
La provincia de Zamora es un territorio donde la historia se respira en cada piedra y el legado medieval se despliega en un mosaico de monumentos, templos románicos y paisajes que cautivan al viajero. Más allá de la monumentalidad de su capital, con su catedral y su casco antiguo, el visitante descubre una provincia marcada por la huella de antiguas civilizaciones y la importancia estratégica de su ubicación fronteriza. En este escenario de ríos, valles y mesetas, las fortalezas y castillos se erigen como testigos silenciosos de batallas, alianzas y leyendas que han dado forma a la identidad zamorana.
Así, Zamora no solo comparte con otras provincias de Castilla y León la riqueza de su patrimonio defensivo; en sus pueblos, los castillos emergen como símbolos de poder y refugio, con historias que abarcan desde la Edad Media hasta la Edad Moderna. A continuación, un recorrido por algunos de los castillos más emblemáticos de Zamora, donde la arquitectura y la memoria se funden en escenarios únicos.
Torre del Caracol o Castillo de la Mota de Benavente
En Benavente, la Torre del Caracol es el vestigio más significativo del antiguo Palacio de la Mota, residencia de los condes de Benavente. Esta torre, de principios del siglo XVI, presenta una mezcla de estilos gótico y renacentista y fue rehabilitada en 1953 para albergar el Parador de Turismo local. Los escudos de la familia Pimentel y los detalles decorativos resaltan en su fachada, recordando el esplendor de una de las familias más poderosas de la región.
Castillo de Villalonso

Entre las extensas llanuras zamoranas, el castillo de Villalonso destaca por su imponente silueta y su historia ligada a la familia Ulloa. Reconstruido en el siglo XV sobre una fortaleza anterior de la Orden de Calatrava, este castillo es un ejemplo de la escuela vallisoletana, con paredes de sillería y cubos defensivos en las esquinas.
Los escudos de armas de los Ulloa todavía presiden la puerta principal, recordando la fidelidad de la familia a causas perdedoras como la de Juana la Beltraneja y los Comuneros. En el siglo XX, la duquesa de Osuna fue propietaria del castillo, que sirvió de escenario para el rodaje de “Robin y Marian” (1976), con Sean Connery y Audrey Hepburn. Tras décadas cerrado, fue restaurado a partir de 2006, devolviendo el esplendor a una de las fortalezas más hermosas de la provincia.
Castillo del Asmesnal
En la comarca de Sayago, cerca del municipio de Alfaraz, se levantan los restos del castillo del Asmesnal, de estilo gótico y origen en el siglo XV. Esta fortaleza jugó un papel relevante en las guerras con Portugal y, probablemente, en la historia del Reino de León desde el siglo XII. Del castillo queda principalmente la torre del homenaje, hoy en estado de ruina y propiedad privada, incluida en la Lista Roja del Patrimonio. A pesar de su deterioro, el entorno natural y la presencia de nidos de cigüeña convierten este lugar en destino para amantes de la historia y la naturaleza.
Castillo de Doña Urraca de Fermoselle
En pleno corazón del casco histórico de Fermoselle, sobre unos farallones conocidos como las “Cachas del Culo”, se encuentra el castillo de Doña Urraca. Esta fortaleza, elegida como lugar de retiro por la princesa portuguesa Urraca tras la anulación de su matrimonio con Fernando II de León, fue también último refugio de los Comuneros antes de la derrota de Villalar. A pesar de los daños sufridos durante la represión de Carlos I y la posterior reutilización de sus piedras para viviendas locales, sus ruinas se mantienen como un mirador privilegiado sobre el Duero, evocando episodios de resistencia y leyenda en la frontera con Portugal.
Castillo de los Condes de Benavente en Puebla de Sanabria

En la villa de Puebla de Sanabria, el castillo de los Condes de Benavente se alza sobre un promontorio flanqueado por tres ríos. Construido en el siglo XV por Rodrigo Alonso de Pimentel y doña María Pacheco, su planta cuadrangular y la Torre del Homenaje (“El Macho”) constituyen el núcleo del edificio. Hoy, el castillo acoge el Centro de las Fortificaciones y la Oficina de Turismo, además de un espacio cultural en la Casa del Gobernador. Esta fortaleza, perfectamente conservada, es un ejemplo de adaptación al uso turístico y cultural, y punto de partida para explorar la villa y su entorno natural.
Ruinas del castillo de Castrotorafe
A orillas del río Esla, en la Tierra del Pan, las ruinas del castillo de Castrotorafe emergen sobre un escarpe, ofreciendo una de las panorámicas más espectaculares del embalse de Ricobayo. El conjunto, de dos recintos trapezoidales y antiguamente rodeado de foso, conserva cubos defensivos y torres, aunque en estado de ruina progresiva. La Diputación de Zamora ha realizado intervenciones puntuales, pero la fortaleza sigue evocando el esplendor de una urbe medieval desaparecida y la importancia estratégica de este enclave en la defensa del territorio zamorano.
Alcázar de Toro
Dominando el valle del Duero desde lo alto, el alcázar de Toro es uno de los símbolos históricos de la ciudad y testigo de su papel como bastión en la frontera entre cristianos y musulmanes. De origen ligado a la repoblación del valle, el alcázar refleja la diversidad de influencias que han marcado Toro a lo largo de los siglos. Su ubicación estratégica y su arquitectura robusta permiten al visitante viajar a la Edad Media y comprender la importancia de la localidad como núcleo defensivo y punto de encuentro de culturas.
Castillo de Peñausende
Sobre una peña a 872 metros de altitud, el castillo de Peñausende domina el paisaje y da nombre a la localidad. De la fortaleza quedan lienzos de muralla y bases de cubos defensivos, además de posibles restos de un aljibe o mazmorra. El lugar ofrece una visión clara de la importancia estratégica de Peñausende en el control de caminos y fincas, y la presencia de una segunda muralla defensiva se intuye entre las paredes que delimitan las propiedades actuales.
Castillo de Granucillo
Por último, en el municipio de Granucillo, el castillo del mismo nombre fue edificado antes de 1446 por la familia Escobar y más tarde adquirido por los condes de Benavente. De la construcción original se conservan los muros exteriores de mampostería, el arranque de la torre del homenaje y parte del almenado con saeteras. Aunque en estado de ruina, el castillo de Granucillo añade una parada imprescindible en la ruta de fortalezas zamoranas, invitando a descubrir otra faceta del pasado feudal de la provincia.
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