El fenómeno de El Niño podría aumentar el riesgo de incendios forestales en dos regiones de EEUU

Una investigación que analizó casi cuatro décadas de registros satelitales identificó patrones climáticos que podrían anticipar temporadas de mayor actividad del fuego

Un estudio de NOAA y CIRES vincula los episodios de El Niño en otoño con una mayor probabilidad de incendios forestales en la primavera posterior. (Julian Leshay Guadalupe/NorthJersey.com / USA TODAY NETWORK via REUTERS)
Un estudio de NOAA y CIRES vincula los episodios de El Niño en otoño con una mayor probabilidad de incendios forestales en la primavera posterior. (Julian Leshay Guadalupe/NorthJersey.com / USA TODAY NETWORK via REUTERS)
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Un estudio de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y el Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales (CIRES) identificó una relación entre los episodios de El Niño durante el otoño y una mayor probabilidad de incendios forestales extensos en dos regiones de Estados Unidos durante la primavera siguiente. El hallazgo permite reconocer patrones climáticos útiles para la planificación de las temporadas de fuego.

La investigación, publicada en marzo de 2026 en la revista científica Journal of Geophysical Research: Atmospheres, examinó registros de incendios, precipitaciones y condiciones atmosféricas entre 1984 y 2022. El análisis abarcó nueve centros de coordinación de incendios del territorio continental estadounidense y encontró diferencias entre las zonas estudiadas: mientras algunas presentaron una mayor probabilidad de superficies quemadas extensas tras El Niño, otras mostraron una tendencia contraria.

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Los resultados adquieren relevancia ante las previsiones de NOAA para el invierno de 2026-2027, que contemplan un episodio fuerte o muy fuerte de este fenómeno climático. Sin embargo, el trabajo identifica asociaciones históricas y no constituye un pronóstico específico de incendios para la próxima primavera. La evolución del tiempo y las condiciones de cada ecosistema determinarán cómo se manifiesta el peligro en los próximos meses.

Northern Rockies y Eastern, con mayor probabilidad de incendios extensos tras El Niño

El estudio encontró una mayor probabilidad de incendios que afecten grandes superficies durante la primavera posterior a un episodio otoñal de El Niño en dos regiones de coordinación de incendios de Estados Unidos:

  • Northern Rockies: comprende sectores de Montana, Dakota del Norte, Idaho, Dakota del Sur y Wyoming. Su territorio incluye bosques, zonas montañosas y áreas de vegetación abierta, con diferencias de altitud, clima y disponibilidad de agua.
  • Eastern: abarca Connecticut, Delaware, Illinois, Indiana, Iowa, Maine, Maryland, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Misuri, Nuevo Hampshire, Nueva Jersey, Nueva York, Ohio, Pensilvania, Rhode Island, Vermont, Virginia Occidental y Wisconsin. Comprende áreas forestales, agrícolas, rurales y urbanas.

Ambas son regiones operativas que permiten coordinar recursos entre organismos federales, estatales, tribales y locales. Sus límites no coinciden necesariamente con las fronteras estatales, por lo que los resultados no significan que todos los territorios incluidos vayan a experimentar las mismas condiciones.

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Las regiones operativas Northern Rockies y Eastern registran una mayor susceptibilidad a fuegos extensos tras el paso de El Niño. (REUTERS/Nicolas Economou)
Las regiones operativas Northern Rockies y Eastern registran una mayor susceptibilidad a fuegos extensos tras el paso de El Niño. (REUTERS/Nicolas Economou)

La circulación atmosférica y la demanda evaporativa, detrás de la señal regional

Los investigadores relacionaron el patrón observado en Northern Rockies y Eastern con una mayor probabilidad de altas presiones atmosféricas sobre el norte de Estados Unidos después de un episodio otoñal de El Niño. Esa configuración puede reducir las precipitaciones en determinadas circunstancias y favorecer condiciones que aceleran la pérdida de humedad del entorno.

Para examinar el mecanismo, el equipo analizó la precipitación y la demanda evaporativa, un indicador de la capacidad de la atmósfera para extraer agua del suelo y de la vegetación. Cuando las lluvias son insuficientes y la demanda atmosférica es elevada, los combustibles vegetales pueden secarse y quedar más disponibles para la propagación del fuego.

Este proceso no determina por sí solo que se produzca un incendio. También intervienen las fuentes de ignición, la velocidad del viento, las características de la vegetación y el estado de los combustibles. Un período seco puede aumentar la susceptibilidad de un ecosistema, pero el alcance de un incendio dependerá de la combinación de factores presentes cuando se inicie.

Metodología: datos satelitales y climáticos de 38 años en nueve regiones

El equipo encabezado por Andrew Hoell, investigador de NOAA, comparó registros de superficie quemada con información sobre las fases de El Niño-Oscilación del Sur, el fenómeno climático que comprende El Niño, La Niña y las condiciones neutrales del Pacífico tropical.

La investigación utilizó datos de 1984 a 2022 y evaluó nueve centros de coordinación geográfica de incendios. Las imágenes satelitales permitieron estimar las superficies afectadas, mientras que los registros climáticos ayudaron a identificar las condiciones que coincidieron con episodios de actividad extensa del fuego.

Los autores estudiaron las variaciones en la probabilidad de grandes superficies quemadas según la fase climática y la estación del año. También examinaron si los cambios en las precipitaciones y en la demanda evaporativa podían contribuir a explicar los resultados.

El objetivo fue determinar si el fenómeno oceánico y atmosférico ofrece una señal útil para anticipar temporadas con mayor actividad de incendios. De acuerdo con el trabajo, estas relaciones pueden aportar información con varios meses de anticipación y, en determinados casos, hasta un año antes.

La utilidad del método depende de la región y del período analizado. Las asociaciones históricas no garantizan que cada episodio futuro reproduzca el mismo comportamiento, por lo que los resultados deben incorporarse a los modelos de evaluación junto con otras observaciones climáticas.

El Centro de Predicción Climática calculó más del 83 por ciento de probabilidad de un evento fuerte de El Niño para el invierno de 2026-2027. (REUTERS/Nicolas Economou)
El Centro de Predicción Climática calculó más del 83 por ciento de probabilidad de un evento fuerte de El Niño para el invierno de 2026-2027. (REUTERS/Nicolas Economou)

Great Basin, Rocky Mountain y Southern presentan un patrón opuesto

La investigación encontró una menor probabilidad de superficies quemadas extensas durante la primavera y el verano posteriores a un episodio otoñal de El Niño en las regiones Great Basin, Rocky Mountain y Southern.

Los resultados se relacionaron con condiciones de precipitación y demanda evaporativa distintas de las identificadas en Northern Rockies y Eastern. Esta diferencia muestra que el mismo fenómeno climático puede coincidir con patrones regionales opuestos, según la circulación atmosférica y la estación.

El trabajo también detectó asociaciones entre La Niña y una mayor probabilidad de incendios extensos en Southern, Rocky Mountain y Southwest durante el invierno y la primavera posteriores. Para el verano siguiente, la señal se observó en Great Basin y Northern California.

Estas diferencias son importantes para interpretar el efecto de las fases climáticas. El Niño y La Niña no producen una respuesta uniforme en todo el país, y sus asociaciones con los incendios cambian de acuerdo con el momento del año y la región.

Los resultados tampoco deben interpretarse como una garantía de que habrá menos incendios en las áreas donde la probabilidad disminuye. La vegetación que crece durante períodos húmedos puede convertirse en combustible cuando se seca, de modo que las condiciones de una estación pueden influir en el comportamiento del fuego durante otra.

Episodio fuerte o muy fuerte de El Niño previsto para el invierno de 2026-2027

El Centro de Predicción Climática de NOAA informó en octubre de 2026 que El Niño continuaba fortaleciéndose. En su actualización del 8 de octubre, estimó una probabilidad superior al 83 % de que el fenómeno alcanzara una intensidad fuerte o muy fuerte durante el período que se extiende hasta enero-marzo de 2027.

La perspectiva invernal publicada por la agencia el 15 de octubre contempló temperaturas superiores al promedio en sectores del norte de Estados Unidos y mayores probabilidades de precipitaciones por encima de lo habitual en partes del sur y de la costa este. También señaló que la evolución de la sequía podría variar entre regiones, incluidas algunas áreas de las Montañas Rocosas del Norte.

Estas previsiones describen tendencias climáticas estacionales, no la distribución futura de los incendios. Aunque el estudio histórico ayuda a identificar zonas donde El Niño se ha relacionado con cambios en la superficie quemada, no determina si las condiciones de 2027 repetirán esos patrones.

Durante los próximos meses, las autoridades deberán evaluar la evolución de las lluvias, la sequía, la humedad de los combustibles y los vientos para actualizar las perspectivas de peligro. El trabajo de NOAA y CIRES aporta una referencia adicional para esa planificación, especialmente en las regiones donde se identificó una señal histórica de mayor actividad del fuego.

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