La provincia de Huesca tiene en el agua uno de sus argumentos naturales más poderosos. Los deshielos primaverales de los Pirineos alimentan ríos, barrancos y torrentes que, al precipitarse por la roca, generan cascadas de una belleza difícil de encontrar en otro punto de la península. Algunas son accesibles en pocos minutos desde el coche; otras exigen horas de caminata por el interior de parques nacionales, pero todas comparten imágenes de postal y miradores únicos.
De este modo, el catálogo de cascadas oscenses es largo y variado. Las hay de origen glaciar, artificiales reconvertidas en zonas de baño, encajadas en barrancos de roca caliza o rodeadas de ermitas medievales con leyendas que se remontan a los primeros siglos del cristianismo. Antes de acudir a cualquiera de ellas, conviene consultar las condiciones meteorológicas y las indicaciones de los organismos responsables de su conservación, pues muchas se encuentran en espacios protegidos con normativas específicas. Con esas precauciones en mente, estas son las más llamativas de la provincia.
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Cascada de Sorrosal
La cascada de Sorrosal es una de las más accesibles de toda la provincia. Se encuentra a pocos metros de la localidad de Broto y se llega hasta ella por un sendero cómodo en apenas cinco minutos a pie, lo que la convierte en una opción válida para todo tipo de visitantes con independencia de su condición física.
El salto corresponde al río Sorrosal, afluente del Ara, y tiene origen glaciar. Los más atrevidos pueden completar la visita con la vía ferrata que discurre junto a la cascada, lo que permite contemplarla desde diferentes alturas. El entorno guarda además una curiosidad geológica: hace millones de años, esa zona estaba cubierta por las aguas del océano, y todavía hoy se pueden encontrar fósiles marinos en las rocas de los alrededores.
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Cola de Caballo

La Cola de Caballo es, sin discusión, la cascada más deseada por los senderistas de toda la provincia. El acceso forma parte de una ruta que comienza en las praderas de Ordesa y dura aproximadamente tres horas, discurriendo en su totalidad por el interior del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. El salto final es la culminación visual de un recorrido que ya de por sí justifica el esfuerzo.
Cascada de Orós Bajo
La cascada de Orós Bajo está a unos 20 minutos a pie de la localidad que le da nombre. Su principal atractivo es el encaje en la roca: el salto cae directamente sobre la piedra y forma a sus pies un pequeño remanso donde, con buen tiempo, es posible bañarse. La visita tiene una condición importante: no se recomienda acercarse cuando hay alerta meteorológica por tormentas ni en temporada de lluvias. Además, el sendero de acceso discurre en gran parte paralelo al río y lo cruza en varios tramos, lo que puede resultar peligroso con el caudal crecido.
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Salto de Pozán de Vero

El Salto de Pozán de Vero tiene un origen diferente al del resto. No es una cascada natural, sino un azud: una represa que forma parte de la acequia de San Marcos, construida para regar las huertas de Barbastro y Castillazuelo. Lo que nadie planeó del todo es que a sus pies se formara una de las zonas de baño más agradables de esta parte de la provincia. El resultado es una cascada artificial que el pueblo de Pozán de Vero ha hecho suya con el tiempo. La combinación de agua en movimiento, entorno rural y posibilidad de refrescarse la convierte en una parada especialmente apreciada durante los meses de verano.
Cascada de Ardonés
La cascada de Ardonés es conocida entre los aficionados a los deportes de montaña por su proximidad a la estación de esquí de Cerler. Se llega desde la carretera que une Castejón de Sos con el centro de alta montaña, y el acceso a pie desde ese punto lleva algo más de hora y media. Lo que espera al final del trayecto son en realidad tres saltos de agua concatenados, también conocidos como cascadas del Bom. Esa sucesión de caídas encadenadas es lo que diferencia a Ardonés del resto y lo que justifica el esfuerzo de la caminata, especialmente en primavera, cuando el caudal de los tres saltos alcanza su mayor intensidad.
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Cascada del Chorro
La cascada del Chorro, en las proximidades del pueblo de Yebra de Basa, es uno de los enclaves más singulares de la provincia. No solo por el salto de agua en sí, sino por el conjunto que lo rodea: junto a la cascada se encuentran las ermitas de San Cornelio y de la Cueva, encastradas en la roca, que forman parte de un conjunto etnográfico ligado al culto a Santa Orosia.
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