
Una batalla discreta pero persistente contra la acumulación de residuos y objetos abandonados, gracias al trabajo voluntario de ciudadanos comunes, impulsó la iniciativa de limpiar el Puente de Brooklyn en uno de los destinos turísticos más transitados de la ciudad de Nueva York. Al margen de cualquier contrato oficial o remuneración, este esfuerzo generó un movimiento local por la conservación del patrimonio y la concienciación pública sobre el manejo de residuos, según informó Wall Street Journal.
Desde principios de febrero de este año, Ellen Baum, gestora de programas de 37 años y vecina de Brooklyn Heights, dedicó más de 40 horas a retirar manualmente gomas para el cabello, pañuelos, recibos y otros objetos atados al enrejado del puente. Esta labor, afrontada en pleno invierno y sin respaldo institucional, le ha significado el apoyo de seguidores en redes sociales, la colaboración de un miembro del consejo municipal y apodos como ‘Trashley Madison’ o la ‘zarina de la basura’.
El fenómeno que motivó la necesidad de esta limpieza periódica se originó a comienzos de la década de 2010 con la proliferación de los llamados “candados del amor”: parejas, siguiendo una tendencia inspirada en París, colocaban candados metálicos y lanzaban las llaves al East River.

Para 2014, el hábito se extendió a objetos improvisados como cintas, auriculares e incluso tampones y botellas plásticas. Los registros de este año muestran que varias secciones del puente se encontraban “invadidas por candados y otros desechos, entre ellos medias sueltas y frascos de medicamentos con etiquetas extranjeras”, detalló Wall Street Journal.
En 2016, tras una operación de limpieza que obligó al cierre parcial del paso peatonal y supuso un gasto de USD 116.000, el Departamento de Transporte de la ciudad impuso una multa de USD 100 por colocar objetos. Estas medidas no lograron revertir la acumulación, que continuó en aumento.
Dos habitantes de Brooklyn lideran la limpieza voluntaria del puente
Mientras Baum sumaba horas de trabajo en la retirada de basura en el puente, otro residente de Brooklyn llevaba adelante tareas similares, pero empleando herramientas más especializadas. Max Parke, ingeniero de software de 39 años, comenzó en diciembre a cruzar el puente equipado con una amoladora de disco y un chaleco reflectante.
Con auriculares para mitigar el ruido, Parke logró retirar más de 450 kg de metal trasladando los restos mediante un carro de jardín que acopla a su bicicleta o lleva en metro.

Parke expresó a Wall Street Journal: “Me gusta ver situaciones en la ciudad que evidentemente requieren la intervención de alguien. Bueno, yo soy ese alguien”.
La colaboración entre ambos se formalizó en marzo, tras un contacto de Baum motivado por un reportaje local. El apodo ‘Trashley Madison’, que ya circulaba en redes sociales, se consolidó como una muestra de reconocimiento de Parke hacia Baum.
Apoyo ciudadano, respuestas oficiales y nuevas propuestas
Ambos voluntarios reciben mayormente respuestas positivas tanto en el puente como en plataformas como Reddit. Diversos ciudadanos han intentado donar herramientas o dinero a Baum para sostener la limpieza, pero ella ha rechazado hasta ahora ese tipo de apoyo.
Alrededor de una docena de personas aseguran haberse sentido incentivadas a recoger basura en sus propios barrios luego de conocer la iniciativa.
Baum explica que su labor y la de Parke puede interpretarse como una intervención directa en el espacio público para el mantenimiento y la promoción de la participación ciudadana, un enfoque al que algunos se refieren como “urbanismo guerrilla”. En las pocas ocasiones en que la policía ha presenciado la actividad en el puente, los agentes no han intervenido. Un conductor del Departamento de Transporte incluso manifestó su apoyo desde un camión.

Con el objetivo de institucionalizar y ampliar estas tareas, Baum presentó una propuesta formal al Departamento de Transporte que contempla el refuerzo de los equipos de limpieza, el desarrollo de campañas educativas sobre la historia del puente e instalaciones para depositar candados —como papeleras acondicionadas y estructuras decorativas— en los accesos peatonales.
El entorno político ha comenzado a reaccionar. Tras comunicar el caso a su representante local, Baum recibió un correo del consejo municipal con la oferta de materiales y la propuesta de gestionar un encuentro con la cúpula del Departamento de Transporte.
Se espera que el asunto despierte el interés del alcalde Zohran Mamdani, quien recorrió el puente poco antes de las últimas elecciones.
Al mismo tiempo, Baum se inscribió en el programa Trash Academy de la organización sin fines de lucro Sanitation Foundation, una capacitación dedicada a analizar el impacto de los residuos en el clima, la salud pública y los barrios neoyorquinos.
Pese a los logros alcanzados, la tarea nunca termina. Baum relata que en cada visita al puente encuentra “nuevos residuos atados a la estructura”, y explica que, aunque Parke regrese de forma periódica, los candados siempre reaparecen. En sus palabras: “Me estoy acostumbrando a que esto es un maratón”.
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