
De HBR.org
En la investigación que llevamos a cabo en Estados Unidos, China e India, identificamos tres estilos distintos de asesoramiento, cada uno con su propia lógica interna y cada uno considerado por personas ajenas al contexto, como sutilmente deficiente.
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En Estados Unidos, un buen consejo protege el derecho del destinatario a decidir. A esta forma la llamamos consejo autónomo. El consejero ofrece una perspectiva, a menudo acompañada de una expresión de empatía, pero siempre deja la decisión en manos de la otra persona: "Entiendo por qué esto es difícil. Si yo fuera tú, tal vez consideraría hablar con tu jefe, pero tú conoces la situación mejor que yo".
En la India, un buen consejo se compromete con un curso de acción específico. A esto le llamamos consejo directo. El asesor formula una recomendación y especifica los pasos necesarios para llevarla a cabo: "Deberías hablar con tu jefe esta semana, explicarle la situación directamente y pedirle un plazo".
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En China, un buen consejo resalta la complejidad. A esta forma la llamamos consejo contingente. El asesor presenta múltiples caminos sin forzar la convergencia en uno solo: "Si tu jefe está abierto a recibir retroalimentación, plantear esto directamente podría funcionar. Si no es así, tal vez valga la pena considerar un cambio de puesto dentro de la empresa. Depende de cómo veas la relación".
Lo que hace que estas diferencias sean relevantes es que las personas evalúan los consejos tomando su propio estilo como estándar. En nuestra investigación, los estadounidenses calificaron el consejo autónomo como el más respetuoso; los participantes chinos calificaron el consejo contingente como el más considerado; los indios calificaron el consejo directo como el que demuestra mayor compromiso. Al exponerse a los otros estilos, cada grupo los encontró sutilmente deficientes.
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Lo que pueden hacer los líderes
Nada de esto requiere que abandones tu estilo natural ni que realices una auditoría cultural antes de cada conversación. Unos cuantos hábitos, practicados de manera consistente, dan muy buenos resultados.
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-- Pregunta antes de aconsejar.
Intenta preguntar directamente: "¿Te ayudaría más si te diera mi recomendación honesta, analizara las opciones contigo o me asegurara de que te sientas preparado para decidir esto por ti mismo?"
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La mayoría de los asesores se saltan este paso, asumiendo que la necesidad es obvia o que preguntar socava su autoridad. Ninguna de las dos cosas es cierta: La pregunta demuestra experiencia y las investigaciones revelan que adaptar el estilo a lo que el destinatario desea predice si el consejo se percibe como útil o no, a menudo tanto como su contenido.
-- Nombra lo que estás haciendo.
Una breve frase introductoria resuelve la mayoría de los malentendidos antes de que surjan. "Déjame compartir algunas opciones que veo", "Esto es lo que recomendaría y por qué" y "Quiero que te sientas preparado para tomar esta decisión por ti mismo" establecen diferentes expectativas en una sola frase y cada una le da al destinatario la oportunidad de reorientar la conversación si eso no es lo que necesita.
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-- Traduce la intención, no solo el estilo.
Un colega indio que dice: "Deberías hacer X", está transmitiendo un sentido de responsabilidad. Un colega estadounidense que dice: "Es tu decisión", está transmitiendo respeto por la autonomía. Un colega chino que expone varios escenarios posibles está transmitiendo la complejidad de la situación. Buscar primero lo que el asesor está tratando de comunicar hace que sea mucho más fácil valorar un consejo que se da de manera diferente a tus propias expectativas.
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-- Observa cómo se recibe tu consejo y ajústalo.
Dar consejos es una conversación. Por lo tanto, si el destinatario hace preguntas repetidas, esto implicará que la orientación fue demasiado abstracta como para actuar en consecuencia. Si el destinatario muestra incomodidad visible o desvía rápidamente la conversación, por lo general significa que se sintió muy directivo. Un destinatario que sigue volviendo a la complejidad de una situación puede estar indicando que la orientación cerró el tema demasiado rápido. Una sola frase de seguimiento, como "Déjame ser más concreto" o "Esta es solo una perspectiva", suele ser suficiente para recalibrar el enfoque.
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-- Mantén tu propio enfoque con flexibilidad.
Este es el hábito más difícil, porque implica cuestionar una norma que parece evidentemente correcta. Los líderes que prefieren la orientación autónoma suelen percibir cualquier cosa más directiva como paternalista; los que prefieren la orientación directa suelen percibir cualquier cosa más abierta como una muestra de debilidad; los que prefieren la orientación contingente suelen interpretar una única recomendación firme como algo poco meditado. Las tres reacciones reflejan una formación cultural, más que una verdad universal.
La lección más profunda
Los consejos dependen de la cultura. Las organizaciones suelen evaluar la mentoría, el coaching y la retroalimentación mediante estándares que reflejan una tradición cultural más de lo que se dan cuenta. La mejor prueba es si la orientación es honesta, precisa y realmente beneficia los intereses de quien la recibe. Los colegas de diferentes culturas pueden expresar su preocupación, respeto y experiencia de maneras muy diferentes. Antes de juzgar la calidad de los consejos, pregúntate si la persona que los recibe los habría percibido como verdaderamente útiles.
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