
Uno de los mayores legados culturales de España son sus castillos y fortalezas. Se estima que son alrededor de 10.000 bastiones los que se pueden encontrar a lo largo de la península, los cuales son un testimonio vivo de la historia de nuestro país. A día de hoy, gracias a su buen estado de conservación, se han convertido en una de las atracciones turísticas más visitadas del panorama nacional, atrayendo a miles de visitantes que buscan contemplar los altos muros y su imponente arquitectura.
En este sentido, en Badajoz, sobre un promontorio rocoso a 565 metros de altitud y dominando toda la localidad de Capilla, se alza uno de los castillos más singulares de la región. Este enclave estratégico ha sido testigo de importantes episodios históricos desde la época islámica hasta su conversión en un bastión templario en la Edad Media.
Una fortaleza estratégica desde sus orígenes islámicos
Construido sobre un cerro de esquistos fuertemente plegados y fracturados, el castillo ofrece un amplio dominio visual sobre la confluencia de los ríos Zújar y Esteras, que articulaban los pasos naturales de la región. Este posicionamiento geográfico lo convirtió en un punto clave para controlar las rutas hacia Mérida, Sevilla, Córdoba, Almadén y Toledo. La importancia del enclave ya era reconocida en la época islámica, cuando el castillo servía como centro de control estratégico y administrativo.

La fortaleza fue descrita por la Crónica Latina de los Reyes de Castilla como “…fortísima y populosa…” en el momento de su conquista por las tropas de Fernando III en 1226, tras un prolongado asedio que destacó por su intensidad y la insistencia de la reina madre, doña Berenguela, en no abandonarlo. Tras su rendición en 1226, Fernando III cedió el castillo, la villa y el señorío de Capilla a la Orden del Temple en 1236. Bajo su gestión, el castillo se convirtió en el centro administrativo y fiscal de una extensa encomienda militar.
La red de vías pecuarias en la zona consolidó su importancia económica, principalmente como punto de control para el tránsito de ganados trashumantes. El dominio templario también incluyó la vecina fortaleza de Almorchón, adquirida en diciembre de 1236. Sin embargo, la disolución de la Orden del Temple en 1312 provocó disputas territoriales, siendo la Orden de Calatrava una de las principales contendientes por estos extensos dominios.
A día de hoy, la fortaleza es el reflejo de todos estos acontecimientos gracias a sus imponentes murallas y torres. Sin embargo, se encuentra en un estado de ruinas donde se conservan algunas de sus partes. Aun así, desde sus muros se pueden disfrutar de una de las mejores vistas de la comarca, ya que se puede contemplar en todo su esplendor todo el curso del río Zújar, así como un conjunto de paisajes que dejan con la boca abierta.
Descubrimientos arqueológicos que revelan su historia

Los restos arqueológicos del castillo de Capilla muestran una riqueza histórica notable. Entre los hallazgos destacan dos aljibes situados en el primer recinto de la fortaleza, uno de los cuales fue descubierto recientemente. Estas estructuras, junto con el muro de tapial islámico del lateral sureste, ofrecen pistas sobre las técnicas constructivas y la funcionalidad del castillo en época islámica.
Otro hallazgo significativo es el poblado almohade situado al suroeste del castillo, fuera de los recintos amurallados, lo que sugiere una organización urbana más amplia que complementaba las funciones defensivas y administrativas de la fortaleza. Igualmente, la ubicación del castillo, con el río Zújar como barrera natural al norte y el perfil cónico del cerro, lo hacía prácticamente inexpugnable. Esta ventaja defensiva fue clave durante el asedio de Fernando III, quien empleó máquinas de asedio y torres de ataque para someter la fortaleza.
Cómo llegar
Desde Badajoz, el viaje es de alrededor de 2 horas y 30 minutos por la carretera A-5. Por su parte, desde Ciudad Real el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 35 minutos por la vía CM-4110.
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