Cuando arte y naturaleza se juntan es difícil encontrar algo más hermoso. Durante los años sesenta y setenta del siglo XX nació en Estados Unidos el movimiento conocido como land art, una corriente artística que mezcla el arte más genuino con la naturaleza más absoluta. En España, esta expresión llegó de la mano de un artista vasco en el año 1982, el cual plasmó su visión y conocimiento en uno de los bosques más curiosos de España.
Agustín Ibarrola ha convertido el bosque de Oma en una galería al aire libre donde los artistas pueden reflejar sus ideas de una forma asombrosa. Usando el tronco de incontables pinos como lienzo, este bosque se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados de Kortezubi, en Vizcaya. A día de hoy, se alza como un lugar donde poder descubrir uno de los conjuntos artísticos más singulares de España, lleno de matices y colores vivos.
La idea de un artisa
La historia del bosque de Oma comienza en 1982, cuando Agustín Ibarrola comenzó a pintar los pinos que se encontraban próximos a su caserío. Desde ese momento, este artista vasco comenzó a jugar con las perspectivas, las luces y las sombras que le daban el medio natural, dando lugar a una expresión artística sin igual, compuesta por figuras humanas, curvas o líneas rectas y círculos de colores intensos. Sin embargo, no estuvo solo, pues durante gran parte del proyecto estuvo acompañado por dos alumnos de la Facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU.
Esta gran obra estuvo abierta al público hasta el año 2018, cuando llegó a su fin el ciclo biológico del bosque y su estado se vio gravemente afectado por la enfermedad de la ‘banda marrón’. Esto supuso la caída de varios ejemplares y su cierre por motivos de seguridad. No obstante, durante esos años el bosque había adquirido una gran importancia, por lo que la Diputación Foral de Vizcaya, adquirió el bosque para su preservación y cuidado. Ante esta situación, la administración decidió llevar la obra a otra parte del bosque, recuperando además numerosas obras perdidas como consecuencia de caídas, talas o ataques.
De este modo, se buscó otra zona del bosque que contase con las mismas características del original y en el año 2022 se comenzó con la selección de esos espacios para albergar los distintos conjuntos artísticos. Durante este momento también se pintó casi la mitad de ellos, siendo fiel a la obra original de Ibarrola. Por último, al año siguiente se concluyó la obra con la finalización de un total de 34 conjuntos con más de 800 árboles en total. De este modo, a día de hoy, se puede realizar un recorrido por cada uno de estos conjuntos de la mano de un guía experto o libremente.
Un juego de percepciones
Uno de los aspectos que hacen único al bosque de Oma es la posibilidad de jugar con las perspectivas. A cada paso, la obra se convierte gracias a la profundidad y al juego colores, por lo que en cada momento la interpretación es libre. Así, a lo largo del recorrido se pueden contemplar 34 conjuntos artísticos donde destacan algunos como el Arco Iris de Naiel y Los Ojos. Cabe destacar que esta actividad es gratuita, pero se debe reservar previamente, y además, su punto de acceso se encuentra en las cuevas de Santimamiñe.
El recorrido desde las cuevas hasta el bosque es de alrededor de tres kilómetros, pero una vez allí, en tan solo en un kilómetro y medio, el viajero puede descubrir todos los conjuntos. Es por ello, que se trata de una actividad perfecta para hacer con la familia y amigos y disfrutar de un día agradable. No obstante, cabe destacar que las visitas guiadas son para un máximo de 25 personas y su entrada general es de 10 euros por persona. A su vez, existe una entrada reducida de 5 euros para las personas entre 18 y 26 años, los pensionistas y personas desempleadas, entre otros grupos.
Cómo llegar
Desde Bilbao, el viaje es de alrededor de 45 minutos por la vía BI-635. Por su parte, desde San Sebastián el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 15 minutos por la carretera AP-8 (hay peajes).
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