
La provincia de Málaga cuenta con varios espacios naturales protegidos que, combinados con su patrimonio arquitectónico, hacen de la región andaluza un destino predilecto. En una perfecta armonía, la capital de la costa del Sol encabeza una provincia que contiene en su delimitación grandes parques naturales como los montes de Málaga; las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama; y la desembocadura del Guadalhorce. Además de estos monumentos de la naturaleza, también hay espacios de interés como las Dunas de Artola, el Torcal de Antequera y los parques forestales que contiene la propia ciudad de Málaga.
La vegetación del lugar se asocia a diferentes ambientes, donde la presencia del agua y la sal son relevantes en su disposición y riqueza. Las zonas alcanzadas por las mareas están pobladas de almajos y castañuelas, plantas adaptadas a suelos de alta salinidad. En los bosques de ribera predominan los tarajales, carrizales y juncales salpicados por álamos dispersos.
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Entre las aves que se encuentran a lo largo del año están el morito, el flamenco, la espátula, la cigüeña negra o la gaviota de Audouin, entre otras muchas. Otros animales, en este caso que cierran el ciclo de cría en el humedal, son el chorlitejo patinegro, un ave. Mientras que entre los mamíferos destacan los conejos, zorros o nutrias, además de reptiles como el camaleón o los peces como las lisas y las anguilas.
Un paraje en constante cambio: de la Finca La Isla a la desembocadura de Guadalhorce
Lo que hoy se conoce como la desembocadura de Guadalhorce recibía, en un inicio, el nombre de Finca La Isla. El motivo radica en que la extensión de 67 hectáreas en forma de triángulo no está unida al resto de la península, a excepción de por un par de pasarelas. En los años 60 del siglo pasado, esta finca era un terreno agrícola, por lo que se cultivaba en su totalidad. El área que hoy es un paraje protegido limita con una zona de marismas que se inundaba con frecuencia, además de colindar con albuferas y pequeñas lagunas que se extendían hasta la playa.
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La década siguiente, en los años 70, la zona cultivada se redujo y esos suelos pasaron a utilizarse para extraer áridos de cara a ser utilizados en la construcción. Estas extracciones, que se produjeron durante cinco años, entre 1977 y 1982, dejaron una inmensa huella en el terreno: pozas de distinto tamaño que fueron inundándose progresivamente con las aguas provenientes del subsuelo.

No fue hasta finales de la década de los 80, en 1989, cuando la desembocadura del Guadalhorce fue declarada espacio nacional protegido. Mismo año que la ciudad de Málaga quedó anegada por las fuertes lluvias que también afectaron al parque de Guadalhorce. No obstante, los terrenos tuvieron que esperar hasta 1998 para que se iniciasen los trabajos de acondicionamiento y mejora ambiental en el paraje natural. Estas actuaciones consistieron en reducir los huecos de extracción y adecuar la morfología de las cubetas, es decir, de las áreas donde desembocaba el agua. También se facilitaron los trabajos de revegetación de las zonas afectadas por las extracciones.
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A día de hoy, se pueden diferencias cinco de estas cubetas, todas ellas lugares perfectos donde avistar aves. Estos espacios de aguas permanentes están agrupadas en tres lagunas que poseen observatorios propios: la Laguna Grande, de mayor extensión y profundidad; la Laguna Escondida, apta también para contemplar el paraje con un perro; y la Laguna La Castilla, con un fácil acceso para acudir con toda la familia. Toda la zona está, además, inscrita en el Inventario de Humedales de Andalucía por su alto valor ornitológico, donde las aves migratorias escalan y paran.
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