Sobrevivió a guerras, revoluciones y el paso de los siglos: cómo el castillo de Windsor forjó la historia de Inglaterra y el imaginario europeo

La residencia más antigua de la monarquía británica reúne colecciones de arte, manuscritos únicos y escenarios de grandes episodios políticos, al tiempo que revela secretos y tradiciones que ayudaron a definir la identidad cultural de Europa occidental

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Guillermo I el Conquistador fundó
Guillermo I el Conquistador fundó el castillo de Windsor en 1070 para consolidar el control normando sobre el sur de Inglaterra (Grosby)

Un milenio de conquistas, intrigas y esplendor artístico se encierra tras los muros del castillo de Windsor. Esta fortaleza, erigida sobre una colina dominante junto al río Támesis, ha sido testigo de coronaciones, guerras, secretos de Estado y la vida cotidiana de la monarquía británica. Desde el estruendo de las armaduras medievales hasta el brillo de las recepciones diplomáticas actuales, Windsor es el escenario donde la historia de Inglaterra y el arte europeo se entrecruzan en una narrativa única e ininterrumpida.

De fortaleza normanda a palacio real

La transformación de Windsor de una fortaleza militar a un palacio real es una crónica de adaptación e innovación. Fundado por Guillermo I el Conquistador en 1070 para consolidar el control normando sobre el sur de Inglaterra, el castillo comenzó como una estructura de madera, rápidamente sustituida por piedra en el siglo XII. La emblemática Torre Redonda emergió entonces como núcleo defensivo y símbolo de autoridad, consolidando la impronta de la monarquía en la región, según National Geographic.

Durante los siglos siguientes, el castillo resistió asedios, reformas y ampliaciones. Los barones rebeldes del siglo XIII motivaron su reconstrucción, mientras que en el siglo XVIII, Jorge IV ordenó elevar la Torre Redonda en diez metros, reforzando su impacto visual. Reyes como Eduardo III y Enrique VIII agregaron murallas, salones y dependencias, transformando el recinto en un centro neurálgico de la vida política y social inglesa.

El castillo de Windsor pasó
El castillo de Windsor pasó de fortaleza militar a palacio real, testigo clave de la monarquía británica a lo largo de mil años (Grosby)

La Capilla de San Jorge: arte, fe y poder

La Capilla de San Jorge constituye el corazón espiritual y artístico de Windsor. Fundada en 1475 bajo Eduardo IV, su construcción se extendió durante varias décadas hasta que Enrique VII completó la bóveda de piedra en el siglo XVI. Este templo es el santuario de la Orden de la Jarretera, la distinción caballeresca más antigua de Inglaterra, y escenario de ceremonias que han marcado el pulso de la realeza.

En su interior reposan once monarcas, como Enrique VIII e Isabel II, y docenas de miembros de la familia real. Durante la guerra civil inglesa, la capilla fue saqueada y dañada, pero la restauración de Carlos II devolvió su esplendor. En tiempos contemporáneos, ha acogido bodas reales y funerales de Estado, consolidando su papel central en la vida pública británica y en la memoria colectiva nacional, tal como desarrolló National Geographic.

Arquitectura: mil años de estilos y reformas

La arquitectura del castillo de Windsor es el resultado de una superposición de estilos que reflejan las aspiraciones y los cambios de cada época. El siglo XVII marcó la llegada de arquitectos y artistas continentales como Hugh May y Antonio Verrio, quienes dotaron a los apartamentos de Estado de frescos, dorados y mobiliario francés. La “apoteosis de Catalina de Braganza”, único fresco de Verrio que se conserva, introduce teatralidad y ecos de Versalles en los salones regios.

El castillo de Windsor reúne
El castillo de Windsor reúne arquitectura medieval, barroca y moderna, reflejando las transformaciones políticas, religiosas y sociales de Inglaterra (Evan Vucci/Pool vía REUTERS).

En el siglo XIX, Jorge IV impulsó una profunda modernización del castillo. Se añadieron galerías, escalinatas y espejos, y se reformaron los espacios para adaptarlos a los protocolos cortesanos modernos. El resultado fue una residencia que une tradición y modernidad, capaz de albergar recepciones diplomáticas, banquetes y ceremonias solemnes sin perder su carácter histórico.

Un refugio en tiempos de crisis

Windsor ha desempeñado un papel clave en los momentos más críticos de la historia británica. Durante la Segunda Guerra Mundial, la familia real se refugió en el castillo mientras Londres soportaba los bombardeos del Blitz. Las obras de arte más valiosas se protegieron en cámaras subterráneas, y las ventanas se cubrieron para minimizar los daños. Esta función de santuario reforzó el vínculo entre la Corona y el pueblo, y convirtió a Windsor en símbolo de estabilidad y resistencia nacional.

A lo largo de los siglos, el castillo también fue refugio en conflictos internos como la Guerra de las Dos Rosas y las luchas religiosas de la Reforma. Su capacidad para adaptarse y proteger a la familia real en tiempos de peligro es parte esencial de su legado, y explica su permanencia como residencia oficial y centro operativo de la monarquía.

La Capilla de San Jorge,
La Capilla de San Jorge, centro espiritual y artístico de Windsor, alberga los restos de once monarcas y es sede de la Orden de la Jarretera (SSgt Dek Traylor/Pool vía REUTERS)

La Colección Real: arte, ciencia y memoria

La Colección Real que custodia Windsor es una de las más extraordinarias del mundo, con más de un millón de piezas distribuidas en 15 residencias bajo la tutela de la Corona británica. Tras la muerte de Isabel II, la responsabilidad recayó en Carlos III, aunque la colección sigue siendo indivisible y patrimonio institucional. El acervo abarca desde muebles históricos y esculturas hasta joyas, porcelanas y pinturas de los grandes maestros europeos.

Entre las obras más notables figura “La matanza de los inocentes” de Pieter Bruegel el Viejo, adquirida por Carlos II en 1660 y restaurada para atenuar su dramatismo. El Retrato triple de Carlos I de Anthony van Dyck, que sirvió de modelo para una escultura de Gian Lorenzo Bernini, muestra la sofisticación de la corte de los Estuardo. La colección incluye también piezas de Rembrandt, Canaletto, Hans Holbein el Joven, tapices, relojes astronómicos y mobiliario del siglo XVIII.

Uno de los tesoros científicos más admirados es el Códice Windsor de Leonardo da Vinci. Este conjunto de seiscientos folios reúne estudios anatómicos, observaciones sobre el cuerpo humano, caballos, paisajes y una de las primeras representaciones gráficas de un feto en su placenta. El códice ilustra la fusión entre arte y ciencia, y la insaciable curiosidad de Da Vinci.

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El archivo del castillo de Windsor custodia documentos históricos fundamentales, como cartas reales y el acta fundacional de la Orden de la Jarretera (BEN STANSALL/Pool vía REUTERS)

Documentos históricos y vida cotidiana

El castillo de Windsor no solo resguarda arte, sino también documentos fundamentales para la historia de Inglaterra. En sus archivos se conservan cartas reales, tratados diplomáticos, mapas, diarios domésticos y el acta de fundación de la Orden de la Jarretera. Estos documentos permiten reconstruir episodios clave de la política y la vida cotidiana en la corte.

Las cocinas históricas, aún en funcionamiento, evocan la logística detrás de los grandes banquetes y las rutinas diarias de la familia real. Los jardines, diseñados por Capability Brown en el siglo XVIII, combinan orden geométrico y paisajismo naturalista, reflejando la evolución del gusto británico e incorporando especies exóticas y lagos artificiales.

Un símbolo vivo de la monarquía y la nación

El castillo de Windsor es, ante todo, un emblema de continuidad y adaptación. Ha sido el escenario de conspiraciones medievales, refugio frente a guerras, sede de celebraciones y duelos nacionales. Cada generación de monarcas ha dejado su huella, ampliando y transformando sus muros, decorando sus salones y escribiendo nuevas páginas en la historia de Inglaterra.

En la actualidad, Windsor sigue cumpliendo funciones oficiales y es escenario de visitas de Estado, recepciones diplomáticas y actos públicos. Millones de visitantes recorren sus galerías, capillas y jardines, comprobando la riqueza de un legado que abarca desde manuscritos medievales hasta obras maestras del arte europeo.