
La prohibición de que médicos jubilados continúen ejerciendo en la provincia de Santa Fe abrió un debate que atraviesa dimensiones legales, éticas, sanitarias y sociales. La discusión gira en torno a una pregunta central: si un profesional conserva sus capacidades cognitivas y físicas, ¿es legítimo impedirle continuar con su actividad una vez que accede a la jubilación?
El cardiólogo Carlos Vozzi —médico formado en la Universidad Nacional del Litoral, especializado en cardiología intervencionista y en investigación clínica, con residencia en el Texas Heart Institute de Baylor College of Medicine en Houston— aborda esta problemática desde una perspectiva que combina medicina, ética y filosofía.
Autor del libro La identidad médica y actualmente estudiante de una Maestría en Filosofía en la Universidad Católica Argentina, Vozzi sostiene que la normativa vigente plantea un conflicto entre el sistema previsional y el derecho al trabajo en la vejez.
En su investigación analiza el impacto de la legislación que regula la jubilación de los profesionales médicos en Santa Fe, particularmente la Ley 12818, que establece que para acceder a los beneficios previsionales el médico debe cancelar su matrícula profesional. Esa condición implica, en la práctica, que quien se jubila no puede continuar ejerciendo la medicina dentro del territorio provincial.

Según el trabajo, la normativa parte de un supuesto que merece revisión: que la jubilación implica necesariamente el fin de la capacidad laboral. “El jubilado no puede ejercer su profesión dentro de la Provincia”, establece la ley citada por el autor, lo que genera un conflicto entre la lógica previsional y la continuidad de la práctica profesional.
Para Vozzi, el problema no se limita al aspecto administrativo. El ejercicio de la medicina forma parte de la identidad personal y profesional de quienes la practican. La construcción de esa identidad se produce a lo largo de décadas de formación, residencia, educación médica continua y experiencia clínica. En ese contexto, el autor sostiene que la prohibición de ejercer puede producir efectos psicológicos y sociales significativos en los profesionales que se ven obligados a abandonar la práctica.
“Es habitual que cuando se le pregunta a un profesional qué hace, responda ‘yo soy médico’”, señala Vozzi al analizar la relación entre profesión e identidad. En su interpretación, esa forma de presentarse refleja que la medicina no es únicamente un trabajo, sino un componente central de la identidad personal del profesional.
Desde esa perspectiva, la jubilación obligatoria acompañada de la prohibición de ejercer implicaría, según su análisis, una ruptura abrupta en la continuidad de esa identidad profesional. El autor describe este proceso como una forma de pérdida simbólica del rol social construido a lo largo de la vida laboral.
Un sistema previsional fragmentado
Sin embargo, la situación de los profesionales de la salud en la Argentina se inscribe en un sistema previsional altamente fragmentado. En el país conviven más de un centenar de regímenes entre el sistema nacional, administrado por la ANSES, y múltiples cajas provinciales, municipales y de profesionales. Esta estructura permite que un mismo médico pueda realizar aportes en distintas jurisdicciones a lo largo de su carrera, ya sea por el ejercicio independiente, la actividad hospitalaria o la docencia universitaria.
En ese contexto, las normas de coordinación entre regímenes establecen condiciones específicas para el acceso a la jubilación, entre ellas la exigencia de cesar en la actividad profesional en determinadas jurisdicciones. Este criterio, que responde a una concepción tradicional de la jubilación como retiro efectivo del trabajo, entra en tensión con la realidad actual: trayectorias laborales más extensas, aumento de la expectativa de vida y haberes previsionales que, en muchos casos, resultan insuficientes para sostener el nivel de ingresos de la etapa activa.
El debate se vuelve particularmente relevante en un contexto de transformación demográfica. Durante las últimas décadas, el aumento de la expectativa de vida y los avances en salud pública modificaron las condiciones del envejecimiento. En muchos casos, los profesionales llegan a la edad jubilatoria con plena capacidad intelectual y con una acumulación de experiencia clínica que puede resultar valiosa para el sistema de salud.
Vozzi plantea que la edad cronológica no necesariamente refleja la capacidad real de una persona para ejercer su profesión. Desde el punto de vista médico y social, propone revisar el concepto de vejez en función de parámetros funcionales y no exclusivamente etarios.
En ese sentido, sostiene que un médico con décadas de experiencia clínica y con sus capacidades cognitivas preservadas representa un recurso relevante para el sistema sanitario. “Un médico de más de 70 años con su capacidad cognitiva preservada y con décadas de ejercicio profesional es un profesional valioso que debe ser cuidado como tal”, afirma en su análisis.
El autor vincula esta reflexión con enfoques contemporáneos de la filosofía moral y política. En su trabajo cita a pensadores como Alasdair MacIntyre y Jürgen Habermas para analizar el lugar que ocupan los adultos mayores en las sociedades contemporáneas y el modo en que las instituciones regulan su participación en la vida social.

Desde esa perspectiva, la exclusión del trabajo profesional en la vejez podría interpretarse como una forma de discriminación basada en la edad. Según el análisis de Vozzi, la ley presupone que el envejecimiento implica necesariamente una pérdida de capacidad laboral, aun cuando en la práctica esa relación no siempre se verifica.
Otro aspecto central del debate es el impacto económico del sistema previsional. El autor señala que muchos médicos llegan a la jubilación después de décadas de aportes a las cajas profesionales y, sin embargo, perciben ingresos que consideran insuficientes para sostener su nivel de vida. En ese contexto, algunos profesionales buscan continuar trabajando para complementar sus ingresos.
“Si la jubilación representa una mínima parte de los ingresos necesarios para cubrir los gastos de vida, no se debería impedir que se siga trabajando en la profesión”, sostiene Vozzi en su investigación.
Este planteo abre una discusión más amplia sobre la sustentabilidad de los sistemas previsionales profesionales y sobre las formas de articulación entre jubilación y actividad laboral. En muchos países, los esquemas previsionales permiten compatibilizar el cobro de la jubilación con formas parciales de ejercicio profesional.

En el caso de la medicina, esta cuestión adquiere una dimensión adicional vinculada con la organización del sistema de salud. En Argentina, diversas organizaciones médicas advirtieron en los últimos años sobre la disminución de postulantes en algunas especialidades críticas.
La Sociedad Argentina de Pediatría, por ejemplo, expresó preocupación por la reducción sostenida de aspirantes a residencias en pediatría, neonatología y terapia intensiva pediátrica. Para Vozzi, este contexto plantea interrogantes sobre la conveniencia de excluir del sistema a médicos con experiencia acumulada cuando existen áreas con déficit de profesionales.
El debate también involucra tensiones generacionales dentro de la profesión médica. Algunos sectores sostienen que la permanencia de médicos mayores podría limitar las oportunidades laborales de los profesionales más jóvenes. Desde esta perspectiva, la jubilación obligatoria funcionaría como un mecanismo de renovación dentro del sistema sanitario.
Vozzi reconoce la existencia de este argumento, pero considera que el problema requiere un análisis más amplio. En su opinión, la discusión no debería centrarse únicamente en la competencia laboral entre generaciones, sino en la manera en que el sistema de salud puede aprovechar la experiencia acumulada de los profesionales mayores.
En ese marco, propone explorar modelos de integración que permitan a los médicos jubilados continuar participando en actividades clínicas, docentes o de mentoría profesional. Estas modalidades podrían contribuir tanto a la transmisión de conocimiento como al fortalecimiento de la formación médica.
La reflexión sobre la vejez ocupa un lugar central en el trabajo del cardiólogo. Desde la filosofía moral, el autor sostiene que las sociedades contemporáneas enfrentan el desafío de redefinir el significado social del envejecimiento.
Durante gran parte del siglo XX, la vejez fue asociada con el retiro definitivo de la actividad productiva. Sin embargo, los cambios demográficos y el aumento de la longevidad obligan a reconsiderar esa concepción. En muchos casos, las personas mayores mantienen durante décadas capacidades intelectuales y profesionales plenamente activas.

Desde esta perspectiva, el concepto de envejecimiento activo propone promover la participación social, laboral y cultural de los adultos mayores. La Organización Mundial de la Salud define este enfoque como un proceso que busca optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.
En el ámbito médico, esta discusión adquiere particular relevancia debido a la naturaleza misma del trabajo clínico. La experiencia acumulada en la práctica profesional constituye uno de los principales recursos del conocimiento médico. Cada caso clínico atendido, cada diagnóstico y cada tratamiento contribuyen a construir una experiencia que difícilmente pueda reemplazarse únicamente con formación académica.
Vozzi subraya que esa experiencia no se limita al contacto asistencial con pacientes. También incluye la investigación clínica y la educación médica continua, dimensiones que forman parte del desarrollo profesional a lo largo de toda la carrera. La producción científica, la participación en estudios clínicos y la reflexión sistemática sobre la práctica médica amplían la capacidad de análisis del profesional frente a situaciones complejas.
“No es lo mismo una experiencia de 50 años que una experiencia de un año repetida 50 veces”, sintetiza el cardiólogo para explicar el valor de la experiencia acumulada en la toma de decisiones clínicas.

La idea de que la medicina se ejerce frente a situaciones singulares tiene antecedentes antiguos. En la ética Nicomaquea, Aristóteles advertía: “Pues es claro que el médico no mira de ese modo a la salud, sino que mira a la del hombre, y acaso más bien a la de este o aquel hombre determinado”.
La observación del filósofo griego anticipa un principio central de la medicina contemporánea: que no existen enfermedades abstractas sino pacientes concretos. Desde esa perspectiva, la contingencia forma parte de la práctica médica y la experiencia profesional se aplica en cada caso particular.
Vozzi sostiene que la medicina se caracteriza por un aprendizaje continuo basado en la experiencia. A lo largo de décadas de ejercicio profesional, los médicos enfrentan miles de situaciones clínicas diferentes, lo que amplía su capacidad de interpretación y decisión.
Desde esta perspectiva, la experiencia acumulada podría considerarse un capital profesional que beneficia no solo al médico, sino también a los pacientes y al sistema de salud en su conjunto.
El autor concluye que el debate sobre la jubilación médica requiere una discusión pública más amplia que incluya a profesionales, instituciones médicas, legisladores y organizaciones sociales. En su opinión, la regulación actual debería revisarse a la luz de los cambios demográficos, las transformaciones del sistema sanitario y las nuevas concepciones sobre envejecimiento.
“Ser viejo requiere mayor cuidado que cuando no se lo es, pero ser viejo no priva al sujeto de toda la historia que hace a su ser”, señala en su conclusión.
En ese sentido, plantea que el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la protección previsional, la dignidad profesional y el derecho a continuar ejerciendo cuando las condiciones físicas y cognitivas lo permiten.
El debate sobre la jubilación médica, concluye, no se limita a una cuestión corporativa dentro de la profesión. Se trata de una discusión más amplia sobre el lugar que ocupan el trabajo, la experiencia y el envejecimiento en las sociedades contemporáneas.
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