Remesas y esfuerzo comunitario: así se construyó el puente “El Migrante” en San Miguel Chicaj, Guatemala

En la aldea San Francisco, Baja Verapaz, la falta de respuesta oficial llevó a los vecinos a organizarse y financiar su propio puente vehicular. El proyecto, costeado principalmente con remesas desde Estados Unidos, transformó el acceso y la economía local

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El puente colgante conecta aldeas de San Miguel Chicaj. La obra fue financiada con remesas y aportes locales./(NotiMas Baja Verapaz)
El puente colgante conecta aldeas de San Miguel Chicaj. La obra fue financiada con remesas y aportes locales./(NotiMas Baja Verapaz)

En la aldea San Francisco, municipio de San Miguel Chicaj, Baja Verapaz, el trabajo y la solidaridad de la comunidad, junto con el aporte de migrantes en Estados Unidos, dieron vida a una obra que cambió la cotidianidad de cientos de familias.

Se trata del puente “El Migrante”, una estructura colgante de 40 metros de largo sobre el río Salamá, cuya construcción se financió principalmente con remesas y aportes de los propios habitantes, ante la ausencia de apoyo gubernamental o municipal, según medios locales como La Hora y la Revista Soy Migrante.

Vecinos de la aldea San Francisco venían solicitando desde hace años la construcción de un puente vehicular sobre el río Salamá a la municipalidad y al gobierno central, sin obtener respuesta. Solo existía un paso peatonal, insuficiente para el traslado de mercancías y el paso seguro de vehículos.

La urgencia se agudizó en junio de 2024 tras fuertes lluvias y crecidas del río, situación que llevó a la comunidad a organizarse bajo el liderazgo del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode), presidido entonces por Óscar García.

“La idea convenció, era realizable”, recuerda García sobre las reuniones con líderes de otras comunidades, en declaraciones recogidas por la revista guatemalteca. El mayor reto era financiar la obra, por lo que decidieron recurrir al apoyo de familiares en Estados Unidos y a la colaboración local.

La mayoría de los recursos económicos para levantar el puente provino de migrantes guatemaltecos originarios de San Francisco y otras comunidades, radicados en ciudades como Richmond (Virginia), Minneapolis (Minnesota), South Dakota, California y Alabama. Incluso migrantes de El Salvador aportaron donativos. Las contribuciones llegaron no solo en efectivo, sino también en especie: animales de corral, textiles tradicionales y otros bienes vendidos en beneficio del proyecto.

Decoración y actividades tradicionales marcaron la apertura del puente sobre el río Salamá en diciembre de 2025./(NotiMas Baja Verapaz)
Decoración y actividades tradicionales marcaron la apertura del puente sobre el río Salamá en diciembre de 2025./(NotiMas Baja Verapaz)

Óscar García, quien también fue migrante en Estados Unidos, aseguró que conversó con amigos en Estados Unidos y que visitó “comunidades de varios Estados para pedir apoyo”.

La comunidad local también participó activamente: albañiles donaron su mano de obra y mujeres organizaron actividades para recaudar fondos.

La construcción del puente inició el 3 de enero de 2025 y se extendió por casi un año, finalizando en diciembre del mismo año. El proceso estuvo liderado por albañiles locales y contó con el asesoramiento de un ingeniero y un arquitecto, aunque la mayor parte del trabajo técnico y la supervisión fue comunitaria.

Según declaraciones de García, el costo del proyecto superó los Q900,000 (117.910 dólares), financiados casi en su totalidad mediante remesas y aportes de los habitantes.

El puente fue inaugurado el 18 de diciembre de 2025, coincidiendo con el Día Internacional del Migrante, como homenaje al aporte de quienes residen en el extranjero. La jornada incluyó bailes tradicionales, oraciones y una transmisión por redes sociales, en un ambiente de celebración y gratitud.

Ausencia de apoyo institucional y debate sobre la seguridad

El Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV) aclaró que, al situarse en una ruta municipal, el puente no fue supervisado ni recibió aportes estatales.

La municipalidad de San Miguel Chicaj, encabezada por el alcalde Fernando Calate, confirmó que no hubo solicitud formal para ejecutar la obra y felicitó a los pobladores por la iniciativa, pero advirtió sobre la ausencia de estudios técnicos o ambientales, lo que podría generar riesgos legales ante eventuales fallos estructurales.

La estructura de 40 metros facilita el transporte de productos y vehículos entre comunidades rurales de Baja Verapaz./(NotiMas Baja Verapaz)
La estructura de 40 metros facilita el transporte de productos y vehículos entre comunidades rurales de Baja Verapaz./(NotiMas Baja Verapaz)

García fue claro en su mensaje: “Aquí no recibimos ningún apoyo de algún político. Esto es puro comunitario, sudor de nosotros y de la gente que está en los Estados Unidos”. La comunidad asumió la responsabilidad total sobre la construcción y el mantenimiento del puente.

Impacto social y económico

Desde su inauguración, el puente vehicular ha transformado la vida en la aldea San Francisco y en caseríos vecinos como Los Encuentros, Buena Vista, La Rinconada, Chupel Palmar, Carchejal y El Tempisque, algunos de ellos en zonas limítrofes con Alta Verapaz.

Antes de la obra, cruzar el río era riesgoso y dificultaba el transporte de productos y materiales. “Muchos vecinos no podían llevar block, cemento o sus mercaderías de tiendas. Ahora todo eso cambió”, afirma García en la Revista Soy Migrante.

El acceso mejorado ha dinamizado la economía local, facilitando el comercio y la movilidad entre comunidades. Para los habitantes, el puente es más que una infraestructura: representa la fuerza de la organización comunitaria y el lazo permanente con quienes migraron y no han olvidado sus raíces.

Un ejemplo de autogestión comunitaria

El caso del puente “El Migrante” refleja cómo la migración y el envío de remesas pueden convertirse en motor de desarrollo y transformación social, especialmente en contextos donde las instituciones no logran dar respuesta a las necesidades básicas.

La obra es testimonio del esfuerzo colectivo y la solidaridad transnacional, así como un llamado de atención sobre la importancia de fortalecer la coordinación y supervisión técnica en proyectos de infraestructura rural.