La fecha del 25 de mayo de 2012 quedó marcada por uno de los crímenes más estremecedores de Maryland, Estados Unidos.
Kujoe Bonsafo Agyei-Kodie, un hombre de 37 años de origen ghanés, desapareció sin llevar consigo su billetera ni su celular, lo que levantó de inmediato sospechas en la familia Kinyua, en cuya casa residía temporalmente.
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El drama estalló varios días después, cuando Jarrod Kinyua, hermano del sospechoso, Alexander, halló una escena perturbadora en el sótano familiar. Escondidas en dos latas de metal, cubiertas por una manta, encontró una cabeza y dos manos humanas, según detallan informes policiales citados por Daily Mail.

El hallazgo llevó a la intervención inmediata de la familia. Antony Kinyua, padre de Alexander y profesor de física en la Morgan State University, llamó a un detective de Harford County, notificando el macabro descubrimiento realizado por su otro hijo.
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Según CNN, padre e hijo bajaron juntos al sótano y vieron a Alexander Kinyua mientras limpiaba los restos, lo que reforzó las sospechas e incrementó la urgencia policial.
Poco después, las autoridades acudieron al lugar y comprobaron lo que ya parecía inevitable: Alexander Kinyua había asesinado y desmembrado a la víctima, el joven con el que compartía casa.
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Al ser enfrentado por los detectives, Alexander Kinyua confesó su responsabilidad. Reconoció haber matado a Agyei-Kodie con un arma blanca mientras dormía, según lo reconstruido por NBC News.
De acuerdo con la misma fuente, el joven universitario describió cómo desmembró el cuerpo y, en uno de los detalles más horrendos del expediente, admitió haber consumido partes del corazón y el cerebro de la víctima.
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Luego, detalló a la policía el destino de los demás restos, indicando que los había arrojado en un contenedor de basura en el estacionamiento de la Village Baptist Church, donde finalmente fueron recuperados por los investigadores.

La historia personal de los protagonistas del hecho
Alexander Kinyua, ciudadano estadounidense de origen keniano, era estudiante de ingeniería eléctrica en la Morgan State University y contaba con un buen desempeño académico, según The Guardian.
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Agyei-Kodie, por su parte, era un inmigrante ghanés que había acumulado varios títulos de posgrado y se encontraba en proceso de regularizar su situación ante las autoridades de inmigración, según CNN. Su relación con la familia Kinyua se había gestado años antes, cuando conoció a Antony Kinyua, padre de Alexander, mientras ambos estaban en el ámbito académico.

Las señales de alarma en torno a Alexander Kinyua se habían multiplicado en los meses previos. Sus mensajes en Facebook, en los que aludía a “sacrificios humanos en masa” y advertía sobre “limpiezas étnicas”, según Daily Mail, pasaron inadvertidos o fueron minimizados por el entorno.
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Además, según registros de la universidad y relatos de instructores reproducidos por Daily Mail, mostraba comportamientos erráticos, como destruir paredes en la oficina del ROTC, y preocupó a un mentor, que tras conocer el caso diría que era “una masacre como la de Virginia Tech esperando para ocurrir”.
Incidentes antes del hecho criminal

Días antes del crimen, el 19 de mayo, Kinyua había estado involucrado en una agresión brutal en el campus de Morgan State University, atacando con un bate de béisbol envuelto en alambre de púas y cadenas a Joshua Ceasar, un estudiante de 22 años.
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Este hecho, que terminó por dejar a Ceasar con daños permanentes en la visión, llevó a una acusación de intento de asesinato, según NBC News.
A pesar de estos antecedentes, Alexander permanecía en libertad bajo fianza al momento del homicidio de Agyei-Kodie, condición que ha sido objeto de controversia sobre posibles omisiones en la gestión preventiva por parte de la universidad y las autoridades judiciales, según reflejan tanto The Guardian como NBC News.
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El proceso judicial tras el asesinato de Agyei-Kodie estuvo marcado por la evaluación psiquiátrica del acusado. Según informes judiciales y declaraciones recogidas por Daily Mail, tanto los peritos de la defensa como de la fiscalía coincidieron en que Alexander Kinyua no podía ser considerado penalmente responsable de sus actos por motivos de su salud mental.
Pese a las dudas expresadas por familiares y amigos de la víctima, que resaltaron el nivel de premeditación y el esfuerzo para ocultar pruebas, el tribunal aceptó la recomendación médica y Kinyua fue enviado al hospital psiquiátrico de máxima seguridad.
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