Las tierras españolas han sido escenario de numerosas civilizaciones a lo largo de los siglos, dejando como testimonio un sinfín de castillos y fortalezas que reflejan la evolución de la arquitectura defensiva. El castillo de Santa Catalina, en Jaén, encarna esta herencia: combina influencias de diferentes épocas y culturas, permaneciendo como un referente dentro del patrimonio cultural del sur peninsular.
En lo alto del Cerro de Santa Catalina, la fortaleza cuenta con una de las mejores vistas de todo Jaén, pues se puede divisar un paisaje maravilloso y gran parte de la ciudad. Así, coronando la colina, el castillo se alza como uno de los más imponentes de Andalucía y no es para menos, pues sus majestuosas murallas y altas torres, seis en total, le dan una imagen inexpugnable. Sin embargo, a día de hoy su función militar ha cambiado y se ha convertido en Parador de Turismo, siendo uno de los alojamientos más increíbles que se pueden encontrar en la región.
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Un origen de más de dos mil años

El origen de la fortaleza se remonta al siglo IV a.C., época en la que los íberos levantaron un oppidum (poblado amurallado) en la falda del cerro. Restos arqueológicos de aquel primer asentamiento todavía pueden observarse, evidenciando la profunda raíz histórica de la zona. Más adelante, durante los siglos VIII y IX, los musulmanes erigieron una importante alcazaba que cumplía principalmente funciones administrativas y defensivas. Con el paso al siglo X, esa construcción fue sustituida por un gran alcázar defensivo, ya en lo alto del cerro, incrementando su función militar en el contexto de la expansión islámica en la península.
El principal cambio en la fisonomía del castillo se produjo durante el siglo XIII, tras la conquista cristiana dirigida por Fernando III. Sobre la base del antiguo alcázar musulmán, los nuevos ocupantes edificaron la fortificación actual, adaptando la arquitectura a las necesidades defensivas de la época. Durante la Edad Media, coexistieron tres recintos: el Alcázar Nuevo, el llamado Alcázar Viejo (con vestigios islámicos) y una zona amurallada conocida como castillo de Abrehuí.
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A su vez, entre 1810 y 1812, la historia del castillo vivió uno de sus episodios más cruciales durante la Guerra de Independencia. Las tropas napoleónicas transformaron la fortaleza de Jaén en la mayor base militar francesa del Alto Guadalquivir. Sin embargo, tras la retirada francesa, el edificio quedó prácticamente abandonado durante décadas.
Un Parador único

El actual conjunto arquitectónico sobresale por un impresionante recinto amurallado que se extiende a lo largo de la colina y está defendido por seis robustas torres. Uno de los mayores atractivos para los visitantes es el acceso a las distintas estancias y caminos de ronda, desde donde contemplar Jaén y su entorno es una experiencia única. Además, el Parador, enclavado en una de las antiguas construcciones del castillo, ha sido diseñado para preservar la esencia monumental del lugar.
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Así, fue a mediados del siglo XX cuando la silueta del Parador de Jaén comenzó a tomar forma. La moderna infraestructura hotelera se levantó sobre los vestigios del Alcázar Viejo islámico, combinando la antigua mampostería con los servicios exigidos por los viajeros actuales y posicionando al Parador como uno de los alojamientos más sobresalientes de toda la provincia.
La gastronomía juega también un papel fundamental en la experiencia del Parador de Jaén. Basada en la cocina tradicional jiennense, la carta se inspira en los sabores herederos de la cocina andalusí y en ingredientes como las verduras de la huerta y el aceite de oliva virgen extra. Entre las especialidades de la casa destacan la pipirrana, la merluza en salsa mozárabe, el paté de perdiz y las espinacas esparragadas con huevo al estilo de Jaén.
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Enigma en las alturas: la leyenda de Jasmina

Entre los muros centenarios del Parador no solo sobreviven historias de batallas y conquistas. La habitación 22 —actualmente 401 tras la rehabilitación— ha cimentado la fama de misteriosa por los abundantes testimonios sobre fenómenos paranormales. Según relatos de huéspedes y trabajadores, en la estancia se perciben descensos bruscos de temperatura, anomalías eléctricas, puertas y cajones que se abren solos, e incluso se escucha el llanto de una presencia invisible.
Destaca el testimonio de un obrero que, durante los trabajos de restauración, aseguró haber visto a una mujer magrebí en lo que hoy día es la cafetería. Otros visitantes han informado de ruidos nocturnos, gritos procedentes de habitaciones superiores —en realidad ocupadas únicamente por el tejado—, pasos que recorren los pasillos y apariciones de una mujer vestida al modo árabe, a quien han dado el nombre de Jasmina y que, según la leyenda, habría sido asesinada en una de las torres del castillo.
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Cómo llegar
Desde Granada, el viaje es de alrededor de 1 hora y 15 minutos por la carretera A-44. Por su parte, desde Córdoba el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por la vía A-306.
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