
En el corazón del noroeste español, León despliega ante los visitantes un conjunto monumental que invita a recorrer siglos de historia. Calles empedradas, imponentes murallas y plazas repletas de vida conforman el paisaje urbano de una ciudad que ha sabido preservar su identidad a través del tiempo. Entre sus encantos, la arquitectura destaca por la convivencia de estilos, testigos mudos de un pasado en el que románico, gótico y renacimiento se entrelazan para ofrecer un viaje visual sin igual. Así, pasear por León supone encontrarse con joyas como la basílica de San Isidoro o el convento de San Marcos, pero es la inconfundible silueta de la catedral de León la que se alza como el símbolo indiscutible de esta urbe castellana.
En la actualidad, España cuenta con más de 30.000 Bienes de Interés Cultural distribuidos por su geografía, pero para encontrar el origen de esta figura de protección, es necesario viajar al siglo XIX. Era el año 1844 cuando la amenaza de ruina sobrevolaba uno de los templos más emblemáticos del país. El 28 de agosto de ese año, la Catedral de León fue declarada Monumento Nacional, marcando el inicio de una nueva era en la conservación del patrimonio histórico español.
Un modelo gótico de influencia francesa
La construcción de la Pulchra Leonina, nombre con el que se conoce popularmente a la catedral, comenzó en la segunda mitad del siglo XIII bajo el reinado de Alfonso IX y concluyó en el siglo XV. Inspirada en la planta y la estructura de la catedral de Reims, la de León se erigió como el ejemplo más puro del gótico francés en la península ibérica. Sus líneas esbeltas, elevadas bóvedas y la profusión de luz natural que inunda la nave central gracias a sus colosales vidrieras, han convertido el templo en un referente arquitectónico internacional.
No obstante, este afán por la ligereza y la luminosidad trajo consigo problemas estructurales desde sus inicios. El terreno sobre el que se levantó la catedral ya había alojado anteriormente construcciones romanas, mozárabes y románicas, lo que dificultó la cimentación. A esto se sumó la baja calidad de la piedra empleada y la fragilidad de los soportes, factores que pusieron en riesgo la integridad del edificio desde el principio. No faltaron tampoco las leyendas: según la tradición, las primeras grietas se achacaron a las travesuras de un topo gigante que, durante la noche, socavaba los cimientos del templo. La realidad, sin embargo, fue menos fantástica y mucho más técnica.
Desafíos y restauraciones a lo largo de los siglos

Apenas terminada la construcción de la torre sur en el siglo XV, comenzaron a aparecer problemas que requerirían numerosas intervenciones y restauraciones, algunas de ellas sin precedentes en Europa. Los desprendimientos de piedra se sucedieron, agravados por la exposición a las inclemencias meteorológicas del clima leonés. En 1631, la situación se complicó aún más cuando Juan de Naveda añadió una enorme cúpula sobre el crucero, alterando el equilibrio de la nave central y precipitando nuevos derrumbes.
A mediados del siglo XIX, la catedral se hallaba al borde de la ruina. Fue entonces cuando la reina Isabel II, consciente del valor histórico y artístico del monumento, promovió la Real Orden que lo declaró el primer Monumento Nacional de España. Así comenzó la llamada “Gran Restauración del siglo XIX”, una intervención estatal que se prolongó durante 42 años y que salvó a la Pulchra Leonina de la desaparición.
El arquitecto Juan de Madrazo lideró la rehabilitación, desmontando piedra a piedra la catedral y reconstruyéndola con un innovador sistema de andamiaje. La magnitud de la obra y su repercusión mediática hicieron que periódicos de todo el mundo siguieran de cerca la restauración. La familia Madrazo documentó el proceso con una serie de fotografías que hoy se conservan en el Museo del Prado, constituyendo un testimonio excepcional del esfuerzo por preservar este tesoro nacional.
De este modo, el 27 de mayo de 1901, la Catedral de León reabrió sus puertas al culto tras una gran celebración que se extendió durante tres días. Desde entonces, este templo gótico no solo ha sido el emblema de la ciudad, sino también un hito en la historia de la protección patrimonial en España.
Cómo visitarlo: horario y precios

Los visitantes que deseen admirar la Catedral de León disponen de distintas opciones para acceder tanto al templo como al museo, con horarios y tarifas adaptados a cada época del año. Además, entre los meses de octubre y abril, la entrada gratuita está disponible los martes, de 17:30 a 19:00 horas. Durante la temporada de mayor afluencia, de mayo a septiembre, la franja de acceso sin coste se traslada a los martes, de 18:30 a 20:00 horas.
El horario general de la catedral, de enero a abril y de octubre a diciembre, es de lunes a sábado, 9:30 a 13:30 y 16:00 a 19:00 horas; los domingos y festivos, el horario es idéntico. Durante los meses de mayo a septiembre, la apertura se amplía hasta las 20:00 horas por la tarde y los domingos se puede acceder de 9:30 a 11:30 y de 15:00 a 20:00 horas. El claustro y el museo presentan horarios similares, con ligeros ajustes en festivos y temporada alta.
Las tarifas para la catedral son de 7 euros la entrada individual y 6 euros para grupos, jubilados y estudiantes. Menores de 12 años y titulares de la tarjeta Catedral entran gratis. Para el museo, la entrada general cuesta 5 euros, con descuentos para grupos y combinadas con la catedral. Así, la catedral adapta sus horarios y precios para facilitar el acceso a todos los públicos.
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