La historia de Zinedine Zidane comenzó mucho antes de levantar títulos con el Real Madrid o convertirse en uno de los futbolistas más reconocidos de Francia. Su primer contacto con el deporte que marcaría su vida no llegó a través de grandes academias ni de instalaciones deportivas de primer nivel. Fue en las calles de La Castellane, un barrio de la periferia de Marsella, donde el francés empezó a construir su relación con el balón. Allí creció en una familia de origen argelino y conoció desde pequeño las dificultades económicas que condicionaban el día a día de su entorno.
Ahora, con 54 años y ante el desafío de ponerse al frente de la selección francesa, el exentrenador madridista ha vuelto a recordar aquella etapa. En una conversación con XL Semanal, coincidiendo con su llegada al combinado nacional, Zidane habló de los obstáculos que tuvo que afrontar durante su niñez y de la influencia que ejercieron sus padres en su formación. Un recorrido por unos años que estuvieron marcados por las limitaciones, pero también por una vocación que nunca llegó a cuestionar.
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El colegio no era precisamente el lugar en el que el pequeño Yazid encontraba su mayor motivación. Sus prioridades estaban lejos de los libros y las obligaciones académicas. Desde muy pronto supo que quería dedicarse al fútbol y esa determinación condicionó su comportamiento durante la infancia. El propio Zidane reconoció que no siempre tuvo una actitud adecuada en clase: “Tuve problemas en la escuela, mi actitud no era muy buena”. Su interés por el deporte estaba por encima de cualquier otra actividad. No necesitó demasiado tiempo para identificar aquello a lo que quería dedicar su vida, aunque el camino hasta conseguirlo estuviera todavía lejos de ser sencillo. “Yo lo tuve claro desde el principio. Mi único deseo era jugar al fútbol. Pero tuve dificultades en la escuela”, explicó.
En ese proceso, su familia desempeñó un papel esencial. Sus padres, que tenían cinco hijos, fueron los encargados de transmitirle unos principios que todavía considera fundamentales. Pese a los problemas de comportamiento que reconoce haber tenido durante sus años escolares, Zidane recuerda que en casa no recibió grandes reprimendas. La educación que le dieron se apoyaba principalmente en el respeto y en la comprensión. “Mis padres nunca me regañaron, pero yo sabía que mi actitud no era la correcta”, relató.
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Una forma de educar que le permitió identificar sus propios errores y entender la importancia de comportarse correctamente con los demás. En particular, el respeto hacia la familia ocupaba un lugar central en su aprendizaje. “Para mí, lo más importante era el respeto en casa. Mis padres me enseñaron a ser educado y a respetar a los demás”, añadió. Su padre, Smaïl, fue una figura importante en ese proceso. Sacar adelante a una familia numerosa exigía un esfuerzo constante y tuvo que encadenar empleos precarios para mantener a sus cinco hijos. Una realidad que el futbolista conoció de primera mano durante su crecimiento.
La calle fue su primera escuela de fútbol
Las condiciones económicas de La Castellane también determinaron la manera en la que Zidane comenzó a desarrollar sus habilidades. Su familia no tenía recursos suficientes para pagarle una escuela de fútbol, por lo que sus primeras experiencias deportivas estuvieron vinculadas al juego en la calle. El propio francés no ha ocultado las dificultades que acompañaron aquella etapa: “Mi infancia fue muy difícil en un barrio con poquísimos recursos”.
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La falta de posibilidades económicas no impidió que siguiera persiguiendo su objetivo. Al contrario, encontró en los espacios de su barrio la alternativa para estar en contacto con el balón durante buena parte del día. No había una estructura formativa a su alcance ni la posibilidad de acceder a determinados recursos deportivos, pero sí una pasión que le llevaba a jugar siempre que podía. “Mis padres jamás pudieron pagarme una escuela de fútbol, por eso cada mañana y cada tarde iba a jugar al fútbol a la calle”, recordó.
Aquellas jornadas fueron el escenario de sus primeros pasos antes de alcanzar el fútbol profesional. Con el paso de los años, Zidane consiguió transformar aquella afición infantil en una carrera extraordinaria, primero como jugador y posteriormente como entrenador. Sin embargo, sus recuerdos de Marsella siguen ocupando un lugar importante en su relato personal. Las dificultades económicas, los valores transmitidos por sus padres y su deseo de jugar al fútbol forman parte de una infancia que, como él mismo reconoce, estuvo lejos de ser fácil.
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