¿Y si nos vamos a vivir todas juntas?: el cohousing como respuesta a la soledad femenina

Hubo un tiempo en que el destino de una mujer al llegar a la vejez parecía trazado por una inercia inamovible: la habitación al fondo en la casa de un hijo, el aislamiento en un departamento que se volvía demasiado grande tras la viudez o la frialdad institucional de una residencia para ancianos

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Tres mujeres adultas de mediana edad y mayores sonríen mientras caminan con bastones en un bosque soleado, rodeadas de árboles y vegetación verde
¿Y si nos vamos a vivir todas juntas? La mayor longevidad femenina hace que cada vez más mujeres lleguen a la vejez en soledad. El cohousing o vivienda conectada o colaborativa es una alternativa superadora de la residencia

Sin embargo, ahora, una marea silenciosa de mujeres mayores de 50 años está rompiendo ese guion predeterminado. Desde las costas de Ontario hasta los barrios de Málaga, pasando por el Londres más vanguardista y el Montevideo más cercano, el cohousing o vivienda colaborativa femenina se erige como la respuesta más humana a una sociedad que insiste en invisibilizar la edad.

La convivencia con pares permite superar la soledad, y contra lo que pueda pensarse, genera autonomía. Ya no se depende afectiva ni materialmente de la familia —con la que de todos modos pueden sostenerse los vínculos, ahora sin presión—, y la presencia de coetáneas permite la cooperación y el acompañamiento sin perder intimidad.

El “Efecto Golden Girls”: de la desesperación a la organización

A Pat Dunn, la realidad la golpeó a los 70 años. Tras la muerte repentina de su esposo, descubrió que su pensión de enfermera retirada era totalmente insuficiente frente a los alquileres prohibitivos de Ontario, Canadá. “No había sitio donde yo pudiera vivir sola”, confiesa. Inspirada por el espíritu de la serie The Golden Girls, una comedia televisiva de 1985, en la cual cuatro mujeres mayores viven juntas en Miami y experimentan lo bueno y lo malo de la vida en sus años dorados, Pat utilizó las redes sociales para buscar a otras que, como ella, no quisieran —o no pudieran— enfrentar la vejez en soledad.

Lo que empezó como un grupo de Facebook es hoy Senior Women Living Together, una ONG con más de 2.000 miembros. Su historia es el reflejo de una necesidad sistémica: en Ontario existen 150.000 mujeres mayores que viven en la pobreza. Para ellas, la cohabitación no es solo una elección caprichosa, es una tabla de salvación financiera que, de paso, les devuelve la alegría. “Pasé de sentirme sola las 24 horas a nunca más sentirme así”, concluye Pat.

Retrato de una mujer mayor sonriente con cabello gris rizado, vistiendo una blusa azul, chaleco rosa y pañuelo estampado azul, frente a una pared de madera
Pat Diunn, fundadora de Senior Women Living Together

Modelos a medida: privacidad y comunidad

El cohousing no es una comuna hippie ni una residencia de ancianos. Es, según sus protagonistas, una “vivienda conectada”. La clave del éxito reside en un equilibrio sagrado: espacio privado absoluto y áreas comunes compartidas.

En New Ground, la primera comunidad de este tipo en el Reino Unido, ubicada en el suburbio londinense de Chipping Barnet, 25 departamentos modernos albergan a mujeres de entre 58 y 94 años. Aquí, cada residente tiene su propia llave y su propia sala de estar. El respeto por la individualidad es el pilar central. Sin embargo, a unos pasos de su puerta, disponen de un cine, una gran cocina comunitaria y un huerto que cuidan entre todas.

Este modelo se replica con matices en otros lugares:

La Joie Home Base (Francia/Italia/España): Fundado por Hanne Nuutinen, la Joie Home Base, ofrece flexibilidad para estadías temporales a mujeres de clase media-alta que buscan “tranquilidad y comunidad” en diferentes países.

Santa Clara (Málaga, España): un complejo de 76 apartamentos que nació hace treinta años del sueño de un grupo de amigas que no querían terminar en un asilo falto de “cariño y amistad”.

Mujeres con Historias (Montevideo, Uruguay): Una asociación civil que diseña su futuro hogar bajo principios feministas, buscando que la arquitectura responda a sus necesidades y no a las del mercado.

“La convivencia no es para todo el mundo”

Vivir con “extrañas” requiere un equilibrio emocional que no todas tienen entrenado. Hanne Nuutinen explica que en sus hogares existe un proceso de selección para asegurar que las aspirantes estén “listas para la comunidad”. No se trata de caerse bien de entrada, sino de compartir valores de horizontalidad y respeto.

Tres mujeres mayores sonríen y sostienen botellas mientras se toman una selfie; al fondo, se aprecian casas residenciales con jardines bien cuidados
Hoy la ONG creada por Pat Dunn se ha extendido y asesora a las mujeres que desean organizarse para convivir

La honestidad es el lubricante de estos hogares. Pat Dunn advierte que el período de adaptación dura unos cuatro meses y requiere una sinceridad brutal: “Esto puede ser una cosa pequeña, pero me irrita de manera infinita y es mejor que lo hablemos”. Los conflictos suelen gestionarse mediante estructuras horizontales y, en algunos casos, figuras como “la anfitriona” que modera roces.

Incluso los temas más espinosos se ponen sobre la mesa:

Salud y dependencia: ¿qué pasa si una de nosotras muestra señales de demencia o necesita hospitalización? Es vital aclarar que estos centros no son residencias médicas; no cuentan con enfermeras.

Visitas y relaciones: en New Ground, los hombres son bienvenidos como visitas, pero no pueden instalarse. Como dice Jude Tisdall, residente de 71 años: “Podemos pasar un buen rato sin toda esa basura doméstica: ¡un gran alivio!”.

Economía: se discute desde cómo se pagan las compras hasta el mantenimiento de los espacios comunes.

Dos mujeres de mediana edad sentadas en una mesa exterior con desayuno, una sonríe a la cámara y la otra come al fondo
La Joie Home Base, creado en Francia por Hanne Nuutinen, se ha extendido también a España e Italia

Una cuestión de autonomía

Al margen de la biología que ha hecho a las mujeres más longevas que los hombres, ¿por qué este fenómeno es mayoritariamente femenino? Según investigaciones del proyecto MOVICOMA de la Universitat Oberta de Catalunya, hombres y mujeres se acercan al cohousing con intenciones distintas. Mientras ellos buscan corresponsabilidad, ellas buscan emancipación. “Yo no quiero agarrar la escoba, quiero escribir mi libro”, una afirmación que resume el sentimiento de muchas.

En las viviendas mixtas, los roles tradicionales de cuidado suelen recaer de nuevo en las mujeres. Al vivir solo entre ellas, levantan un escudo contra una sociedad que las infantiliza o discrimina por su edad. Es tomar el control de la “parte Q3 de la vida” (los mayores de 50), una etapa que puede representar un tercio de la existencia y que estas mujeres se niegan a atravesar con los brazos cruzados.

El muro económico: ¿un sueño para todas?

A pesar del optimismo, el cohousing femenino enfrenta un desafío crítico. En España, mientras la pensión media de un hombre ronda los 1.363 euros, la de las mujeres de 74 años cae a los 847 euros. Proyectos como Santa Clara en Málaga requieren una cuota de entrada de 66.000 euros y mensualidades de unos 1.200 euros, cifras inalcanzables para la mayoría.

Por ello, voces como las de Pat Dunn en Canadá o las fundadoras de Mujeres con Historias en Uruguay claman por el apoyo de las administraciones públicas y las empresas constructoras. El objetivo es que el cohousing deje de ser un “lujo” de la clase media-alta para convertirse en un recurso opcional para la vida post 50 o post jubilación.Nuestro proceso paso a paso funciona.

Un grupo numeroso de personas, mayormente mujeres mayores sonrientes, posa al aire libre. Algunas llevan insignias moradas y sujetan tarjetas blancas
Mujeres con Historias, la asociación civil que trabaja por el cohousing en Montevideo, Uruguay

Lo hemos diseñado para el éxito. Cada paso incluye todo lo que necesitas saber y todo lo que debes hacer para encontrar compañeras de hogar compatibles y un hogar en el que vivir juntas.

Modus operandi

¿Cómo se hace? En la web de Senior Women Living Together hay un instructivo con los pasos a seguir para llegar a construir una vivienda conectada.

La primera recomendación es no apurarse. Pensar bien cada paso que se debe dar.

Paso 1: Aprender

Se trata de conocer las experiencias que ya funcionan, a distancia o presencialmente de ser posible. “Cuanto más sepas ahora sobre la convivencia compartida, mejor preparada estarás para los siguientes pasos”.

Paso 2: Crear tu perfil

Esto es para las que deseen hacer esto a través de Senior Women Living Together. Pero puede hacerse en redes por cuenta propia. El perfil sirve para comunicar lo que uno busca y comunicar con gente afín.

Paso 3: tomar contacto con compañeras compatilbles

Chatear con ellas y conocerse, primero virtualmente y luego concertar reuniones presenciales con posibles compañeras de hogar. “Pasar tiempo juntas antes de vivir juntas es clave para el éxito”, dicem en la página del sitio.

Paso 4: co-crear un Acuerdo de Convivencia

Una vez que encuentres afinidades, hay que redactar un acuerdo de convivencia, algo esencial para el éxito.

Paso 5: buscar el nuevo hogar

Las opciones son una casa ya existente, con comodidades suficientes para varias personas o bien buscar una casa apta para el grupo.4

Nueve mujeres posan sonriendo en una playa de guijarros, con el mar azul y un rompeolas de rocas detrás. Unas escaleras de madera están en primer plano
La Joie Home Base se inició en Francia y ya se extendipo a Italia y España

Cohousing mixto

El cohousing no es solo femenino, desde ya. La opción es atractiva tanto para mujeres como para varones y existen muchas experiencias en este sentido. La vivienda cooperativa es una opción superadora que permite a los seniors preservar su autonomía a la vez que asegura la cooperación y la sociabilidad.

En la Argentina, todas estas alternativas son aun incipientes —por no decir inexistentes—, pero la longevidad es un hecho, por lo que sería lógico y deseable que empiecen a surgir estas propuestas habitacionales para seniors.

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