Adrián Lafuente, de Salamanca a dar la vuelta al mundo en 1.000 días sin utilizar el avión: “Ahora le doy mucho más valor a abrir el grifo o a dormir en un colchón”

Este joven salmantino regresó a La Alberca el pasado 28 de febrero después de una travesía de 1.000 días por el mundo y cuenta a ‘Infobae’ su lucha por la sostenibilidad, sus experiencias y cómo le ha cambiado personalmente

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Adrián Lafuente, el viajero que
Adrián Lafuente, el viajero que ha dado la vuelta al mundo en 1.000 días sin utilizar el avión (Cedida).

En el sur de Salamanca, el pequeño pueblo de La Alberca vivió el pasado 28 de febrero la vuelta de uno de sus vecinos más célebres, Adrián Lafuente. Este joven ha regresado a su hogar después de una aventura de 1.000 días dando la vuelta al mundo con un objetivo claro: contribuir a la sostenibilidad y demostrar que se puede viajar sin utilizar un solo avión. Bajo el nombre de Project Kune, este albercano partió desde su pueblo natal el 5 de junio de 2023 junto a su compañero Tommaso Farina (Tommo, como él le llama) en una travesía que les ha permitido conocer destinos increíbles, vivir experiencias inolvidables y atravesar océanos desafiantes.

Unas vivencias que nada tienen que ver con su vuelta a La Alberca, donde todo el pueblo le esperaba con los brazos abiertos en un día lleno de sentimiento y emociones encontradas. “Fueron muchas emociones, ver a mucha gente con quien tengo muchos recuerdos y ver caras conocidas, que también es una sensación muy rara después de tanto tiempo viendo caras nuevas únicamente. Y la verdad que muy contento de estar aquí. Hay muchas cosas que han cambiado, pero al final no tanto, que también es lo bonito de los pueblos”, cuenta Adrián en su conversación con Infobae.

Pero no solo eso, pues a su llegada, el viajero vivió una auténtica fiesta, incluso la cataloga de “espectacular” y “apoteósica”. “Al llegar al pueblo vi a lo lejos a un montón de gente con banderitas y de repente había una charanga también que comenzó a tocar. Luego fui bajando la calle principal del pueblo hasta la plaza y había, sin querer exagerar, más de 300 o 400 personas fácilmente. La plaza llena y mucha gente emocionada, yo el primero que no podía parar de llorar. El coro de La Alberca escribió una canción contando un poco el viaje y me la cantaron también”, detalla Lafuente.

Sin embargo, el momento más emotivo del día fue cuando el pueblo homenajeó a su abuelo. “Mi abuelo falleció durante el viaje, entonces yo estaba fuera. Ahora no pudo estar y me pusieron la capa de la cofradía aquí del pueblo con simbología que me estaba dando un abrazo. Fue una cosa muy bonita y muy emocional”.

Un sueño de niño

Adrián Lafuente, el viajero que
Adrián Lafuente, el viajero que ha dado la vuelta al mundo en 1.000 días sin utilizar el avión (Cedida).

Sin embargo, este emocionante día no se puede entender sin comprender la ilusión de un niño por descubrir el mundo. “Con 12 años siempre soñaba con dar la vuelta al mundo y la gente no se lo creía mucho. Pero con el paso del tiempo me di cuenta de que tenía que ir medio preparado y tener, pues, unos estudios y estar formado antes de poder salir”. De este modo, Adrián comenzó sus estudios del Máster en Gestión de Empresas y Sostenibilidad en Rotterdam, donde conoció a Tommaso Farina y ambos comenzaron a soñar con un proyecto y una misión que les permitiera “divulgar sobre la sostenibilidad a través de proyectos positivos hacia la sostenibilidad”.

De este modo, Adrían se dio cuenta de “lo bonito que sería dar la vuelta al mundo con un propósito, cumpliendo un sueño de niño y una misión de adulto, el querer promover sobre la sostenibilidad”. Así, logró convencer a Tommo, pero antes del viaje coincidieron en un intercambio en Casablanca que “fue muy importante para conocer cómo viajábamos los dos. Y desde ahí, vimos que éramos compatibles y nos marcamos seis meses más o menos de preparativos de proyecto, haciendo algún trabajillo, buscando patrocinadores, montando la asociación, etc.” detalla Adrían.

Bajo el nombre de Project Kune, estos dos viajeros iniciaron un viaje que les cambió la vida y en el que demostraron que se puede viajar de una forma sostenible y con muy poco. Pero, ¿por qué eligieron este nombre? Tal y como explica Adrían a este medio, Kune significa “juntos” en esperanto, que es el idioma universal. “Queríamos darle un poco de simbología de que todos juntos podemos ir hacia adelante y aportar un granito de arena hacia un mundo mejor. Por eso escogimos una palabra que hablara de todo el mundo, del idioma más universal, y por eso surgió el nombre Kune”.

Pero estos jóvenes no dan puntada sin hilo, pues el logo cuenta también con su propia simbología, siempre abogando por la sostenibilidad. “El logo, que es una manzana mordida, significa que nos estamos comiendo todos los recursos del planeta Tierra. Sin embargo, tenemos dos semillas dentro del logo, que es el renacer. El querer demostrar que, a pesar de todo lo que consumimos, hay una forma de renacer e ir hacia adelante, manteniendo la esperanza”, explica el joven salmantino.

El inicio del viaje

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Adrián Lafuente, el viajero que ha dado la vuelta al mundo en 1.000 días sin utilizar el avión (Cedida).

Tras varios meses de preparativos y de gestión, finalmente el 5 de junio de 2023, Adrían comenzó su andadura por todo el mundo. Lo primero que hizo fue viajar hasta Italia para encontrarse con Tomo, para luego recorrer gran parte de Europa antes de cruzar el Atlántico. “Después de Italia, fuimos subiendo por los países escandinavos hasta Noruega, hasta las islas Lofoten, y luego bajamos por Noruega hasta Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, hasta volver a España. Ahí cogí un ferry hasta las Islas Canarias, donde estuvimos cinco semanas más o menos buscando un velero para cruzar el Atlántico".

Este fue el gran primer viaje, pues cruzaron el océano desde España hasta Panamá parando en islas como Cabo Verde, Martinica o Aruba. Una vez ya en Sudamérica, recorrieron toda América Latina durante un tiempo hasta embarcarse en otro barco dirección a Australia, parando por islas como Polinesia Francesa y diferentes archipiélagos como Samoa, Fiyi o Vanuatu. “En Australia estuvimos un tiempo parados porque era época de ciclones. Luego yo cogí otro barco hasta Indonesia y me separé de Tommo, y viajé por Malasia, Tailandia, Laos, Vietnam, China, Mongolia y Rusia. Allí hice el tren Transiberiano de regreso a Europa y hasta ahora”, concluye Lafuente.

Toda esta travesía le ha permitido vivir todo tipo de experiencias de las que se lleva infinidad de aprendizajes. En su conversación con Infobae el albercano destaca sus largos viajes en barco, en los cuales comenzó sin ninguna noción de navegación y terminó siendo el capitán de una embarcación por unos días. “El Atlántico fueron 35 días y el Pacífico de Panamá hasta Australia fueron cinco meses. Y la verdad, que el nombre de Pacífico no sé quién se lo ha puesto, pero de nada que ver el nombre con el océano”.

De hecho, durante este trayecto vivió uno de los episodios más tensos que recuerda de esos 1.000 días. “Creo que fue el momento que más miedo pasé porque llevábamos dos semanas de tormentas y, haciendo el cambio de turno por la noche, recuerdo que me fui a dormir en el salón porque me caía de la cama. Me despierto y vi que el agua había entrado hasta los tobillos dentro del velero. Estuvimos achicando agua como podíamos con sartenes hasta que se hizo de día. Resultó ser un problema eléctrico, pero en ese momento tuve mucho miedo. Pensé que estábamos a punto de naufragar”, narra Adrían.

Piratas, narcotraficantes y los encantos de Venezuela

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Adrián Lafuente, el viajero que ha dado la vuelta al mundo en 1.000 días sin utilizar el avión (Cedida).

Otro de los episodios de máxima tensión en alta mar fue cuando tuvieron un encuentro con piratas que les persiguieron durante unos kilómetros. A esto se le suman también cruces con narcotraficantes a los que tuvieron que “pagar una contribución, que le llamamos la contribución por no decir que nos han atracado”, y con policía corrupta en países como Colombia o Venezuela. Pero no todo va a ser malo, pues lo cierto es que son precisamente estos destinos los que más le han marcado a nivel personal, en especial Venezuela.

“En cuanto a la gente, Venezuela me cambió la perspectiva y los estereotipos que tenemos de ese país por la dictadura”, detalla cuando se le pregunta sobre el país latinoamericano. A su vez, Perú es otro de los destinos que más recuerda, así como “con respecto a los paisajes, sin ninguna duda, la Polinesia Francesa es el más impresionante”. Por su parte, la cultura también es otro de los ámbitos a destacar, pues en su visita a Panamá, estuvo viviendo junto a Tomo con “una tribu indígena mucho tiempo y fue genial vivir como ellos y conocer su cultura”.

Por otro lado, el conocido como sol de medianoche también sorprendió a nuestro viajero en su visita a Noruega, “Sobre todo las islas de Lofoten, que son muy bonitas, y los fiordos, increíbles. Fuimos en época de verano, así que siempre había luz y fue una pasada. Y luego estar en medio del océano, pues solo eso es una locura con esos cielos estrellados”, relata Adrían.

“Habré gastado más o menos 17.000 euros en 1.000 días”

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Adrián Lafuente, el viajero que ha dado la vuelta al mundo en 1.000 días sin utilizar el avión (Cedida).

Una de las preguntas más recurrentes que pueden surgir en este tipo de viajes es cómo se han costeado. Lo cierto es que es mucho más sencillo y barato de lo que se cree, aunque también hay que ser consciente de la forma en la que se hace y cómo se hace. “De dinero gastado en total, habré gastado más o menos 17.000 euros en 1.000 días, o sea, bastante poco", afirma el natural de La Alberca. Esto es algo sorprendente y que tiene su peso principal en los ahorros personales y propios, los cuales han supuesto el “70% del presupuesto en este viaje”.

A esto se le suma algún patrocinador y un crowdfunding que lograron a través de Project Kune. Sin embargo, a lo largo del viaje, Adrían y Tomo se tuvieron que adaptar y trabajar para ahorrar lo máximo posible y ajustar sus gastos. “A medida que íbamos viajando, iba haciendo muchos voluntariados a cambio de albergue y de comida. En Noruega, estuvimos renovando un faro; en Bolivia trabajé manteniendo piscinas en el lago Titicaca; en Australia trabajé un montón, en la obra, montando escenarios, limpiando caravanas o en una fábrica de pan; y en Canarias estuve de voluntario en un hostal para no pagar el albergue, mientras encontramos un barco.”

A través de estos trabajos y servicios, lo que se busca es “comida y un lugar seguro donde dormir”. Además, es la mejor forma de aprender y conocer la cultura local, pues “conoces el estilo de vida de la gente propia del país y te acerca mucho a ellos, pero sobre todo consigues sobrevivir a largos plazos con pocas cantidades de dinero”. Pero no solo eso, pues también es decidir andar 20 kilómetros en vez de gastar en un taxi o transporte público o alojarse en hostales por 2 o 3 euros. “Al final es cómo escoges gastar el dinero y, aunque sea un poco tacaño en ese sentido, es lo que me ha permitido viajar mucho, mucho tiempo y cumplir el sueño, porque si no, a nivel de recursos económicos nunca hubiera podido”, destaca Lafuente.

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“Viajar se ha convertido en un currículum”

Después de 1.000 días, Adrían le confiesa a este medio que tiene “la misma esencia”, pero que le ha hecho cambiar la forma en la que valora las pequeñas cosas. “Le doy mucho más valor a simplemente abrir el grifo, hacer una lavadora, a dormir en un colchón, a no pensar en qué voy a comer o dónde voy a dormir mañana. Creo que le doy mucho más valor a las cosas que son pequeñas y que damos un poco dadas por hecho”.

Y razón no le falta cuando nos confiesa que “viajar es un privilegio y hoy en día hay un problema, que es que se ha convertido en un currículum en el que, a cuantos más países viajes, más guay eres”. Todo ello dejando un poco de lado los viajes sostenibles, en los que, a través de este recorrido, Adrián pretendía no usar ningún avión para “darle una simbología a mi misión de divulgación y también para que fuera un desafío”. Además, la concienciación sobre esta problemática es clave, ya que “la gente no se da cuenta de la sostenibilidad o del impacto del turismo hasta que no le toca personalmente, por lo que simplemente viajar de manera más sostenible ya sería un gran cambio”, concluye el albercano.