
La transformación digital y la irrupción de la inteligencia artificial han elevado el valor de la experiencia y el conocimiento acumulado, desplazando el foco desde la alfabetización instrumental hacia una comprensión más profunda de las habilidades cognitivas, emocionales y sociales necesarias para navegar la nueva economía.
La integración de estas tecnologías en la vida cotidiana y el trabajo ha profundizado las diferencias intergeneracionales y generado nuevas brechas digitales, según el análisis expresado por Jorge Alberto Hidalgo Toledo, doctor en Comunicación Aplicada por la Universidad Anáhuac y vicepresidente universitario de la Academia Mexicana de la Comunicación.
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Las generaciones con mayor bagaje de conocimientos y experiencia vital aprovechan mejor el potencial de la tecnología, mientras que quienes adquieren aptitudes técnicas fragmentarias encuentran limitaciones para obtener sus verdaderos beneficios. Hidalgo Toledo advierte: «Si dotas a una persona mayor de herramientas tecnológicas, todo lo que ha adquirido a lo largo de su vida le permite potenciar mucho más su impacto, incluso por encima de los jóvenes que solo acumulan microexperiencias sin profundidad».

Para el experto, la inteligencia artificial debe concebirse como una extensión de las habilidades cognitivas, analíticas y creativas humanas. Funciona como amplificador de lo que cada individuo ya posee, profundizando las brechas entre quienes cuentan con experiencia y juicio y quienes solo la usan superficialmente, planteó Jorge Alberto Hidalgo Toledo.
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Estudios recientes y nuevas brechas en la inteligencia artificial
Estudios recientes de la empresa de IA Anthropic y de OpenAI muestran un fenómeno inesperado: lejos de igualar condiciones, la inteligencia artificial acentúa la brecha entre quienes poseen un bagaje de conocimientos, valores y juicio –fruto de años de trayectoria– y quienes solo adquieren competencias técnicas de manera rápida y fragmentaria.
Aunque se creía que las nuevas generaciones dominarían el mercado laboral gracias a su familiaridad con la tecnología, en la práctica la falta de experiencia profunda y de capital existencial limita su capacidad de aprovechar plenamente estas herramientas.
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Hidalgo Toledo sostiene que el grupo de personas conocido como población mayor, identificado en algunos estudios como generación plateada, que ha acumulado saberes y experticia durante décadas, ocupa un lugar destacado en la nueva economía digital. La capacidad para entrenar y sacar provecho real de la inteligencia artificial depende, en gran medida, de ese conjunto vital de conocimientos que solo la experiencia de vida puede aportar.
Según el especialista, la sabiduría tecnológica surge de combinar la calma, la comprensión y la trayectoria de las generaciones mayores con las posibilidades de la innovación actual. Así, la llamada economía plateada deja de ser un actor marginal y se convierte en protagonista en la transformación digital contemporánea.
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Brechas digitales y alfabetizaciones necesarias en la era tecnológica
—¿Cómo ha cambiado el concepto de brecha digital en los últimos años?
—Hoy, justo que hemos estado hablando de brechas, cuando hablábamos de brecha digital pensábamos generalmente que tenía que ver con la parte operativa, es decir, mucha de la alfabetización digital. Si tú recuerdas, muchos de estos proyectos se volvían instrumentales: simplemente saber apretar un botón, jalar una palanca, saber hacer uso de una herramienta.
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—¿Qué tipo de alfabetizaciones considera que son necesarias actualmente, más allá de lo instrumental?
—Al final te dabas cuenta que había otro tipo de alfabetizaciones paralelas que se requerían. No era suficiente tener solo una alfabetización digital, sino que debías tener también una alfabetización psicoemocional para entender al otro, las dimensiones del problema social que estaba tratando de vivir.
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Entonces, esta gente que es más sensible a la otredad, a los problemas que les está tocando vivir, a los contextos en los que se desarrollan las interacciones, saber ser sensible y empático para decidir: «No, yo voy a ir a ayudar», y eso convertirlo en algo que con tecnología se puede resolver, es una capacidad de la que carecen muchos. Esa es una brecha cognitiva y psicoemocional que debemos atender.
—¿Existen otras brechas que deban considerarse en este contexto?
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—Atender brechas hoy en día también implica abordar cuestiones de género, e incluso dentro del género, los matices entre lo masculino y lo femenino. Yo puedo saber apretar botones, pero no sé en qué momento hay que accionarlos, porque no he vivido esa experiencia que me indica cuándo es el momento correcto para intervenir o adaptar con tecnología. Por eso muchas veces a quienes diseñan soluciones tecnológicas les cuesta entender ese tipo de realidades y generar respuestas eficaces; diseñan tecnología funcional, pero no intervienen desde la tecnología en la realidad porque les falta experiencia. Esa es una nueva brecha que habría que resolver.
Impacto social y riesgos de la inteligencia artificial
—¿Cómo define el impacto de la inteligencia artificial en la vida social actual?
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—La inteligencia artificial no solo está transformando procesos productivos, sino también la vida social. Tiene el potencial de cambiar la manera en que nos comunicamos, nos relacionamos y tomamos decisiones.
—¿Cuáles son los riesgos principales que identifica en la expansión de la inteligencia artificial?
—Uno de los riesgos más grandes es que la inteligencia artificial puede reproducir desigualdades sociales si no se regulan sus usos o si no se democratiza el acceso a sus beneficios. Hay que evitar que se convierta en una herramienta que solo potencie a quienes ya tienen ventajas.
—¿Qué oportunidades ofrece para la transformación social?
—Si se gestiona de manera adecuada, puede ayudar a resolver problemas complejos, optimizar recursos y mejorar la calidad de vida de mucha gente. Pero insisto, todo depende de las políticas públicas que se implementen y de la formación que reciban las personas para usar estas herramientas.
Desafíos intergeneracionales y construcción de sentido en la educación digital
—¿Quiénes deberían involucrarse en la educación digital y la construcción de sentido?
—Tendríamos que hacer un proceso realmente de corresponsabilidades, porque esto no es solamente un tema que le compete a los gobiernos, no es un asunto exclusivo de las empresas ni de la academia. Es un tema que debe preocupar a los padres de familia, a los líderes religiosos, y también debe involucrar a la sociedad civil en general. Así, todos, desde su rol responsable en el sistema, podríamos generar recursos más efectivos en este campo.

—¿Qué cambios deberían realizarse en los procesos educativos para abordar estos desafíos?
—Dentro de los procesos educativos tendríamos que estar generando rutas de conocimiento dentro de la alfabetización normal que debería estar recibiendo un chico desde la primaria, la secundaria, el bachillerato y la universidad. Tendrían que instalarse rutas de sentido, donde se comprenda el para qué de una herramienta como esta. Estamos muy centrados en el quién y el cómo, pero se habla poco del porqué y para qué queremos sacar provecho de la inteligencia artificial. Y creo que ahí está el potencial de la herramienta, en el para qué.
—¿Cómo se relaciona esto con los desafíos intergeneracionales?
—Eso es algo que, en materia de recursos generacionales, se podría dialogar tanto en el hogar, en las escuelas y en los sistemas de gobierno. También en las organizaciones empresariales. Hay poco trabajo intergeneracional ahí; es necesario decidir cómo queremos usar la tecnología. Parte de estas rutas son las que tendríamos que generar al interior de nuestras instituciones, enfocándonos en cómo se utiliza la tecnología y en invertir en ello.
Experiencias y políticas de desconexión digital en las escuelas
Jorge Alberto Hidalgo Toledo advirtió sobre la forma en que se implementan actualmente las políticas de desconexión digital en las escuelas. Señaló que la retirada de celulares suele realizarse de manera arbitraria, sin que exista una reflexión previa sobre los motivos ni participación de profesores y estudiantes en la discusión.

Explicó que estas medidas eliminan una herramienta comunicacional vital para la construcción de identidades entre los jóvenes. Sin embargo, no se discute el problema de fondo ni se proponen alternativas para el tiempo que implica la desconexión. Resaltó que el enfoque suele ser paternalista, decidiendo qué dispositivos están permitidos sin ofrecer razones claras ni fomentar el diálogo entre los actores involucrados.
Según Hidalgo Toledo, la desconexión debería ir acompañada de una reflexión colectiva sobre los objetivos y estrategias para abordar fenómenos como el ciberbullying o la violencia. Subrayó la necesidad de generar espacios de debate y alternativas de uso para el tiempo de desconexión, en lugar de limitarse a prohibiciones sin fundamento ni acompañamiento pedagógico.
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