
El desplome de la industria vitivinícola de California representa la crisis más aguda de este sector en décadas, impulsada por el exceso de uvas, la caída de la demanda y la llegada masiva de importaciones de vino a bajo precio. Estos factores han generado despidos, cierres de bodegas y la mayor reducción de viñedos en la historia reciente, según informó el medio Los Angeles Times.
La situación alcanzó un punto crítico en 2025, cuando las exportaciones estadounidenses de vino sumaron USD 805 millones, lo que implicó una caída del 35% respecto al año anterior.
Esta reducción, una de las mayores porcentuales registradas, se profundizó con los boicots de Canadá, principal destino internacional del vino californiano, que provocaron la eliminación de USD 360 millones en ingresos que la industria estadounidense habría recibido en condiciones normales, según datos de Wine Institute, el principal organismo de la industria vinícola de California, citados por Los Angeles Times.
Grandes viñedos dejan uvas sin cosechar por primera vez desde la posguerra
El problema central radica en la sobreoferta: los viñedos producen más uvas de las que el mercado puede absorber. Stuart Spencer, propietario de St. Amant Winery y director ejecutivo de la Lodi Winegrape Commission, relató que durante el último otoño debió dejar cerca de 50 toneladas de uvas pudriéndose en los viñedos de Lodi porque los costos de cosecha y procesamiento superaban el valor de venta estimado.
“No nos queda otra que hacer todo lo posible por sobrevivir”, afirmó Spencer a Los Angeles Times. Decisiones semejantes se reproducen en distintos puntos del Valle Central y otras zonas productoras. Los pequeños productores han despedido personal y arrancado cientos de hectáreas de viñas ante la imposibilidad de colocar el excedente.

El fenómeno alcanza también a los grandes jugadores. E. & J. Gallo, la mayor proveedora de vino en Estados Unidos y fabricante de Barefoot, notificó al estado de California el cierre de una planta en St. Helena y el despido de 93 trabajadores.
La firma Jackson Family Wines (productora del conocido Kendall-Jackson Chardonnay) comunicó el cierre de su bodega Carneros Hills y la desvinculación de 13 personas. Constellation Brands, propietaria de marcas como Robert Mondavi y Modelo, informó el cierre de Mission Bell Winery en Madera y el despido de 212 trabajadores.
Esta última compañía busca ahorrar USD 200 millones hasta 2028, priorizando el negocio cervecero, según detalla en sus informes a inversores publicados por Los Angeles Times.
El cambio generacional y las nuevas tendencias alteran la base de consumo
El consumo de vino disminuye en Estados Unidos por el envejecimiento de los principales consumidores y cambios en las preferencias de las nuevas generaciones. Los denominados baby boomers, históricamente los mayores compradores de vino, adquieren menos a medida que envejecen.
Al mismo tiempo, las generaciones más jóvenes como los millennials y la generación Z muestran menor interés tanto por el vino como por las bebidas alcohólicas en general; prefieren cervezas artesanales o espirituosos de alta gama, señaló Dale Stratton, consultor con más de treinta años de experiencia en Gallo Wines y Constellation Brands.
Danny Brager, analista del sector y ex vicepresidente senior de la consultora global de mercados y consumo Nielsen, puntualizó a Los Angeles Times: “Al quedarse la gente en casa sin gastar en conciertos o viajes, subieron las ventas de alcohol durante unos dos años, pero esa tendencia se esfumó”.

El juicio de París de 1976 consolidó la fama mundial del vino californiano, superando a los grandes vinos franceses en una cata a ciegas considerada histórica. En las décadas siguientes, el sector creció impulsado por figuras como Robert Mondavi, que convirtieron el vino en parte del consumo cotidiano de los hogares estadounidenses.
No obstante, desde 2017 la demanda se ha estancado, aunque las bodegas continuaron expandiéndose y plantando viñedos, situación que llevó al actual cuello de botella de uvas sin compradores, según señala Wine Institute.
Comercio exterior: las tarifas y los boicots canadienses agravan la crisis
La guerra comercial impulsada por el gobierno del presidente Donald Trump, que incorporó nuevos aranceles a productos canadienses, provocó una reacción inmediata de boicots de varios gobiernos provinciales de Canadá hacia el vino estadounidense, en particular el californiano. De acuerdo con Wine Institute, la prohibición “borró” unos USD 360 millones en ventas y eliminó puestos de trabajo en ventas y logística en Canadá y Estados Unidos.
El organismo y representantes de la industria han pedido a Canadá que ponga fin a estas medidas, sosteniendo que también privan a las provincias canadienses de millones de dólares en impuestos asociados a la importación de vino estadounidense. Steve Gross, presidente ejecutivo de Wine Institute, afirmó: “Es hora de que todos los implicados hagan de la resolución de este problema una prioridad, antes de que más empresas sean dañadas de manera irreversible”.
En el ámbito legislativo, el representante demócrata Mike Thompson de St. Helena impulsó en diciembre un proyecto de ley para que el gobierno federal reembolse a los productores estadounidenses afectados por la guerra comercial. La iniciativa cuenta con respaldo bipartidista, pero enfrenta múltiples obstáculos.
Importaciones baratas y prácticas comerciales impactan en los productores locales
El auge de vinos importados a bajo precio, fundamentalmente desde Chile y Australia, constituye otra causa directa del colapso. Las grandes bodegas mezclan estos vinos con californianos (la normativa estadounidense permite hasta un 25% de mezcla extranjera para poder etiquetar un vino como “americano”), depreciando el valor de la uva local y dificultando la venta del vino o de las uvas excedentes para los pequeños productores.
“Todos están siendo precavidos y procesando menos porque las perspectivas del mercado siguen siendo inciertas”, mencionó Spencer, quien destacó que, aunque ha evitado despidos en St. Amant Winery, muchos viticultores de Lodi no han tenido margen para evitar recortes de personal y la suspensión de campos.
Nuevos modelos y oportunidades en bodegas pequeñas
Algunas bodegas pequeñas aprovechan la coyuntura para encontrar oportunidades. Andrew Jones, fundador de Field Recordings en Paso Robles, vio potencial para innovar. Su bodega de 14 empleados, con una media de 29 años de edad, incrementó ingresos el año pasado apostando a un público joven con gustos diferentes: “La generación joven busca vinos blancos con mayor acidez y tintos frescos, que se puedan enfriar; quizás porque crecieron en la era de los caramelos ácidos, mientras los boomers prefirieron el chocolate y sabores suaves”, indicó Jones a Los Angeles Times.
Jones también identifica un nicho de crecimiento en el vino envasado en cajas pequeñas (bag-in-box) de tres litros, mucho más baratas de transportar que las botellas de vidrio. “Hay mucho potencial ahí. Muchos jóvenes todavía quieren beber vinos frescos y novedosos”, aseguró.
De las misiones españolas a la reinvención del sector tras la posguerra
La tradición vitivinícola californiana data del siglo XVIII, cuando el fraile Junípero Serra cultivó vides europeas en la Misión San Juan Capistrano. Tras el cierre del sistema misional en la década de 1830, inmigrantes europeos crearon viñas comerciales a gran escala en el sur del estado, prosperando especialmente durante la fiebre del oro.
En 1920, la ley seca destruyó la mayor parte del sector. Solo unas pocas bodegas como San Antonio Winery resistieron, produciendo vinos para la Iglesia. La reconstrucción de la industria tras la Segunda Guerra Mundial y la consagración internacional de los vinos californianos en los años setenta dieron paso a una etapa de expansión que hoy enfrenta su mayor desafío en un siglo, debido a factores globales y locales sin precedentes coincidiendo en el tiempo.
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