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¿Por qué reaparecen la lepra y el dengue en Florida?

El Departamento de Salud informó 36 diagnósticos de hanseniasis en 2025, el máximo en 30 años, y al menos 17 en 2026, mientras se confirmaron infecciones autóctonas de fiebre del mosquito en el sur

El aumento de casos de lepra y dengue en Florida se vincula con factores ambientales, el cambio climático y los patrones de lluvias (Cortesía: PAHO)
El aumento de casos de lepra y dengue en Florida se vincula con factores ambientales, el cambio climático y los patrones de lluvias (Cortesía: PAHO)
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El reciente incremento de casos de lepra y dengue en Florida ha generado inquietud en la comunidad, aunque los especialistas insisten en que no existe motivo para el pánico. El epidemiólogo Jorge Martínez atribuye este repunte a factores ambientales y estacionales, señalando la influencia del cambio climático y los patrones de lluvias en la región.

Según explica el profesional, el comportamiento cíclico de estas enfermedades responde directamente al aumento de la temperatura y a condiciones propicias para la proliferación de agentes infecciosos. A pesar de este escenario, Martínez recalca la importancia de la prevención, subrayando que la población cuenta hoy con recursos y conocimientos para evitar contagios y contener la propagación de ambas patologías.

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Desde la perspectiva epidemiológica, la reaparición de estas enfermedades tropicales se entiende como un fenómeno recurrente, más que como un episodio excepcional. El aumento de casos de lepra y la confirmación de contagios locales de dengue se vinculan estrechamente con los ciclos naturales de la región, especialmente durante las temporadas de lluvia y calor intenso.

La lógica detrás de este patrón se fundamenta en la biología de los agentes patógenos y sus vectores. En el caso del dengue, la presencia del mosquito Aedes aegypti se intensifica con la humedad y el estancamiento de agua, condiciones que se acentúan en los meses más cálidos. Por su parte, la lepra encuentra condiciones favorables para su transmisión en prácticas culturales específicas y en la interacción con la fauna silvestre.

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Para comprender a fondo el caso de la lepra, es imprescindible desmitificar algunas creencias que persisten en el imaginario colectivo. Martínez destaca que la lepra en Florida responde a un ciclo natural, en el cual la bacteria Mycobacterium leprae tiene como principal reservorio al armadillo de nueve bandas, un mamífero presente en zonas rurales del estado.

Primer plano de un mosquito Anopheles darlingi con patas y probóscide sobre la piel de un brazo humano. El insecto tiene un cuerpo oscuro y alas. Fondo verde borroso.
El epidemiólogo Jorge Martínez sostiene que la reaparición de la lepra y el dengue en Florida responde a un fenómeno cíclico y no a un episodio excepcional (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo de su carne o la manipulación directa de estos animales facilitan la exposición al patógeno. No obstante, el especialista aclara que el contagio entre personas requiere una exposición prolongada y sostenida, por lo que la transmisión directa de individuo a individuo resulta poco frecuente en contextos urbanos y con altos niveles de higiene.

La percepción social sobre la lepra suele estar marcada por imágenes de deformación y aislamiento, asociadas a épocas en las que el tratamiento era inexistente o ineficaz. Sin embargo, el abordaje médico actual ha transformado radicalmente el panorama: existen tratamientos efectivos que permiten controlar la enfermedad y evitar sus consecuencias más severas. “No es la lepra de hace 40 o 50 años que deformaba gravemente a las personas; hoy en día existen tratamientos muy efectivos”, puntualiza Martínez.

Ante este escenario, la medida preventiva más eficaz radica en evitar el contacto con la fauna silvestre y, particularmente, abstenerse de consumir carne de armadillo, una práctica aún vigente en algunos entornos rurales de Florida.

En cuanto a los datos oficiales, el Departamento de Salud de Florida registró 36 casos de lepra en 2025, la cifra anual más alta en tres décadas. En lo que va de 2026, se contabilizan al menos 17 pacientes afectados por la enfermedad. La mayor concentración de casos se da en el corredor de la autopista I-4, abarcando condados como Brevard, Volusia y Orange. Además, se han reportado registros aislados en el sur de la península, aunque la prevalencia sigue siendo baja en términos relativos. Estos datos reflejan un fenómeno localizado, cuyo alcance permanece limitado gracias a las estrategias de prevención y la pronta atención de los servicios médicos.

Fotografía en detalle del mosquito del dengue, Aedes aegypti picando un brazo. Salud, salubridad, higiene, control, plagas, verano, agua, sudamérica (Imagen ilustrativa Infobae)
El Departamento de Salud de Florida registró 36 casos de lepra en 2025 y al menos 17 en 2026, con foco en el corredor de la autopista I-4 (Imagen ilustrativa Infobae)

El dengue, por su parte, ha motivado la emisión de alertas sanitarias en los condados de Miami-Dade y Palm Beach tras la confirmación de contagios adquiridos localmente. La clasificación de estos casos indica que los pacientes no contrajeron la enfermedad durante viajes, sino tras la picadura de mosquitos en la región. El protagonismo del mosquito Aedes aegypti crece con las lluvias, ya que incluso una tapa de botella con agua limpia estancada puede convertirse en criadero para cientos de larvas. De ahí que el control de vectores dentro de las viviendas sea fundamental para frenar la transmisión.

La prevención del dengue se apoya en una serie de recomendaciones prácticas, especialmente durante el amanecer y el atardecer, horarios de mayor actividad del insecto. El uso de ropa de colores claros —dado que los tonos oscuros atraen a los mosquitos— y la aplicación frecuente de repelentes de origen natural conforman el núcleo de las indicaciones de los expertos. Estas medidas permiten reducir el riesgo de picaduras sin exponer la piel a compuestos químicos agresivos.

El trasfondo ambiental de la situación sanitaria en Florida es inseparable del clima tropical y de la adaptación de la sociedad a nuevas condiciones. El calentamiento progresivo de la península acorta los ciclos reproductivos de los vectores y modifica el comportamiento de la flora y la fauna, facilitando la circulación de enfermedades infecciosas. No obstante, factores como el uso extendido de aire acondicionado y los altos estándares de higiene han limitado la expansión de epidemias masivas en el estado.

Martínez resume el desafío en términos de convivencia y adaptación: la ciudadanía debe asumir que la transformación ambiental exige nuevas estrategias de prevención y un compromiso con la concienciación ambiental. Adaptarse a los cambios climáticos y entender el entorno natural se presenta como la mejor herramienta para reducir los riesgos de salud y evitar que fenómenos cíclicos como la lepra y el dengue se conviertan en amenazas fuera de control.

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