(Desde New York, Estados Unidos) A las 11.40, (hora del este) Nicolás Maduro ingresó al recinto de la Corte de New York. Canoso, más delgado y sin esposas, el exdictador de Venezuela vestía un mameluco beige y zapatillas deportivas. Saludó a sus abogados y se calzó los auriculares para escuchar la traducción del inglés al español. Nunca sonrió, y su mirada estaba blanco, vacía.
La audiencia fue encabezada por el juez federal Alvin Hellerstein, que presionó con preguntas simples y filosas a Barry J. Pollack -abogado de Maduro- y al fiscal federal adjunto Kyle Wirshba.
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Pollack alegó que Maduro sólo tendrá una defensa legal de élite acorde a sus acusaciones si Estados Unidos permite que Venezuela pague sus honorarios con fondos que embargó por su origen ilícito.
Wirshba replicó que esos fondos están congelados por “razones de seguridad nacional”, y que Maduro podría recurrir a los abogados oficiales para respetar el concepto constitucional -Enmienda VI- que establece el principio de defensa en juicio.
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Hellerstein, que tiene 92 años y se lo escucha muy bajo, enfrentó los planteos legales del fiscal Wirshba, que transpiró durante los treinta minutos que le dedicó el juez de New York.
Wirshba no pudo contestar con certeza por qué debía bloquearse la posibilidad de solventar la defensa de Pollack, si la amenaza de seguridad nacional que implicaría Maduro se disolvió con su captura en Caracas y su detención en Manhattan.
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Hellerstein relativizó el argumento de la defensa en juicio presentado por Pollack, pero fue enfático al soslayar la tesis de seguridad nacional presentada por Wirshba para evitar que los fondos embargados por Estados Unidos terminen en poder de Maduro.
“Ya no es una amenaza para la seguridad nacional”, sostuvo el juez federal en referencia a Maduro, frente a los argumentos del fiscal Wirshba. Y completó, ante el silencio absoluto de la Corte: “Está acá”.
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La posición de Hellerstein abre un escenario inesperado para la administración Trump y los fiscales del caso.
Si el juez federal resuelve que Estados Unidos debe levantar las sanciones para los fondos opacos de Venezuela que se usarán para la defensa del exdictador y sus socios corruptos, es muy probable que la Casa Blanca presente una apelación para bloquear la decisión de Hellerstein.
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Pero al margen de esta posible coyuntura, Donald Trump se vería ante la encrucijada de tener que liberar fondos opacos para que sean usados para pagar los honorarios de las defensas de Maduro y su cómplices, que están siendo juzgados en los tribunales de Estados Unidos.
Cuando terminaron las exposiciones de Pollack y Wirshba, el juez Hellerstein avanzó al segundo capítulo de la audiencia vinculado a la evidencia secreta que aportó la DEA.
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Junto a Maduro y su esposa Cilia Flores, que también estaba en la audiencia, se encuentran imputados Diosdado Cabello -ministro del Interior de Venezuela-, Ramón Rodríguez Chacín -exministro del interior de Venezuela-; Nicolás Maduro Guerra -hijo del exdictador-, y Hector Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, líder de la organización criminal Tren de Aragua.
Pollack sostuvo que las pruebas secretas del expediente no deben tener trabas de acceso porque eso fortalece la defensa en juicio.
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Wirshba, al contrario, afirmó que compartir las evidencias puede poner en peligro a los testigos y fuentes que colaboraron para fortalecer el caso contra Maduro y sus cómplices.
Hellerstein escuchó los argumentos de las dos partes y tras más de una hora de debate cruzado entre Pollack y Wirshba, levantó la audiencia.
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Ahora su señoría debe decidir si ordena que Estados Unidos levante las sanciones sobre los fondos opacos que se usarían para la defensa de Maduro y Cilia Flores, y resolver si la defensa del dictador puede compartir la evidencia secreta que prueba sus vínculos con el narcotráfico y el terrorismo.
Al margen de las posibles variables que protagonice Hellerstein, lo cierto es que el proceso contra Maduro continuaría pese a los esfuerzos en contrario del abogado Pollack.
Así se puede desprender de los juicios de valor y de las preguntas que formalizó Hellerstein durante la audiencia en la corte de New York.
“All rise”, se escuchó cuando el reloj del tribunal marcaba las 12.45 (hora del este). Se había terminado la audiencia, y el juez federal se fue del recinto con paso cansino.
Maduro se levantó como un autómata y le dio la mano al abogado Pollack. El dictador dejó la corte rodeado por cinco custodios del US Marshall.
Volvió a prisión, su destino perpetuo.
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