador español de Chile -que le había puesto precio a la cabeza de San Martín- creía que el ataque vendría por el Paso del Portillo, entonces había concentrado allí sus fuerzas. La otra parte del ejército fijó campamento en las casas de la hacienda de Chacabuco. Ubicó a su ejército al norte de la bifurcación de caminos que se unen con el valle de Aconcagua. El camino de la derecha, el del este, se llamaba “Cuesta Vieja” y el del oeste, “Cuesta Nueva”.

La batalla comenzó a las dos de la madrugada del 12 de febrero de 1817 a unos 55 kilómetros al norte de la capital de Chile.

Marcó del Pont, gobernador español
Marcó del Pont, gobernador español de Chile. Realizó un cálculo equivocado y dividió sus fuerzas

El plan era usar una táctica de pinzas para encerrar a las tropas enemigas -comandadas por el coronel Rafael Maroto Yserns, un militar de 33 años veterano de la guerra contra Napoleón- por el frente y la retaguardia.

Para ello dividió a las fuerzas disponibles en dos: la Primera División o ala derecha de 2100 hombres al mando de Miguel Estanislao Soler debía atacar por el oeste y tomó la Cuesta Nueva. La Segunda División o ala izquierda con 1500 hombres al mando de Bernardo O’Higgins, debía hacerlo por el este, transitando por la Cuesta Vieja, más escarpada. Como era el camino más corto, debía esperarlo a Soler para iniciar un ataque simultáneo.

El plan original consistía en enviar una de las columnas para atacar por el frente a las fuerzas realistas, a fin de impedirles moverse en el terreno. De este modo ganarían tiempo, mientras que la otra columna intentaría rodearlos con el propósito de atacar por el flanco y la retaguardia en un movimiento envolvente.

En enero se había iniciado
En enero se había iniciado el cruce de la cordillera. San Martín estaba impaciente porque cuando llegó a Chacabuco aún no había terminado de traer a la artillería

San Martín envió a O’Higgins al frente de la división menos numerosa por el camino más corto y peligroso y atacaría por una pendiente escarpada. Soler debía marchar con su división hacia el mismo lugar pero por el camino de Montenegro, más largo y llano a fin de aparecer por el flanco y decidir la suerte de la batalla. En principio, la orden a O’Higgins era demorar el combate –“no comprometer la acción”, según la orden de San Martín- hasta la llegada de Soler, para atacar juntos al grueso del ejército. Uno por el este, otro por el oeste.

Llegado el momento, O’Higgins se impacientó, y al no recibir órdenes decidió, cerca de las 11 de la mañana avanzar hacia el cerro Los Halcones e inició solo el ataque, mientras un mensajero fue enviado para informarle la situación a San Martín. Sin embargo, el terreno no le era propicio. Había quebradas que dificultaban el avance de la caballería, y esa primera carga fue vencida y debieron retroceder y se refugiaron en el Portezuelo de las Tórtolas Cuyanas. En el campo quedaron un tendal “de pobres negros” de los Regimientos 7 y 8.

Al ser advertido San Martín de lo ocurrido, envió a través de Alvarez Condarco la indicación a Soler para que atacara de inmediato, mientras le ordenaba a Zapiola arremeter con tres escuadrones de Granaderos, más los Cazadores. Los historiadores no se ponen de acuerdo si en realidad San Martín estuvo al frente de esa carga. Lo cierto que llegaron justo en el momento en que O’Higgins se disponía a lanzar un nuevo ataque.

Cuando la posición de O'Higgins
Cuando la posición de O'Higgins se comprometió, Alvarez Condarco llevó a Soler la orden de apurar el ataque por su flanco

San Martín, al ver al batallón 8 disperso y los españoles avanzando, ordenó a los granaderos cargar sobre el centro y la izquierda de Maroto.

Finalmente llegó una división de adelantados de Soler, armándose el envolvimiento completo del flanco izquierdo y de la espalda que destrozó la retaguardia realista.

Mientras tanto, el segundo escuadrón de Granaderos arremetió contra la infantería que marchaba, desmanteló el centro y la izquierda del enemigo, y acuchilló a los artilleros contra sus cañones. Zapiola, al frente del 1° y 3° escuadrón se enfocó en la retaguardia enemiga y los hombres de O’Higgins, reagrupados, cargaron a bayoneta calada.

La llegada de Soler fue demasiado para los españoles que integraban el flanco derecho. Su vanguardia se enfocó en el Cerro de Chingüe, donde unos doscientos españoles se habían atrincherado y terminaron arrollados. Simultáneamente Mariano Necochea, al frente del 4° escuadrón de granaderos, terminó con la caballería realista, en una maniobra combinada con José Matías Zapiola.

El Director Supremo Juan Martín
El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón recibió, en Buenos Aires, el parte de la victoria

Los realistas intentaron reagruparse en cuadro, pero de nada les sirvió, como a los que se refugiaron en el viñedo de la hacienda de Chacabuco. Allí fue seriamente herido el hermano de Necochea.

Eran las tres de la tarde y se había logrado una aplastante victoria. San Martín diría años después que “la batalla de Chacabuco puede decirse que es la obra de los escuadrones de granaderos a caballo”.

Las pérdidas patriotas fueron de 132 muertos y 174 heridos, los realistas sufrieron 600 muertos y 550 prisioneros, 32 oficiales, y los jefes el coronel Elorreaga y el sargento mayor Marqueli murieron, y Maroto logró escapar. Se capturó todo el parque, 2.000 fusiles y la bandera del Batallón Veterano de San Carlos de Chiloé. Los hombres que pudieron huir lo hicieron en dirección a Talcahuano y a Valparaíso, los que se embarcaron para Lima.

El capitán O’Brien persiguió a los que tomaron rumbo a Valparaíso, hizo algunos prisioneros y halló dos alforjas con 1700 onzas, que llevó a San Martín, y éste las depositó en la tesorería.

Sobre el campo de batalla San Martín escribe el parte de guerra al gobierno central:

“Exemo. Señor: una división de 1.800 hombres del ejército de Chile, acaba de ser destrozada en los llanos de Chacabuco por el ejército de mi mando, en la tarde de hoy. Seiscientos prisioneros, entre ellos treinta oficiales, cuatrocientos cincuenta muertos y una bandera, que tengo el honor de dirigir, es el resultado de una jornada feliz, con más de mil fusiles y dos cañones. La premura del tiempo no me permite extenderme en detalles que terminaré lo más breve que me sea posible; en el entretanto debo decir a V.E., que no hay expresiones como ponderar la bravura de estas tropas; nuestra pérdida no alcanza a cien hombres. Estoy sumamente reconocido a la brillante conducta, valor y conocimientos de los señores brigadieres don Miguel Soler y don Bernardo O’Higgins. Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel general de Chacabuco, en el campo de batalla y febrero 12 de 1817.”

El teniente coronel Manuel Escalada fue comisionado desde Chacabuco rumbo a Mendoza y posteriormente Toribio de Luzuriaga a Buenos Aires, portando el parte de batalla al Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.

Chacabuco fue una victoria completa que les dio a los patriotas el dominio de Santiago, el 14 de febrero, con el ingreso a la ciudad capital de Chile. Marcó del Pont intentó huir, pero fue capturado en Valparaíso cuando se preparaba para abordar un barco hacia Lima.

Los chilenos le ofrecieron a San Martín nombrarlo director supremo de Chile, pero recomendó a O’Higgins, con quien cimentaría una amistad que continuaría durante su exilio europeo.

El 14 de febrero San Martín entró a Santiago. Le escribió a Pueyrredón: “En 24 días hemos hecho la campaña. Pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”. Aún faltaba Perú.

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