El pueblo del Pirineo catalán a 90 minutos de Barcelona donde probar la tradicional canamillana después de hacer una ruta por sus montañas

Entre fortines abandonados, una sala de cine con 125 años de actividad y recetas ancestrales de montaña, esta localidad del Ripollès propone una escapada completa

Un plato de barro sobre una mesa de madera contiene una tortilla de patatas sobre una hoja de col, lonchas de panceta y un ajo encima.
La canamillana figura entre los platos que figuran la identidad del Vall de Ribes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En el corazón del Pirineo catalán, la comarca del Ripollès guarda uno de esos destinos que mezclan naturaleza, historia y buena mesa en un radio de pocos kilómetros. Ribes de Freser, cabecera de la Vall de Ribes, ofrece un plan de escapada de fin de semana perfecto para quienes buscan desconectar sin alejarse demasiado de Barcelona.

El pueblo, de apenas 1.900 habitantes, se organiza en una peculiar forma de “Y” trazada por la confluencia de tres ríos: el Freser, el Rigard y el Segadell. Esa geografía particular marcó desde siempre su economía, que pasó de la agricultura de montaña a la minería y el textil antes de convertirse en uno de los destinos de turismo rural más visitados del norte de Girona.

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Ribes de Freser en el valle entre montañas y rodeado de naturaleza. (Wikimedia/Àlex)
Ribes de Freser en el valle entre montañas y rodeado de naturaleza. (Wikimedia/Àlex)

Quien llega hasta aquí en busca de una escapada de montaña encuentra algo más que paisaje. Ribes de Freser conserva un patrimonio cultural que pocos pueblos de su tamaño pueden exhibir, y que convive con una tradición culinaria capaz de justificar por sí sola el viaje desde la capital catalana.

Una sala de cine con más de un siglo de proyecciones ininterrumpidas

El Cinema Catalunya, ubicado en el número 19 de la calle Mayor, abrió sus puertas en 1900 bajo el nombre de Teatro Taga, propiedad de Nicolàs Vilageliu i Mallol. Durante las primeras décadas del siglo XX funcionó como teatro-café, con sesiones de cine mudo acompañadas por una pianola, y compitió con otra sala local, la de la Cooperativa, hoy convertida en Casal de Cultura.

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Personas ante una taquilla de madera en el vestíbulo de un cine con carteles de películas en las paredes y cortinas en la puerta.
La sala de cine puede albergar 180 personas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En 1932 llegó el cine sonoro con la proyección de Un hombre de suerte, del director Benito Perojo, y en 1956 la sala adoptó el nombre que conserva hasta hoy. Tras el retiro de su último propietario particular en 2008, la Associació cineclubista d’Amics del Cinema asumió la gestión junto al ayuntamiento y evitó su cierre definitivo. La Academia del Cinema Català la reconoce como una de las 13 salas centenarias activas en toda España, con capacidad actual para 180 espectadores.

Rutas entre bosques, fortines y miradores volcánicos

La Vall de Ribes ofrece un catálogo de itinerarios que salen directamente desde la oficina de turismo del pueblo. La Ruta de les Fonts i els Fortins, de menos de 5 kilómetros, conduce hasta el Castillo de Sant Pere y asciende entre robledales hasta un conjunto de búnkeres construidos durante la Segunda Guerra Mundial como parte de la línea defensiva del Pirineo. También destacan la Ruta dels Miradors y varios tramos de la red Itinerànnia, que conectan Ribes con Pardines, Planoles o el refugio Pla d’Erola, a 1.524 metros de altitud.

Un hombre y una mujer con mochilas caminan por un sendero de piedra rodeado de árboles con hojas amarillas y rojas frente a una montaña.
El pueblo tiene dos rutas entre las montañas cercanas de pocos kilómetros. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para quienes buscan una experiencia distinta, la única vía ferrata de todo el valle recorre un tramo de origen volcánico sobre granófiro, con una duración aproximada de dos horas y dificultad baja. Desde 1931, además, el tren cremallera conecta la estación de Ribes Vila con el santuario de Núria, a 1.964 metros, tras un trayecto de 12,5 kilómetros que supera un desnivel de 1.000 metros en apenas 40 minutos.

Sopas de pastor y embutidos de montaña para cerrar la jornada

Cazuela de barro con sopa y trozos de pan con una ramita de romero encima, situada junto a un pan rústico y una cuchara de madera.
Las sopas de pastor es un plato extremadamente sencillo, los ingredientes son: pan seco, ajo, sal y un trozo de sebo o manteca. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La gastronomía de la Vall de Ribes se sostiene en recetas de cocina de montaña transmitidas entre generaciones. La sopa de pastors, la sopa de neu y, sobre todo, la canamillana, un trinchado de patata y col, figuran entre los platos que definen la identidad culinaria del valle, junto a los embutidos artesanales de la zona. El refugio Pla d’Erola completa la oferta con arroces de montaña y carnes a la brasa, mientras que el pueblo dispone de hostales y casas rurales para quienes decidan prolongar la visita más allá de un fin de semana.

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Cómo llegar hasta Ribes de Freser desde Barcelona

El trayecto en coche desde Barcelona hasta Ribes de Freser dura aproximadamente 90 minutos por la carretera C-17, que conecta la capital catalana con Vic y Ripoll antes de tomar la N-260 hasta el pueblo. Para quienes prefieren el transporte público, la línea R3 de Rodalies de Catalunya, que circula entre Barcelona y Puigcerdà, llega directamente hasta la estación de Ribes de Freser en un recorrido de algo más de dos horas.

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