
El programa Universidad de Personas Mayores (UPeM) de la Universidad Nacional de Rosario se consolida como una referencia en extensión universitaria, con más de 1.500 estudiantes mayores participando semanalmente en actividades que promueven la formación continua y la integración social.
Bajo la coordinación del psicólogo Santiago Vieytes, UPeM ofrece una propuesta académica gratuita y diversa, que actúa como un espacio clave frente a la soledad y las dificultades de acceso a la educación.
Desde su creación en 2011, la iniciativa apunta a fortalecer el vínculo entre la universidad y las personas mayores, abordando temáticas actuales e impulsando la inclusión digital y los derechos humanos, de acuerdo con los principios de la Convención Interamericana de los Derechos de las Personas Mayores.
Vieytes, egresado de la Universidad Nacional de Rosario, acumula una extensa experiencia en el trabajo con adultos mayores y en la gestión de proyectos de extensión universitaria. Desde su incorporación al área de Extensión y Territorio en 2018, lideró iniciativas como el Centro Territorial Universitario “Club Social y Deportivo 20 Amigos”, orientadas a la construcción de espacios comunitarios inclusivos.
Al frente de la UPeM desde agosto de 2023, impulsa una propuesta educativa que combina la presencialidad y la virtualidad, con un enfoque en la diversidad temática y la descentralización de la oferta, para acercar cursos y talleres a distintos puntos de la región. Su recorrido y la evolución del programa permiten observar de cerca los desafíos y logros de una política universitaria que apuesta al envejecimiento activo, la participación social y el derecho a la educación en todas las etapas de la vida.
El programa se ubica entre las dos iniciativas centrales del área de Extensión y Territorio de la Universidad Nacional de Rosario, junto con la Escuela de Oficios. Desde ese anclaje institucional se proyectan sus acciones y se consolida una articulación sostenida con las secretarías de extensión de las facultades, las cátedras, los docentes en actividad y jubilados, y los estudiantes tanto de grado como de las escuelas medias de la UNR. Esa inserción también facilita el vínculo con otras instituciones, actores y organizaciones sociales cuando las acciones lo requieren.
―¿Cómo se articula esta propuesta con la idea de universidad pública abierta e inclusiva?
―La idea de universidad pública, abierta, no arancelada e inclusiva, probablemente el principio rector más importante a la hora de pensar en la configuración del programa. Teniendo estos principios como bandera trabajamos todos los años para fortalecer y al mismo tiempo generar mayores niveles de institucionalización de programa, y producto de decisiones políticas concretas, contamos en la UNR con uno de los pocos programas que a nivel nacional, ofrece una amplia propuesta académica de manera accesible y no arancelada para el colectivo de personas mayores de la ciudad de Rosario y la región.
Un programa en mutación
Vieytes explicó que el estudiantado del programa ha ido transformándose con el paso de los años, en un proceso que el equipo revisa de manera permanente y que consideran uno de sus principales logros. Señaló que desde su creación en 2011 el crecimiento fue sostenido y que, en una primera etapa, la mayoría de quienes se inscribían eran personas mayores con trayectoria en el ámbito académico —graduados, docentes, investigadores o personal no docente— que buscaban retomar aprendizajes pendientes, explorar nuevos intereses o compartir saberes sin la exigencia de cursar una carrera de grado.
Aclaró que durante varios años ese perfil representó cerca del 80 % de la matrícula, pero que a partir de la expansión y la mayor visibilidad del programa, y con datos surgidos tanto del sistema Guaraní como de encuestas propias, ese porcentaje comenzó a descender hasta rondar el 60 %.
Destacó que este cambio refleja la incorporación creciente de personas con recorridos educativos más diversos, incluidas aquellas que no completaron la escolaridad obligatoria y que encuentran en la universidad un primer acceso a la vida académica, lo que amplía y enriquece la propuesta en su conjunto.

―¿Qué impacto observan en la vida cotidiana y en la calidad de vida de quienes participan?
―Al ser los cursos en su mayoría presenciales y al funcionar casi como una facultad chica, tenemos la suerte de encontrarnos diariamente con los más de 1.500 estudiantes que pasan todas las semanas por nuestro edificio. Tal vez suene informal, pero ese es probablemente nuestro mayor termómetro para “medir” la forma en la que impacta el programa en la vida cotidiana y en la calidad de vida de nuestros estudiantes. Es en este encuentro en donde tenemos la posibilidad de conocer de manera particular a muchos de ellos, de escucharlos y de acompañarlos dentro de la medida de nuestras posibilidades.
De esta forma podemos también recibir sugerencias, críticas y también afecto, que nos llega desde palabras de agradecimiento, abrazos, risas, cartas, medialunas, alfajores, tortas. Todo esto, sin duda nos ayuda a mejorar.

La proyección al 2050
Vieytes destacó que, a partir del seguimiento cotidiano del programa, pudieron advertir que se conforman grupos de amigos, se generan viajes, encuentros y parejas, lo que refleja la importancia de estos espacios para las personas mayores. Señaló que la pasión con la que los estudiantes transmiten su cariño por el programa es la misma con la que lo defienden en momentos de incertidumbre o crisis.
Afirmó que UPeM trasciende lo académico y funciona como un espacio de socialización y encuentro, un lugar de reunión y compañía para un colectivo humano en crecimiento, y recordó que, según proyecciones estadísticas, para 2050 las personas mayores de 60 años superarán a las menores de 60, un fenómeno que a nivel mundial no siempre cuenta con políticas públicas adecuadas.
Explicó que este crecimiento viene acompañado de problemáticas como la soledad, por lo que resulta inigualable el efecto del contacto permanente entre los estudiantes y otros participantes, incluyendo quienes se acercan en el marco de prácticas universitarias, ya que permite luchar contra este factor silencioso y complejo. Subrayó que el verdadero corazón del programa es posibilitar encuentros, dar lugar a que se compartan historias y se generen nuevas experiencias, y mencionó como ejemplos la escritura de libros publicados por la editorial de la UNR, así como otras publicaciones y podcasts.
―¿De qué manera el programa trabaja contra el viejismo y los prejuicios asociados a la edad?
―Siendo este uno de los temas más sensibles y a la vez importantes, buscamos poder abordarlo de manera múltiple. En primer lugar, no lo hacemos solos, ya que por su complejidad debe ser trabajado desde todos los ángulos posibles. Para esto, articulamos asiduamente con los gobiernos locales, tanto de la municipalidad de Rosario como de la provincia de Santa Fe, así como también con organizaciones como Frapam, Defensoría del Pueblo, Defensoría del Consumidor, vecinales, centros de jubilados, bancos, y también dentro de la Universidad con áreas como Género y Derechos Humanos.

Desde lo micro, desde la práctica cotidiana del armado del programa, de la escucha y el acompañamiento siempre respetuoso entre nuestro equipo de trabajo y las personas mayores que son parte del programa, hasta acciones intermedias, como espacios de charlas y capacitaciones en prevención de estafas virtuales, uso de plataformas digitales, cursos relativos a los derechos de las personas mayores…
Desde hace unos años sostenemos el armado de un recursero con información útil para el colectivo de personas mayores, también acompañamos en la implementación de un observatorio sobre el tratamiento que los medios de comunicación hacen sobre las personas mayores, en conjunto entre la UNR y la UBA.
Un día de reflexión
El coordinador contó que durante los meses de junio y octubre concentran el desarrollo de agendas destinadas a abordar estas problemáticas junto a los distintos actores. Señaló que junio se plantea como el mes del buen trato, tomando como eje el 15 de junio, Día Internacional de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, mientras que octubre se organiza bajo la denominación de Octubre Mayor, durante el cual se realizan acciones conjuntas relacionadas con los derechos de las personas mayores, coincidiendo con el 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores.

Afirmó que ambos meses funcionan como punta de lanza de actividades, ciclos de cine y campañas de concientización, con el objetivo de poner en agenda social cuestiones vinculadas a la vejez y combatir los estigmas y prejuicios asociados al viejismo.
―¿Qué criterios utilizan para diseñar la oferta de cursos y talleres?
―En los últimos años, a fin de democratizar y favorecer la mayor participación y renovación de propuestas retomamos el armado de las convocatorias abiertas a todas las facultades y escuelas medias de la UNR. Este año hemos tenido un récord de inscripciones, lo cual nos llena de alegría y orgullo, ya que muestra, a nuestro entender, que el programa está logrando afianzarse en la ciudad y genera cada vez mayor interés de participar, no sólo para las personas mayores, sino también para una cantidad cada vez mayor de docentes.
Para la selección de los cursos y talleres trabajamos junto a un comité evaluador que a partir del conocimiento de las propuestas más históricas y de los intereses de nuestros estudiantes, intenta generar una grilla equilibrada entre propuestas que han funcionado en los últimos años, que sean convocantes, que interesen a un gran número de estudiantes, pero que también puedan encontrar aspectos novedosos, ya sea por las temáticas tratadas, como por la posibilidad de ir sumando nuevas propuestas derivadas de nuevas carreras o facultades.
Este es un aspecto difícil, ya que la demanda habitual de nuestros estudiantes es de pedir continuidad de los espacios que les resultaron interesantes, cuestión que tomamos muy en serio, pero que a la vez buscamos consensuar con ellos y con los docentes, entendiendo que la posibilidad de abrir a una rotación de cursos y de ofertas, hace al crecimiento del programa. Sin dejar de mencionar un aspecto sumamente importante que es el del financiamiento, el cual en los últimos años se ha visto muy afectado, ya por el solo hecho de la disminución del presupuesto y la dificultad para proyectar que de ello se desprende.
―¿Qué áreas de conocimiento son las más elegidas por las personas mayores?
―Historia, Filosofía, Psicología, medio ambiente, todo lo que tenga que ver con el acceso a la digitalidad: uso de celulares, computación, inteligencia artificial. También cine, literatura y artes: dibujo, acuarela, música, baile, suelen ser las áreas más elegidas, pero también en gran medida la demanda es sostenida hacia las demás áreas académicas, como ser economía, arquitectura, derecho, o política local o internacional.
―¿Cómo se proyecta la combinación entre presencialidad y virtualidad hacia adelante?
―La proyección en relación a la virtualidad es una apuesta a sostener pero por sobre todo, a seguir construyendo. La mayoría de nuestros cursos se dan de manera presencial. Algunos adquieren el formato híbrido, ya que transmiten por Facebook las clases en vivo. Esta es tal vez una de las maneras ideales de trabajo, ya que habilitaría a que nuestros estudiantes puedan encontrarse, al mismo tiempo que posibilitaría a aquellas personas que no son de la ciudad, o que dentro de la misma cuentan con alguna dificultad para trasladarse (sabemos que las barreras para las personas mayores son varias en esta época) a poder participar de las clases.
Digo ideal, tal vez pensando en un futuro no tan lejano donde la mayoría de las personas cuenten con la conectividad necesaria para tales fines. También ideal en tanto hoy logísticamente no contamos nosotros de manera completamente lograda con la posibilidad de acompañar como equipo lo que implica el ida y vuelta de las clases virtuales… es un tema complejo, como decía antes algo a seguir construyendo, ya que las propuestas que hemos generado exclusivamente de manera virtual, convocan y sostienen a una población mucho más pequeña que la de nuestras propuestas presenciales.
―¿Cuáles son los principales desafíos y objetivos del programa para los próximos años?
―El mayor desafío es claro: trabajar de manera constante y concreta hacia el fin de conseguir una institucionalización plena del mismo; trabajar para que todas las unidades académicas cuenten con espacios de trabajo pensados para las personas mayores. La universidad en Argentina ha tenido desde la reforma de 1918 (hito fundacional a la hora de pensar en la universidad que tenemos hoy) un rol clave en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva, a la vez que más potente en términos de construcción de ciencia, de saber, pero sobre todo de ciudadanía. Es por eso que defender la educación pública es defender estos espacios. Defender la educación pública, también es defender a las personas mayores.
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